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Pregón de la Asociación Charra del Caballo, Vicente Sánchez López, Carnaval del Toro 2015

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Pregón de la Asociación Charra del Caballo, Vicente Sánchez López, Carnaval del Toro 2015

Pregón de la Asociación Charra del Caballo
Vicente Sánchez López
Carnaval del Toro 2015

Excelentísimas autoridades, señoras y señores, amigos del Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo: muy buenas noches a todos.

Antes de entrar en materia y como me enseñaron que en esta vida es de bien nacidos ser agradecido debo mostrar públicamente mí gratitud hacía esta Asociación, Charra y del Caballo “casi ná”, por haber depositado en mí su confianza para ser su pregonero de este Carnaval del Toro 2015. Gracias especialmente a su presidente Ángel López, por su fe en mí y por sus palabras, y gracias también a Heli y a Raúl que fueron con él hasta mi pueblo, Alba de Yeltes, para convencerme de que hiciera lo que ahora mismo está ocurriendo: que servidor esté en este lugar y ante todos ustedes. Es un honor para mí continuar la lista de pregoneros de vuestra Asociación en la que figuran nombres tan ilustres como Luis Ramos Paúl, Ángel de Elías, Juan Carlos Martín Aparicio, José Joaquín Moreno Silva, Dionisio Holgado, Diego García de la Peña, Julio Grande Andrés, Vicente Llorca o José Antonio de Elías entre otros muchos. Espero estar a la altura que merece la ocasión.

De igual forma me gustaría acordarme de todas y cada una de las personas que gracias al mundo del toro, del caballo, del campo y del Carnaval he tenido la suerte de conocer. La lista sería interminable, pero de sobra saben, y muchos están aquí presentes, quienes tendrán por siempre mi amistad, mi afecto y mi agradecimiento; pero especialmente quiero nombrar a la familia Madrazo por tratarme como uno más de esa gran casa en vuestro «Gustal de Campocerrado» y a José Ignacio Sánchez y la familia Uranga por abrirme las puertas de «Pedraza de Yeltes».

Aunque precisamente hoy y aquí, quiero y debo acordarme del hombre que me inyectó el bendito veneno por el toro y el campo. Por este Campo Charro que es la gran escuela de la vida, la universidad donde realmente se aprende, como él decía. Y esa persona a la que debo gran parte de mi afición no es otra que Alfonso Navalón Grande, porque con sus virtudes y defectos, como todos los tenemos, estarán de acuerdo conmigo en que nadie ha escrito como él era capaz de hacerlo sobre toros y campo.

Gracias también a “los míos” que siempre están ahí. En lo bueno y en lo malo, constantemente a mi vera como los buenos amparadores cerca de su garrochista. Y es que del mismo modo que dicen que sin un buen mayoral una ganadería no puede funcionar, sin un buen amparador el garrochista poco puede hacer. Así que por eso mismo gracias familia.

HISTORIA

Todos los mirobrigenses y los que somos de la comarca sabemos que significa la llegada de estas fechas, sabemos que simboliza el sonido del reloj suelto del Ayuntamiento pero sobre todas las cosas que representa la llegada del domingo de Carnaval. Y es que Ciudad Rodrigo no sería el mismo sin su encierro a caballo, como no lo ha sido durante los años que este festejo dejó de realizarse. No se nos debe olvidar que el encierro a caballo significa el volver al pasado, el mantener las tradiciones, el homenaje a nuestros antepasados, el traer las faenas de campo a la ciudad.

El domingo de Carnaval toman el protagonismo en la vieja Miróbriga dos animales, dos compañeros, dos pasiones: el caballo y el toro. Binomio perfecto unido en el campo bravo y dos de los animales más bellos de la naturaleza. Caballo y toro, toro y caballo. Tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando. Y es que precisamente para conocer un poco más la historia de todo lo que significan estos días de Carnaval nos debemos remontar a los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, que ya en 1493 mandaron a Sancho de Frías, un licenciado de Castilla, para que estudiara y analizara los costes que en comidas, festejos y toros había en Ciudad Rodrigo. En un escrito Real fechado en Barcelona el 23 de Septiembre de ese año se dice “parece que en esa ciudad se corren muchas veces toros”. En aquel entonces sólo se permitía el gasto para seis toros al año en las fiestas que se quisiera, pero la gente se las apañaba para no hacer caso a la orden real y conseguían que algunos ganaderos cedieran animales para con cualquier excusa celebrar toros en la Plaza Mayor. Datos tan remotos como este y otros documento encontrados y fechados en 1417 hacen que este Carnaval sea considerado por muchos el más añejo de España. Y añado yo, que el más antiguo no lo sé pero único en todo el mundo desde luego.

