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Secuelas vigentes del franquismo. Actitudes contrarias a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica (6): La isidrada nacional-socialista del alcalde de Águeda y la pesadilla histórica. Por Ángel Iglesias Ovejero

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Secuelas vigentes del franquismo. Actitudes contrarias a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica (6): La isidrada nacional-socialista del alcalde de Águeda y la pesadilla histórica. Por Ángel Iglesias Ovejero
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La prensa digital mirobrigense ha dado a conocer unas peregrinas declaraciones del alcalde socialista de Águeda, agregado municipal de Ciudad Rodrigo, efectuadas en el entorno sacro-profano de la fiesta de San Isidro Labrador (salamancacartvaldía.es-, 14 y 15/05/2017, ciudadrodrigo.net. 14 y 15 /05/2017). Constituyen un excelente ejemplo de que el franquismo sociológico es una realidad palpable en la democracia monárquica española, sobre todo en la Comunidad de Castilla y León, según venimos diciendo desde hace tiempo. Sin ir más lejos, lo repetíamos la semana pasada (“Secuelas”, 11/05/17). En otro contexto, las manifestaciones en sí darían materia para reír o llorar (e incluso para morir de risa si resultara que el edil solo hubiera aspirado a hacer méritos para pasar a la historia por haber cambiado de nombre a la localidad, rebautizándola como “Águeda del Alcaldillo”). Juan Luis Cepa (PSOE), procurador en las Cortes de dicha Comunidad, al parecer, ha optado por la primera reacción, pero mientras por aquí no se salden las deudas con la víctimas franquistas, sobran las bromas sobre los temas con ellas relacionados. Lo más acertado sería, como ya ha hecho el concejal mirobrigense Domingo Benito (Izquierda Unida en Común), recordarle a este señor que las leyes democráticas están para ser cumplidas, urgiéndole a que retire cuanto antes la coletilla del topónimo “Águeda del Caudillo”, porque es una evidente manifestación de exaltación franquista, prohibida por la Ley de Memoria Histórica (art. 15), y no se aventure a nuevas y más graves violaciones de esta misma Ley con proyectos aberrantes.

Según la mencionada prensa, el alcalde Germán Florindo, quizá inspirándose en el vergonzante modelo nacional-católico del Valle de los Caídos, sueña con acoger en el pueblo de Águeda los restos mortales del Dictador, en el caso improbable de que el Gobierno lleve a efecto la propuesta presentada por el PSOE y aprobada en el Congreso para que se retiren de la famosa Basílica. Estos despojos a su vez podrían servir de señuelo mágico o religioso para un turismo que, como las moscas a la miel, masivamente acudiría a visitar un museo de la memoria histórica, por supuesto, de la memoria histórica franquista exclusivamente (¡menos mal!, exclamarían las víctimas republicanas si pudieran). Porque el edil no parece haberse acordado de aquellas personas cuyos restos mortales yacen en fosas no alejadas de Águeda ni de las ejecutadas por sentencias de consejos de guerra aprobadas por Franco. Además de las reliquias del general se reciclarían allí todas las placas y símbolos franquistas ilegales retirados en otros sitios de España (entre los cuales deberían figurar los paneles con el nombre y la placa de la “Plaza de Franco” en el pueblo, todavía exhibidos en total ilegalidad) ¡Menudas obras de arte!

Este proyecto que, para cualquier persona sensata sería una renovada pesadilla y un museo de los horrores para las víctimas del franquismo y los demócratas en general, debe de ser para el soñador pedáneo social-franquista un nuevo milagro económico de Franco, o poco menos. Germán se habrá fijado en que el culto de las reliquias, las apariciones marianas y las aparatosas procesiones, que se promocionan hasta en lo más alto de la jerarquía de la Iglesia Católica, son tanto o más rentables en el plano económico que en el de la propagación de la fe. Cuenta con el apoyo de los vecinos de la pedanía, quienes, probablemente, no están mejor informados que él en historia reciente ni en lo tocante a las leyes. Este consenso tiene su explicación, porque, además de haber sido víctimas e instrumentos de la propaganda franquista, entre tales vecinos existen algunos con estómagos agradecidos (piensan que Franco y su familia repartían de lo suyo, cuando lo habitual era que se alzaran con el santo y la limosna del erario nacional y recibieran de sus devotos obligados regalos). Y, por lo general, los beneficiarios iniciales de las parcelas de los “pueblos de colonización” no solían ser los “huérfanos de la Revolución”, sino más bien servidores fieles del Régimen e incluso algún que otro antiguo victimario o descendiente suyo (por ejemplo, un labrador rico de Robleda y reconocido victimario recibió parcelas en Sanjuanejo para un hijo suyo).

