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SANTITOS. Por José Luis Sánchez-Tosal Pérez

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SANTITOS.  Por José Luis Sánchez-Tosal Pérez

Escribo estas líneas en el amanecer del domingo, unas pocas horas antes de que seas enterrado y desaparezcas del paisaje de nuestra ciudad para siempre, del cual formaste parte durante muchos años, más incluso de los que figuran en la esquela, pues no puedes tener menos años que una hermana que naciendo después oficialmente tiene más que tu.

Estos años los has vivido todos aquí, y desde luego muchos no fueron fáciles, pues ser gitano y homosexual no era una carta de presentación que años atrás facilitara nada. Tú, en las dificultades y penas te ayudaste y apoyaste en el arte del cante y el baile, que lo ejercitaste y valiste de él para salvarte y estar en los noches juerguísticas de los señoritos que gozaban de tu arte. Tengo en mi memoria, la historia de aquella fiesta de Perosín hace ya medio siglo, en la que estuviste bailando hasta el amanecer. Luego por la mañana temprano el servicio de la finca llamó a tu puerta, te solicitaba para que ayudaras a servir el desayuno a los señoritos, respuesta: “Ay hija, te has equivocado, yo soy artista y no me levanto hasta las doce, a esa hora me lo puedes servir en mi cama”.

Pero no fue solo en las cosas nobles donde estuviste, pues en cualquier sitio y a cualquier hora que se formara un corrillo con ganas de arrancarle a la vida un trozo de alegría, allí estaba tu arte puesto para dar luz y alegría al gris de la vida.

Siendo tu casi un niño, por aquel entonces en El Cruce mi madre tenía una frutería, tu con ojos de águila rápido detectaste que siempre había en ella flores, y con tu vena gitana le empezaste a llevar, cosa que ella te pagó con fruta cuando había y cuando no había flores, lo que según tu mismo me dijiste te ayudó a mitigar el hambre en aquellos difíciles años de las postguerra. La dureza de la vida te hizo hacer las cosas más peregrinas, en algunas se te utilizaba para ellas pues había quien aprovechaba las dificultades de aquellos tiempos, pero por ti viajaba el intento del bien. Una vez alguien que quería deshacerse de sus renteros te situó como vecino entre ellos con el fin de que los espantaras, el resultado fue que estos amigaron contigo y que el avispado dueño no se deshacía ni de ti ni de ellos.

Ahora que ya te vas a descansar quiero que sepas que del todo todo no te vas, pues mientras los que tuvimos tiempos de juerga y convivencia contigo vivamos estarás aquí y entre nosotros.

Santos - Francisco Bermudez Motos -fotografia Dioni

(Fotografía Dionisio Hernńadez)

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