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LAS RELIQUIAS DE LA CATEDRAL. María Paz Salazar Acha, rscj

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En tiempos pasados, las reliquias se valoraban como una riqueza de los templos. En la catedral de Ciudad Rodrigo se custodiaban en la sacristía, donde estaba también la capilla del Sagrario.

En palabras de Sánchez Cabañas: «Ay en medio dél un arco laviado en la pared, perfilado de oro, adonde dentro de una rexa se guardan las sagradas reliquias que tiene esta yglesia, que son entre otras: la caveça de una de las once mill vírgines y una costilla de otra santa y canilla del braço de San Januario, obispo y mártir, de cuya caveça y sangre se ben tantas maravillas en la çiudad de Nápoles, como se lee en sus liçiones; alrededor del arco donde se guarda esta gran reliquia ay un letrero en honrra deste santo y otra inscripçión en el frontispicio que dice ansí: “Domno Januario sacrum ”».

En el año 2007 se recibió en el obispado de Ciudad Rodrigo una carta desde Nápoles, firmada por el profesor Antonio Loterzio, director del Instituto Magistrale Statale. En ella preguntaba si seguía en esta catedral el brazo de san Genaro. El Capitán mirobrigense don Alonso López, lo trajo desde Nápoles en el año 1502, durante la guerra en la que el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, al mando del ejército, conquistó Nápoles para la Corona de Aragón.

El hueso del brazo de san Genaro se encontraba tras un cristal en un brazo tallado en madera de nogal y policromado en azul y oro. En el libro del profesor Antonio Lotierzo, se dice que la talla de madera con la reliquia estaba guardada en una caja de plata, donde seguramente pondría el nombre de San Genaro. Así debió de lucir en el arco de la sacristía durante tres siglos. Sin embargo, en la guerra de la Independencia desapareció la caja de plata y con ella el nombre. Sólo quedó la talla de madera, sin cristal, y en la base del hueso, un papelito decía: San Blas.

Sin embargo, en ningún documento se menciona el brazo de San Blas. Sánchez Cabañas, en las primeras décadas del siglo XVII, ya vio el de San Genaro con sus inscripciones en el arco de la sacristía y en los procesos consistoriales de ese siglo y del XVIII, entre 1622 y 1785, casi todos los testigos declaran haber visto «que en dicha Yglesia ay muchas célebres reliquias y entre ellas un cuerpo de una de las once mil vírgenes incluso en un bulto de plata todos sus huesos, llevándose en procesión el día 21 de octubre y que ay también un brazo de San Genaro preciosamente engastado, que se hace la misma procesión en su día».

Escribe también Sánchez Cabañas un soneto a la Catedral, del que entresacamos estos tres versos:

Dos patrones Prelados te defienden
Isidoro, qual soldado valeroso,
y con su brazo fuerte, Januario.

Una vez desaparecida la caja de plata, se preguntarían de quién podía ser la reliquia del brazo, pero, al faltar la referencia del arco con sus inscripciones, a causa de los desastres de la guerra, y recordar que San Blas era santo de devoción para los mirobrigenses, se decidió adjudicarle a él la reliquia.

Cuando en Italia, el obispo de Marsico Nuovo, Pietro Ignazio Marolda, en 1826, mandó excavar en la iglesia de San Esteban, se encontró el cuerpo de san Genaro, aunque le faltaba la canilla, cuya reliquia se encontraba en el brazo tallado que se llevaron los españoles.

Como curiosidad quiero señalar que los testigos del siglo XVII, entre las reliquias, nombran el cuerpo entero de San Pedro Díaz, el obispo que resucitó por intercesión de San Francisco, aunque ya no se le nombra en el XVIII.
El bulto de plata de una de las compañeras de Santa Úrsula, también desapareció y sólo quedó el cráneo. En el acta del Cabildo catedralicio del 12 de noviembre de 1834, existe la siguiente propuesta del señor fabriquero que «hizo presente que se hallaba en la sacristía la reliquia de las once mil vírgines y que si el cabildo lo creía conveniente podría hacerse una urna para poderla colocar a la pública veneración, y haviéndose echo presente que aún havía otras con su auténtica, que se podrían colocar de modo que se pudiera poner en el Altar Mayor, así se acordó dando facultad al sr fabriquero, para lo qual el sr titular ofreció doscientos reales».

En un monasterio cerca de Colonia, se encontró un documento fechado en el año 922, en el que se hace referencia a Santa Úrsula y sus compañeras. Entre otras cosas decía: «… Dei et Sanctas Mariae ac ipsarum XI m virginum». Estas últimas palabras debían traducirse como undecim martyres virginum -once mártires vírgenes-pero la m se tradujo como mil: undecim millia virginum -once mil vírgenes- y de este modo surgió la leyenda de Santa Úrsula y sus once mil compañeras. Se les adjudica una variedad de nombres, mientras unos se inclinan por Aurelia, Brítula, Cordola, Cunegonda, Cunera, Pinnosa, Saturnina, Paladia y Odialia, todas de Britania, la última es llamada undecimilla, en latín la pequeña undécima. Otros las identifican como Úrsula, Sencia, Gregoria, Pinnosa, Martha, Saula, Brítula, Saturnina, Rabacia, Saturia, y Paladia.