Ahora bien, la peripecia esperpéntica debe servir para reflexionar sobre esta clase de especímenes francófilos y sobre los tópicos que emplean para permitirse la exhibición de la impunidad del principal responsable de los crímenes a los que da nombre (“crímenes franquistas”) y los estragos de la guerra, que es por donde empieza la triste historia verdadera del general Franco (“el Caudillo”, para sus amigos), como recordábamos hace ya más de un año, siguiendo a P. Preston (2011: 17), en las “Anotaciones sobre el deber de memoria republicana” (14/04/16):

(…) el holocausto español fue el fruto de aquel odio cultivado que empezó a caer con la proclamación de la guerra el 17 y 18 de julio de 1936: 200.000 hombres y mujeres asesinados lejos del frente, 300.000 muertos en los frentes de batalla, un número desconocido de hombres, mujeres y niños víctimas de bombardeos y éxodos, unos 20.000 ejecutados republicanos después de 1939 y otros muchos más que murieron de hambre y enfermedades en cárceles, campos de concentración y batallones de trabajo, 500.000 exiliados, entre los cuales varios miles sucumbieron en los campos de internamiento franceses y en los campos de exterminio nazis.

Esta reflexión, por supuesto, atañe a los directivos del PSOE en esta comarca y el presidente del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, quienes, sin ambigüedades ni complacientes excusas, deberían ofrecer (si no lo han hecho ya) una explicación sobre este lamentable episodio y el tratamiento que piensan darle. Porque este alcalde de aldea, además de a todos los demócratas republicanos en general, ofende gravemente la memoria de tantos jornaleros asesinados, presos, exiliados, sancionados o humillados desde la represión sangrienta de 1936 hasta la muerte del Dictador en 1975 (olvidados después), que eran socios del Sindicato de Trabajadores de la Tierra y Oficios Varios (UGT), así como la de los cargos municipales y políticos afiliados al Partido Socialista Obrero Español, fundado por Pablo Iglesias Posse. Deberían tener más cautela en la configuración de las listas electorales, para no meter zorros para cuidar del gallinero, pues no es la primera vez que salen rana caballitos del diablo como éste (por no llamarlos caballos de Troya, lo que, dada la manía de grandeza que aflora en el comportamiento del alcalde pedáneo de Águeda, podría ser tomado por un estimulante piropo).

Sobre el argumentario utilizado para justificar las actitudes contrarias a la memoria republicana y las exhibiciones de impunidad franquista remitimos a lo ya dicho al tratar de ellas en estas “Secuelas” (02/03/17). Baste recordar que, en esencia, se reduce a proclamar, como un dogma, que todo lo que atañe a Franco “es historia”, sin haberse parado a pensar y menos explicar lo que esto significa. Por ello, conviene aclarar:

1º. Los adversarios de la memoria histórica llaman “historia” solamente a la historia oficial filo-franquista (las hazañas nacional-católicas, con sus “mártires y caídos”, pero descontados los crímenes franquistas). La perspectiva republicana y democrática con respecto al franquismo no existe para ellos (no admiten el reconocimiento y la reparación de las víctimas republicanas).
2º. Los crímenes, desmanes y desplantes exhibicionistas de los triunfadores de la guerra civil y de la dictadura quedan justificados por “el paso del tiempo” (es como si comportamientos delictivos, el machismo, por ejemplo, debieran aceptarse por tener un arraigo casi ancestral). Con ello se pretende imponer una obligada “reconciliación”, a base de sacrificar (negar u olvidar) el legado republicano.
3º. Los historiadores filo-franquistas y sus seguidores tienen una visión histórica del pasado desligada por completo del presente, como si el recuerdo de los hechos exigiera que éstos fueran obsoletos de antemano. Los españoles actuales también son agentes de su propia historia y, en democracia, nada les obliga a soportar las exhibiciones de impunidad del franquismo, que otros españoles les imponen.
También esto último “es historia”, pero no historia del pasado sino del presente, como lo prueba el frívolo comportamiento y lamentable proyecto de este alcalde o de quienes están dispuestos a aceptarlo… en nombre del sacrosanto dinero del turismo (como ha escrito J. L. Sánchez-Tosal). Ya está bien de tolerar injusticias históricas en esta tierra mirobrigense que tantas ha soportado. Y por esto, precisamente, la presencia del general Franco, incluso muerto, no es deseable en estos pagos, ni recomendable la acumulación de nombres que lo recuerden incluso en museo.

El personaje tiene descendientes y herederos, ¿no? Pues que saquen sus restos de donde escandalosamente están y se los lleven. Las placas con su nombre y objetos simbólicos, también de regalo, pero por aquí ni de esa manera.

 

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