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PREGÓN DE LAS FIESTAS DE PEDROTORO 2016. Miguel Cid Cebrián

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PREGÓN DE LAS FIESTAS DE PEDROTORO 2016. Miguel Cid Cebrián
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Sr. Alcalde Pedáneo, Sr. Presidente del Bolsín Taurino Mirobrigense, autoridades, amigos todos.

Mis primeras palabras tienen que ser de agradecimiento a quienes me han invitado a ser vuestro pregonero de las fiestas de este año, lo que constituye para mí una evidente satisfacción pero también una responsabilidad para cumplir dignamente el encargo que se me ha hecho. Así pues, reitero mi más sincera gratitud y la hago extensiva a todos los que estáis aquí para escucharme y muy especialmente a quienes os habéis trasladado para ello.

Igualmente mi más sincero reconocimiento a Adoración Cañamero por su presentación que me llena de satisfacción ya que viene de una persona como ella, culta y responsable, además de gran amiga desde hace ya muchos años.

Y entrando ya en materia, debo referirme obligatoriamente al significado y origen de nuestros pregones tan comunes en nuestra ciudad en todos sus ámbitos como prólogo de las celebraciones y fiestas y del oficio de pregonero, muy antiguo y en el que el oficial público da en voz alta los pregones o bien los lee, como sucede en la mayoría de los casos, con motivo del inicio de una festividad.

En la historia siempre ha habido pregoneros desde la Inglaterra medieval hasta nuestras colonias americanas donde estuvo muy arraigado para hacer público y notorio todo lo que se quería hacer saber a la población. Y digo que es muy antiguo este oficio ya que tiene su precedente en los praecones romanos y que continuaron existiendo hasta nuestros días, si bien con la generalización de los bandos impresos y el desarrollo de la prensa, los ha hecho casi inútiles. No obstante en los Ayuntamientos, especialmente en los rurales o de poblaciones pequeñas, se conserva este empleado para dar a conocer aquellos acuerdos de carácter general y urgente que interesan a todo el vecindario, así como para dar difusión a anuncios comerciales de carácter particular y circunstancial, pérdidas de objetos, etc… Aunque en muchos lugares se sigue conservando esta figura por tradición, en fiestas y en celebraciones locales como la presente.

También existieron pregoneros en lo judicial, teniéndolos las audiencias y alcaldías mayores. Su función era, acompañando al reo, pregonar el delito de éste, en las penas de muerte o previo a los azotes públicos, o para vergüenza de los implicados y advertencia a todos, oficio que naturalmente ya no existe.

Hay una anécdota curiosa en las viejas Ordenanzas Municipales de Ciudad Rodrigo, en las que se dice que el pregonero deberá barrer la puerta del Ayuntamiento. Perdonad pues que no realice este cometido aquí donde seguro que no hace falta.

¿Y donde estamos ahora y donde está Pedrotoro? Pues según se establece desde antiguo en los libros de geografía en la comarca de la tierra de Ciudad Rodrigo y más concretamente en la subcomarca de la Socampana, ya mencionada en el libro de “El Bastón”.

¿Y cual es el significado de la palabra “Socampana”? Aunque parece ser suficientemente ilustrativo: esto es lo que está debajo de la campana, sin embargo es necesario hacer alguna precisión, ya que en realidad se refiere a la zona o extensión de terreno al que llega el sonido de la campana. ¿Y cuál es esta campana?

Recuerdo que mi padre Abraham Cid, amplio conocedor de nuestras tradiciones, contaba que esta campana no era otra que la de nuestra Catedral civitatense. En suma según esta tesis que yo comparto, la Socampana sería la extensión de terreno a donde llega o llegaba el sonido de la campana catedralicia.

Baste señalar que según los estudios existentes como el diccionario de Madoc y el citado libro de El Bastón, la Socampana en Castilla y León sólo aparece como subcomarca en Ciudad Rodrigo, que es donde existe una gran campana de indudable resonancia. Es, digámoslo ya, la famosa campana gorda de la Catedral que todos cantamos especialmente en Carnaval.

