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WATERLOO, por Miguel Ángel Largo Martín.

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WATERLOO, por Miguel Ángel Largo Martín.
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Del jueves 18 al domingo 21 he tenido el privilegio de vivir desde dentro parte de las conmemoraciones habidas para celebrar el Bicentenario de la batalla de Waterloo.

El grupo de recreación al que pertenezco, “Tiradores de Castilla”, junto a otros grupos españoles de recreación como “Voluntarios de León”, y al grupo de recreación de Almeida, nos unimos al Regimiento Nassau nº 28, perteneciente a las fuerzas holandesas que combatieron en Waterloo al lado del Duque de Wellington.

En este 200 aniversario, el campamento aliado estaba situado al lado de la mítica granja de Hougoumont, una de las tres granjas en las que el Duque de Ciudad Rodrigo basó su línea defensiva, las otras tres eran Papelotte al este y La Haye Sainte en el centro. Este campamento aliado tenía varias hectáreas de extensión, ya que ha acogido a unos 3000 recreadores, además de tener cuadras para caballos, baños… y todos los servicios necesarios para atender a todos sus huéspedes. Todo el campamento aliado estaba vallado y sólo si eras recreador podías acceder libremente al mismo. Cuando un recreador llegaba por primera vez le ponían una pulsera parecida a las de los hoteles todo incluido. Si un turista quería visitar el campo aliado tenía que pagar algo así como 6 euros.

Respecto al campamento napoleónico, estaba situado a unos cuatro kilómetros del aliado, en la zona de la granja de La Belle Alliance, sobre el camino real de Charleroi a Bruselas. Igual que en el aliado, en el campamento francés los recreadores podían entrar libremente enseñando la pulserita y los turistas debían abonar 6 euros.

A pesar de que estaban a una distancia considerable los dos campamentos, cada uno tenía su razón de ser para estar en su lugar. Hougoumont era la granja en la que Wellington situó el extremo oeste de la línea aliada, y sobre ella se lanzó el primer ataque de la batalla. A pesar de las cantidad de fuerzas enviadas por Napoleón a conquistar esa granja, la misma no cayó en ningún momento, aunque a los aliados les supuso mantenerla en su posesión un elevado coste en vidas. Respecto al campamento francés, éste estaba como ya he dicho, en la zona de La Belle Alliance, la granja desde la que Napoleón dirigió gran parte de la batalla. En las cercanías de esta granja tuvo lugar, al final de la batalla, el abrazo entre Wellington y el prusiano Blucher.

La vida en el campamento aliado empezaba muy temprano, ya que amanecía sobre las 5 de la mañana, y a las 6 ya estaban tocando diana algunas unidades, y a las 7 ya comenzaban los turnos de instrucción de algunas unidades. Debido a la gran cantidad de recreadores, el campo de instrucción estaba reservado de dos en dos horas. El ambiente y la camaradería en el campamento ha sido magnífico, habiendo numerosas visitas a cualquier hora del día, y no faltando nunca el sonido de las gaitas escocesas. Tampoco faltaron esas gaitas en las juergas nocturnas habidas en la carpa dedicada a bar.

El mismo día que se cumplía el bicentenario de la batalla, jueves 18, hubo por la noche el espectáculo Infierno. Se trataba de un espectáculo de luz y sonido en el hubo mucha pirotecnia y participaron un pequeño grupo de recreadores. Este espectáculo estuvo bastante bien, pero tuvo una nota negativa, ya que durante el mismo se le prendió la cartuchera a una recreadora inglesa, sufriendo graves quemaduras, aunque afortunadamente no falleció. Ese mismo jueves había ocurrido otra desgracia en el campamento aliado, donde uno de los recreadores falleció por un paro cardiaco.

