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Secuelas vigentes del franquismo. Exilios y emigración (15): la memoria de los “desterrados” republicanos en el SO de Salamanca (Villar de Ciervo)

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Secuelas vigentes del franquismo. Exilios y emigración (15): la memoria de los “desterrados” republicanos en el SO de Salamanca (Villar de Ciervo)

Como en otros pueblos fronterizos (Alberguería, Navasfrías, etc.), las víctimas elegidas de Villar de Ciervo quizá buscarían la salvación en Portugal al comienzo de la persecución. Sin embargo estos efímeros o definitivos “exilios” no están comprobados en la tradición oral. Lo mismo sucede con el devenir de los represaliados sobrevivientes, de sus familias en general y principalmente de los padres, viudas y huérfanos de las víctimas mortales, a no ser que haya indicios en la documentación procesal. Presumiblemente los descendientes seguirían el mismo camino que los de los pueblos de la zona. (Algunos detalles de la represión en este pueblo pueden verse en las “Croniquillas”, 16/09/2016).

Tomasa Valentina Ferreira Montero, que estaba casada con Matías Ballesteros Lorenzo (a) “Trincalo”, fue de los vecinos multados, con 500 pts., por Ernesto Rivero y J. Agustín Calzada en agosto de 1936 (C.2133/37) y después fue procesada con otros tres cervatos antes de que su marido fuera objeto de una saca carcelaria (25/11/36), precisamente por ser implicada en las actividades sindicales de Matías, como secretario y depositario de la Casa del Pueblo, y acusada de haber destruido documentos (C.1071/36). Entró en la prisión de Salamanca cuando su marido estaba detenido en la de Ciudad Rodrigo y fue absuelta en el consejo de guerra (22/12/37), cuando ya era viuda. El matrimonio, relativamente mayor, de 71 años el marido y 62 la esposa, no tenía hijos. Es de suponer que Tomasa, a su edad y ya sola, no tendría arrestos para tentar aventuras migratorias.

Nicolás Hernández Muñoz, de 27 años, jornalero, que apareció cadáver (16/09/36) en el término municipal de Villar de Ciervo y fue enterrado en su cementerio (act. def.16/09/36, ASMJ), estaba casado con María Calvo Limón (o ¿Simón?), con quien tenía tres hijos. No se ha obtenido información sobre el devenir de esta familia.

Emiliano Pizarro Ferreira (Pereira, en la ficha carcelaria de Salamanca) fue uno de los “desaparecidos” en la famosa fuga del Fuerte de San Cristóbal (22/05/38). Allí cumplía la pena de 12 años de reclusión impuesta por un consejo de guerra (19/12/36), después de que “el Generalísimo” desestimara para él y otros tres procesados la propuesta de conmutación por cuatro años. Había sido procesado con otros 13 vecinos por los sucesos de la noche del 19 de julio de 1936 (C.884/36). Según el atestado de Ángel Egido Galache (23/09/36), cabo de la Guardia Civil, después de la salida de la fuerza del puesto para concentrarse en Ciudad Rodrigo, hacia las 10 de la noche y en previsión de la llegada de rebeldes fascistas, los vecinos del pueblo habían obstaculizado el paso por el camino vecinal a Villar de la Yegua, mediante una fila de piedras, y la carretera a Aldea del Obispo, con dos carros atravesados. Emiliano Pizarro, gestor municipal y presidente de la Casa del Pueblo desde marzo de 1936, habría sido uno de los promotores de este conato de oposición al Movimiento, así como Valentín Lorenzo (infra), que también fue de los no conmutados.