A lo largo de la historia, el nacimiento de príncipes o la visita de alguna persona importante a Ciudad Rodrigo era la justificación perfecta para correr toros.
Ni siquiera la prohibición de celebrar este tipo de festejos en cosos cerrados impuesta durante los Papados de Pío V y de Gregorio XIII pudo con las tradiciones taurinas de esta localidad. A comienzos del siglo XVIII se inicia la Guerra de Sucesión Española en busca del heredero de Carlos II y la proximidad de Ciudad Rodrigo con Portugal hizo que esta comarca fuera prácticamente asolada, despoblándose muchas fincas, perdiéndose cosechas y desapareciendo gran parte de las ganaderías de la zona, lo que fue en perjuicio de los festejos. A pesar de esto, todos los años se siguieron celebrando toros el día 24 de Junio (San Juan Bautista) o el 15 de Agosto (Día de la Asunción).

En el “Libro del Bastón”, redactado en 1710, están comprendidas las ordenanzas para regular la lidia de reses en los Carnavales mirobrigenses y una de ellas decía así: “Las fieras no podrán ser heridas ni maltratadas. Los toros no podrán nunca atarse con maromas. Los toros no podrán portar haces de leña encendidos. Los toros no podrán ser “acuchillados” ni “apuñalados” con alevosía, ni directamente. Los toros únicamente pueden ser sorteados a cuerpo limpio y no se les podrá martirizar…”.

Y es precisamente de aquella época cuando existe una vinculación clara y concisa por medio de documentos que une Carnaval y toros. Uno de esos escritos se lo debemos a Juan Tomás Muñoz Garzón, que lo encontró en el Archivo Histórico Municipal de Ciudad Rodrigo, en el libro de acuerdos de 1732, donde figura la sesión de 11 de febrero que dice lo siguiente: “Ablose en este Ayuntamiento largamente en razón de aver pasado muchos años por la calamidad y contratiempos padezidos en la guerra sin que se ayan executado corridas de toros en esta Ziudad, siendo assí que practicaba antes de ella una corrida anual en cada un año, pra cuio fin con el efecto que llaman de yunterías contribuya con la porzión de toros estipulada en las concordias entre Ziudad y Tierra acerca de dichas yunterías, y considerándose que de el restablezimiento dicha corrida anual no solo se sigue la diversión y regozijo común, sino es tamvién la utilidad y venefizio por las concurrencias en avastos públicos y otras consequencias favorables a la estimazón de la antigua observancia, se acordó de claustro pleno, que desde el presente año en adelante se disponga y execute en los tiempos más oportunos la referida corrida de toros anual”. Y la fecha más oportuna para instaurar esa corrida anual va a ser en Carnaval, así en el mismo año de 1732, en la sesión del 21 de febrero figura: “Acordose que los cavalleros comisarios que fueron para las tres corridas de novillos que se efectuaron en los tres días de domingo, lunes y martes de las próximas pasadas carnestolendas, libren en el efecto de ganancia de carnicerías todos los gastos que se han hecho para cerrar la plaza”.

En un pleno ordinario del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo celebrado el día 14 de febrero 1776 se trata entre otros asuntos que: “ para el próximo carnaval de ese mismo año (1776) que durará tres días (domingo a martes) se celebraran tres corridas de novillos como es habitual”. Y esa expresión como es habitual nos da una idea de que aquello ya se ha convertido en costumbre: tres festejos en la Plaza Mayor.

Tan unidos han estado el Carnaval y el Toro que nunca, desde que se tienen noticias, han faltado en las celebraciones, con excepción de los duros años de la Guerra de la Independencia. Durante aquellos años Ciudad Rodrigo por su situación era clave en el devenir de la guerra con los franceses, y pieza importante en la resistencia de esta zona durante aquella Guerra fue una persona que conocía muy bien estos terrenos, a la que se le tiene dedicado un merecido monumento y del que descansan sus restos en esta ciudad. Estoy hablando como podéis suponer de Julián Sánchez “El Charro”. El jinete salmantino más famoso de todos los tiempos que con su caballo y junto a sus hombres sin más armas que sus garrochas eran capaces de vencer a los ejércitos enemigos.

