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Secuelas vigentes del franquismo. Exilios y emigración (6): la memoria de los “desterrados” republicanos en el SO de Salamanca (El Bodón). Ángel Iglesias Ovejero

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Secuelas vigentes del franquismo. Exilios y emigración (6): la memoria de los “desterrados” republicanos en el SO de Salamanca (El Bodón). Ángel Iglesias Ovejero
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El Bodón fue uno de los pueblos donde la represión franquista, en todas sus modalidades, fue más sistemática y extensa: en total, más de 40 personas afectadas. Por ello, a pesar de la programada chapa de silencio y de la diáspora de la emigración, aquí sigue vivo el recuerdo de los principales antecedentes y consecuentes de aquellos terribles e inmerecidos castigos. Los emigrantes bodoneses, los del País Vasco sobre todo, después del decreto-ley 35/1978, relativo a la concesión de pensiones a los familiares de fallecidos a consecuencia de la guerra civil, han contribuido activamente al reconocimiento de sus víctimas mortales a raíz del hallazgo de los restos de una quincena de ejecutados extrajudiciales en la finca de Medinilla (propiedad de la familia Sánchez-Arjona, en el término de Bañobárez). En 1979 fueron incluso pioneros en la exhumación y traslado de aquellos despojos mortales al cementerio local, donde colocaron una placa nominal conmemorativa. La documentación de archivo permite un cotejo eficaz con una copiosa y generosa información oral (Iglesias 2008a, 2010b, 2016: 283, 298, “Croniquillas”, 09/08/16 y 11/09/16). Pero sin duda queda mucho por explorar en lo que atañe a las repercusiones de la represión en el entorno familiar de los directamente afectados. Lo que sigue es solo un repaso de los “exilios” hasta ahora conocidos.
Nada más iniciarse la represión, los bodoneses más señalados de antemano tratarían de esconderse. El concejal republicano Rafael Ramajo Martín, cuñado del famoso líder socialista “Mil hombres” (Amador Hernández Ramos, bodonés de nacimiento), estuvo escondido en La Herguijuela de Ciudad Rodrigo, donde tenía un hermano casado y allegados que lo protegieron, pero no pudieron librarlo de la detención y ejecución criminal (HCR 2008b). Su persecución estaba motivada por el papel de mensajero de las consignas contra el Alzamiento emitidas por las autoridades republicanas de Ciudad Rodrigo, misión asumida en compañía de Bernardo García Silva, que a su vez huyó a Ávila, donde lo acogieron familiares suyos, hasta que tuvo que incorporarse al ejército “nacional” (28/11/36). Esta circunstancia, de momento, le salvaría vida, pero su pasado republicano se manifestó más tarde, al ser hecho prisionero por el ejército republicano en Teruel (28/01/38). Esto resultaba sospechoso de ser una huida voluntaria al campo adversario, pues no es seguro que Bernardo García, que era hijo de Jesús García, detenido en 1936, y hermano de Juana García, ejecutada extrajudicial, sirviera con agrado en el ejército franquista. Al término de la guerra, entregado a las autoridades militares “nacionales” en Madrid (24/04/39), fue procesado “por deserción” (C.574/40), condenado a muerte (26/11/43), conmutado, indultado y finalmente en libertad en 1946 (ASMJ). Se ignoran sus vicisitudes posteriores, así como las de su familia, pues este antiguo jornalero estaba casado, con Anastasia Gómez.
Según la informante hoy centenaria Hermelinda Prieto Román (de 90 años en 2006), coincidiendo con otros testigos, en el camión de la muerte algunos detenidos consiguieron escapar, entre ellos Plácido Ramos y Emeterio Pino “Minguín”, pero ciertos rumores apuntaban a que habrían hecho lo mismo otros sacados el día 11 de septiembre de 1936: “Agustín Lorenzo [falangista de EB], al llegar a cierto punto dijo “sálvese el que pueda” (…). Se escaparon sólo dos, tio Plácido (…) y “tio Minguín”, un Emeterio, que vivía ahí (…). Se escaparon más, el padre de Usebio, el marido de tia Munda, el padre de Casto” (EB 2007). Esto parece confirmar una faceta del modus operandi de las sacas carcelarias, consistente en simular una huida de los detenidos para aplicarles la “ley de fugas”, que en este caso habría tenido lugar junto a “la encina de los muertos” en el término de Saelices el Chico, cerca de la entrada a las minas de ENUSA (CR 2016).
