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CARTA ABIERTA A LOS QUE ME INSULTAN Y DESPRECIAN, Y ALGUNA EXPLICACIÓN MÁS, por Lucía Risueño

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CARTA ABIERTA A LOS QUE ME INSULTAN Y DESPRECIAN, Y ALGUNA EXPLICACIÓN MÁS, por Lucía Risueño
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Por alusiones, he decidido hacer un “bis” del escrito que publiqué la semana pasada. Me preocupa la actitud ofensiva adoptada por unos cuantos hacia mi persona, realizando acusaciones, lanzando improperios o haciéndome pseudo-amenazas; y aunque una ya va “echando callo”, no deja de desagradar, sin duda. En todo caso, dicen que “lo que Juan dice de Pedro, dice más de Juan que de Pedro”, por tanto, si me lo permiten, a algunos les daré un consejo: midan sus palabras, pues les retratan, por eso yo, ya, voy a evitar “entrarles al trapo”, aunque alguna vez pueda enfadarme, como todo el mundo.

Aclarar en primer lugar, que prácticamente nada de lo que escribo es mi opinión, porque parto del hecho de que esta es tan irrelevante, que ni a mí me importa, imagínense! Lo que hago habitualmente es observar, analizar y describir las situaciones que nos rodean, con el fin de, si no resultan satisfactorias para la mayoría, puedan buscarse alternativas. No son deseos, ni anhelos, y procuro que tampoco resulten interpretaciones subjetivas, al contrario, trato de darle el mayor rigor posible, basado en el método deductivo que utilizan las Ciencias Sociales. Suelo pensar: “Las cosas no son porque yo las diga, ni dejan de ser porque yo no las diga, las cosas son, independientemente de yo las diga, o no”.

Me acusaban algunos, en el escrito anterior (o en las redes sociales), de que no doy ideas. ¿De verdad creen que si las tengo, voy a darlas en una publicación de este tipo, para que cualquiera las lea y haga de ellas cuanto le plazca, como si fueran suyas? Me disculparán si digo que las ideas se protegen, pues valen dinero, y yo, también tengo que pagar mis facturas… Confío en que no me exijan a mí, el altruismo que otros no tienen; no sería justo. Añadir, no obstante, que en alguna ocasión he pedido reunirme con algún grupo de personas, en base a ciertos temas de interés común, pero no han propiciado la ocasión, hasta la fecha. Difícil es hablar con quien no quiere escuchar, pero les ruego, no me acusen a mí de ello, les aseguro que no es mi culpa. Por cierto, casualmente, todos esos a los que me he dirigido y con los que debería haber mantenido esas reuniones, eran varones (ya sabemos quienes manejan los hilos de esta ciudad…), saquen ustedes sus propias conclusiones… pero es fácil pensar que “el machismo está en el aire”, cuando no te dan la opción ni de hablar siquiera.

Y consecuencia de esto es, que de Ciudad Rodrigo no es que te vayas, es que te tienes que marchar, por tanto, todos los que me decís que no esté por aquí, ya llegáis tarde… (aunque nunca se sabe qué nos deparará el futuro…). Ahora, preguntaos por qué os sentís tan solos… ¿Acaso estáis expulsando el talento? De hecho, no es que los que partimos hacia otras tierras estemos ávidos de perder nuestra muralla de vista, es que todo tu entorno te dice “vete”, a nada que te ve posibilidades de prosperar. “Aquí no hay nada”, “esto está muerto”, escuchas. Preguntaos por qué y en cuanto contribuye ese rechazo violento a nada que se piensa distinto, o en contra de los intereses de unos pocos. Quejaos de soledad entonces… habéis conseguido que permanecer en Ciudad Rodrigo sea la peor opción para muchos.

Es, por tanto, una evidencia, lamentablemente, que Ciudad Rodrigo no es, en la actualidad, una ciudad próspera, ni sus calles están boyantes de actividad y juventud que suponga un seguro relevo generacional. Es cierto que para tratar de evitarlo se está tratando (prácticamente a la desesperada, y como única medida) de atraer gente, organizando eventos que, al menos, la simulen. Se agrava la cuestión con el hecho de que sus temáticas no suelen ser de gran interés para un mercado abundante con un buen poder adquisitivo, lo cual deja su eficiencia económica muy limitada, no recaudándose realmente cantidades destacables, en tanto en cuanto, en muchos casos, las actuaciones resultan gratuitas para los espectadores, soportándose los gastos con dinero público. La pregunta es ¿iría el mismo número de personas si tuvieran que pagar por ello? Eso es negocio, lo demás, entretenerse.

Lo que trataba de resaltar en mi escrito anterior, era el hecho de poner “todos los huevos en la misma cesta”, en tanto en cuanto, la única apuesta que se está realizando es la turística. No digo que no sea meritoria de atención, sólo sugiero que hay otras que también podrían aportar un aumento en el producto interior bruto de la ciudad y no menos dignas de tener en cuenta. Por tanto, exijamos al Ayuntamiento notoriedad y planteamiento de mejoras en otros ámbitos, que seguro que posibles y convenientes son.

Y por último, destacar otra idea que trataba de plasmar el otro día, para la cual, me voy a permitir explicarla con una comparación. Dice el dicho que: “con agua pasada, no muele el molino”, sin embargo, Ciudad Rodrigo se empeña en que el suyo, sí… Así, pasamos el tiempo mirando a ese canal de La Concha, que casi paralizado dispone de un agua de poca calidad, siendo útil, en su día, pero ahora, no tanto, mientras ofrecemos nula atención a la clara agua del Águeda que corre hacia Portugal, perdiendo su potencial. Mi impresión es que sería más conveniente prestar atención hacia la corriente actual, porque el pasado, ya murió, queramos o no. La Historia, hoy en día, dispone de una rentabilidad muy limitada, por suerte o desgracia, nos guste o no, seamos conscientes de que la mayoría de la gente mira hacia adelante.