Durante el duro invierno de 1909 tuvieron lugar unas graves inundaciones en Ciudad Rodrigo que destrozaron numerosas casas. El Ayuntamiento se planteó la suspensión del Carnaval de aquel año debido al desastre pero el clamor popular consiguió que la propuesta no fructificara y como mandan las costumbres se corrieron los toros para disfrute del pueblo.

Y llegamos a 1.929 cuando se publicó una Orden prohibiendo las capeas de los pueblos. El alcalde en aquel entonces era José Manuel Sánchez-Arjona y Velasco, más conocido como “El Buen Alcalde” debido a la cantidad de cosas que hizo por el pueblo de Ciudad Rodrigo, y precisamente una de ellas fue convencer al General Primo de Rivera para que ordenara al Gobernador Civil de la Provincia que hiciera la vista gorda o mirara a otra parte para no censurar las capeas de los Carnavales mirobrigenses.

Durante la Guerra Civil, a pesar de la tragedia que todo el pueblo español estaba viviendo y de la falta de juventud también se celebraron los Carnavales aunque, por supuesto, no con toda la alegría que caracteriza estas fiestas.
En los años de la dictadura franquista los Carnavales tuvieron que pasar a identificarse como “Fiestas Tradicionales”. Y fue en 1948 cuando se decidió que la carnavalada comenzase en la jornada sabatina, día 7 de febrero, justo hoy se cumplen 77 años, con un “gran festival taurino a beneficio del Asilo de Ancianos y Hospital de la Pasión”, que se mantuvo con el mismo nombre hasta hace un par de décadas.

En aquel año Jesús Sánchez-Arjona, los Rodríguez Pacheco, los hermanos García, José Manuel Rodríguez, Atanasio Fernández y José Matías Bernardos “El Raboso” donaron los seis astados para ese festival y fueron toreados por Luis Mata, Antoñito Caro, Antonio Sánchez de Sepúlveda y el espada portugués Etelvino Laureano, actuando también los novilleros locales Manolo Santos y Emilio Martín, el Titi, padre de una de las personas que más vive los Carnavales de su pueblo: mi amigo Titi.

Y como he dicho antes de estos breves apuntes sobre la extensa historia de los carnavales mirobrigenses, durante varios años el encierro a caballo dejó de realizarse y fue en 1984 cuando se recuperó. Cuenta el alcalde en aquel entonces, Miguel Cid, que una mañana que iba al Ayuntamiento un grupo de amigos le dijeron más o menos esto: “Alcalde, queremos hacerte una oferta, si se encierran a caballo nosotros regalamos los toros”. Se tomó en consideración la oferta y tras sus dimes y diretes se aceptó la oferta ya que entre los concejales había buenos aficionados y expertos encerradores como Ángel de Elías y Manuel Santos Alcalde además de Tomás Casanueva (de Ravída) y Daniel Merino.

Los culpables de esta recuperación no fueron otros que tres familias mirobrigenses, los Montero (Peritas), los Sevillano (Panzas) y los Blanco (Pichogas), que regalaron los toros, para que esto fuera posible. Las tres “pes” se les llamó en aquel entonces. A los toros de ese encierro se les unió otro regalado por José Antonio “El lanero”.

Al año siguiente, con toda la ilusión del mundo, tras el éxito obtenido el Carnaval anterior se acercan a la vecina localidad de Fuenteguinaldo para comprarle los toros y ajustarle el encierro, a un “fenómeno” a caballo: Emiliano Carreño que tenía una parada de bueyes que conocían las calles de muchos de los pueblos de la comarca. Y así, gracias a la aportación de estas familias y a la colaboración de encerradores de Ciudad Rodrigo y su comarca, se logró recuperar el encierro a caballo. Encierro que no podemos volver a perder, ya que pudiera ser, una perdida irrecuperable. En muchas ocasiones no salen las cosas todo lo bien que se espera pero para miles de personas el gran atractivo de este Carnaval de Toro es, sin lugar a dudas, este espectáculo y lo que está claro es que a lo largo de los siglos, ni guerras, ni Papas, ni Reyes han conseguido apagar la llama que arde y que forja la unión de Miróbriga, su Carnaval, el Toro y el caballo.

