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JUAN ANTONIO PÉREZ MILLÁN, por María Jesús Bravo

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JUAN ANTONIO PÉREZ MILLÁN, por María Jesús Bravo

En la tarde de ayer me llegó la triste noticia del fallecimiento de Juan Antonio Pérez-Millán a la edad de 68 años a través de Maite Conesa, y varios sentimientos se agolparon en mi cabeza queriendo salir al exterior, precipitándose unos sobre otros, aunque todos tenían algo en común: la tristeza por saber que se va una persona en lo profesional notable y en lo personal sobresaliente.

Decía El País en 1984, cuando fue nombrado director de la Filmoteca Nacional: “el nuevo director es un aficionado al cine que comenzó como crítico de películas en El Adelanto, un periódico de provincias; que continuó vinculado a los cine-clubes y cine-foros universitarios de principios de los setenta, en Salamanca, y que, a partir de esta inclinación, orientó su trabajo hacia el estudio del cine. Dirigió una colección de libros dedicada al séptimo arte titulada Zoom, de la editorial Sígueme, y continuó sus críticas en publicaciones nacionales. En este nuevo trabajo, Juan Antonio Pérez Millán se ha propuesto que la filmoteca reciba el impulso”.

En el 2001, cuando mi padre, Julio Bravo, más conocido como “Pazos” fallece en la familia se nos plantea un gran problema: el archivo de 300.000 negativos (fruto de la fusión del fundador de la casa: mi abuelo Agustín y su sucesor Julio) apilado  y amontonado en cajas repartidas por toda la casa y el saber que el tiempo, ese devastador gusano que esparce su canícula sobre todo, personas y objetos, devastaría el trabajo de 100 años si no se tomaba una decisión rápida y efectiva.

Recuerdo el día que fuimos a la Filmoteca y Juan Antonio nos recibió en su despacho-oficina-rincón como si fuéramos las personas más importantes que hubiera conocido, no porque lo fuéramos, sino porque él te hacía sentir como tal. Desbordaba de una manera real, no fingida,  amabilidad, simpatía y educación. Le planteamos el problema y como unos padres que buscan el mejor colegio para sus hijos, unos hijos que buscan la mejor casa para abuelos, encontramos en él la satisfacción de haber optado por la mejor opción: depositar el  Archivo Pazos en la Filmoteca Regional de la Junta de Castilla y León, sabiendo que era allí donde mejor iban a estar, cuidándolos, tratándolos, y clasificándolos, para que ese legado perdurara a través del “gusano” tiempo. Y como de ese colegio se tratara Maite y él nos acompañaron por las instalaciones, nos enseñaron dónde iban estar nuestros 300.000 “hijos” y cómo iban a ser tratados.

Esa reunión nos sirvió también para recordar nuestros tiempos de estudiantes en la Facultad cuando, siendo unos jovencitos de 18, 19 años  nos aproximamos a la Filmoteca porque era allí donde podíamos ver lo que los chavales de hoy en día llaman “películas raras” y que hoy en día con las nuevas tecnologías no son tan “inencontrables” pero para esos años era un lujo poder acceder a ellas. Yo recuerdo ver allí: “Los cuatrocientos golpes” y “Monsieur Verdoux” entre otras, no sin antes, a la entrada o a la salida “echar un parlao” con Juan Antonio.

Después de esa reunión vinieron muchas otras, con Maite, con él, para concretar el traslado del archivo hasta que por fin quedaron depositados en “el mejor lugar del mundo”.

En el 2005, y valorando el gran potencial fotográfico del que disponíamos se nos plantea editar un libro de imágenes que ve la luz en el 2006 , en agosto. (Ahí es Maite Conesa la que casi diariamente se ponía en contacto con nosotros para que todo saliera perfecto en cuanto a documentación (gracias a Tomás Domínguez Cid) y montaje).

Vísperas de su jubilación en el 2013 nos llamó para comunicarnos que ya había cumplido una etapa y que nos dejaba en manos Maite Conesa  pero que no dudáramos en contar con él siempre que lo necesitáramos.

Ese era el lado profesional de Pérez-Millán, pero el lado personal era más grande aún.

Dicen que malo es el día que te llegan la hora de las alabanzas pero es que no hay nada que decir de él que no sea positivo.

Él dijo de él mismo: «Tengo una parte tigre, roja a la antigua usanza, agnóstica por convicción y disconforme con la realidad que vivimos, que ruge a veces de impotencia».

Era una persona que vivía por y para el cine, con un trato tan exquisito y familiar que va a ser difícil para su entorno no volverse a deleitar con su cultura y sabiduría.

Solo me resta desde aquí, darle las gracias por habernos dado la oportunidad de conocerlo y transmitir a su familia, incluida Maite, todo nuestro sentimiento de dolor por su pérdida,  y de gratitud por lo mucho que Juan Antonio Pérez Millán ha aportado al mundo cultural y concretamente al mundo del cine al que tanto amó.

 

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November 14, 2017 Señora bien

En este pueblo (sí, digo PUEBLO), funcionamos así: "a esto del cine no voy porque [...]

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November 06, 2017 manuela

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