Y tengamos en cuenta que en lo mercantil, lo fundamental para que un producto interese a un Mercado (y no hablo de algo físico, sino de cualquier cosa), es que satisfaga alguna de las necesidades presentes de los potenciales clientes. Por tanto, ese es el foco donde debe ponerse la atención, para encontrar un negocio de valor: en la necesidad del cliente a satisfacer. Ni que decir tiene que un Mercado, cuanto mayor, más perspectivas de éxito tendrá el producto y que la innovación suele ir primero a Mercados de alta gama, bajando en la pirámide hasta el gran público y terminando por desaparecer, o siendo sustituidos por otros; es decir, todo tiene su ciclo y nada será eterno, no nos aferremos a nada, como si fuera imprescindible, nos estaremos equivocando. Por otro lado, para aumentar las probabilidades de éxito, se debe buscar la diferenciación, sin embargo, lo que estamos haciendo en los mencionados eventos, suelen ser copias de lo que en otros lugares se celebra, muestra de que la creatividad es prácticamente nula entre quienes determinan lo que se lleva a cabo o no; así, nunca seremos “referencia” en nada.

Ahora bien, pensemos si los actos que planificamos en Ciudad Rodrigo, pretenden colmar esas necesidades de otros, o si, por el contrario, perseguimos salvar las nuestras (económicas, del ego, nuestra identidad, aficiones propias, etc.). Pensemos en los objetivos de lo que hacemos y si no tiene más que ver con nuestros valores tradicionales, con lo que somos, con lo que nos gusta, con nuestra necesidad de entretenimiento, en vez de pensar ¿qué necesitan los potenciales clientes, que yo le pueda proporcionar? Muchas veces, nuestros eventos nos ayudan a salir de la rutina y a elevar nuestra autoestima, conformándonos por tanto nosotros, en nuestros propios clientes, y así, nunca será fácil atraer capital exterior.

En esto, probablemente el Ayuntamiento esté jugando su propio juego (bastante egoísta, por cierto), ya que él sí, se está ocupando de sus “clientes”, que no son otros que los ciudadanos que les votan y con ello tratar de perpetuarse en el Poder. Así montan “saraos” para entretenernos y tenernos contentos, pero ¿solucionan con esto los problemas de raíz de la ciudadanía? La falta de trabajo, la despoblación, la pobreza, etc., me temo que no, y por tanto, no están tratando de “servir”, sino de “servirse” de la función pública, mediante el reparto de unas cuantas “migajas” que sacian el hambre de alguna gente, pero sólo momentáneamente.

Por ir concluyendo (si bien estas reflexiones darían para mucho conversar), planteo que es posible que nuestra falta de éxito radique en una cuestión simplemente de enfoque y actitud, y la ventaja es que cambiarlos, no cuesta dinero. Sólo eso es lo que trato de resaltar con mi análisis crítico, les ruego no me atribuyan malas intenciones, no las hay. Así, parece más útil e inteligente el abandono del egoísmo y egocentrismo, conociendo y preocupándonos en servir a otros, y no de lo que nosotros queremos, o necesitamos. De esta manera, satisfaciendo necesidades de potenciales clientes externos, es paradójico, pero nos querrán y nos agradecerán el servicio, satisfaciéndose con ello, nuestras necesidades a su vez, cosa que nunca pasará si lo hacemos al contrario.

Por otro lado, pediría que dejemos un poco de lado la “mala leche” y las “pataletas de niño chico”, a través de las cuales sacamos frustraciones, sí, pero generan un entorno muy hostil; mantengamos mejores formas, más educación y elegancia siempre. Unámonos, porque nada conseguiremos si no es en equipo. Adoptemos mentalidades constructivas, abramos nuestras mentes, observemos lejanos horizontes, perdamos nuestros miedos, salgamos a otros destinos (si queremos servir a otros, habrá que conocerlos), aprendamos, crezcamos y retornemos con ideas a implementar. No nos incomode cambiar, si es para mejor. No veamos enemigos en aquellos que plantean críticas lógicamente fundamentadas, al contrario, seguramente nos ayudaran a prever adversidades y superarlas sin problema. Y si las novedades sirven para hacer mejor las cosas, y superar la mediocridad latente que nos envuelve, bienvenidas sean. Pero todo, siempre con más razonamiento que visceralidad, porque la inteligencia está en la cabeza, y las tripas se utilizan para funciones más indecorosas. Reprobemos las malas maneras y fomentemos un ambiente cordial y amistoso, de corazón (no hipócrita). Si hay que mostrar desacuerdo, hagámoslo con empatía y respeto. Dejemos de provocar conflictos y potenciemos al cooperación. Comprendamos los intereses contrapuestos, negociemos y lleguemos a acuerdos que ayuden a una actuación excelente. No nos conformemos con menos.

Y que conste que, para quien quiera hablar y afrontar el planteamiento de proyectos novedosos que aporten, estaré siempre, pero hagámoslo donde mejor corresponda, con la reflexión que merezcan, no en los medios. Todo ello, siempre, por el bien de una “Miróbriga Futura”, que esa sí, les digo, es la que necesitamos.

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