GARROCHISTAS

Y al hablar de Ciudad Rodrigo, de caballos y de toros a todos, o casi todos, los que relacionemos las tres cosas se nos viene a la cabeza la misma persona: Don Miguel Bernaldo de Quirós y Tacón, V Marqués de Bayamo. Más conocido por estas tierras como Miguel “Altares” porque era un título perteneciente a su familia y que también pudo ser suyo. Persona respetada por todo el que sepa de caballos y garrocha, y muy querido en esta ciudad. Aquí, en la entrada del parque de la Glorieta, tiene el monumento al garrochista que a él está dedicado. Sobrino político de José Manuel Sánchez-Arjona (El Buen Alcalde) quizás ahí empezó a estrecharse más la unión entre don Miguel y Ciudad Rodrigo, sí bien es cierto que «Fuenterroble», la finca de la familia, está a un par de galopes de aquí, en Sancti-Spíritus.

Su padre, don Luis Bernaldo de Quirós, Duque de la Unión de Cuba, formó su ganadería caballar con las hembras Espada y Descalza de la Yeguada Militar de Córdoba y el semental Destinado VII con el hierro de Roberto Osborne y Vázquez.

En 1954 en la feria de Ganado de Ciudad Rodrigo ganaron un primer premio con el semental Cartucho II, que con el tiempo se convertiría en uno de los mejores caballos para el acoso y derribo. En 1970 en la Exposición de Ganado Selecto de Salamanca gana un primer premio y medalla de oro por el mejor lote de yeguas y el mismo galardón al potro de un año, Malicioso.

De esta yeguada P.R.E. se vendieron los sementales Lindo a Pío Tabernero, Sable II a Manuel Tabernero y Perdigón a Luciano Cobaleda, y con caballos de este hierro como Tani, Estudiante VII y Presidente II rejonearon Josechu Pérez de Mendoza y Manuel Baena. Una de las últimas yeguas con el hierro del Marqués se llamaba Zaragata y su último dueño fue el mirobrigense José Ramón Cid.

Muchos fueron los garrochistas que pasaron por el corredero del «Soto de Fuenterroble» del Marqués. Pero uno de los que, sin lugar a dudas, tuvo más importancia porque de él aprendieron otros muchos es Mariano Fernández Zúmel, el doctor Zumel para todos, que fue Campeón de España en tres ocasiones (1982, 1986 Y 1992). Aunque madrileño de nacimiento, como garrochista se hizo en los correderos de Salamanca perfeccionando su estilo más tarde en los campos jerezanos. Con su yegua Barrilete adaptó la técnica que aprendió en «Fuenterroble » a los nuevos tiempos. Como bien dijo aquí mismo hace tres años Juanjo el de «Garcigalindo»revolucionó el sur con el secreto que le había contado el Marqués: despacito, cerca y despacito”. Dicen que el discípulo debe superar al maestro, sino es que este no es buen maestro y en este caso así fue, aunque Miguel Bernaldo de Quirós no fue un garrochista cualquiera: el marqués se convirtió en el primer campeón de España de Acoso y Derribo en 1970 con su yegua Sisi celebrado en Salamanca en la finca «La Torre de la Valmuza», propiedad entonces de Don Manuel Sánchez Fabres.

Muchos años antes, Miguel Bayamo corrió por primera vez en el cercado de «La Corona», de la finca de « Llen », la casa de otro de los grandes que nos ha dado el Campo Charro: don Vicente Charro de Murga que con su caballo Volador del hierro de Pepe Anastasio logró derribar a la perfección con las riendas en la perilla. Su hijo José Ignacio Charro Sánchez-Tabernero con la yegua Silencio que también montara su padre y su nieto José Ignacio Charro Lis son, sin lugar a dudas, dos de los mejores jinetes de la provincia.

Y hablar de garrocha, caballos y toros en Salamanca y no hacerlo de los Pérez-Tabernero es poco menos que imperdonable. A principios del siglo XX venían ganaderos andaluces a acosar invitados por estas familias y montaban caballos españoles con fondo pero sin mucha velocidad de salida. Entonces don Alipio puso al palo caballos cruzados de pura sangre ingles, había puesto a engordar unos utreros y los metió en el rodeo para acosar y tentar ese día.

Los andaluces con sus españoles no eran capaces de llegar a ellos y los novillos a toda velocidad se pasaban del caballo tentón y se refugiaban en la parada de cabestros al fondo del corredero sin que ninguna collera andaluza pudiera alcanzarlos. Pero don Alipio y don Antonio con sus caballos cruzados en ingles, mucho más rápidos, no tenían ningún problema. Los andaluces avergonzados nunca más volvieron a acosar machos gordos con caballos españoles puros. Se cambiaron a los cruzados. Todo esto se comento entre grandes risas en las tertulias ganaderas de aquellos años. La jugada de los Pérez a los Miuras y compañía.

