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Pregón de la Peña Puerta del Desencierro, Adoración Cañamero Varas, Carnaval del Toro 2018

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Pregón de la Peña Puerta del Desencierro, Adoración Cañamero Varas, Carnaval del Toro 2018
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Pregón de la Peña Puerta del Desencierro
Adoración Cañamero Varas
Carnaval del Toro 2018

¡ATRÉVETE!
C ONOCER , AMAR Y SENTIR
C IUDAD RODRIGO

Porteras mayores. Miembros de la Peña “Puerta del Desencierro”. “Botón Charro de Miróbriga”. Autoridades. Señoras y señores. ¡Buenas noches a todos!

A LAS PORTERAS MAYORES

Es un honor para mí compartir este escenario del Teatro Fernando Arrabal, además de con estas charras mirobrigenses que realzan aún más la belleza del contexto en el que estamos, con ustedes, señoras Porteras Mayores del Carnaval del Toro 2018: Antonia, Pilar, Rosario y Mercedes. Cuatro mujeres mirobrigenses a las que la Peña “Puerta del Desencierro” quiere homenajear para hacer públicos y notorios los méritos de cada una, tanto a nivel personal como social.

Antonia, Rosario y Pilar conocen y dominan perfectamente el trabajo que supone labrar y cultivar la tierra, para que las semillas sembradas den el fruto deseado; no un fruto cualquiera, sino un fruto de calidad que desde las huertas de Santa Cruz suben a sus puestos de la Plaza del Buen Alcalde, al mercado de los martes. Sus caras y sus manos son el vivo retrato de la exposición continuada a los fríos del invierno o a los calores intensos del verano castellano. Mujeres de temperamento, raza y coraje, que, aunque muestran sus pieles curtidas por el paso inexorable de los años, tienen un corazón que sigue latiendo con la misma fuerza e intensidad de algunos años atrás cuando se trata de colaborar para mantener viva la tradición de su querida ciudad.

Han participado activamente en el carnaval mirobrigense: en disfraces de concurso, callejeros y de carrozas. Llevan dentro de ellas el gusanillo adormecido que despierta, con presteza, al oír el sonido inconfundible de nuestra Campana Gorda. Los encierros y desencierros son una cita obligada para ellas a la que, bien con amigos, bien con familiares, nunca suelen faltar.

Hay que reconocerles también el mérito de haber recuperado la fiesta de “Las Águedas” en el año 1992. Rosario ostenta el cargo de “alcaldesa” en esta fiesta desde ese mismo año. Y son, como todos sabemos, las “mondongueras” oficiales de la matanza tradicional que organiza el Ayuntamiento cada año después del Carnaval. Hoy les reconocemos a las tres, con la Peña “Puerta del Desencierro”, su valía personal y su incondicional entrega.

La otra Portera Mayor, Doña Mercedes, mujer de edad avanzada, cumplirá 92 años en el mes de julio. Es toda una institución. El Bar Barrigana y El Patio son el fruto de muchas horas de trabajo con algunos de sus hijos. Llegó a Ciudad Rodrigo hace más de 60 años, buscando una vida mejor para ella y su familia. Trabajadora infatigable y gran emprendedora, siempre tuvo como lema que con trabajo y esfuerzo se consiguen muchas cosas. Persona de talante especial para tratar a la clientela desde la barra del bar, además de gran observadora, respetuosa y buena interlocutora. Vivió los carnavales de forma muy especial, preparando cada mañana grandes cazuelas de limonada, friendo huevos con farinato o rebozando el ya famoso bacalao de los lunes de Carnaval.

Con sus muchos años de vida, hoy nos muestra a todos los aquí presentes un semblante admirable, sereno, emocionado y lleno de gratitud a la vida y a la que considera ya su ciudad. Es un orgullo para Ciudad Rodrigo rendir homenaje a personas que, como usted, siguen manteniendo viva la llama de la ilusión, la misma que experimentó el día que el presidente de la Peña le comunicó su nombramiento como Portera Mayor.

