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CARTA, DESPUÉS DE UN AÑO. Por José Ramón Barrueco

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CARTA, DESPUÉS DE UN AÑO. Por José Ramón Barrueco
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Hace ahora un año me vi obligado por la empresa BERKELEY MINERA ESPAÑA S.L. a celebrar un acto de conciliación previo a la interposición de una querella por injurias y calumnias. Si quería librarme de la querella, junto con mi compañero Jesús Cruz, teníamos que darle a la empresa minera, nada menos que 500.000 €, que era la cantidad que estimaban que le estábamos haciendo perder por verter opiniones en contra de la mina de uranio de Retortillo en los medios de comunicación.

Transcurrido un año desde ese acto, celebrado en los juzgados de Ciudad Rodrigo el 22 de junio de 2016, ya estoy libre de que me interpongan la querella. Si quieren hacerlo tenemos que volver a realizar otro acto de conciliación, y no creo que se atrevan a pasar por ese bochorno.

Tengo que reconocer que cuando llegó la citación judicial y ver que me pedían medio millón de euros se me hizo un nudo en la garganta. Evidentemente estaba en una situación de inferioridad ante una multinacional australiana. No dispongo de mucho dinero en mi cuenta corriente, pero temía que fuera confiscada mi casa para pagar en parte el dinero que me pedían.

Su pretensión era que me callara, que no me opusiera a la mina que va a destrozar la tierra donde quiero pasar lo que me queda de vida. Pensaban que la familia y los amigos me alertarían del peligro que corría y me harían recapacitar sobre las consecuencias de mantener una lucha desigual contra un enemigo poderoso.

Superado el miedo inicial y el acto de conciliación celebrado, poco a poco fui perdiendo el temor a la situación que me planteó Berkeley. En este año he seguido luchando por mis derechos como ciudadano que no quiere una mina de uranio al lado de su casa.

El matonismo ejercido por Berkeley no va a conseguir doblegarme, no voy a dejar que me amedrenten unos empresarios sin escrúpulos únicamente preocupados por el valor en bolsa de la compañía que dirigen. Sigo estando convencido de que la mina de uranio significa un desastre medioambiental de enormes proporciones, un peligro para mi salud y una fuente de empleo muy limitada en el tiempo que destruirá el empleo generado por el Balneario de Retortillo y la agricultura y ganadería de la zona.

Estamos en un estado de derecho en el que cada uno es libre de manifestar lo que considere oportuno sin faltar a los demás, y lo voy a seguir haciendo aunque Berkeley pretenda que me calle. Me juego mucho en el envite, pues los dirigentes de la empresa minera viven de su imagen corporativa, pero yo lo que pretendo es vivir sin temores en las riberas del Yeltes.

(fotografía de archivo)

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