El hermano mayor de la saga, Don Graciliano Pérez-Tabernero Sanchón, sabía bien dónde les dolía a sus hijos. Que suspendían en clase, pues castigados sin montar a caballo. Un apasionado al acoso y derribo fue su primogénito Casimiro Pérez-Tabernero Nogales, y otros dos de sus hijos, Fernando y Graciliano, fueron de los mejores de su época con sus jacos Sospechoso y Palmito. Fue una de las primeras familias en Salamanca en criar caballos propios pura sangre inglés, y aún hoy Graciliano Pérez-Tabernero Lequerica sigue criando potros con el hierro de la casa que llegan a competir en las carreras de los más prestigiosos hipódromos.

Otros de los ganaderos que gustaban de practicar el acoso y derribo eran Antonio y Juan Mari Pérez-Tabernero Montalvo, hijos del grandioso Antonio Pérez de San Fernando, que formaban una de las colleras más camperas; José Luis Cembrano en su finca «La Herguijuela» y Francisco Escudero Muriel en «Cortos de la Sierra» también fueron grandes garrochistas; y buenos aficionados al palo son los primos Juan Ignacio Pérez-Tabernero Sánchez, y Antonio y Manuel Pérez-Tabernero Angoso.

Pero otra de las figuras, con todas las letras, del acoso y derribo en Salamanca es Don Luis Manuel Espinosa y Villapecellín, VIII Vizconde de Garci-Grande. Otro de los grandes de la garrocha y ganador de bastantes concursos en la provincia en los años 70 y 80. Vestido perfectamente de corto pero casi siempre con una gorra campera, sencillamente porque no le gustaba mucho el sombrero cordobés.

Muerto el Marqués de Bayamo en 1977, el corredero del Campo Charro en el que muchos se iniciaron fue el de «Rodasviejas», de los Castaño, grandes aficionados al palo y buenísimos caballistas.

Vaya mi recuerdo también en esta noche para dos magníficos jinetes que dio nuestro Campo Charro y se fueron en plena juventud: Luis Sánchez-Fabrés Mirat primero, y Ángel Pérez-Tabernero Angoso después, cuya garrocha y cabezada están colgadas junto a las espuelas de su mítico abuelo Antonio en la legendaria cocina de «San Fernando».

En la actualidad son muchos los que mantienen viva esta tradición heredada. La lista sería extensa pero sí quiero mencionar a Julio Grande, que hace cuatro años estuvo aquí haciendo lo que hoy hace servidor, los hermanos Castaño de «Rodasviejas », Maxi Hernández, Juan Luis Rivas, Juan Carlos Martín Ferreira, Juan Luis Fraile, Alberto e Ignacio Mulas, Juan Luis Montero, Valentín Sánchez o Agustín Santos, entre otros muchos. Hoy los correderos de «Casasola», «El Pilar», «Pedro Fuertes», «El Torrejón» o «Cojos» han tomado el testigo y en ellos se sigue derribando buscando alcanzar esa técnica que hizo grande al Marqués: despacito, cerca y despacito.

Despacio, tan importante en el campo, en el toro, en el caballo, en la vida…

DESPACIO, como planean las águilas los cielos sobre las reses muertas.

DESPACIO, virtud suprema del toreo y del temple.

DESPACIO, como se apartan los toros en el campo.

DESPACIO, como se reúne y se pone un potro en primavera.

DESPACIO, como se monta el palo y se templan las “echadas”.

DESPACIO, como debe hacerse una ganadería brava.

DESPACIO, como se escribe y se “siente” en las noches de madrugada.