Por supuesto, que aquí en Ciudad Rodrigo, donde estas cuestiones históricas se hilan tan fino y donde tantos eruditos existen por doquier, quizá esta tesis sea discutida pero a mí me parece razonable y así lo digo. Por cierto que estamos en el año del centenario de la famosa copla de los Becuadros de tanto éxito popular ya que fue creada en 1.916. Y que inmortalizó nuestra campana gorda ya mencionada, aunque aparezca con música diferente, en el Cancionero de D. Dámaso Ledesma.

Pero, sea lo que sea, lo cierto es que Pedrotoro está encuadrado en nuestra querida Socampana por derecho propio, con sus fértiles tierras de secano y el sacrificio y denuedo de sus moradores, pocos, pero aguerridos, y que siguen celebrando con orgullo y también con esfuerzo sus fiestas tradicionales bajo la invocación de San Miguel Arcángel que fue precisamente ayer día 29 en que los migueles, entre los que me encuentro, recibimos las felicitaciones correspondientes.

Un santo belicoso y protector que según nos cuentan gano la batalla al maligno Lucifer y nos devolvió un poco de tranquilidad y de paz como la que se respira en estas tierras de pan llevar, no siempre tan tranquilas como ahora.

Mis recuerdos de mi paso por aquí son muy lejanos, pues uno ya va teniendo años, y se remontan a mi infancia cuando siendo amigo del hijo del maestro, entonces aquí había escuela. Venía, naturalmente en bicicleta, a pasar las tardes del verano jugando por el monte en busca de nidos y otras diabluras. Aún perviven en mi un poco fatigada memoria, los tragos del agua fresca del botijo después de la correría ciclista que me ofrecía mi amigo. Y, sobre todo, el plácido descanso a la sombra de las encinas que pueblan esta bendita tierra. Sin duda, nuestros encinares son la seña de identidad de nuestro campo Salmantino y también de nuestra comarca y subcomarca Mirobrigense.

Leopoldo Gómez Castaño, que en paz descanse, que me precedió en la Alcaldía de Ciudad Rodrigo, recitaba en su Pregón aquí en 2003, los versos de Antonio Machado, sobre estos parajes, llenos como todos los suyos de belleza y profunda sonoridad. Yo traigo hoy aquí los de otro gran poeta Miguel Hernández que alude, además, al toro por el que sintió pasión como sin duda la sintieron también quienes bautizaron este singular pueblo con su expresivo y sugerente nombre y a los que luego me referiré.

Pero, también, quiero referirme, como así he hecho en mi reciente libro de memorias, a las pedanías y entidades locales menores con que cuenta nuestra ciudad y que, sin duda, no solo la acompañan en un sentido hermanamiento sino que, también y mucho, la enriquecen. A las citadas entidades que son Águeda y Bocacara, se suman las pedanías, agregados o anejos de Ivanrey, Conejera, Arrabal de San Sebastián, Sanjuanejo, Valdecalpinteros y naturalmente Pedrotoro.

Pues bien, creo que es de rigor subrayar que todas ellas son parte integrante de nuestra ciudad y tienen por tanto los mismos derechos que los mirobrigenses que viven en ella. Por ello, en mi época de alcalde siempre me esforcé, y lo digo ahora que ya no tengo autoridad alguna, en equiparar los servicios de todo tipo, de estas pedanías y, a través de sus alcaldes pedaleos, que yo nombraba siempre a propuesta de los vecinos, atender a sus peticiones, sugerencias o quejas, que también las había. A veces, tengo que reconocerlo, era difícil ser consciente de su situación dadas sus peculiaridades no siempre fácil de entender, pero había que hacer un esfuerzo y de aquí, que siempre conté con un concejal delegado de agregados para estos menesteres y que servía de enlace constante con ellos.

Creo que con Pedrotoro hubo siempre buena relación y así lo hago constar y, así mismo, cuando fui invitado, asistí a esta celebración tan entrañable.

¿Y que nos espera para el futuro de este terruño tan sentido como es Pedrotoro?.

Sin hacer de adivino, pronostico un futuro mejor para estas tierras en las que los recursos humanos y naturales son pródigos.