Enhorabuena a ustedes, miembros de la Peña “Puerta del Desencierro”, por su acierto al nombrar Porteras Mayores a estas cuatro mujeres, pues creo sinceramente que tienen méritos sobrados para ejercer como tales. A ustedes, Rosario, Pilar, Antonia y Mercedes, les digo: ¡disfruten del placer que se siente al ser nombradas y reconocidas como las Porteras Mayores del Carnaval! No por edad, que también, sino por los méritos que atesoran.

¡ATRÉVETE! CONOCER, AMAR Y SENTIR CIUDAD RODRIGO PREGÓN DE LA PEÑA “PUERTA DEL DESENCIERRO”

Hoy me presento ante ustedes como pregonera de esta peña, a la que agradezco de corazón su detalle para conmigo. Cuando el presidente de la misma me comunicó la noticia, tengo que reconocer que me sorprendió. Me sentí agradecida, pero sinceramente les digo que también me invadieron muchas dudas, y aún más interrogantes. Sin pensarlo mucho, para no volverme atrás, acepté con gusto, y así se lo transmití a mi buen amigo Julete, haciéndole saber también que me había metido en un buen “embolao”.

¿Cómo voy a enfocar el discurso? ¿Qué quiero pregonar? ¿Con qué recursos cuento? Multitud de interrogantes ante un reto, para mí, de gran responsabilidad por el respeto que se merecen los peñistas y, ¿cómo no?, todos ustedes.

Una vez asimilada la noticia y pasado el impacto inicial, tomé conciencia del hecho y traté de organizar las ideas, recuerdos y vivencias que marcan mi relación con el carnaval mirobrigense y también con esta peña, además de recabar la información suficiente, con el fin de transmitirles algo nuevo y real, meta a la que hay que llegar cuando se trata de pregonar.

Soy consciente del compromiso que supone estar a la altura de los insignes pregoneros que me precedieron, y por ello les pido un poquito de paciencia para con esta novata, que intentará, no lo duden, hacerles pasar un rato lo más agradable posible. Si al finalizar el pregón he conseguido que ustedes hayan percibido en mis palabras el cariño y respeto que tengo a Ciudad Rodrigo, sus gentes, costumbres y tradiciones, me daré por satisfecha. No soy oradora: sólo aspiro a transmitir lo que siento sobre ésta, que considero mi ciudad, a este aforo tan especial.

Era una niña cuando llegué a Miróbriga. Mi casa en esta ciudad, el colegio de las Madres Teresianas, lugar en el que pasé mi infancia y parte de mi juventud, y donde tuve unos ratos muy buenos y otros no tan buenos. Los libros fueron mis compañeros en las muchas horas de estudio junto a chicas que, como yo, habían dejado su pueblo, su familia y la libertad, esa libertad tan ansiada cuando tienes que respetar un horario establecido.

Mis primeros años en la ciudad se centraron en los estudios, los recreos y los martes. Aquellos martes de entonces que viví con la intensidad de la niña que esperaba noticias de su familia, o que la vinieran a ver. Cuando esto sucedía, para mí era una fiesta cuya celebración se reducía a estar unas pocas horas, demasiado pocas, con ellos. En este corto período de tiempo era obligado y habitual el paso por la abarrotada Plaza Mayor y por la Plaza del Buen Alcalde. Espectáculo multicolor eran aquellos martes lejanos, cuyos protagonistas, además de los mirobrigenses, eran los señores del campo, los agricultores y ganaderos de toda la socampana y algunos comarcanos, desplazados a la ciudad para realizar sus compras o simplemente para hacer un alto en el trabajo diario.

En corrillos circulares formados al azar y como base la dedicación a una misma actividad, charlaban animadamente seis u ocho personas que se transmitían información, sugerencias o consejos en un ambiente distendido, sin ninguna competitividad. Sin querer, en más de uno estuve como espectadora y, aunque mi atención no estaba centrada en lo que allí se trataba, les puedo asegurar que toda la conversación giraba en torno a dos cosas: las labores agrícolas propias de la estación, con el tiempo como
protagonista, y la cabaña ganadera.

