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VALORACIÓN DEL CARNAVAL: UNA DE CAL Y UNAS CUANTAS DE ARENA, por Lucía Risueño

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VALORACIÓN DEL CARNAVAL: UNA DE CAL Y UNAS CUANTAS DE ARENA, por Lucía Risueño
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“A toro pasao” el análisis del Carnaval es obligatorio, y que el Ayuntamiento lo califique de “excelente”, sólo puede explicarse desde el bajo nivel donde parecen encontrarse. En todo caso, ya es triste que uno crea que debe calificar su propio trabajo. Normalmente, deben hacerlo otros.

Tanto los previos, como el propio evento, han estado “animados” de críticas, lo que significa que el criterio o las formas de hacer, no eran las óptimas. Vale que somos un pueblo inconformista y a veces, de difícil carácter, pero para eso, necesitamos dirigentes capaces de gestionar “manadas de gatos”, y no que echen “balones fuera” o consientan “caprichitos” a las primeras de cambio.

De los previos, qué añadir que no se haya dicho ya… bueno, sí, que no sé si el Consistorio defiende igual a todos los ciudadanos, porque no dudó en decirle a la Inspección de Trabajo que los constructores de los tablaos son “amigos y familiares” sin contrato ni salario (aunque no fuera del todo cierto), para evitar su actuación inspectora y, sin embargo, no se conoce que hayan hecho lo propio con el sector de la hostelería, que, de igual manera, sólo pretende ganarse “unas pelillas” en estos días de fiesta. Que conste que no deseo promover la ilegalidad (al contrario, siempre), sino poner de relevancia el trato distinto entre ambos casos similares, en los que se “protege” a unos y se deja a los otros abandonados a su suerte.

Del encierro a caballo, añadir a lo que han dicho otros, que resulta bastante absurdo hacer un encierro de campo, para que los espectadores lo vean, únicamente, cuando los animales pisan asfalto; de ahí, que unos cuantos, rebeldes, sin duda, pero que llevan estas fiestas en lo más profundo de sus venas, no puedan evitar acercarse para disfrutarlo realmente, y no de forma tan encorsetada. Lástima que no se previera la necesidad de disponer, al menos para una parte del público, de espacio para observarlo de cerca en el campo, desde lugares seguros, como pasaba otros años, en la zona de la ermita.

De los toros se ha dicho que han sido magníficos, y puede que en su mayoría así haya sido. Sin embargo, el festival del domingo, se abrió con un novillo (exagerando en su edad, porque más bien hacía recordar aquel eslogan de “pezqueñines, no gracias”) que tuvo que ser devuelto y su sustituto aguantó a duras penas. Era de ver cómo el dueño de algún tablao, se indignaba con el hecho, calificándolo como “estafa” a todos los allí presentes. Si en aquel momento, pilla a la Comisión Taurina cerca, le dice al menos, un par de cosas bien claras, y con razón.

Por otro lado, y advirtiendo de que no voy a calificar a los festivales y novilladas, de forma técnica, sino como alguien perteneciente  al “gran público”, no especializado; decir que lo que eché de menos en el que presencié fue la emoción. Dicho de otra manera, si la tauromaquia es arte, no es por la ejecución perfecta de una verónica ni de una chicuelina, sino por la medida en la que estas producen reacciones en los tendidos. En el festejo del domingo, sólo sentí empatía en el segundo de los astados, cuyo novillero plantaba cara y trataba de comunicarse con el animal en la lucha mantenida, lo cual me enganchaba a seguirles y no distraerme. El resto, no me trasmitieron lo mismo. En cuanto a la capea posterior, sucedió algo parecido, fue bastante plana, excepto por la presencia de un maletilla que despertó las ovaciones más sonoras de toda la tarde, con su actitud determinante y quizás no demasiado ortodoxa, pero divertida y llamativa, ante el toro. Con esto, quiero decir a los “expertos taurinos”, que observen cuándo y por qué vibra el público en la plaza, que se dejen de rancios protocolos y tecnicismos, porque si quieren que el público, el gran público, acuda a las plazas, el arte y el espectáculo han de estar, por y para emocionar a todo el que allí se acerque. No hagan espectáculos para ustedes, que tanto saben, organícenlo para nosotros, los que no sabemos demasiado de esto, sólo así nos llevarán de vuelta al coso (siempre con el respeto y sensibilidad al animal, que sé a ciencia cierta que le propician). En resumen, tened en cuenta que, como en cualquier otro ámbito, el carisma vale más que el querer aparentar ser, tratando de encumbrar a inadecuados, muchas veces.

Y en este sentido, decir que la Plaza, al menos en las tardes, se vuelve bastante seria y aburrida, y recordemos que estamos de FIESTA. La música de la banda se limita a breves y escasos momentos y quizás el pasodoble ya no mueve a la gente como lo hacía antes. Debería contemplarse otro tipo de animación. De hecho, tuve la fortuna de tener muy cerca a “Tato Galerías”, con su megáfono, que nos dio un ratito muy ameno, entre el festival y la capea, con bromas y conocidas canciones populares. Creo que es básico que la gente en la Plaza se divierta, porque para eso va; y algo podremos hacer todos los que vamos, dejando en casa malos rollos y la sensación de ridículo, y desatar nuestro lado más divertido, pero también es verdad, que un poco de ayuda de “animadores”, que tengan el don de desinibirnos, contribuiría a romper el hielo, del frío mes de febrero.