DESPACIO; como se besa y se quiere, como se canta y se bebe, como se reza y se ama. Como se vive y se muere…

DESPACIO…

ENCIERRO A CABALLO

Y así despacio, del Campo Charro y el acoso y derribo volvemos aquí a Ciudad Rodrigo y su encierro a caballo que es el acontecimiento de más expectación de todos los que se celebran durante El Carnaval del Toro. Muchos han sido, y son, los caballistas que participaron, y participáis, en los encierros que serían dignos de mencionar pero quiero acordarme especialmente de don ANGEL DE ELIAS, el encerrador por excelencia en Ciudad Rodrigo, junto a ese buey suyo que merecería un monumento: “Río de Janeiro”. Recordar también a Cesáreo Montero “Tiquio”, Joaquín “Patato”, Leoncio “Macotera”, Manuel García Gallego “El Maestro”, Ramón Garduño, Antonio Chanca y desde aquí mi aplauso para todos los que hoy seguís encerrando con la misma ilusión y afición que lo hicieron los que hace más de veinte años volvieron a hacer que el encierro a caballo regresase al Carnaval del Toro. Para todos los que habéis salido desde «Los Tayalos» con los toros, pasado por «Los Ballicos», «Ravida», «Los Gazapos» o «Casasola» y llegáis al Cordel con el encierro para llegar hasta la Ermita de La Virgen de La Peña y enfiláis la calleja del «Valhondo» para meter el encierro a caballo en la calles de la vieja Miróbriga.

Don Dionisio Holgado, otro gran garrochista, tan unido al caballo, al toro y a esta ciudad de la que fue alcalde, usó en su pregón para el Porvenir de hace diez años unos versos que nos explican a la perfección lo que significa esa mañana del domingo de Carnaval:

Jinete de la Socampana
prepara tu yegua temprana
para el encierro de mañana,
apareja la briosa alazana
y aprieta la cincha de la montura castellana,
calza la bota campera
y ponte la espuela pavonada
con su garrocha de majagua
alegre va por la cañada
a encerrar la corrida organizada

6 zainos toros componen la torada
6 berrendos cabestros la acompañan
6 caballeros mozos dirigen la manada,
cuidado con el toro perdiguero
que se adelanta al caballo puntero,
ojo al toro rezagado
que no aguanta la galopada

Poco a poco entre sustos y arrancadas
la corrida va llegando arropada,
ya pasa la muralla
ya entra de la Plaza la portada

El bruto se arranca a la talanquera
derrotando con fuerza en la barrera,
los mozos sortean al morlaco enfurecido
Conrado un muletazo da al colorado
Y el atrevido maletilla ilusionado
un pase le pega enardecido
que el público jalea entusiasmado
al ver que la faena lo ha merecido

Así de esta manera
la corrida
por fin es enchiquerada,
estando preparada
para que vuelva por la tarde a ser toreada
y al terminar la capea
con el toque de campana
a ser desencerrada
quedando el público desilusionado
por terminarse la carnavalada

Desde aquí mi ovación, con sinceridad y admiración, para TODOS Y CADA UNO DE LOS GARROCHISTAS DE LA SOCAMPANA QUE ACUDEN A LA LLAMADA DEL CARNAVAL DEL TORO. PORQUE AUNQUE A MUCHOS LES PAREZCA TARDE HAY COSTUMBRES QUE PUEDEN Y DEBEN VOLVER, HACER DEL ENCIERRO A CABALLO DE CIUDAD RODRIGO LO QUE FUE SIEMPRE: TRADICIÓN Y CHARRERÍA.

MAYORALES Y CAMPO CHARRO

Sé que muchos de los que estáis presentes habréis conocido a hombres de campo que guardaban una profunda filosofía del vivir, que eran el espejo de la nobleza y de la bravura de nuestro Campo Charro. Una tierra que da hombres de palabra recia y de silencio en el corazón, como bien dijo hace unos años Mariate Cobaleda en este mismo lugar.

Hombres como Domiciano Pombo (mayoral de Atanasio Fernández), Severiano García (de AP), Ernesto Matilla (de Graciliano P-T), Ignacio Sánchez (de Manuel Arranz), Lucio López (de Sánchez-Cobaleda), Ángel Sánchez (de Carreros), Francisco María (de RodasViejas), José Manuel Suárez (de Alipio P-T), y tantos otros fueron el claro reflejo de lo que digo.

En la actualidad nos lamentemos de muchas cosas que ya no son ni serán lo que fueron. “Ya no quedan buenos garrochistas, ni vaqueros o mayorales como los de antes”, dicen no sin razón nuestros mayores. Pero puedo asegurar con orgullo que en Salamanca siguen galopando por nuestras dehesas y correderos grandes mayorales y garrochistas. Y también extraordinarios ganaderos.