Plácido Ramos Nicolás estuvo escondido en los montes aledaños de Monsagro, pero volvió a su hogar, donde consiguió ocultarse algún tiempo, hasta que fue delatado y sacado por segunda vez hacia un paradero desconocido. También corrieron rumores engañosos sobre su presencia en Portugal, no creídos ni en ningún caso comprobados. Estaba casado con Remedios Barragués, de cuyo matrimonio quedaban seis hijos (Magdalena, Joaquín, Rafael, Maximina, Enrique y Plácido, póstumo). Su esposa seguía viuda en 1950 (RCEB, act. def. 11/01/50). Su hija Magdalena, excelente informante hace poco tiempo fallecida, se desenvolvió como pudo en la vida y tenía casa en El Bodón, donde su propia hija María Jesús fue alcaldesa (2007). De los otros descendientes no se tienen noticias. Emeterio Pino Moreno (a) “Minguín” tuvo más suerte que Plácido. Consiguió esconderse en las fincas en que sus padres servían como criados, aunque no pasaría desapercibido para todo el mundo, por lo que después de la guerra se entregaría a las autoridades franquistas y tendría que cumplir el servicio militar. Esto ya sería por segunda vez y como un castigo, pues cuando lo detuvieron en 1936 tenía 26 años. Estaba casado y tenía descendencia. Una de sus hijas reside eventualmente en El Bodón. Los rumores sobre una posible fuga alcanzaron a José Hernández Nicolás (a) “el Tuerto”, casado con Raimunda Herrero Blanco, de cuyo matrimonio quedaban cuatro hijos (Abilia, Primitiva, Ángela y Casto). Con anterioridad lo habían dejado tuerto de un tiro, cuando cogía bellota, y por este detalle una vecina pretendía haberlo reconocido cerca de la frontera portuguesa (EB 2007), pero este rumor no se ha confirmado. El informe policial de 1979 lo daba por “ejecutado y enterrado en la finca de Medinilla” (11/09/36). Su viuda se casó con Primitivo Prieto Román (infra), cuando éste cumplió su castigo carcelario.
A los desterrados de la memoria, al menos en parte, pertenecen los solteros ejecutados y, de rechazo, sus padres, probablemente sumidos en el desamparo: Alberto Gutiérrez Pino, el citado Rafael Ramajo Martín, Cipriano Sánchez Hernández y Felipe Santos Gutiérrez. Un caso análogo es el de las esposas de asesinados que no tenían descendencia y, a juzgar por las actas de defunción de sus maridos, residían en El Bodón entre 1940 y 1945: Agustina Paniagua Prieto, viuda de Isidoro Cepa Prieto, y Valentina Medina Hernández, viuda de Feliciano Galán Rodríguez. Lógicamente, no era el caso de las víctimas de desamparo que, según testimonios, murieron: María Antonia Acosta Galán, hija de Ángel Acosta Barragués y esposa de Serapio Montero García, sin descendencia, fallecida “de pena”, y Matilde Montero, viuda de Eloy Acosta Castaño (debía de ser sobrino de Ángel Acosta Barragués [infra]), pues su padre tiene los mismos apellidos que éste, y hermano de Eugenio Acosta Castaño, detenido), sin descendencia, “cuando segaba sola en el campo”. No se tienen datos biográficos de José Manuel Ramos, esposo de Juana García Silva, sin descendencia, perteneciente a un grupo de parentesco represaliado, detenido su padre y procesado su hermano Bernardo (supra). Y, por supuesto, a la categoría de desterrados de la memoria en El Bodón pertenece Tomás Pescador Criado, que, después de conocer la ejecución extrajudicial de su hijo Gerardo, alcalde de Matilla de los Caños, y sabedor de una probable deserción de otro hijo, desapareció él mismo, a sus 70 años, en la prisión de La Caridad (C.204/39). Tomás era de los que casi hasta el final de la guerra deseaban y crían posible el triunfo del “Gobierno Rojo”, según la denuncia de Juan José Galán ante los guardias civiles Claudio Salvador Sánchez y Honorato Araujo Gómez (El Bodón, 11/01/1939):