En efecto, existen suficientes personas con ánimo de explotarlas con los medios técnicos y modernos como los hoy existentes y también de comercializar adecuadamente los frutos de esta tarea. Así, contamos con explotaciones agrícolas y ganaderas donde el ganado y, especialmente, el cerdo ibérico, encuentran un hábitat muy adecuado, en dehesas de tanta calidad y prestigio como Rabida, San Román, San Miguel, Valverde, San Romanito, Peronilla, Gazapos y Los Talayos, donde además el ganado ovino y vacuno se desarrolla plenamente. Son además tierras de labor de excelente calidad de las consideradas muy fértiles y donde el cereal también se produce con facilidad.

Igualmente, la tranquilidad y belleza de la zona y su proximidad a Ciudad Rodrigo la hace adecuada para el turismo rural con el desarrollo de casas rurales que posibiliten esta actividad. Ya que, además, hay restos de asentamientos prehistóricos como las pinturas rupestres de Rabida y los dólmenes que lo acreditan y el interés y buen gusto del hombre prehistórico por estas tierras.

Tampoco olvidar la zona denominada “El Campamento”, sujeta a protección por su valor histórico, y en el que, según nos cuenta Francisca Martín, se situó el campamento francés durante el asedio de 1810, emplazándose una de las divisiones del VI Cuerpo de Ejército, la primera, al mando del General Marchand.

Según cuenta dicha autora, las muertes que aparecen en los libros de Pedrotoro ocurrieron en 1809. Fue el primer intento de los franceses por tomar Ciudad Rodrigo (eso dicen los historiadores locales). Ocurrió a finales de Marzo. En realidad fue una treta del general Lapisse que amagó sitiar Ciudad Rodrigo y las tropas de la Legión Lusitana acudieron en su defensa dejando desbloqueados los pasos hacia Extremadura, cosa que aprovechó Lapisse para ir hacia el Sur sin ningún problema y unirse al ejército francés que operaba en esa zona.

Y ahora, como estamos en Otoño, no quiero pasar por alto, como dije antes los versos de Miguel Hernández que lo canta

Otoño – mollar

Con nocturnos botones de semillas
en ojales de frescos carmesíes,
parábola vernal, ¿y la sandía?

¡Oh soledad esbelta de los nidos!,
sin compaña de plumas y de amores,
sin nutrición de huevos y de trinos.

El árbol que ocultaba verderoles
descubre su sistema: anatomía
de donde han de brotar cuerpos más jóvenes:

árbol ya de verdades, sin mentiras
de hojas ni de sombras, de las ramas,
por el frío hoy tormento, ayer caricia.

Se trastorna el verdor de las campañas,
las savias no circulan, contra el viento
todo de diligencia a prisa se arma.

¡Victoria del cordero!: va su lana
los misterios celando más, los seres,
el anillo, principio y fin de nada

El río, interrumpido por agosto,
vuelve a continuar, y el agua niega,
turbia su superficie, su alto fondo.

negro de lluvias, blanco de peligros…
A la gloria, a la gloria la esperanza
en espera en Aquello, campesinos.

Enferman en mi huerto los limones.
Hacia la tierra sur van mis pruritos,
como mi cuerpo antes al mar del norte.

Amante del calor, ¡no más del frío!,
lo requiero en el vino, lo procuro
con desconsiderados ejercicios.

Y es que el otoño viene de augeo (aumentar), en el que se desarrollan numerosas actividades como la vuestra. Pero también como los días son más cortos representa la senectud y la vejez, así como un cambio en el paisaje en el que aparecen colores ocres, morados o amarillos. También las temperaturas empiezan a descender y los animales a activarse y prepararse para hibernar comiendo y guardando en sus hogares cantidades de alimentos para soportar el invierno.

Es asimismo ideal para cosechar el girasol y el maíz e igualmente produce sentimientos de nostalgia, tristeza y melancolía, que hay que combatir con buen ánimo y con festividades como ésta en este comienzo del equinoccio de otoño.

Debe evitarse también que la capacidad de defensa del organismo descienda al igual que las temperaturas, pues la humedad y el ambiente templado facilitan el desarrollo de virus y bacterias y aumenta el peligro de infecciones sobre todo en la respiración.