Cuando me aventuré a escribir mi libro “EL TORO DE SALAMANCA” tuve la gran suerte de conocer un poco más la historia de fincas como «Terrones», «Carreros», «Coquilla», «Sepúlveda», «El Villar», «Matilla», «Campocerrado», «Terrubias», «Hernandinos», «Llen», «El Collado», «El Puerto de La Calderilla», «Cojos de Robliza» o «San Fernando» y disfruté aprendiendo algo más de la memorable historia ganadera de esta provincia. Tardes de gloria, toros para el recuerdo, ganaderos míticos, mayorales de leyenda. Historia que no debe morir ni quedar en el olvido, aunque ahora los tiempos sean totalmente diferentes. Fueron muchas las cosas que pude aprender, porque siempre se aprende y de esto más, durante el tiempo en el que estuve recogiendo información y datos para la elaboración del libro. Cosas muy interesantes y poco conocidas como:

- Que hace ya más de ciento cincuenta años había un ganadero charro llamado Juan Sánchez Hernández, más conocido como Juan Carreros, que era capaza de lidiar más de veinte corridas de toros al año.

- O descubrir esa maravillosa crónica llamada “Los Toros de Pilarín”, que algunos mal llamaron “Las lágrimas de Pilarín”, que el crítico Gregorio Corrochano le dedicó a la gran Pilarín Coquilla tras una memorable corrida celebrada en Madrid en 1926 con toros de su familia y en la que se le dio la vuelta al ruedo a dos de los toros y su padre tuvo que salir a saludar la cerrada ovación del público. Permítanme que les lea el inicio de la misma: “Pilarín, a ti que eres tan ganadera, que cuando todos los de tu casa se van a Salamanca, te quedas con los toros, quiero contarte la corrida de ayer.Sé de tus escrúpulos y no voy a engañarte por una cortesía, ya que pese a tu feminidad, tienes un carácter recio y franco de la Castilla de las encinas. Los toros, tus toros, Pilarín, han sido seis ejemplares muy iguales, lo que llamamos una corrida muy bien presentada, ya que la igualdad es una característica en las corridas. Preciosos toros. Puedes estar contenta. Han tenido la brava condición de crecerse en la pelea, de irse a más, dato muy importante para un ganadero. Así, por ejemplo, el segundo que salió suelto de la primera vara, acabó siendo uno de los más bravos de la tarde, el cuarto más y el sexto fue el toro ideal. De esos que te decía Joaquín Cagancho, en las tientas, que le gustaría llevar en la maleta para, en caso de apuros, lidiarlos, y tú te reías porque adivinabas que eso de la maleta lo decía por el tamaño. No he podido ocultarte que algún toro anduvo apagado. El primero fue apagado y soso. A ti no te hubiera gustado ese toro. Pero la media, en conjunto, muy bueno, y para el torero, ni hechos a encargo.”.

- También gracias al libro descubrí el juego del célebre Filibustero, toro de don Graciliano Pérez-Tabernero que se usó de semental dos años en la vacada de don Manuel Arranz y se considera el padre de los “arranes”. Este astado no ganó la corrida concurso de San Sebastián celebrada en 1931 porque se celebraba una corrida de Coquilla días después y el empresario para asegurarse el lleno amañó las votaciones del concurso y se llevó el premio el toro Madroñito de Paco Coquilla.

En el periódico La Libertad se describió su juego:

«Negro entrepelado y muy bonito. Hace una salida de bravo, rematando en tablas. Félix Rodríguez se abre de capa y da un lance quieto completamente, pero pierde la percalina y cae al suelo. El toro hace por él, pero todos están bien al quite y la cosa no pasa del susto. Luego veroniquea, dando dos buenos lances por el derecho. (Palmas). El toro pelea con alegría y bravura en varas, recargando en todas. El presidente cambia de tercio, acaso un poco precipitadamente porque toro pedía pelea. El toro, muy bravo, se revuelve y Félix se aflige y hace una faena de pura defensa, pues el bicho no le deja colocarse. Una estocada caída y el bicho cae sin puntilla. Hasta el momento de morir ha estado el toro con la boca cerrada. El público aplaude unánimemente al toro en el arrastre.»

- Me fascinó conocer la historia de la ganadería de don Argimiro Pérez-Tabernero Sanchón, el menos conocido de los cuatro hermanos, pero que a bien seguro hubiese estado a la altura de sus hermanos o incluso los hubiese superado por lo que he podido leer en crónicas de la época. Pero la maldita guerra lo pilló en Málaga y allí fue fusilado junto a sus tres hijos mayores.

