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La Peña de MIrobrigenses Ausentes reconoce al obispo Raúl Berzosa Martínez

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La Peña de MIrobrigenses Ausentes reconoce al obispo Raúl Berzosa Martínez
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Este sábado la Peña de Mirobrigenses Ausentes ha celebrado dos actos, por un lado la asamblea anual y por otro la cena de convivencia en el Parador e Ciudad Rodrigo, en la sala de la Torre del homenaje, y en ella el reconocimiento a una persona que tiene méritos por su trabajo por Ciudad Rodrigo. En esta ocasión la persona que mejor representa para ellos la defensa de Ciudad Rodrigo es la figura del obispo de la diócesis de Ciudad Rodrigo, Raúl Berzosa Martínez.

Cena de la Peña de Mirobrigenses Ausentes y reconocimiento al obispo Raul Berzosa Martinez - 1

José Manuel Martín Calvarro fue el encargado de dirigir unas palabras en nombre de los peñistas a todos los presentes, ya avanzada la noche.

Buenas noches Excelentísimo y Reverendísimo Monseñor Cecilio Raúl Berzosa, buenas noches a todos los que nos acompañáis en el homenaje que le tributa la Peña de Mirobrigenses Ausentes al obispo de Ciudad Rodrigo:

Para aquellos que por primera vez tomáis contacto con nuestra Peña, decir que la constituimos un grupo de amigos vinculados a esta ciudad, Mirobrigenses de nacimiento o de adopción y que actualmente muchos, casi siempre por motivos laborales vivimos alejados de Ciudad Rodrigo y que en 1980 decidimos constituirnos como “Peña de Mirobrigenses Ausentes” y como recogen sus Estatutos uno de sus objetivos es “la promoción y el engrandecimiento de nuestra ciudad, en todos los órdenes”.

Como sabemos que esto no es tarea fácil, desde hace años reconocemos el trabajo de aquellas personas u organizaciones que luchan para que nuestra Ciudad sea conocida y admirada. En este sentido nuestra Peña ha concedido placas de reconocimiento a: Ceferino Santos, a Agustín Moriche a Antonio Custodio, a los Amigos de la Ilusión, a Salvador Sánchez Terán, a José Maria del Arco “Pesetos”, al semanario local La Voz de Miróbriga, y a nuestro amigo Lauren.

En la Asamblea ordinaria de 2016 se decidió por unanimidad conceder la novena placa de reconocimiento de la Peña a D. Cecilio Raúl Berzosa Martínez, desde Febrero de 2011 Obispo de Ciudad Rodrigo.

Cena de la Peña de Mirobrigenses Ausentes y reconocimiento al obispo Raul Berzosa Martinez - 1

Permítame D. Raúl, que haga para los que nos escuchan una brevísima reseña histórica de nuestra silla episcopal, Tomando referencia en la “Historia Civitatense” de Antonio Sánchez Cabañas. Siendo emperador Constantino Magno el Papa San Silvestro estableció las Metrópolis y concretamente la Tarraconense de la cual fue sufragánea la sede episcopal de Civitas Augusta. Puede que nuestro primer obispo se designase allá por el año 315 d.C., aunque existe constancia documental que en el año 347 d.C. en que se celebra el concilio Sardicense que presidió Ossio, obispo de Córdoba, y reunió a más de 300 obispos, uno de los seis obispos de Hispania que participó en él, fue Domiciano que el mismo se denominó como “Episcopus Civitatis Augustae” obispo de la Ciudad de Augusto.
En el año 412 d.C varios pueblos entre ellos Suevos y Vándalos destruyen nuestra ciudad y durante siglos la sede se trasladó a Calabria (cerca de la actual Fregeneda) hasta que en el año 1168 el rey Fernando, la restablece en la ciudad que había repoblado previamente el Conde Don Rodrigo González Girón, la actual Ciudad Rodrigo, vamos que nuestra sede episcopal tiene casi 1700 años, ya que en el periodo de años de 1843 a 1867 la sede estuvo vacante. Actualmente nuestra sede es sufragánea de la archidiócesis de Valladolid.