Las reliquias, hasta hace poco, estuvieron en un relicario en la capilla del Sagrario, de San Blas, en la catedral. Además del brazo de San Genaro y del Lignum Crucis, había dos urnas. Una de ellas era la que contenía el cráneo de una de las compañeras de Santa Úrsula, con otras reliquias, que es seguramente la urna fabricada en 1834. La otra urna contenía bastantes reliquias. En ésta, bajo su hueca peana, hay cinco auténticas, es decir, certificados de que lo eran. Allí me aguardaba una sorpresa, junto a las auténticas se encontraba la declaración jurada, firmada por don Domingo Arroyo, Arcediano titular y canónigo de la catedral, secretario de Cámara del señor obispo, que dice así:

«Certifico y doi fe, que ante mí se presentaron Josef Santos García y Juan Melitón García, vecinos de Ciudad Rodrigo, Maestros latoneros, y bajo juramento declararon= que cuando las tropas francesas entraron en esta ciudad en la pasada guerra de la independencia, fueron comisionados por el Gobernador francés, para quitar el oro y la plata en que estaban enbutidas varias reliquias de santos, en el famoso relicario de la Capilla de San Andrés Apóstol, intramuros de esta ciudad, fundada por el Emmº Sr Cardenal Pacheco, de la que son Patronos los Marqueses de Cerralvo, y que haviendo quitado a varias reliquias el oro y plata, que entregaron al Gobernador francés, ellos se quedaron y guardaron las Reliquias siguientes» y siguen enumerando quince reliquias que actualmente se encuentran en las urnas relicarios de la Catedral.

«Certifico asimismo que el referido precioso relicario, sito en dicha insigne capilla de San Andrés, fue visitado por el Ilmº Sr Don Benito Uría y Valdés, obispo que fue de esta ciudad; que todas las reliquias que havía en dicho relicario, fueron enviadas por el Emmº Sr Cardenal Pacheco, fundador de la capilla, y que desde aquel tiempo han estado expuestas a la veneración pública de los fieles». Firmado el 16 de julio de 1835.

De esta declaración se deduce que muchas de las reliquias que se guardaban en las urnas, no eran de la catedral, sino de las que el cardenal Pacheco trajo de Roma, aunque ya sin sus cajas, ni embutidas en el precioso metal que se llevó el gobernador francés.

Mientras la capilla del lado de la epístola se reservaba para oratorio de la familia, la del evangelio guardaba las reliquias embutidas en oro o plata y algunas de ellas en cajas del mismo metal.

«En los costados del Presbyterio ay dos capaces Capillas, en la una, al lado del Evangelio, están las reliquias, que son muchas y preciosísimas con costoso adorno; y la otra, al lado de la Epístola, sirve de Oratorio, para que los señores Marqueses Patronos puedan, (pasar) por un pasadizo, a oír Missa». Entonces, la casa de los señores de Cerralbo se encontraba en lo que hoy es la plaza del Buen Alcalde.

Existen dos documentos enmarcados, uno contiene la revisión hecha en la visita pastoral de 1930, del obispo de Ciudad Rodrigo, don Manuel López Arana, con la relación de las Sagradas Reliquias que existen en este Relicario de la S.I. Catedral de Ciudad Rodrigo. El otro, fechado en Roma a 6 de julio de 1834, certifica que don Plácido Zurla, presbítero del Orden de San Benito, Cardenal de la Iglesia Romana con el título de la Santa Cruz de Jerusalem y Vicario general de Gregorio XVI, «ha reconocido las Sagradas partículas del madero de la Cruz de Ntro Señor, del vestido de la Virgen María, del manto de san José, su esposo, las del vestido de san Juan Apóstol y Evangelista, y de los huesos de los santos Lorenzo, mártir, Pedro de Alcántara, confesor; de las vírgenes y mártires Cristina y Filomena y de la Penitente María Magdalena, las que habiendo extraído de las Catacumbas, hemos colocado con toda reverencia en una urnica de madera, cubierta de papel encarnado con guarnición sobredorada, defendida por un cristal; perfectamente trabajada y asegurada con un cordoncillo de seda encarnada y sellada con nuestro sello y las hemos declarado por auténticas, dando facultad para poderlas obtener, hacer donación de ellas, sacarlas de Roma y exponerlas a la pública veneración de los Fieles en cualquiera Iglesia, Oratorio o Capilla».

El obispo electo de Ciudad Rodrigo, don Pedro Alcántara Ximénez, obispo de Cinna, monje premonstratense salmantino, concedió cuarenta días de indulgencia cada vez que se visitare el Lignum Crucis y se rezare un Padre Nuestro.
Actualmente, la capilla que fue de las reliquias, en la iglesia de Cerralbo, acoge el mausoleo de don Enrique de Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo, su mujer, la marquesa de Villahuerta y otros parientes.

En la capilla de Cerralbo, el cardenal Pacheco tuvo su sarcófago en el arco central del crucero del lado del evangelio. Como murió en Burgos, siendo arzobispo de esa ciudad, vendría seguramente embalsamado y dentro de un ataúd de plomo, que los franceses utilizaron para hacer balas, dejando el cuerpo del cardenal tirado en el desván con sus vestiduras hechas harapos. En el cabildo ordinario del 14 de febrero de 1838 «se leyó un oficio del Administrador del Sr. Marqués de Cerralvo, haciendo presente que S.E. havía acordado trasladar a la Capilla del Oriente, sita en esta Sta. Iglesia, los restos del Emmº Sr. Cardenal Pacheco, y que esperava que el Cabildo se prestaría gustoso; y se acordó que el Cabildo se hallava dispuesto a complacer a S.E. y que ningunos inconvenientes encontrava en que se trasladasen».

Desde esa época, los restos del cardenal Pacheco, se encuentran en la capilla del Oriente del linaje de los Pacheco, en la catedral.

El Lignum Crucis, el brazo de San Genaro, las dos urnas y el relicario que se encuentra en el museo de la catedral, podrían ponerse en la sacristía, bajo el arco, lugar donde estuvieron muchas de esas reliquias durante siglos.

María Paz Salazar Acha, rscj

Mª Paz Salazar Acha

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