Finalizado este recorrido con incontables paradas, nos dirigíamos a la calle Toro, donde se halla ubicado el legendario bar Barrigana, regentado entonces por el señor Pepe (que en Paz descanse) y la señora Mercedes, aquí presente, ambos personas emprendedoras y grandes trabajadores. En este bar pasé ratos inolvidables. Lo frecuentaba prácticamente todos los martes, con mis padres o sin ellos. Me sentía como en casa, pues además de ser paisanos y amigos de mi familia, ostentaban grandes virtudes. El señor Pepe era un hombre entrañable, al que recuerdo con gran cariño. La señora Mercedes, siempre fue el timonel que dirigió el barco, un barco que salió a flote con gran sacrificio y esfuerzo, además de muchas, muchas horas de trabajo. Me acogieron siempre con un cariño especial… eso no lo olvidaré jamás… Aquí y ahora le digo a usted, señora Mercedes: ¡gracias por todo, pero sobre todo gracias por su cariño tan sincero!

En mis primeros años de estudiante la palabra “Carnaval” era par mí sinónimo de vacaciones, es decir, cuatro días en casa olvidando un poco los libros y los rigurosos horarios. No podía comprender por qué mis compañeras mirobrigenses hablaban con tanto entusiasmo y de forma tan apasionada del Carnaval del Toro.

Encierros, desencierros, Campana gorda y agujas eran las cuatro palabras más usadas y repetidas en los recreos diarios cuando el calendario marcaba el mes más corto del año. Finalizado el Carnaval y de regreso a Ciudad Rodrigo el miércoles de ceniza, al
pasar por la plaza, camino del colegio, viendo lo que tenía delante, mi cara se tornó en asombro y perplejidad, y todo ello hizo que me plateara un enorme interrogante: “¿Cómo será el Carnaval en Ciudad Rodrigo?”.

Pasaron algunos años y, con ellos, mi etapa infantil, para dar la bienvenida a la incipiente juventud, que afloraba con los cambios propios de esta edad. Los estudios seguían su ritmo. Sin casi pensarlo, estaba ya situada en los inicios de mi carrera profesional. Los gustos y diversiones se centraban en este momento en pasar mis ratos de asueto con los numerosos amigos y amigas. Dedicábamos nuestro tiempo a pasear por la ciudad, ir al cine los domingos o asistir al baile del Porvenir. Fue en esta etapa de mi vida cuando conocí al que es mi marido: Andrés Sevillano, más conocido como “Sito”, mirobrigense y carnavalero hasta la médula, a la vez que gran defensor de todo aquello que lleve impreso el sello de Ciudad Rodrigo. Él fue quien me contagió, con sus múltiples relatos de vivencias personales, el amor a su ciudad, sus costumbres y tradiciones.
Y es aquí donde encaja el tema de este pregón. Porque amar Ciudad Rodrigo pasa, inevitablemente, por conocerlo y sentirlo.
Conocer in situ su arquitectura religiosa, militar y civil para así poder entender la riqueza monumental que esta bella ciudad atesora. Amar, conocer y sentir Ciudad Rodrigo significa pasear por sus angostas calles medievales cualquier día del año y observar cómo se transforman las numerosas fachadas góticas o barrocas de las casas palaciegas cuando los rayos del sol acarician sus piedras milenarias. Es algo esto que los mirobrigenses deberíamos hacer con frecuencia para sentir el orgullo de la herencia que nos dejaron personas que, como nosotros, amaron mucho y bien nuestra antigua, noble y leal ciudad.