Cuando hace ya más de seis años, nos dijeron que trasladaban a Monseñor Atilano a la sede de Sigüenza-Guadalajara los Mirobrigenses nos preguntamos ¿y a quién nos enviarán ahora? Incluso los más pesimistas especularon si volvería a quedar vacante, ya que los tiempos eran difíciles y nuestra población disminuye.

Por eso Don Raúl, no se imagina la alegría de los Farinatos al saber que la Conferencia Episcopal confirmaba la venida un joven Arandino. Y mire que le teníamos tirria a la Arandina CF que cada vez que venía al Francisco Mateos, allá por mi infancia, le daba un repaso al Ciudad Rodrigo CF, que en el marcador se traducía en tanteos de 0-7 ó parecidos.

Según Vd. ha comentado la vocación religiosa le llegó tarde y a descubrirla le ayudo aquel fraile Claretiano que le comentó que se necesitaban sacerdotes para Latinoamérica y le propuso que le preguntase a Jesús -Si quería ser misionero- Es evidente cual fue su respuesta.

Don Raúl, fue ordenado sacerdote el año 1982, por Su Santidad Juan Pablo II, este mismo Pontífice le nombra obispo el año 2005, recibiendo la ordenación episcopal de manos del actual Cardenal Osoro Sierra, como obispo Auxiliar de Oviedo y obispo titular de Arcavica, y en el año 2011 el papa emérito Benedicto XVI le nombra obispo de la sede Civitatense.

En una de sus primeras declaraciones afirmó que nuestra Diócesis le era familiar y que la contemplaba con simpatía y admiración.

El que le habla tiene un vago recuerdo de Monseñor Bascuñana, mis primeros recuerdos claros de un obispo corresponden a Monseñor Mansilla Reollo que tuvo que aplicar en su Diócesis los requerimientos del Concilio Vaticano II, después pasaron por Miróbriga, Monseñor Ceballos Atienza, Monseñor López Martín y el ya aludido y entrañable Monseñor Atilano Rodríguez Martín, por esto tener un obispo tan joven y con el Curriculum Vitae que traía a sus espaldas era todo un lujo y garantía de que si le apoyaban sus Canónigos, en pocos años impulsaría multitud de proyectos en beneficio de nuestra sede y por ende de Miróbriga y por eso estamos aquí esta noche.

A estas alturas no voy a descubrir a nadie que es un trabajador nato, de ello ya nos habló su buen amigo Burgalés Delfín Gómez Grisaleña, sacerdote y artista con el que mi familia tiene una amistad muy especial. Bueno permítame que diga una familia de trabajadores pues no se nos escapa la actividad de su hermana sor Verónica Berzosa fundadora de Iesu Communio y que ha asombrado incluso al propio Vaticano por la enorme cantidad de vocaciones y la juventud de sus miembros.

Cualquiera que entre en internet Don Raúl, puede comprobar de lo que hablo, licenciado en Derecho Canónico y diplomado en Ciencias de la Información, Doctor en Teología Dogmática, disciplina de la que además es profesor.
Ostenta cargos en la Conferencia Episcopal Española, en el Pontificio Consejo para la cultura del Vaticano, es consultor de organismos eclesiales nacionales e internacionales, y ha publicado decenas de libros de las más diversas materias religiosas y sociales.

Reconozco que sólo he ojeado alguna de sus publicaciones, pero en estos años le he escuchado en algunas homilías e intervenciones diversas, y estas son siempre concisas, inteligibles y no muy extensas, lo cual es de agradecer.

Somos conscientes que el obispo tiene a su alrededor a todos los Canónigos y sacerdotes de la Diócesis y a muchos otros que le ayudan, pero como en cualquier actividad la tarea de dirección es fundamental para la consecución de logos importantes y reconociendo la labor de aquellos, entiendo que es de justicia destacar su intervención y buen hacer en:

La reforma integral del Palacio Episcopal y de ese precioso Salón Mazarrasa.
El apoyo a los trabajos de la productora Contracorriente, en la difusión de cortos y películas de argumento social y religioso, muchas grabadas en nuestro pueblo, así como de que la sede de dicha productora esté en uno de nuestros edificios emblemáticos.
La Gala Solidaria que todos los primeros de enero se organiza en nuestro Teatro donde suele deleitarnos con sus más que aceptables habilidades musicales.
Los actos que se organizaron en nuestra Diócesis en 2014 para conmemorar el VIII centenario del paso por nuestra Diócesis de San Francisco de Asis, y la maravillosa exposición que se organizó en dependencias del Seminario de San Cayetano, sin duda una de las mejores que jamás se hayan hecho sobre el santo y que como Peña tuvimos la fortuna de visitar de la mano de uno de sus comisarios, Juan Carlos Sánchez que hoy nos acompaña.
La exposición “Cervantes lengua del alma” que se celebró también en dependencias del Seminario San Cayetano en 2016.
La realización de una Asamblea Diocesana, muy apreciada por sus resultados por todos los sacerdotes de la Diócesis.
Las mejoras en nuestra S.I. Catedral, a la que se ha dotado de una preciosa silla episcopal elaborada por nuestros artesanos, se ha re-ubicado la pila bautismal, se han hecho mejoras en el museo catedralicio y se han suprimido multitud de barreras arquitectónicas, que tanto agradecen los discapacitados y sus familias.
Sabemos que los actuales trabajos del Claustro, corresponden a actividades del Plan Director de la Junta de Castilla y León, pero estamos seguros que nuestro obispo esta vigilante.

Sólo hemos enumerado algunas de las actividades que en nuestra Diócesis llevan el sello innegable de nuestro prelado, pero somos conscientes que habrá muchas más de las que como buen Cristiano su mano izquierda no sabrá lo que hace la derecha. A grandes rasgos he resumido por qué a nuestros ojos Don Raúl se ha hecho merecedor de este sencillo homenaje que hoy le rinde la Peña de Mirobrigenses Ausentes, de antemano le quiero pedir disculpas por los errores u omisiones involuntarios ambos, que seguro los habrá y de los que soy el único responsable.

Voy ya concluyendo, y nos dice el evangelio que Dios da a cada uno unos cuantos talentos y a todos días de 24 horas, pero a la vista está que unos y otros no los aprovechamos por igual, parece increíble que pueda atender todas las actividades inherentes a su cargo y además disponga de tiempo para desarrollar cosas, que sin duda requieren dedicación, como las mencionadas.

Por eso hoy queremos reconocer su actitud emprendedora, sabemos que tiene entre manos múltiples tareas y proyectos, ojalá todavía podamos contar algún tiempo con su presencia en nuestra sede episcopal, aunque somos conscientes que más pronto que tarde le encargarán tareas de mayor responsabilidad y posiblemente lejos de esta recóndita Miróbriga, pero mientras tanto o incluso aunque esto sucediese, no se olvide de lo que para esta ciudad ha supuesto el traslado por su legítimo propietario, del Calvario de Juan de Juni al Museo de Escultura Nacional de Valladolid, esta Peña ha escrito a muchos responsables del anterior Ministerio de Cultura, somos conscientes que sería utópico pretender sin más una vuelta del Calvario a nuestra Ciudad, pero podrían estudiarse situaciones intermedias tales como regresos temporales y periódicos u otras.
Agradecimos su contribución en el establecimiento del Museo del Orinal en dependencias del Seminario Diocesano y agradeceremos que ese apoyo continúe.
Nos encantaría que para el Palacio de Cartago se encontrase alguna actividad permanente e idónea, además de las actividades esporádicas que allí se van programando.
Todos hemos sentido que la falta de vocaciones de monjas de clausura, haya llevado al cierre temporal del Convento de las Claras, ojalá que con la ayuda de Dios encuentre una fórmula que posibilite su reapertura.

Tenga la seguridad Don Raúl, que como nos pedía en su carta esta Peña seguirá rezando por Vd., aunque a la recíproca también le pedimos que allá donde se encuentre, siempre tenga presente a Ciudad Rodrigo en sus oraciones.

Hoy los aquí reunidos queremos reconocer públicamente su labor pastoral, social y cultural en pro de esta su diócesis y por esto queremos que reciba de manos de nuestro Presidente la 9ª Placa de Reconocimiento que otorga nuestra Peña de Mirobrigenses Ausentes.