- También me entusiasmó saber algo más sobre la historia del famoso Civilón de don Juan Cobaleda que fue criado a biberón por el mayoral y se dejaba acariciar de todo el mundo. Hasta los hijos del ganadero, que eran once, jugaban alrededor del toro. Fue lidiado en Barcelona a en junio de 1936 y logró la gloria del indulto, pero estalló la guerra y ese toro jamás volvió a «Campocerrado».

Pero puedo afirmar con orgullo que aunque nuestra tierra ha ido perdiendo importantes ganaderos y encastes únicos que creó y crió, he tenido la suerte de conocer a descendientes de aquellos genios que aún sienten, por derecho propio, el orgullo de ser ganaderos aunque no críen toros. Aprendí que ser ganadero es mucho más que criar ganado, que tenemos mucha gente que sigue luchando por nuestra tierra y lo nuestro, y que nuestra gloriosa historia ganadera está ahí y que quizás el problema es que no hemos sabido lanzarla al viento como lo hubiesen hecho otros porque nuestro carácter charro nos hace ser como somos: callados.

Y antes de que me deis los tres avisos quiero acabar con unos versos de mi amiga Caridad Hernández, nacida en mi pueblo Alba de Yeltes, que plasman perfectamente lo que es el día a día en la vida de cualquier ganadería de nuestro Campo Charro y mucho tienen que ver con ese carácter nuestro del que he hablado antes.

[El Pregonero introduce fotos y música]

EL SILENCIO DE LA ENCINA

Callada se alza la encina

meciéndose con el viento;

sí ella pudiese hablar,

mil secretos se sabrían

de este noble Campo Charro,

de toros y de toreros.

Ella ha visto al mayoral

en su caballo ligero

cuando despuntaba el alba

seguido de los vaqueros,

al penetrar en el monte

para contar los becerros.

Y la estampa de los toros

recostados en el suelo,

dobladas patas y manos,

con el morrillo derecho

oyendo el ruido del carro

que les llevaba su pienso.

Callada sigue la encina,

contemplando en el silencio

al mayoral a caballo;

los toros y los cabestros

ir corriendo por el monte

al tolón de los cencerros.

Han reunido ya las reses

cerca del embarcadero;

el mayoral da las órdenes

que cumplen bien los vaqueros.

Ya en el camión enjaulados

los toritos quedan quietos.

La encina contempla todo

en el más mudo silencio.

El camión ya se desliza

con las bravas reses dentro,

ondeando la divisa

orgullo del ganadero.

Apacentando se queda

el grupillo de cabestros.

Mañana tenemos tienta

dice el mayoral contento.

Hay que escoger las vaquillas;

celebrar bien el festejo.

El verde monte frondoso

de fiesta se va vistiendo,

y las encinas airosas

sus ramas cantan al viento

que ha salido hoy de gala

la hija del ganadero.

Más morenilla que nunca

con su mirar altanero,

corazón de la charra noble,

con ojos que son luceros.

Hoy sonríe mas que nunca,

aguardando a sus toreros.

Se han reunido ya en la plaza

y comenzando el festejo.

Bandadas de torerillos

en la dehesa aparecieron,

cual humildes mariposas

queriendo emprender el vuelo.

La fiesta ya se despliega

con alegría y contento;

gozo de los torerillos

revolcados por el suelo,

recibiendo trompicones

de vaquillas y becerros.

El mayoral numerando.

Apuntando el ganadero,

las que van saliendo mansas

y las que dieron buen juego,

mezclados con los olés

que brindan a los toreros.

La encina contempla todo

en el más mudo silencio.

La tarde va declinando

dando fin a los festejos.

La gente va desfilando,

con su hija el ganadero.

Los torerillos cansados,

con emoción en el pecho,

su macuto sobre el hombro,

caminan por monte adentro

hacia nuevas esperanzas;

hacia nuevos tentaderos.

Callada sigue la encina

en la firmeza del suelo,

contemplando a sus hermanas.

Todas parecen de acuerdo.

Son felices cuando ven

los toros y cabestros.

Al mayoral dando órdenes

a los valientes vaqueros;

la vida del campo charro,

las tientas y embarcaderos;

y alegres mecen sus ramas

cuando nace otro becerro.

Muchísimas gracias a todos por estar aquí y escucharme. ¡Viva el Campo Charro, viva Ciudad Rodrigo y viva el Carnaval del Toro 2015!

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