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PREGÓN DE LAS FIESTAS DE PEDROTORO 2014. María Paz Salazar Acha

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PREGÓN DE LAS FIESTAS DE PEDROTORO 2014. María Paz Salazar Acha
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26 septiembre 2014

Miembros de la Corporación municipal, vecinos de Pedro Toro y todos los que hoy me honráis aquí con vuestra presencia. En primer lugar agradezco la confianza puesta en mí para ser pregonera de las fiestas de vuestro pueblo. Tarea difícil por cierto. ¿Qué os puedo contar yo de Pedro Toro, después de tantos pregones lanzados y de tantas vivencias y recuerdos que vivís día a día?

Hace muchos años conocí Pedro Toro, pero desde fuera. Pasaba parte del verano junto a mis padres en San Miguel de Caldillas, y al pasar por la carretera veía este pueblo y siempre lo miraba con cariño y curiosidad. La espadaña de la iglesia me llamaba la atención y me preguntaba ¿cómo será por dentro?

La primera mención documental que he encontrado de este lugar, data de 1375, hace ya seis siglos. Ese año, fray Sebastián Domínguez, religioso premonstratense del monasterio de la Caridad, que siendo viudo había tomado este estado, y su hija doña Justa, monja en santa Clara, poseían una heredad en este pueblo e hicieron donación de ella al convento de la Caridad, con la condición de recibir 500 maravedís al año para ocuparse de la educación de Gonzalo, su hijo y hermano menor y que una vez fallecido el religioso, se dijeran por su alma y las de sus padres ciertas misas. Este documento, escrito en latín, nombra a este pueblo como Petri de Tauro.

Naturalmente que el asentamiento humano en este lugar es mucho más antiguo, así lo atestiguan las pinturas y las piedras prehistóricas encontradas en él, de las que varios pregoneros han hecho mención.

Por estas tierras, concretamente por los Vallicos, junto a Pedro Toro, atravesó el ejército del moro Almanzor camino de Córdoba, después de asolar Santiago de Compostela. De ser cierto el paso de Almanzor, pasarían también por nuestros campos las campanas de la Catedral de Santiago que transportaron los moros en su camino hacia Córdoba, a hombros de esclavos cristianos, y las utilizaron luego como lámparas en la Mezquita, hasta que Fernando III el santo las devolvió de nuevo a Santiago. Un relato más a engrosar nuestras tradiciones.
La iglesia de Pedro Toro se construyó en 1679 y era filial de la de San Miguel de Caldillas, entonces cabeza de beneficio. San Miguel estaba ya poblado en 1638 y pertenecía esta villa al linaje de los Silva de Ciudad Rodrigo. Se despobló en el último tercio del XVIII, aunque en el XIX aparece aún como cabeza de beneficio y después de la guerra de la Independencia pasó su parroquia definitivamente a ser filial de la de Pedro Toro.

Los que vivís aquí, sois unos privilegiados, porque no sabéis de aglomeraciones, de contaminación, y de tantas situaciones incómodas de las grandes ciudades. Pero me diréis que desconozco el esfuerzo del trabajo del campo y el cuidado de los animales.
Sin embargo, todos cuidamos y sembramos, en nuestra familia y en nuestro entorno.

Yo también he sembrado, de diferente modo, pero he sembrado. Durante años fui profesora de niños de 4 y 5 años. Una edad, en la que llenos de energía y vitalidad no dejan de moverse y sólo verlos te dejan agotada, pero es también la edad en la que desarrollan sus sentidos, su inteligencia y van formando su personalidad. Reconozco que, a pesar del cansancio, disfruté muchísimo con ellos. Recuerdo que un año trabajé a Joan Miró, ese pintor tan especial que muchos no entienden. Puse reproducciones de sus obras por las paredes de la clase y ante mi sorpresa, los niños fueron sumamente críticos con él.