“Que a las 16 horas del día de hoy 11 de enero de 1939 se ha presentado en la casa cuartel el vecino del pueblo de Bodón (El), de la demarcación de este puesto, Juan José Silva Galán, de 40 años de edad, jornalero (…), al objeto de denunciar al sujeto Tomás Pescador Criado, que estando en compañía del denunciante (…) profería a grandes voces que el Gobierno Nacional no es Gobierno, que el Gobierno legítimamente constituido es el llamado “Gobierno Rojo”, manifestando además que su alegría es que triunfen los “Rojos”, siendo testigo de lo anteriormente dicho el individuo Gregorio Moreno Plaza y en diferente día, no pudiendo precisar fecha el denunciante, dijo que en presencia de Juan José Silva Galán no se podía hablar nada, por no ser éste de sus ideas, manifestando además el referido Tomás Pescador que le habían cogido un hijo suyo los “Rojos” y que tenía una gran satisfacción de que estuviera en poder de los Marxistas, porque así estaba defendiendo al llamado “Gobierno Rojo” que para el referido Tomás Pescador es el Gobierno legítimamente constituido, además dijo que su mayor alegría es que esto dé la vuelta, para de ese modo poder el referido sujeto Tomás Pescador hablar con libertad y al mismo tiempo que impere, en España, el llamado “Frente Popular”, siendo testigo de lo anteriormente dicho el individuo Ignacio Gutiérrez Pino” (C.204/39: f. 2).

Algunos detenidos, pero no ejecutados en 1936, Germán Pino Galán (estaba casado, pero no tenía hijos), Primitivo Hernández Juan y José Agudo Gutiérrez, emigraron al Norte en torno los años cincuenta y “no han vuelto a venir casi nada por el pueblo”, según testimonios (EB 2008). Pero en el caso de José Agudo más bien se trató de una opción personal de otro tipo, pues, obligado al servicio militar “nacional” con su reemplazo, se quedó después en el Ejército, donde ascendió a sargento, sin vuelta al pueblo, para evitar encuentros no deseados con vecinos fascistas. Tenía un hijo y actualmente tiene descendientes en Ciudad Rodrigo (CR 2016).
Varios familiares de víctimas mortales bodonesas se beneficiaron de las pensiones concedidas en 1979. Por sus expedientes, tramitados en Ciudad Rodrigo, se sabe algo de su paradero (AMRC, Viudas). Allí (o en El Bodón) residirían en 1979: Aquilina Barragués Diego, viuda de José Barahona Medina, padre de cinco hijos (Ricardo, Camila, Luisa, Hipólito y Anselmo), María Teresa Gómez Barragués, viuda de Ramón Gómez Ramajo, padre de cuatro hijos (Asunción, Iluminada, Florentina y Eusebio), sacado el 11/09/36, enterrado en Medinilla (su hijo Eusebio y su hermano Ángel ya habrían emigrado al País Vasco). En el expediente de José Barahona (con fecha del 09/03/1979) se incluye el informe del jefe de Policía Municipal de Ciudad Rodrigo, Antonio López Ramos, sobre los detenidos en El Bodón el día 26 de julio de 1936:

“(…) fue detenido el 26 de julio de 1936, por fuerzas de la Guardia Civil en Bodón donde residía y según datos obrantes en el Depósito Municipal (procedentes de la antigua Cárcel del Partido) a las dos de la tarde de dicho día 26 de julio de 1936, ingresó en unión de: Alberto Gutiérrez Pino, Rafael Ramajo Martín, Serapio Montero García, José Agudo Gutiérrez, Germán Pino Galán, Felipe Santos Gutiérrez, Luis Nicolás Sánchez y Primitivo Hernández Juan (…) y fueron puestos en libertad el 11 de sept[iem]bre de 1936. Según información todos los anteriores, procedentes del pueblo de El Bodón y en unión de otros más, fueron trasladados, ejecutados y enterrados en la finca de Medinilla (Viudas, AMCR)”. (Ver supra, para el error sobre la muerte de Germán Pino Galán, Primitivo Hernández Juan y José Agudo Gutiérrez).