Lo más emocionante para mí, más que las propias dos recreaciones históricas habidas el viernes 19 y sábado 20, han sido los desplazamientos desde el campamento aliado al campo de batalla. Estos desplazamientos tuvieron lugar por el llamado camino de Ohian, el camino transversal al real que va de Charleroi a Bruselas. Sobre este camino de Ohian, estuvo la disposición de tropas aliadas el día de la batalla de 1815. Tres horas antes del comienzo de las recreaciones salíamos del campamento, infantería, caballería y artillería, tirados la mayoría de los cañones por los propios soldados. A marcha de maniobra íbamos hasta el pie de la Colina del León, donde a partir de ese momento los espectadores se multiplicaban.

El viernes, la organización nos sorprendió, ya que en vez de enfilar el campo de batalla de la recreación directamente desde el camino de Ohiam, fuimos hasta otra de las granjas míticas de aquella batalla, La Haye Sainte. Entramos en esta granja por la puerta trasera, la oeste, y después de atravesar su patio, salimos por la puerta este, la que da al camino real. Fueron momento mágicos poder atravesar el patio de esa granja, defendido hasta la última gota de sangre por muchos miembros de la King’s German Legion el 18 de mayo de 1815, algunos de los cuales estuvieron en Ciudad Rodrigo y su entorno. Seguro que tuvo que ser un espectáculo para los espectadores situados en la puerta este de la granja ver salir por la misma a todas las tropas aliadas que iban a participar en la recreación.

Las recreaciones tuvieron lugar sobre parte del mismo campo de batalla de hace 200 años. Al norte el campo de la recreación estaba limitado por el camino de Ohaim, al oeste por el camino real (el cual divide en dos el campo original de la batalla), al oeste por los bosques que se acercan a la granja de Papelotte y al sur limitado por las tierras cercanas a la Belle Alliance. Este campo de recreación estaba todo cubierto por trigo que tenía entre 90 y 100 cm de alto, y el cual todavía estaba todo verde. En el campo de la recreación se simulaba todo el campo de batalla original, se había segado un camino que simulaba el camino real de Charleroi a Bruselas, y se habían realizado dos construcciones de madera que representaban las granjas de Hougoumont y La Haye Sainte, también se había construido el cementerio de Papelotte, sobre el cual hubo duros enfrentamientos en la tarde del 18 de junio de 1815 entre tropas prusianas y napoleónicas.

El viernes fue complicado, debido a la altura de los trigos, avanzar hasta alcanzar la posición en la que debíamos ocupar al comienzo de la batalla. Una vez alcanzada la posición inicial, nos tocó esperar más de una hora para comenzar la batalla, momentos que llenamos echándonos a descansar sobre los trigos. Esos momentos previos a las recreaciones nos permitió ver como se iban llenando de público las gradas que había en dos lados del campo de la recreación, y las cuales permitían tener sentados a más de 50.000 personas. Aunque las dos recreaciones iban a ser diferentes, al final los dos días se representaron toda la batalla, pero el desarrollo de ambas fue muy diferente. El viernes el pelotón Iberia del regimiento 28.º de Nassau nos tocó especialmente realizar movimientos y descargas de fusilería, pero no sufrimos ningún enfrentamiento directo con la caballería o la infantería napoleónica. En las retinas de los miembros de ese pelotón Iberia quedará el movimiento inicial enemigo, ya que al avanzar en un frente de unos 50 o 60 metros el trigo que iban pisando quedaba totalmente trillado. Pero ese primer día los espectadores no vieron mucho por tres motivos, el primero porque la recreación había comenzado a las 8, a la hora que estaba programada igual que el sábado; el segundo motivo por el humo producido por las descargas de fusilería y artillería; y el tercer motivo porque los movimientos de los recreadores tuvieron lugar lejos de las gradas de los espectadores. La cosa llegó a tal punto, que al final de la recreación del viernes, cuando echamos vista a las gradas, la mayoría estaban vacías. Ese viernes el regreso al campamento aliado fue muy especial, ya que fuimos por el camino real hasta la Belle Alliance y allí tomamos un pequeño camino que nos llevaba al campamento. Por ese pequeño camino transitamos a oscuras, ya que eran las 11 de la noche, sólo iluminados por pequeñas antorchas que nos suministró la organización. Ver el avance de los cañones, montados sobre los armones, y tirados ambos por personas, con la única iluminación de las antorchas te hacía retrotraerte a hace 200 años.