La mayor parte de estos procesados se beneficiaría de conmutaciones de sus penas, que cumplirían en 1940 o 1941, aunque a veces la notificación, con el paso obligado por la Junta de Libertad Vigilada (un eufemismo porque todo el mundo estaba “vigilado” y con escasa libertad), les llegara en 1944. Para Emiliano Pizarro y Valentín Lorenzo ya era demasiado tarde. En efecto, los trámites diligenciados por el capitán juez Juan Rodríguez Somoza permiten seguir en parte los avatares carcelarios de Emiliano y Valentín. Cumplían condena en la Prisión Central de Pamplona, trasladados de Salamanca (26/06/37), cuando al año siguiente se produjo la fuga aludida, en la cual, según sus represores, desaparecieron, aunque hoy se sabe que en ella tuvieron diversa fortuna. En el juzgado de Villar de Ciervo no se tenían noticias de Emiliano en 1944, y su esposa declaraba: “Que hace más de 6 años que no sabe de su esposo, y que ignora su paradero”. De hecho fue eliminado en la fuga, que se convirtió en una verdadera cacería humana (“Croniquillas”, 24/10/16). Al iniciarse el proceso tenía 37 años, era jornalero sindicalista y estaba casado con Ángela Zamarreño, con quien tenía tres hijos. De los avatares de su viuda e hijos no se tiene noticia.

Más afortunado en aquella fuga fue Valentín Lorenzo Bajo. También era jornalero sindicalista, secretario de la STT, y estaba casado con Sabina Lorenzo, padre de dos hijos entonces. A partir de la fuga fue un exiliado con una suerte relativa. Salvó la vida, cruzó la frontera dos veces, pero vivió alejado de su familia mucho tiempo, inmerso en una interminable odisea, como él mismo ha contado (1977) y en otra parte se ha expuesto brevemente (Iglesias 2016: 319, nota 66). Perdió de vista a su amigo Emiliano Pizarro en la huida, aunque consiguió llegar a la frontera por Valcarlos / Luzaide (merindad de Sangüesa, Navarra), en compañía de otro fugado, José Marinero Sáinz, originario de Cuéllar. Ambos fueron agasajados por dos ministros de la “República Española” en San Juan de Pie de Puerto (Pirineos Atlánticos, Francia), así como el cónsul de Hendaya. De aquí pasaron a Bayona. Después volvieron a la zona republicana de Cataluña. En Barcelona, donde Valentín consiguió contactar con su esposa utilizando contraseñas convenidas en prisión. Fueron destinados a la custodia de los presos franquistas, entre ellos el obispo de Teruel. Ante la inevitable caída de aquel territorio en manos de Franco, tuvieron que conducir un convoy de 2.000 presos hasta Figueras y exiliarse ellos mismos en Francia (07/02/39). Allí conoció el régimen de los campos de concentración, en Argelès-sur-Mer (Pirineos Orientales). Luego se integró en una compañía de trabajadores en Meyssac (Corrèze) y estuvo a punto de ser deportado como obligado productor para la Alemania nazi (14/04/43). De esto se libró gracias a un bombardeo inglés en Burdeos (17/05/43), pero a costa de la amputación parcial de una pierna. Asentado en Tolosa y después en dicha ciudad de Burdeos, consiguió reunirse con su esposa, con quien tuvo tres hijos (Ángel, Valentina y José), que, salvo error, se añadirían a los dos que tenía cuando se inició su procesamiento en 1936. Valentín siguió fiel a su ideario sindical (UGT) hasta que murió en 1986. (“Valentín Lorenzo Bajo. El otro fugado de Ezkaba”. http://www.losfugadosdeezkaba1938.com./losfugados/los-fugados-que-alcanzaron-la-frontera/valentin-bajo/).

A primera vista, actualmente los vecinos de Villar de Ciervo no parecen tener un recuerdo vivo de la gesta y exilio de Valentín Lorenzo Bajo ni de las decenas de cervatos que fueron represaliados por la vía jurídica militar durante la guerra, como el maestro Ceferino Llamas Conejo, depurado. Esto es sólo una primera impresión, que tal vez habría que corregir si se efectuara una encuesta más sistemática.

Valentin Lorenzo Bajo  UGT_Valentin Lorenzo Bajo

 

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