No pasaré por alto en este escrito, el conflicto del acceso a las capeas de la tarde, de la que quiso Dios (si es que existe) que fuera conocedora de otro caso, nada más pisar la arena, para ver el desfile en la tarde del sábado. Nada más entrar, me enteré de que en un tablao próximo, pedían 10€ por acceder a la capea, a unos chicos de Santander, y poco después supe que, efectivamente, se los cobraron a los que aceptaron. Pienso, sinceramente, que con esa avaricia, sólo consiguen que cada vez menos gente quiera subir a la plaza en las tardes, y dar el lamentable espectáculo de ver, en pleno fin de semana, muchas tablas libres. Se prejuzga que la gente no sube por no pagar, sin darse cuenta de que pueden existir infinidad de motivos: el primero, que subir a las 15:30, a más tardar, para coger sitio, es un gran sacrificio para muchos, que entre familia o amigos están comiendo, y al menos hasta una hora más tarde, no se desenredan de la agradable conversación; mujeres (normalmente), que en la sobremesa precisan recoger y organizar cocinas; personas que participan en los desfiles; a otros no les gusta los toros de muerte; y aquellos que, realmente, puede suponerles un lujo pagar esa cantidad, entre otras causas. El argumento de que no van para no pagar, es sumamente simplista. Hay muchas “realidades” en este Mundo complejo. Sinceramente, creo que, por más que se echen culpas a antitaurinos, al tiempo, a toros y toreros, con estas prácticas, restan afición y se están cavando su propia tumba. Y si no, al tiempo…

Aunque he de decir, en contraposición, y echando a esta mezcla la pala de cal, que prometía en el título, la casualidad quiso también, que minutos después, coincidiera en un bar con uno de los gestores del tablao, al que accedí el pasado año a la capea, que se me trató de impedir. El encuentro fue cordial y amable desde el principio, propiciado por la buena actitud y carácter de ambos, derivando en una charla muy simpática y agradable durante un largo rato, que finalizó con la invitación de dicho constructor a que presenciara el festival del día siguiente. En agradecimiento a su trato fui, porque desde que saltó la polémica de la construcción, tengo sensaciones de incomodidad en ese entorno y no había vuelto a ninguna; sin embargo, este hombre me hizo sentir bien y, sobre todo me alegré de que fuera así, ante mi familia que tanto ha sufrido y sufre todo lo que está pasando. Para mí queda cada vez más claro que dicho conflicto ha sido propiciado por algunos, por intereses que nada tienen que ver con los constructores, pero que cuando nos demos la oportunidad de hablar y analizar la situación, todo esto pasará a la historia. Tenemos todo un año por delante, aunque sería mejor no perder tiempo, porque hay mucho por hacer para mejorar la construcción (que ha empeorado en este año con respecto a los anteriores y advierto que la legislación aprieta), la gestión del espacio en esos días claves y los espectáculos que se ofrecen, para concluir en el gran éxito que todos estamos deseando. Mi disposición está, desde hace tiempo, para cuando quieran contar con ella.

Para ir concluyendo estas reflexiones, decir a los organizadores, que creo que su (al menos, supuesta) especialización en el mundo del toro, hacen que piensen sólo en los que, como ustedes, viven ese mundo, pero que se olviden que la finalidad última son los espectadores profanos. Quizás sería necesario saber más de la sociedad (en conjunto) o de técnicas de marketing y no tanto de astados, porque, de esta manera, hacen un Carnaval, sólo y exclusivamente para su limitado ámbito, y el “gran público” queda fuera viendo el Carnaval pasar a su lado, pero no viviéndolo; o en todo caso, haciéndolo de forma paralela, en bares, ferias, peñas y agujas.

Bajo mi limitada y humilde percepción, este sólo ha sido un Carnaval “pasable”, animado porque todos salimos a la calle, a encontrarnos, y pasar un rato agradable, no tanto porque lo que se haya organizado, esté hecho de forma excepcional. Preocupante el ambiente de falta de deshinibición de los “farinatos”, incluso en estos, los días más propicios para ello, síntoma indiscutible de la sociedad que tenemos, en la que no puedes expresar lo que piensas o simplemente, reírte de todo y divertirte sin prejuicios, por miedo al “qué dirán”. Un reflejo de una sociedad anacrónica, de clases, de roles, de estatus generacionalmente adquiridos, que no nos permiten ser nosotros mismos, con total libertad. Un Ayuntamiento que promueve lo antiguo, fomenta esto y ancla a la población en un ser que fue, pero que ya no es, ni será. En un entorno donde la palabra en boga es “innovación”, nosotros abanderamos la “tradición”, aunque sólo en lo que nos da la gana, porque todo lo demás, se cambia a antojo. Me pregunto si esto puede subyacer al motivo de la cada vez más escasa presencia de carrozas y grupos de humor participantes, porque si castigamos la creatividad, la originalidad, el salirnos de los márgenes, es eso lo que estamos provocando.

Lamento, y mucho, decir que este Ayuntamiento decepciona porque siguen sin ser los líderes que nos lleven a donde necesitamos estar; y es que, si este Carnaval, ha sido para ellos “excelente”, parece que no saben, si quiera, dónde está ese punto.

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