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LA TECNOLOGÍA DIGITAL RENUEVA LA MENDICIDAD. Por Santiago Malmierca Hernández

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LA TECNOLOGÍA DIGITAL RENUEVA LA MENDICIDAD. Por Santiago Malmierca Hernández
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Es posible que Vds. hayan oído, más de una vez, en la radio, la TV o leído en la prensa escrita o digital, que el dinero en efectivo, en metálico, se encamina a su desaparición. Las nuevas formas de pago que la tecnología digital facilita y el empeño de los gobiernos en ir reduciendo su presencia como vía para hostigar, que no eliminar, el fraude fiscal y el blanqueo de capitales, conducirán a que si no todas, al menos el 80 o el 90 % de las transacciones diarias se realicen de manera telemática. En los países nórdicos, avanzadilla de éste nuevo mundo feliz que se promete, sea lo que fuere éste mundo feliz, han fijado el año 2030 como fecha clave para tener el sistema implantado y a la sociedad convencida. La suciedad inherente al manejo de monedas y billetes, de dinero físico, desaparecerá, arguyen también los más fervientes tecnófilos. Todo será un fluir constante de dígitos que por su limpieza patente acabará con el mal que desde los primeros usos del oro y la plata como moneda de intercambio ha venido ligado al vil metal.

Bien…; éste artículo no pretende argüir ni a favor ni en contra de tal proceso, el tiempo dirá el grado de aceptación y si tanto el fraude fiscal como el blanqueo de capitales se ha estancado, ha disminuido o ha aumentado; la tendencia que facilita el soporte digital parece imparable y si no surge un gran cisne negro que la frene, es posible que de aquí al 2030 bien pueda ser la forma habitual de pago en el mundo postindustrial.

Lo que éste artículo pretende es advertir, ojalá se confunda, de que ni el avance ni la ubiquidad tecnológicas parecen estar capacitadas para erradicar la pobreza; pecando de optimismo cabe decir que como mucho están y estarán capacitadas para disfrazarla; hoy, si uno es observador puede detectar indicios de éste cambio de ropaje; alguien puede ser un parado de larga duración y recibir en su smartphone el aviso de que la cantidad de su renta activa de inserción ha sido transferida a su magra cuenta.

La semana pasada, el articulista de un periódico serio, de los llamados todavía de referencia, hablaba de éste tema en la sección de negocios: El camino inevitable hacia una sociedad sin efectivo. Para aderezar el artículo citaba la experiencia actual en los países nórdicos y exponía un ejemplo concreto: “En Suecia, una de las consecuencias de éste movimiento hacia una forma de pago basada en la tecnología móvil, ha sido que los donativos en las Iglesias o las limosnas a indigentes que venden algún producto en la calle, también se realicen de manera electrónica. Para hacerlo posible se han repartido unos móviles básicos entre los indigentes que tienen capacidad para transformarse en algo similar a una terminal punto de venta como las que suelen usar en los comercios. De esta forma quien está dispuesto a dar dinero sólo tiene que acercar su tarjeta o su móvil y marcar la cantidad deseada”.

Por lo que se ve el avance tecnológico parece muy dispuesto a eliminar funciones, puestos de trabajo (les recomiendo que hojeen el último libro del sociólogo J. Rifkin “La Sociedad del coste marginal cero” para hacerse una idea por dónde van los tiros), pero no parece estarlo tanto como para eliminar a una figura tan antigua como la civilización: el indigente, el mendigo, el pedigüeño, el pelón… No, para dar ése paso, si es que conviene hacerlo, se requeriría una acción diferente; pero sería largo y aburrido tratar de esbozarla aquí. Dejando a un lado al pedigüeño profesional, procaz, encallecido, que compagina su actividad con el pequeño hurto y la asistencia social, parece que la tendencia imparable hacia la eliminación del dinero físico, lo único que va a conseguir será dotar de un elemento menos insultante, menos agresivo, más güaya quien sin acostumbrarse a la humillación, no tenga más remedio que acudir a ella para pedir apoyo en cualquier calle. La evolución financiera no dejará de sorprendernos…

Para terminar, una pequeña digresión literaria: Baudelaire cuenta en su “Spleen de París” cómo le devolvió la dignidad a un pordiosero que le presentó el sombrero a la entrada de una taberna: “Me tendió el sombrero con una de esas miradas imborrables capaz de derribar los tronos si el espíritu pudiera remover la materia…; al mismo tiempo oí una voz que cuchicheaba en mi oído y que reconocí enseguida; la voz de ése buen demonio que siempre me acompaña; me decía: «sólo es igual a otro quien sabe demostrarlo, sólo es digno de libertad quien sabe conquistarla». Al instante salté sobre mi mendigo y me enzarcé con él; después de un intercambio de golpes en el que empecé a llevar la peor parte, le hice ver por señas que por mi parte consideraba la trifulca zanjada y que si se dignaba podía compartir mi bolsa; con mi medicina le había devuelto el orgullo y la vida; le dije además que si se consideraba un filántropo debía aplicar la misma medicina cuando alguien de su misma cofradía se atreviera a pedirle limosna; me juró que había comprendido y que seguiría mis consejos…”

Este suceso data de mediados del S XIX cuando la revolución industrial hacía estragos en las grandes ciudades; desde entonces hemos avanzado algo; no sé si hemos progresado mucho; tampoco estoy seguro qué forma de pago convendría al caso; imagino que todo depende de lo que se quiera conseguir…

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