Pero igualmente es la estación de la granada y la uva, con muchas calorías y acción antioxidante y gran cantidad de hierro que naturalmente se encuentran en su producto que no es otro que el vino, ya que como dijo Rubén Darío, “y en la copa de otoño un vago vino queda en que han de deshojarse primavera tus rosas”, o como también decía Woody Allen “si no sólo del pan vive el hombre, tomémonos una copa”.

Y Mario Benedetti afirmó “aprovechemos el otoño y admiremos a los pájaros que migran, pensemos y sintamos todavía con el viejo cariño que nos queda. Aprovechemos el otoño antes de que el futuro se congele y no haya sitio para la belleza porque el futuro se nos vuelve escarcha”.

Yo me quedo con Albert Camus, cuando escribió aquello de que “el otoño es la segunda primavera en la que cada hoja es una flor”.

En definitiva, se presta a poemas románticos como éste, “llega el otoño y caen las hojas, los árboles quedan desnudos como tu amor que se esfuma y mi corazón queda desnudo sin ti. Pero los árboles se recuperan en primavera y tú te marchaste para siempre”.

Sin embargo, hay árboles que no les afecta el otoño como las encinas de hoja perenne que como dice también el poeta “no pierden las hojas y no lloran, como también hay amores que no se van, pero el tuyo lo perdí y lloro en soledad”.

Por último, nuestro Tomás Acosta también ha escrito:

Mujer,
tu superficie se cubre del otoño
que camina tu cuerpo.

en él están los jugos de las ramas altas
los frutos esperados

El paseo es un óxido de otoño
que llueve en la alameda

Cada paso es hoja de otoño.
Cada hoja,
piel del suelo como folio escrito,

Pero tampoco debemos olvidarnos del toro que, como señalaba mi hermano José Ramón Cid en su pregón del año 1999, sin duda está vinculado, como su propio nombre indica, a este pueblo, que por cierto, se denomina de tres formas Pedrotoro todo junto, Pedro Toro separado, y Pedro del Toro. Esto es, el toro es protagonista desde siempre y aún hoy, en la cercana Los Talayos, se crían magníficos toros bravos.

Por ello, cómo no hacer mención, otra vez, de los cantos poéticos del gran Miguel Hernández al toro ibérico

Toro

Ínsula de
bravura,
dorada
por exceso
de oscuridad.

En la plaza,
disparándose
siempre
por el arco
del cuerno.

Golpeando
el platillo
de la arena.

Enlazando
caballos
con vínculos
de hueso.

Elevando
toreros
a la gloria.

Realizando
con ellos
el mito
de Júpiter
y Europa.

Y Miguel, otra vez Miguel, así lo define.

el negro toro, luto articulado
y tumba de la espada,

Profesando bravura sale y pisa
graciosidad su planta:
la luz por indumento, por sonrisa
la beldad fulminante que abrillanta.
Sol, se ciega al mirarlo.

Galeote de su ciencia, su mano y su capote,
fluye el toro detrás de sus marfiles.
Concurren situaciones bellas miles

Y, quizás, la más conocida de todas sobre el toro que empieza así:

Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.

Pero estamos en San Miguel, y algo habrá que decir para recordarle, como dicen los versos que también recitó Tomás Acosta:

San Miguel de vendimias
el de las parras cortadas
que en Pedro Toro hizo vino
para quedar olvidadas.

Veintinueve de septiembre
cuando viene San Miguel
el oro al membrillo envuelve,
madura su fruta y piel

Ya se van las tardes cortas
con el sol acariciando
durmiendo el campo en la noche
sembrando melancolías
que San Miguel en el alma
transformará en alegrías

Y de Pedrotoro, nuestro querido Pedrotoro:

Una iglesia y sus casas
van recogiendo
gentes que al campo aman.

Sus pinceles de otoño
por San Miguel
verdean los prados.

Hacen de las encinas
verde acerado.

En fin, debo ir terminando para no resultar pesado y cansar al auditorio. Sólo me queda dar las gracias de nuevo, desearos unas buenas fiestas y felicitaros por estas iniciativas que tanto contribuyen a prestigiar vuestra tradición y vuestro pueblo que es también el nuestro. Gracias a todos.

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