¡Ese no sabe pintar! decían. Un ojo azul y otro verde, si eso no existe. Y esas caras y sus pinturas, que parecen monigotes…
Un día una niña dijo: ah! ya sé lo que pasa, Miró pinta lo que sueña. Y yo me dije: estoy sembrando bien. Porque uno de mis objetivos era enseñar a pensar, y que una niña de cinco años, reflexionara y sacara sus propias conclusiones me llenó de satisfacción. Una satisfacción parecida a la misma que puede sentir el ganadero que ve ponerse en pie al ternero o al cordero recién nacidos y cómo echan a andar, o cuando el labrador después del duro trabajo de la siembra comienza a ver crecer el trigo, la cebada o las hortalizas de su huerto. La vida es trabajo y esfuerzo pero está llena de compensaciones, aunque hay que tener los ojos y los oídos bien abiertos para saber percibirlas y captarlas.

En Pedro Toro, todos los años, el obispo de Ciudad Rodrigo realizaba la visita a la parroquia. Su párroco, le recibía a la puerta de la iglesia, y los vecinos se congregaban junto a ella para recibir a su obispo. Éste administraba el Sacramento de la Confirmación, visitaba el altar, los santos óleos, los ornamentos, los vasos sagrados, la pila bautismal, los libros de fábrica. Hacía los sufragios por las benditas Ánimas y preguntaba la doctrina cristiana a los niños. Bendecía los rosarios y concedía indulgencias.

En 1777, en el retablo del altar mayor había dos imágenes, una del Arcángel san Miguel y la otra de santa Ana. Luego reemplazada por la Virgen del Rosario.

Hubo años en que todo se encontraba en orden y con la mayor decencia. Otras veces el obispo encontraba deficiencias y entonces redactaba sus mandatos.
Durante el siglo XVIII los mandatos, en resumen para no cansar, fueron los siguientes:
Reparar la iglesia, componer la campana, comprar una cadena para ella, hacer bastidores y marcos para los altares y unas tarimas de tablas bien labradas, deshacer los dos cálices viejos y maltratados y convertir su valor en comprar otro nuevo con la copa sobredorada, hacer los ornamentos necesarios para las dos iglesias para que no sea necesario traerlos y llevarlos de uno a otro lugar pues se maltratan notablemente y que cada iglesia tenga los suyos, y si queda caudal, que en la iglesia principal -de san Miguel de Caldillas- se haga una sacristía hacia el lado del evangelio.

Quiero reseñar un mandato muy curioso, de 1788, en que además de que se compre la colgadura para el monumento de una tela de buen gusto, se manda que se procure desterrar de la Yglesª todo abuso, no permitiendo que en ella se toque tamboril, flauta o otros semejantes instrumentos que nada más sirven que de perturbar al que celebra los Divinos oficios y distraer a los oyentes.

En 1792, el sr obispo don Benito Uría mandó que a la pila bautismal se le ponga una valla o balustrada de madera con puente que se cierre y en 1801 que se componga el altar mayor, lo que será mexor haciéndolo de piedra a la romana.

En 1774, el obispo Cuadrillero, habiendo reconocido lo reducido de su iglesia en la que no caben sus feligreses, de manera que los días festivos muchos tienen que oír la misa desde la calle y que en aquel sitio no hay proporción para poder alargarla además de otros inconvenientes, viendo a los feligreses dispuestos a contribuir a la construcción de una iglesia capaz para acoger a todos, mandó que el beneficiado haga venir un maestro que en el sitio y plazuela contigua a la casa parroquial, levante un plano proporcionado a los pocos fondos de la iglesia.