Muchas Gracias y un fuerte aplauso para Don Raúl.

El obispo, Rául Berzosa Martínez correspondió:

PALABRAS AGRADECIDAS AL RECIBIR EL RECONOCIMIENTO DE LA PEÑA DE MIROBRIGENSES AUSENTES (Ciudad Rodrigo, 12-8-2017)

Muy querido Sr. Presidente y cargos de responsabilidad de la Peña de Mirobrigenses Ausentes, queridos miembros de la misma, queridos predecesores en este reconocimiento, queridos familiares, queridos todos los que habéis deseado honrarme con vuestra presencia, sacrificando otros asuntos personales, familiares y profesionales:

Ya en septiembre del año 2016 se me anunció este acto, totalmente inmerecido por mi parte. No pude más que responder afirmativamente. Es verdad que en la carta fechada el 12 de septiembre del 2016, el Sr. Secretario trataba de justificar el reconocimiento hacia mi humilde persona relatando algunos supuestos méritos personales y ministeriales y que, hoy, ha detallado con enrome generosidad y con lupa de aumento… Esta noche, tan sólo reconozco, de todo ello, dos, como si fuese una moneda con dos caras: por un lado, el sincero y verdadero amor que profeso a esta Tierra y a estas gentes que la habitan en este momento histórico. Y. por otro lado, la colaboración generosa y estrecha que he recibido de tantas personas, comenzando por mis familiares, y por los presbíteros, consagradas y laicos que, mano a mano, día a día, años tras año, han tenido que sufrir y gozar en muchos campos: desde la organización de la pastoral hasta la restauración de templos y edificios, sin olvidar los eventos extraordinarios de la Asamblea Diocesana y el Año Jubilar Franciscano. Sin estos cualificados colaboradores, este servidor no hubiera podido realizar casi nada. Con ellos, todo lo realizado en estos seis largos años, parace un “milagro”. Recuerdo en estos momentos un dicho y un bello y sugerente pensamiento. El dicho reza: “Es verdad que Alejandro Magno conquistó él sólo media Asia, pero es de suponer que al menos llevaba un cocinero”. Y el pensamiento, del escritor mexicano Cieri Estrada, es éste:“Aunque somos nuestro propio tiempo,a veces somos el tiempo de otros y otros son nuestro tiempo. A veces, sin quererlo; a veces, queriendo; a veces, durmiendo; a veces, despiertos.

Permítanme, como agradecimiento a todos mis familiares y colaboradores más directos, y ampliado a todos los presentes, que en prosa versificada, trate de expresar mis más profundos sentimientos, con brevedad pero con autenticidad. No lo puedo decir ni más alto ni más claro. Forma parte de una publicación editada en el año 2014, que llevaba por título: Ciudad Rodrigo: temporal y eterno, ciudad y pueblo, esencial y concreto. Y rememora algunas de las palabras que expresé en el año 2011, en mi primera homilía en la Catedral civitatense:

¡ES ELLA: MIRÓBRIGA!…
Mirador altanero y frágil entre dos fronteras
Inmesidad de mirada bañada por el Agueda
Resonancia temporal y eterna
Omnipotencia formal y simbólica
Belleza desnuda y revestida
Rescate luminoso y perdurable
Imagen imborrable en granito grabada
Gloria heredada y por hacer
Armonía de gentes, arte y tierra.

… Y miróbriga se transformó en Ciudad Rodrigo…

Y despertó la bella y noble ciudad civitatense
Con su horizonte envuelto en gris, verde y oro.
Cada día amanece con acentos y luces nuevos.
Los caminos se acortan y sus sueños se alargan.
Y muestra sus espacios, altiva, orgullosa y añeja.
Ciudad Rodrigo; antes, Miróbriga y Caliabria.
Tierra señorial con pasado, identidad y destino.