Aunque muchos descendientes de ejecutados extrajudiciales serían emigrantes, no se tienen noticias que lo confirmen en lo tocante a varias viudas y huérfanos que dejaban estos vecinos bodoneses: Ángel Acosta Barragués, presumible y sucesivamente casado con dos hermanas, Petra Galán Gutiérrez, con quien tenía tres hijos (Jesús, María Antonia [casada con Serapio Montero, supra] y María de los Dolores), y Juliana Galán Gutiérrez, con quien tenía una hija (Luisa); Nemesio Lorenzo Ferreira, casado con Irene Acosta Castaño (presumible hermana de Eloy y Eugenio Acosta Castaño [supra]), de cuyo matrimonio quedaba una hija (Francisca); Manuel González Benito, casado con Ángela Pereira Andrés (que debía de residir en El Bodón en 1950), de cuyo matrimonio quedaban tres hijos (Angélica, José Manuel y María Antonia); Vicente Gutiérrez Carrasco, casado con Pía Carballo Valencia, de cuyo matrimonio quedaban ocho hijos (Manuela, Patrocinio, Ester, Agustín, Protasio, Amable, Jesús y Vicente); Agustín Pino Sánchez, casado con Teresa Pérez Zamarreño, padre de una niña (Teresa); Luis Santiago Nicolás Cepa, sin constancia del nombre de la esposa, padre de cuatro hijos (ASMJ), quien quizá sea el mismo Luis Nicolás Sánchez mencionado en el expediente de José Barahona Medina (supra).
Es muy fragmentaria también la información sobre las repercusiones que tuvieran en el entorno familiar los castigos carcelarios y las sanciones económicas impuestas a vecinos de El Bodón. El alcalde republicano Ramón Barragués Orensanz, que se había librado de la saca (11/09/36), fue procesado en 1937 (C.1861/37) y condenado a veinte años de reclusión, que le serían conmutados por diez, aunque volvería al pueblo al cabo de seis años, saliendo de la penitenciaría de la Isla de San Simón de Redondela (Pontevedra), a sus 65 años. Estaba casado con Eulalia Casado González y era padre de dos hijos. Primitivo Prieto Román, hermano de la informante Hermelinda (supra), a consecuencia de la denuncia por unas vecinas, siendo soldado “nacional” y estando de permiso en el pueblo, fue procesado, condenado a la pena capital (C.788/37). Ésta le sería conmutada en 30 años de prisión y se le concedería el indulto (25/03/1946), porque según una cláusula del mismo en Primitivo se daba el requisito necesario de no haber participado en actos de barbarie (a lo que, dicho sea de paso, eran tan aficionados los milicianos fascistas). Del castigo carcelario Primitivo Prieto volvió enfermo y sin fuerzas para nuevas aventuras migratorias, hasta que murió en 1963, después de estar casado con la viuda de José Hernández, uno de los asesinados en 1936 (supra). Nada se sabe de las causas y consecuencias de la prisión de Cipriano Duque Gómez en el campo de concentración de Struthof-Natzweiler (MCU).
Las sanciones económicas impuestas a vecino de El Bodón condicionarían la vida de los represaliados y dejarían arruinados a sus círculos familiares inmediatos: Julián Alonso (a) “el Huevero” (multado con 20.000 pesetas), el tendero Pedro Maldonado Carrasco (1.000 pts.), Ramiro Nieto Hernández (5.000 pts.) y Protasio Ramajo Sánchez (10.000 pts.), estos últimos de los detenidos en 1936. Alguno de ellos sería indultado al cabo de 20 años, pero hasta entonces viviría humillado en su localidad y quizá impedido de eventuales salidas al extranjero.
La memoria histórica de El Bodón ofrece un muestrario casi completo de lo que fueron los “exilios” a consecuencia de la represión franquista: las fugas, por lo general fallidas, en el verano sangriento de 1936; las repercusiones de la represión directa en el entorno familiar (incluidas muertes “indirectas”); la obligada participación de los jóvenes de la Casa del Pueblo en las campañas del ejército “nacional”, algunos de ellos procesados y otros sin retorno al pueblo; la prisión y las sanciones económicas condicionantes de probables emigraciones posteriores, todavía mal documentadas.

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sus escrofa
October 17, 2017 sus escrofa

Ojala fueras media sombra. [...]

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Escoly Criado
October 17, 2017 Escoly Criado

Comparto vuestra solicitud a la Junta de Castilla León y tenemos que"" estar muy alertas [...]

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sus escrofa
October 16, 2017 sus escrofa

Pero no podeis seguir tan sectarios . Estos titulares podemitas asustan a la gente y a [...]

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sus escrofa
October 15, 2017 sus escrofa

Es de agradecer que recapituleis y reconozcais el esfuerzo y el trabajo de gente que [...]

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