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Pregón de la Fiesta del Almendro, 2015, Bienvenido Mena Merchán, La Fregeneda

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Pregón de la Fiesta del Almendro, 2015,  Bienvenido Mena Merchán,  La Fregeneda
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Pregón de la Fiesta del Almendro, 2015

Bienvenido Mena Merchán

La Fregeneda

Sr. Alcalde, amigo Bernardo, Corporación Municipal, autoridades civiles y militares españolas y portuguesas, vecinos y vecinas de la Villa de La Fregeneda, fregenedenses que residís fuera y que volvéis, aunque sea por unos días, a la tierra que os vio nacer, forasteros llegados desde distintos lugares de nuestra Comunidad y del vecino Portugal, amigas y amigos.

Cuando vuestro alcalde, en nombre del Ayuntamiento, me propuso ser el pregonero del Día del Almendro, acepté sin dudar un momento su invitación pero creo que me había faltado prudencia al aceptar, pues no sabía si estaría a la altura de los pregoneros que me han precedido en esta tarea y que han dejado el listón muy alto.

No os vengo a anunciar la primavera, no os vengo a anticipar tiempo de sol y de alegría, porque el almendro, en su humildad, os lo pregona ya con su manto rosado que todo lo inunda.

No se me ocurre mejor reclamo que el que la propia naturaleza nos ofrece, al despertar de su sueño del invierno y llenar de vida lo que parecía muerto. Y entre todas las manifestaciones, es la del almendro la más llamativa, la más sorprendente, la más milagrosa y, sobre todo, la primera. De un árbol gris, con las ramas retorcidas, surge la belleza delicada de unas flores blancas y rosas, que aparecen antes incluso que las hojas, perfumadas, suaves de cerca y esponjosas de lejos, que parecen cubrir los campos de nieve. Y se llena el espíritu de la alegría que da el renacimiento, aunque sea tan cotidiano, tan periódico, tan esperado y a la vez tan sorprendente.

Todas estas obviedades que os viene a contar hoy el pregonero, bien las sabéis los habitantes del oeste salmantino. Los vecinos del Abadengo, de esta prolongación de Las Arribes, sois gentes muy sabias, que celebráis la primavera antes que nadie porque entendéis que con ella vendrá la fecundidad al campo y la prosperidad a vuestras casas.

Cuando una mañana, al abrir las ventanas, nos invade el blanco rosado del almendro en flor, sabemos que el ciclo de la vida nos arrastra otra vez, sabemos que esas flores anticipan frutos y que los frutos son los que nos dan el sustento para nuestras familias.

Queridos amigos que hoy habéis querido celebrar la primavera en La Fregeneda, quiero compartir esta mañana con vosotros el mensaje que el almendro nos trasmite y que debemos escuchar: el mundo cambia, las personas pasamos, con nuestras preocupaciones, con nuestras alegrías, pero la naturaleza, sus ciclos, permanecen para recordarnos lo efímero de nuestras vidas y lo eterno del universo. Así nos lo trasmite el almendro y pienso que debemos recordarlo y tenerlo muy presente, para que nuestros afanes no nos distraigan y lo urgente no solape a lo importante.

Somos tan pasajeros en el mundo como las efímeras flores de almendro. Pero cuando ninguno de nosotros esté aquí, la espuma rosada de las flores seguirá desbordándose por los campos y los cerros de La Fregeneda, de El Abadengo, cuando llegue el mes de marzo.

Amigos, entender esta verdad tan evidente no nos exime de nuestra responsabilidad en este corto rato que pasamos en el mundo: trabajar para mejorarlo, para dejarlo un poco mejor de lo que lo hemos encontrado. Le debemos a nuestros hijos y a nuestros nietos este tributo, cada uno en nuestra responsabilidad y en la medida de nuestra capacidades, pero sin eludirlo.

Soy, como muchos de vosotros sabréis, maestro de oficio y de vocación. La vida me ha llevado por caminos diversos, en los últimos años, en la gestión política, tarea que trato de desempeñar con dignidad, pero mi esencia sigue siendo docente porque esta es la profesión que me define.

Desde que me hice maestro, he recorrido pueblos y escuelas enseñando a niños y aprendiendo de ellos y de sus familias y os aseguro que es en el mundo rural donde he encontrado la verdadera sabiduría, la que se aprende de la naturaleza y sus ciclos, la que nos enseña, por supuesto, el humilde almendro.

Las familias del campo, las que vivís de él y las que os habéis criado en los pueblos, me habéis enseñado a ser paciente, a esperar de la naturaleza sus milagros cíclicos. Me habéis enseñado que se puede aprovechar lo que nos da el campo y se pueden mejorar los cultivos con la mano sabia del labrador, pero la naturaleza no se domestica sino que se respeta en su esencia.