Amar, conocer y sentir Ciudad Rodrigo significa contemplar sus palacios llenos de encanto, con sus sellos identificativos grabados en los escudos de sus primeros moradores: escudos acuartelados, y otros muchos inclinados, siguiendo la moda valona; con sus numerosas ventanas en ángulo, muy propias de Miróbriga, y los grandes dovelones que decoran sus fachadas. Visitar alguno de estos palacios es recordar apellidos de muchas personas ilustres y relevantes en el devenir de la historia civitatense.
Conocer Ciudad Rodrigo es saber, también, que su maravillosa fortificación, mandada construir por Fernando II del León en el
siglo XII para proteger la ciudad, fue considerada entonces “la frontera de Castilla”, dada la situación geoestratégica de este
enclave del occidente hispano, tan próximo a Portugal. Es indagar para notar que en el siglo XV se construyó la segunda muralla para proteger el lugar, con amplias torres circulares, un foso, un contrafoso y un adarve por el cual es posible, especialmente en el buen tiempo, dar un paseo relajado y contemplar el interior de la ciudad y su entorno más cercano. ¡No se olviden, queridos espectadores, de recomendar este paseo a cualquiera de nuestros visitantes! Lugar destacado de la muralla es también la “batería”, extraordinario mirador situado junto al Castillo “Enrique II de Trastámara”, hoy convertido en Parador Nacional de Turismo.
Desde este espacio abierto se puede observar el tranquilo discurrir del Águeda a los pies de la fortificación.

Amar, sentir y conocer Ciudad Rodrigo es acercarse a la Santa Iglesia Catedral de Santa María para admirar una de las obras arquitectónicas del siglo XII más bellas de la provincia. Es saber, también, que fue proyectada como una obra románica, pero la
prolongación de los trabajos hace que hoy se clasifique como románico de transición al gótico. Sus detalles de ornamentación, los vanos apuntados, parte del claustro y las bóvedas de crucería son propios ya de un estilo plenamente gótico. Se accede al interior del templo diocesano por tres maravillosas puertas. La principal, o pórtico del Perdón, datada del siglo XIII, está situada en la Plaza de Herrasti y destaca sobre todo por la abundante decoración de una típica portada que se puede comparar, en riqueza y en belleza, a pórticos como los de los templos catedralicios de León y Burgos.
En la misma Plaza de Herrasti se levanta el monumento a los héroes de la guerra de la Independencia, y también el Seminario Diocesano, erigido en 1769, de estilo neoclásico y obra del mismo arquitecto que levantó, sobre el Pórtico del Perdón, la esbelta torre de nuestra catedral: el prestigioso Juan de Sagarbinaga. La segunda puerta de la Catedral es la de las cadenas. Se trata de la portada más representativa del románico tardío. En ella se aprecian esculturas de gran calidad, tanto en el tímpano, con el precioso pantocrátor, como en el friso superior, donde están las figuras de doce personajes del Antiguo Testamento. Finalmente, está la puerta de Amayuelas, en la plaza del mismo nombre. Es románica bizantina, y de ello da fe un precioso arco  pentalobulado y algunas figuras mitológicas, como por ejemplo las arpías, que parecen saludar al espectador.

Conocer, amar y sentir Ciudad Rodrigo, es esto… ¡y mucho más! Es celebrar, cada 20 de enero, la solemnidad de san Sebastián, el patrón de nuestra ciudad, que procesiona desde la iglesia de san Cristóbal, donde se le venera todo el año, hasta la Catedral, en la que permanece los días reglamentarios para que cofrades y mirobrigenses asistan al novenario. San Sebastián. Un valiente soldado romano que dio su vida en tiempos del emperador Diocleciano y que prefirió morir atado a un poste y sintiendo el dolor de las flechas al impactar en su cuerpo antes que renegar de su religión: el cristianismo. Es, también, señalar en el calendario el día 3 de febrero por ser el día que la ciudad venera solemnemente a san Blas en el monasterio de la Caridad. Ese día se palpa ya en el ambiente la proximidad de la fiesta grande, de nuestro Carnaval.
Protagonistas de excepción son las gargantillas multicolores, bendecidas y pasadas por el santo, para proteger nuestras gargantas en los cercanos días festivos.