Sin embargo, esta construcción no se llegó a realizar, a causa de que los feligreses tenían en esa iglesia las sepulturas de sus padres y sus ascendientes.
En 1782, aunque todo se halló con la decencia correspondiente, la iglesia en su fábrica material de ella, el obispo la consideró indecente y no capaz para la asistencia de la gente en los días festivos. Ya en las anteriores visitas se había mandado construir iglesia nueva, pero teniendo en cuenta que los feligreses al tener sepultados en la actual a sus padres y mayores, mandó que la iglesia actual se estienda y alargue lo que pareciere al beneficiado.
Desde 1810 a 1815, Pedro Toro debió de estar despoblado, a causa de la guerra, pues no existen partidas de bautismo ni de defunción.
En 1818, recién acabada la guerra, el obispo vio con gran dolor el mal estado en que se hallaba la iglesia de San Miguel de Caldillas, pues también pasó por aquí, en la guerra de la Independencia el entonces enemigo francés. Y a su llegada ese año, el sr obispo de Ciudad Rodrigo, visitó Pedro Toro: visitó esta miserable capilla habiendo sido recibido a su puerta por el actual Beneficiado don Juan Martín Calbarro y por las pobres gentes que asistieron a la santa visita.
No es de extrañar que se denominara miserable capilla después de haber servido de cuadra de caballos, ni pobres gentes a los que habían sufrido saqueos y muertes.
Fue un duro golpe para los pueblos y dehesas de su entorno, pues fueron  saqueadas por los franceses. Pedro Toro sufrió el saqueo y convirtieron su iglesia en caballerizas. Estos datos los conocemos por la partida de defunción de un vecino de este lugar, que dice así:

En el lugar de Pedro de Toro a 27 de marzo de 1809, falleció a manos del bárbaro, cruel e inhumano ejército francés, enemigo nuestro, Francisco Pérez, marido de Ana Marcos, vecino de dicho lugar y aunque tenía el difunto ordenado su testamento, con motivo del saqueo se extravió y no ha parecido; por lo que su mujer dispuso, primeramente que su cuerpo, amortajado con el hábito de san Francisco, se enterrare en la iglesia del convento de religiosos dominicos, extramuros de Ciudad Rodrigo, por haber quedado la iglesia parroquial inservible a causa de haberla hecho el enemigo cuadra de caballos. Y su mujer continúa enumerando los sufragios por el alma de su marido.
Otro vecino, Ramón Calzada, viudo de Clara Sánchez, sufrió la misma suerte que él. Y su madre Isabel Calles, como única heredera dispuso por su alma los sufragios y que se enterrase también en el convento de santo Domingo.
En julio de ese año de 1809, volvió la parroquia de Pedro Toro a su normalidad, aunque las muertes de soldados en sus alrededores confirman la incertidumbre y angustia en aquellos aciagos días de lo que supuso la francesada para este pueblo.
En la iglesia de Pedro Toro, se dio sepultura el 18 de noviembre de 1809, a un soldado que apareció muerto en uno de los pajares de este pueblo, soldado de la segunda compañía del tercer batallón del Regimiento de Betanzos, llamado Vicente López, de la diócesis de Mondoñedo.
Varios soldados más se enterraron en la iglesia de Pedro Toro, como Justo Álvarez, en 1809, de la primera compañía del primer batallón del Regimiento de Infantería de Lena, natural de Castrillón en el Principado de Asturias y Manuel Seigido, de la cuarta compañía del tercer batallón del Regimiento de Betanzos, que conducido con otros enfermos de los hospitales de la Alberca a Ciudad Rodrigo, falleció en el camino a una legua de este pueblo.
En Casasola, anejo a esta parroquia, murió Salvador Álvarez, asturiano, artillero de la tercera compañía del segundo del ejército de Castilla.
En san Miguel de Caldillas, murió y se enterró en su iglesia, don Josef Enríquez, a 15 de noviembre de 1809. Era militar y según los papeles que se le hallaron, constaba ser del primer batallón y de la segunda compañía del regimiento de voluntarios de Lobera, originario de Orense.
En Rabida, el 21 del mismo mes y año, falleció un soldado del que se ignora su nombre y apellido, al que se dio sepultura en la iglesia de san Miguel de Caldillas. Un compañero dijo que pertenecía al regimiento de Oviedo y que era asturiano.