El río, con su discurrir caprichoso, ha formado Las Arribes y vosotros, con vuestra inteligencia ancestral, habéis aprovechado sus curvas y sus cañones, para cultivar las laderas y las pendientes y, con enorme esfuerzo por las dificultades del terreno, conseguir frutos tan preciados como las almendras, las olivas, las uvas, el vino, el aceite, el queso de oveja, y no sigo porque ya os imagino con la boca hecha agua.

También, amigos, en mi ya larga vida –soy mayor en años pero joven en ilusiones y empuje- he aprendido que los territorios, las fronteras y las demarcaciones no significan nada cuando los vecinos se sienten unidos con los del “otro lado”.

Aquí, en La Fregeneda, en toda esa línea imaginaria que separa España de Portugal y que llamamos La Raya, lo sabéis muy bien porque vuestra relación con los vecinos portugueses ha sido siempre estrecha y fructífera. En los años duros, cuando nos mirábamos de reojo o directamente nos dábamos la espalda, encontrábais la manera de mantener la relación comercial, personal y de vecindad como no puede ser de otra manera entre territorios y personas que geográficamente son uno.

Cuando se habla de lo transfronterizo, cuando se han puesto en marcha programas europeos que gestionamos muchas veces desde la propia Junta de Castilla y León, realmente estamos profundizando en algo que vosotros, los habitantes de esta zona tan agreste de Salamanca, lleváis muchos siglos practicando. Por eso, por saber que las relaciones entre las personas están siempre por encima de las fronteras y de las políticas, os doy las gracias y os animo a seguir siendo vecinos, unos y otros, portugueses y españoles, y enseñándonos a los políticos cómo se construye una región que trasciende lo territorial y se convierte en hermandad de corazón.

Desde la colaboración entre ambas regiones estamos consiguiendo ser un poco más prósperos todos y en este camino seguiremos. Mientras en otros territorios, en otras Comunidades, se insiste en un mensaje de separación y de confrontación, aquí, trascendiendo las fronteras políticas, nos convertimos en una sola comarca que comparte una cultura, una historia, una idiosincrasia y, sobre todo, una manera de entender el mundo que nos define y que se plasma, de nuevo, en ese mar de “almendros espumosos”, de “almendros de nata”, parafraseando al eterno Miguel Hernández.

Queridos amigos que hoy os habéis acercado hasta La Fregeneda para celebrar que nuestro árbol nos ofrece sus flores, afrontemos esta primavera como un tiempo de esperanza después del duro invierno. No me refiero solo a los meses de frío que la preceden, sino a la larga crisis que nos ha sumido en la desesperanza desde hace demasiados años. Por fin, parece que el horizonte se presenta más despejado, parece que comenzamos a ver la luz y de nosotros depende que esta claridad se mantenga, trabajando duro, como lo estamos haciendo, para dejar a nuestros hijos nuevos tiempos de prosperidad.

Os insisto en mi afán de dejar el pequeño trozo de mundo en el que habito un poco mejor de lo que lo he encontrado. Tras estos años de afanes infructuosos, estoy convencido de que mi deseo será posible con el compromiso de todos nosotros, con el trabajo compartido y, permitidme deciros, desde mi fe, con la ayuda de Dios.

Amigos del Abadengo y de Las Arribes, soy consciente, como delegado de la Junta, de cuáles son vuestras necesidades, entiendo muchos de vuestros anhelos y admiro vuestro carácter reivindicativo que os lleva a pelear por lo que es vuestro hasta que os llegan las fuerzas. Por mi parte os digo, hoy como pregonero, mañana como gestor y siempre como amigo, que hemos aprendido de vosotros a considerar vuestro territorio, con sus particularidades, un espacio de primera, con ciudadanos de primera; que mi compromiso con vosotros es firme.

Gracias, amigos, por acogerme en vuestra casa y permitirme hoy ser un habitante más de La Fregeneda, de la Raya. Disfrutemos hoy de las flores del almendro y cuidémoslas para que nos den el fruto que esperamos. Hoy sabemos que la vida continúa, el almendro florece otro año más, nos cubre con su manto rosado, nos ata a la tierra, nos asegura en ella, nos convence de que el mundo no ha cambiado tanto.ra

        Y, para que este resurgir de nuestra tierra sea una posibilidad, es bueno que sigáis por muchos años celebrando esta Fiesta del Almendro, en la que todos podamos reunirnos y mostrar nuestra identidad salmantina y riberana.

           Y, para que ello sea posible, gritad conmigo:

¡Viva la Fiesta del Almendro!

¡Viva La Fregeneda y sus gentes!

¡Vivan las tierras riberanas españolas y portuguesas!

Muchas gracias

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