Sentir, conocer y amar Ciudad Rodrigo es vivir la Semana Santa por las calles y en las plazas con la emoción contenida cuando pasan las cofradías y, con paso lento, avanzan con su imagen en el centro. El sonido inconfundible de tambores y trompetas, mezclado con el aroma que desprende el incensario, inunda la ciudad de un ambiente placentero, silencioso, sereno y oracional, únicamente alterado por los continuos redobles de sonoros tambores. Y, ¿cómo no?, es sentir vivo el teatro la última semana de agosto con las calles como escenario, durante la internacional Feria de Teatro. Esos días variedad y colorido inundan los espacios mirobrigenses, y sus plazas son escuelas vivas donde acuden los niños, aprendices de teatro. Hay teatro para todos, y todos tienen sus momentos para disfrutar y sentir la cultura de este bellísimo arte.

Conocer, sentir y amar Ciudad Rodrigo es recordar, con cariño, a muchos mirobrigenses que han pasado a la historia de la ciudad por su activa participación en eventos tradicionales, además de ser también grandes defensores de nuestro Carnaval del Toro. Entre ellos están, sin duda, los fundadores del Bolsín Taurino, que rebosaban “farinatistmo” hasta en sus propios andares y presumieron de ello a lo largo de su vida. El Bolsín inició su andadura particular, y sus fundadores lucharon hasta conseguir que todos los mirobrigenses comprendieran y compartieran filosofía tan singular: “ayudar a los maletillas, llegados a la ciudad con ansias de torear”. Es también recordar a los Becuadros y a todos los antepasados de la Rondalla “Tres Columnas” cuando en el Teatro “Fernando Arrabal”, a ritmo de acordeón, guitarras y panderetas, presentan, en doble sesión y con lleno a rebosar, sus coplas a la ciudad. Con sus actuaciones le dicen a los mirobrigenses que se inicia el precarnaval cultural, un tiempo dedicado a las peñas y asociaciones para realizar sus pregones en este mismo lugar o en salones especiales. La rondalla nos dice cantando, con ese gracejo especial, los dimes y diretes que circulan, vía oral, por las calles de la ciudad. Nada ni nadie, ni siquiera la que les pregona, se escapa de tener un lugar reservado en el folleto coplero de este grupo musical.

Amar, conocer y sentir Ciudad Rodrigo es, ¿cómo no? vivir su carnaval. Y vivirlo junto a los mirobrigenses, para poder entender la emoción que ellos sienten al oír el “ton-ton-ton” de la Campana Gorda cuando el viernes, a eso de media tarde, se dan cita en la plaza miles de personas convocadas por la Asociación Cultural “Carnaval del Toro” para celebrar el ya famoso “campanazo”. Es este momento el pistoletazo de salida, el inicio de la fiesta grande, pues, al sonar la campana, la alegría inunda la plaza y la emoción se dispara entre multicolores serpentinas e infinidad de confetis. El griterío y la algazara de la multitud enfervorizada, que luce sus pañuelos “farinatos”, son el mejor preludio de un carnaval distinto al de cualquier lugar del mundo: el Carnaval del Toro Mirobrigense.
A partir de este momento nuestra ciudad se dispone a vivir unos días de frenética actividad, de encierros y desencierros, de capeas y festivales, de novilladas con erales y del toro del aguardiente para los más madrugadores. Las capeas nocturnas del viernes y el lunes son un éxito asegurad; la plaza, a rebosar de público heterogéneo en gustos y en edad. Cada cual vive el momento de acuerdo a sus intereses: unos, porque los toros son los que dan sentido al carnaval mirobrigense; y otros, sobre todo los más jóvenes, porque son días de jolgorio y de alegría en la fiesta más esperada, pasada la Navidad. Todos desafían el frío nocturno en los originales “tablaos”, construidos por artesanos mirobrigenses que, generación tras generación, transforman, en tiempo “record” la rectangular plaza mayor en un coso taurino provisional y, a la vez, singular.