Esto que acabo de contar es historia, y la historia no se debe ocultar. Sin embargo no guardemos resentimientos ni rencores contra nuestros vecinos franceses, pues es ya cosa pasada.

A partir de todos estos desastres, hubo que arreglar la iglesia con la ayuda de sus feligreses y otros bienhechores, ya que en los saqueos habían desaparecido muchos objetos.
En 1831 don Pedro Ramírez de la Piscina, visitó la iglesia y al conocer que el cura tenía que llevar a San Miguel de Caldillas los días festivos, el cáliz metido en una alforja, mandó que del primer caudal que tenga la iglesia se compre otro cáliz para esa iglesia.
En 1842, se suprimió la parroquia de la Caridad. También dejó de existir, por esas fechas poco más o menos, la iglesia de san Miguel de Caldillas y su imagen del arcángel, pasó a la iglesia de Pedro Toro.
En 1853, Botija regaló un cuadro de san Miguel.
Entre 1905 y 1933 se fueron arreglando y recibiendo donaciones para cubrir las necesidades de la parroquia.
En 1905 se arregló y colocó el retablo, que costó 17´50, pintarlo 10´60 y a los peones por colocarlo se les dio 20 pesetas.
En 1913 se bajó la imagen de san Blas a la Caridad, con el baúl de la ropa, posiblemente acogida en esta iglesia, ya que la Caridad estaba sirviendo de cuartel.
En 1921 se volvió a pintar el retablo y la puerta, 17´50 pesetas.
También hubo donaciones como la de Mercedes Mayor, que dio una vidriera para la ventana de la Iglesia, y la Sra Josefa Bernal, un crucifijo de metal, en 1922.
En 1923, varias personas costearon un rosario de plata para la imagen de la Virgen y don Pedro Vicente dio un calderete de metal para el agua bendita.
El médico don Eduardo Yepes Rodríguez, donó una imagen del Sagrado Corazón y varias personas costearon una silla para el presbiterio, que costó 12 pts, el año 1924.
En 1926 se bendijo la capilla de la dehesa de Rabida.
Ese mismo año, don José Mª Corpas Valero, dio doce litografías de las estaciones del Via Crucis y dos años después, en 1928, este mismo señor, donó un arca grande para la ropa de la sacristía.
En 1929, doña Concepción de Velasco, que poseía entonces la dehesa de San Miguel de Caldillas, regaló un sagrario nuevo y diez velas de buena cera. Esta señora era hermana de mi bisabuela, así que por ella me siento yo también unida a Pedro Toro.
En 1931, Isabel Garduño donó un vaso lámpara, sistema Roura y José Mª Corpas dos cuadros antiguos uno representando a San José y el niño Jesús y el otro un descendimiento del Señor de la Cruz., y dos candeleros cortos de metal.
En 1932 y 1934, se recibieron donativos en metálico de los hijos de doña Concepción de Velasco, ya difunta. Uno de sus hijos era el Buen Alcalde de Ciudad Rodrigo, José Manuel Sánchez Arjona.
En 1933, una devota de CR dio una esterilla de cordelillo para la tarima del altar y las Rdas Madres Teresianas de la residencia de CR una capa pluvial, un paño humeal, un cubre copón y un purificador.
Así, poco a poco, se volvió a cubrir las necesidades de la parroquia. Aunque en 1936 se tuvo que volver a hacer obra en la iglesia de Pedro Toro por el importe de 206´40 pts.
Pero como nada es para siempre y el paso de los años va deteriorando los edificios, durante dos años -1989 y 1990- tuvo que cerrarse al culto la iglesia por amenaza de derrumbe.
Por fin el 19 de mayo de 1991 se volvió a abrir la parroquia de Pedro Toro, quedando como está en la actualidad.
Me ha llamado la atención al revisar los documentos de  Pedro Toro, de los siglos XVIII y XIX, cómo casi todos sus vecinos, al morir, pedían ser enterrados con el hábito de san Francisco, por la devoción que le tenían. Este año celebramos el año Franciscano en memoria de que, según la tradición, el seráfico fraile pasó por Ciudad Rodrigo hace ochocientos años. Irradiaba PAZ y AMOR a la naturaleza.

