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A-25, SEGUNDA PARTE. Por José Luis Sánchez-Tosal Pérez

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A-25, SEGUNDA PARTE. Por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
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Regreso a mi mar, y al clima fresco que afortunadamente tenemos a poco más de 200 kilómetros. Después de la historia del año pasado, naturalmente paro en el peaje pero la máquina rechaza mi tarjeta, con la que acabo de sacar dinero en España y había funcionado; entonces me dirijo a los empleados que están a una cierta distancia dentro del coche. Les cuento mi problema y me indican que en la próxima gasolinera pare y pague con dinero. Así hago, paro al llegar. Está cerrada. Espero un tiempo y aparece una señora que sale de los servicios con un cubo-fregona. Le pregunto si es ella la atiende los pagos de la autovía, a lo que contesta que sí. Abre, me pregunta mi destino, que es Mira, y me extiende una factura con importe de 40,75 €, advirtiéndome que tengo que hacer no sé qué historia mediante mi móvil. Le digo que no estoy ducho para que me ayude y echándome una ojeada para desestimarme mira a mi nieta Lara y dice: “Ella sabe, Buen Viaje”. Le cuento a Lara el asunto, lo intenta pero me dice que mi teléfono no la deja. Entonces prueba con el suyo y me dice que cree haberlo resuelto. Pasado uno o dos días me recuerdan por mi teléfono que tengo que hacer ese “no sé qué” y que en un papel que se me entregó están las instrucciones, papel por cierto tiene una letra tan pequeña que no alcanzo a leer con claridad. Desisto. Y al volver para en la gasolinera donde está en puesto de cobro para tratar de resolverlo, y me dicen que el servicio que está sólo del otro lado de la autovía y que ellos son ajenos, y me dicen un tanto “moscas” , por lo que pienso que no son pocos los que paran con algún problema similar al mío. Salgo, miro y veo la autovía, que es una muralla infranqueable para solucionarlo.

En fin que me parece que esa barrera en la que se ha convertido la A25 va a tener para mí una tercera parte y para ustedes, puesto que esta segunda ha quedado sin resolver y que no sé cuándo será, dado que ya no se trata de ir a Vilar Formoso, sino que hay que ir hasta el interior donde está el punto de peaje y después seguir hasta que la autovía permita volver, lo cual es todo un viaje, con su correspondiente coste , o bien dejarlo para otro día que vuelva al mar, que ya veremos cuando puedo, y con lo que me encuentro en este viaje y en esta A25 que se hizo con el dinero de todos los europeos y que alguien se ha “autootorgado” un “derecho de peaje” sin que sepamos nadie quién es o quiénes son y el porqué de este privilegio.

 

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