Afortunadamente la mañana del sábado no hubo instrucción, y pudimos hacer visitas turísticas. Fuimos al nuevo museo excavado a los pies de la Colina del León y que fue inaugurado el mismo día de la conmemoración del Bicentenario. Este es un museo espectacular que utiliza las últimas tecnologías para acercar al visitante no únicamente a la batalla, sino también a la época napoleónica. Sobre todo destaca una película en 3D de la batalla, la cual te acerca bastante al desarrollo de la misma. Después pudimos subir a la Colina del León, una especie de pirámide egipcia de tierra, coronada por un león, símbolo británico. Desde lo alto de esta colina se tiene una espectacular vista del campo de batalla original.

La tarde del sábado, el traslado de las tropas aliadas desde el campamento al campo de la recreación, fue también muy especial. Aunque no pasamos por el patio de La Haye Sainte, la gran cantidad de público que se agolpaba en el camino de Ohiam, nos hizo sentir mucho calor y cercanía. Aunque el sábado los trigos del campo de la recreación ya estaban pisados del día anterior, el avance no era mucho mejor ya que al estar verde resbalaba bastante. Como el día previo, las gradas de espectadores se llenaron, y la recreación comenzó a la hora programada, las 8. Pero en esta segunda recreación los movimientos de tropas se acercaron a las gradas de los espectadores para que pudiesen ver el desarrollo de la recreación más claro. Instantes previos a esta recreación tanto Napoleón como Wellington pasaron a caballo delante de las gradas, levantando la pasión de los espectadores, los gritos de la gente, hacían sentir a los recreadores como a los jugadores de un Madrid-Barça.

En esa recreación del sábado, los integrantes del pelotón Iberia no hicimos tantas cargas de fusilería, pero fue más entretenida. Tuvimos encontronazos con la infantería napoleónica y cargas de su caballería, pero dentro de los límites de una recreación. También tomamos la graja de La Haye Sainte, expulsando a las tropas gabachas que la habían tomado, y fue muy especial ver como al final de la recreación la Guardia Imperial quedó rodeada de tropas aliadas, lo cual arrancó el aplauso de los espectadores que aguantaron estoicamente bajo una fina lluvia que comenzó a caer al final de la recreación.

El regreso al campamento aliado, no fue intimo como la noche anterior, sino en olor de multitudes. La gente, a pesar de la lluvia fina que estaba cayendo, se agolpaba en el camino de Ohaim para aplaudir a los recreadores aliados. Añadir que en la recreación del viernes como el sábado hubo alguna caída de caballo de asistentes de Wellington y Napoleón. Destaca una del viernes, que le supuso a un ayudante del pequeño corso una rotura de clavícula, pero que el sábado, a pesar de la escayola, estaba también en la recreación.

El centenario de Waterloo no se pudo celebrar porque Europa estaba inmersa en la Primera Guerra Mundial. Por ello, participar en el bicentenario de Waterloo ha sido todo un honor. Recreaciones en las que ha habido más de 5000 figurantes, en torno a 70.000 espectadores en cada una de ellas, y kilos y kilos de pólvora quemados… serán difíciles de olvidar. Los dolores de pies tampoco serán fáciles de olvidar, pero que nos quiten lo bailado. Compartir todo eso con recreadores de 50 países y estar en lugares míticos como Hougoumont, La Haye Sainte y La Belle Alliance hará que esta celebración del 200 aniversario de la Batalla de Waterloo sea imborrable de las retinas de los que tuvimos el honor de intervenir.

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