Serafín llagado, de tosco sayal,
de cuerda y sandalias,
rostro angelical,
capucha calada…
dime… ¿dónde vas?

¿A comerte el mundo?
¿Qué le piensas dar?
El bien desearé
y también la paz,
a las avecillas,
y a la humanidad.

Así pasó Francisco de Asís por muchas tierras, derramando paz y amor a la naturaleza. Llamando “hermano” a todos. Al hermano Sol, la hermana Luna, el hermano Lobo, la hermana Pobreza, incluso llamó hermana a la Muerte.

Predicó también a los pájaros.

Como no hiláis ni coséis,
Dios os viste y Dios os calza
y el calzado y el vestido
vale más que de oro y plata.

Por lecho un brote os concede;
por tejadillo, una rama;
frondas secretas por nido;
el cielo y tierra por jaula.

¡Pajarillos, mis hermanos,
el Creador, cuánto os ama!

Amadle vosotros bien,
que amor con amor se paga:
cantadle al dormir el sol,
cantadle a la luz del alba,
de amor la dulce canción
que el hombre tiene olvidada.

Este último verso, el olvido del hombre, no es de mi agrado, porque no debemos olvidar que Dios nos ha regalado la tierra y el cielo, el aire y el mar, las plantas y los animales… y debemos agradecer esos regalos. A veces cantamos en las celebraciones una melodía que dice así:

Vienen con alegría, Señor
cantando vienen con alegría
los que caminan por la vida
sembrando la PAZ y AMOR.

Ese es el truco para que el trabajo y el esfuerzo de la vida lo podamos llevar con garbo, sembrando paz y amor.

San Francisco fundó los Frailes menores, ayudó a Santa Clara en la fundación de la rama femenina. Y no olvidó a los seglares, para los que instituyó la Tercera Orden.

Queda la Tercera, la mayor será.
Donde entren casados y los por casar,
clérigos y viudos y Papas habrá.

Los que aran la tierra,
los que hacen el pan,
vasallos y reyes… distinción no habrá.
A todos mi cuerda unidos tendrá.

En efecto, en los documentos de la Tercera Orden de Ciudad Rodrigo, de varios siglos, aparecen mezcladas y hermanadas todas las clases sociales, llamándose hermanos y hermanas. ¡Qué bonito! Esto lo consiguió san Francisco.

Serafín llagado de tosco sayal,
de cuerda y sandalias,
rostro angelical,
capucha calada…
Gracias por la PAZ

Estos días honramos a otro santo, celebrando la fiesta de san Miguel, nuestro patrón, el arcángel que gritó ¡Quién como Dios! cuando Luzbel quiso rebelarse y ponerse a la misma altura que su Dios.
No hagamos nosotros lo mismo, porque Dios no creó el desierto, creó un jardín. El jardín del Edén y puso al hombre en él para que lo cuidara, para que fuera su colaborador en la creación. Sin embargo nos hemos creído que somos los dueños de nuestro planeta, no los colaboradores en su creación, y no lo cuidamos suficientemente. La contaminación del aire y del mar, la tala abusiva de árboles, los incendios por negligencias o provocados… y tantas cosas más.

Yo sé de vuestros desvelos y trabajo por mantener vuestro pueblo, y deseo y espero que Pedro Toro sea ese jardín del Edén que Dios creó. Que su tierra esté viva, que se respire el aire en toda su pureza, que crezcan los árboles y las plantas con toda su fuerza, y que sus ganados sean numerosos y robustos para que Pedro Toro viva por siempre y sea un lugar de gente feliz.

Alegrémonos en estas fiestas que os deseo muy felices. Muchas gracias.

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