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VILLAS HERMOSAS, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez

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VILLAS HERMOSAS, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez

Hizo un día óptimo para andar, pues fue benigno en tiempo, soleado y tamizado por nubes a un tiempo. Llegamos a la posada de Sinforiano después de cruzar a la larga Béjar, cosa que es toda una aventura, y ya allí, todo el gran espectáculo que brinda a la vista el valle del río Cuerpo de Hombre. Por cierto, ¿de dónde y por qué este nombre tan llamativo y singular? Cogimos rápidamente el camino Ruta de la Plata, el cual hoy es el Camino de Santiago que sube desde Sevilla, y el que en realidad ya no es lo que entendemos por Ruta de la Plata, sino un camino hecho en tiempos de Fernando VI con el fin de unir Castilla y Extremadura, el cual tiene un ancho bastante para cruzarse los carros, y una técnica de construcción sorprendente, así como un trazado y de una suavidad increíble entre las escarpadas montañas.

Alcanzamos por fin a Peñacaballera, la sorpresa es grande. Un pueblo todo él amenazado por esa famosa “peña caballera” de la que él recibe el nombre, y que es una roca con un peso de 30 mil kilos y de asentamiento inestable, suponemos que no tanto como para barrer este pueblo lleno de belleza en sus construcciones, cada casa es un hábitat en el que se querría vivir. Continuamos la ruta descendiendo por un camino muy vertical, con unos paredones que nos hacen pensar en los sudores de los hombres que los levantaron como auténticos héroes, y dado el abandono por ser antieconómico, de lo que ellos cercaron, puesto que no puede entrar la maquinaria, también pensamos que si hoy levantaran las cabezas les daría el infarto. Más abajo entramos ya en esos prados que sí están con ganado, y que su generosidad es tan grande, tanto en sus hierbas como en el esplendor de su verde tierno y de los diferentes tamices según reciban la luz, que son un goce para los sentidos.

Paramos a comer sobre un tronco de árbol, de esos que deciden no crecer hacia arriba, sino tener un estar en la vida más descansado y apoyados en el suelo reptan por él como si de una enorme serpiente fuera. Allí el arroyo que se entrega al río nos deleita con su música contínua y cantarina que provoca el último salto de este al río. Comemos como se como entre estas mujeres que nos acompañan, que empiezan siempre con el “.. pues a mí hoy no me ha dado tiempo más que a hacer sólo esto”, y a la hora de la verdad, entre las unas y las otras, nos dan un auténtico banquete con todo lo imaginable y riquísimo, en un paraje tan bello que hace bueno el dicho de María Antonia: “como aquí ni en el mejor restaurante del mundo”.

Llegamos a Montemayor, y otra vez la sorpresa, que es esta aldea con ese castillo tan solemne como fuerte, esas calles con esas casas tan llenas de gracia y todas tan acertadamente recuperadas, y ese paraje final que es la alameda del otra vez Cuerpo de Hombre, con ese puente al que el marqués de turno le tenía la afición de cobrar a todo lo que pasara por él fueran personas o ganado.

Retornamos con la compañía de ese cansancio natural que proporcionan las caminatas por la naturaleza, y que después proporcionan bienestar reparador, lo hacemos trayendo con nosotros lecciones de historia, pues sabemos que Montermayor y su castillo más que para defensa de la frontera con lo islámico era más bien una fortaleza del Reino de León contra Béjar, que era bastión de Castilla. Así como la verdad sobre el nombre del Camino de la Plata, que viene del nombre que se le daba a los nuevos caminos hechos en el siglo XVIII, pues se les llamaba “lapiedata”, y de ahí ha venido la derivación del Camino de la Plata que hoy se relaciona con el camino medieval que unía Algeciras con Asturias, y además en la memoria visual los dos pueblos hermosísimos envueltos en los bellos paisajes en los cuales vimos florecillas tan dulces como la prímula, el diente de león, la celedonia, la peonía y la planta de la moneda.

Pienso todo esto mientras retorno a casa, y en la carretera nos sigue persiguiendo la belleza, pues qué son si no esas explanadas de verdes brillantes salteadas de campos amarillos de colza situados en ellas de forma que ni el mejor pintor los centraría más acertadamente en la composición de su obra. Viene entonces, cómo no, la nostalgia del día vivido, mezclada por la angustia del final que nos negará todo, la tapo inmediatamente con la alegría de la jornada y la esperanza de que la vida aún me traerá más días como este, con buenas compañías y villas hermosas.

2 Comentarios

  1. Luis 08:34, abr 14, 2015

    Yo prefiero estos de andar por la montaña a sus artículos politiqueros, por lo menos no se enreda en divagaciones que es incapaz de expresar, porque a veces se lía tanto que no me entero muy bien de lo que quiere decir. A pesar de ello tengo que reconocer que me resulta entrañable este señor y que también sigo sus artículos.

    Reply to this comment
  2. Alex 00:27, abr 14, 2015

    Señor Tosal, sigo sus artículos y por eso, con el mayor de los respetos, le pido por favor que deje un poco los artículos de sus paseos de fin de semana, es que ya aburre un poquito

    Reply to this comment

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