Y, si así siento a Ciudad Rodrigo, “¿qué decir, y cómo, de este humilde obispo vuestro?”… – También Desnudo mi interior y me atrevo a compartiros:

Por favor, os lo ruego,
continuad solo escribiendo en mi nombre y apellido:
“Cristiano-obispo”. Y nada más.
Porque jamás quise ser otra cosa. Ni mejor cosa.
Deseo que mis manos sigan estando siempre libres
para consagrar, perdonar, acariciar y bendecir.
Y que mis ojos permanezcan
bien abiertos, asombrados aún
de tanto amor como recibí sin merecerlo,
y de tanto amor recibido para repartirlo.
Perdonad cuando no he sabido entregarme
como el pan de la Eucaristía.
He deseado ser para todos
vaso transparente y comunicante
de los dones y misterios de Dios.
¡Cuando quise ser otras cosas,
al final, me descubrí volviendo a ser
tan sólo existencia expropiada y mendigo de Cristo!
¡Soy tan débil y, sin embargo, quisiera llevar sobre
mis espaldas a tantas personas y familias necesitadas!
A veces, porto carbones encendidos en mi boca
y no son mías las palabras.
Son palabras prestadas por el Espíritu,
que caen sembradas con suavidad en cada corazón
e iluminan con Aquella Luz que sólo Dios enciende.
¡Cómo me envuelve el misterio!
Ahora sé bien que nada es sólo mío.
Que donde pongo pan o vino,
Palabra y sacramentos,
Alguien los convierte en su misma Carne y Sangre,
en su Vida y en su Palabra.
No soy sólo yo quien bendice
ni mi sola voz la que habla.
Espíritu Santo, que guías mis pasos
y que me sigues sosteniendo;
Espíritu Santo, que haces grande mi amor pequeño
y que alumbrarás mis pasos hasta el final,
déjame suplicarte y rogarte
que sigas hablando con mis pobres labios,
con mi voz a veces cansada y desgarrada,
con mi corazón desgastado,
y con mis brazos siempre abiertos.
Todo es tuyo; y, por ti y contigo,
para estas comunidades de hermanos
que Jesucristo, como Buen Pastor, me va regalando.

Queridos mirobrigenses-civitatenses:
¡Ayudadme a seguir siendo buen pastor de todos!
¡Ayudadme a hacer presente el bello misterio de Jesucristo y de su amor,
y de su Iglesia, maternal y misericordiosa,
en este nuevo siglo y en esta nueva época!”.
Y, si alguna vez me encontráis más cansado
o desanimado, pedid con mayor fuerza por mí
y regaladme el don de vuestra vida cristiana
coherente y entregada.
¡El Espíritu suscitará siempre hombres y mujeres nuevos para una Iglesia y una sociedad nuevas!
¡También en estas tierras! ¡Sin miedos!
¡Testigos y comunidades llenas de Vida!
¡No es tiempo de palabras, sino de hechos y de Vida!
No olvidemos nunca las inspiradas palabras de San Juan Crisóstomo:
“¡No te separes de la Iglesia! Ningún poder tiene su fuerza. Tu esperanza es la Iglesia. Tu salvación es la Iglesia. Tu refugio es la Iglesia. Ella es más alta que el cielo y más grande que la tierra. No envejece jamás; su juventud es eterna” (Homilía de Capto Eutripio, 6; PG 52,402).

Al finalizar estas sentidas y atrevidas palabras,
se ensanchan mi corazón y mis entrañas
ante tu sola memoria,
noble, leal y heróica Ciudad Rodrigo.
Y, en radical atrevimiento,
a San Isidoro, a San Sebastián, a San Cayetano,
a San Francisco, a San Antonio, a San Blas,
y, sobre todo, a la Virgen de la Peña,
rezo con atrevimiento y fuerza:
“No dejéis que olvide estas tierras
Si un día tengo que pisar, por obediencia, otras.
No dejéis que olvide estas experiencias,
cuando mi memoria, tal vez, ya no sea memoria”.
¡El Señor siga bendiciendo a estas benditas gentes,
A estas sagradas tierras,
y a todo lo suyo!
¡El Señor os siga bendiciendo, a vosotros,
Peña de Mirobrigenses Ausentes
y a vuestras familias!
¡Gracias por este singular, repito inmerecido,
y entrañable reconocimiento!
¡Larga y fecunda vida a todos!

+ Mons. Cecilio Raúl Berzosa Martínez

 

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