Sentir, amar y conocer Ciudad Rodrigo es saber que la Campana Gorda, en los días de Carnaval, adquiere un protagonismo especial. Es ella la que dirige los movimientos del personal que, dentro y fuera del recorrido, se dan cita cada día, esperando que llegue la hora, la que ella misma anunciará, de comenzar el encierro. A las órdenes del campanero, persona imprescindible en fechas tan señaladas, suenan los primeros toques espaciados y sin prisa. Son los toques de llamada y de aviso a los más rezagados, anunciando que queda poco, que se acerca ya la hora de dar suelta a los toros. Estos toques de aviso se suceden un buen rato, indicando a la multitud presente en el recorrido que lo vayan despejando, pues en corto período de tiempo harán acto de presencia los verdaderos protagonistas: los toros y aquellos que corren delante, esquivando, una y otra vez, el peligro de cogida.
La gente se va colocando. Algunos buscan un sitio alejado del peligro. Otros prefieren estar en el lugar que cada año ocupan con sus amigos. Los menos puntuales se sitúan donde encuentran un hueco, entre las piernas del personal que, subido a las agujas, aguanta, pacientemente, empujones aquí y allá. Dentro del recorrido quedan aquellos que, conociendo el Carnaval, gustan de echar una carrera y sentir el vértigo de saber que el peligro está ahí.

Los que vienen para conocerlo a veces se arriesgan para vivir su propia experiencia personal y poder contar qué es lo que se siente en el Carnaval mirobrigense cuando el toro está tan cerca. Algún despistado, percatándose del peligro, corre alocadamente buscando refugio en un lugar seguro. Cada vez son más seguidos los toques de la campana. En ellos va el  mensaje de que las puertas de los corrales se abren de par en par. Ya salen los bellos ejemplares, que esperan, impacientes, encontrar el espacio adecuado para huir de tanta gente.

El sonido ininterrumpido de nuestra Campana Gorda anuncia que son las 11 en punto, la hora fijada por el Ayuntamiento para
dar comienzo al festejo. La gente se moviliza a lo largo del recorrido. En la Avenida Agustín de Foxá se oyen algunas voces: “¡Ya vienen! ¡Ya vienen!”. Muchas de las personas que aún están en el recorrido escapan del peligro. Otras tantas aguantan y  aguantan hasta que hacen su aparición tres preciosos toros que vienen abriendo paso con su carrera veloz. No hacen caso a nada ni a nadie. Se limitan a retirar todo aquello que obstaculiza la frenética carrera… y sus ansias de escapar. Le siguen, a poca distancia, la parada de bueyes jardos y cornamenta espectacular, con otro precioso toro negro como el azabache, acompañados todos ellos, delante y detrás, por numerosos corredores que quedaron descolgados de la carrera anterior.
La Campana sigue, con su son, alertando del peligro. Hay toros en el registro, en la zona que siempre será la del irremplazable “Árbol Gordo” y un poco más abajo, junto al ambulatorio. Carreras y sobresaltos, peligrosos recortes de jóvenes profesionales y algún que otro susto para los que citan al toro sin pensar que acuda raudo. Todo esto se sucede en un ambiente propio del   Carnaval que, salpicado con el humor de los disfraces callejeros y la música de charangas, se convierte en una delicia para  oriundos y forasteros.

Los bueyes, pacientemente dirigidos por los pastores, bajan desde la plaza una y otra vez para recoger a los toros que quedaron rezagados. Después de varios intentos, por fin consiguen que todos sigan a los cabestros y, enfilando hacia el Registro, entran  en la bóveda que desemboca en la calle Madrid y directamente en la Plaza. Ya no hay toros por las calles. Así lo comunica la campana con su único toque final, que permite abrir las numerosas puertas del concurrido recorrido y pasar a los viandantes. Cada día, mañana y tarde, es lo que se vive en las calles de Miróbriga. Los toros y la campana: los grandes protagonistas de encierros y desencierros, la esencia del Carnaval. Pero no todo acaba ahí. La fiesta continúa por toda la ciudad. De ello se encargan las charangas bullangueras que, a ritmo de bombo y platillo, entonan algún pasodoble o canciones para bailar.

La vida discurre estos días a un ritmo vertiginoso. Sin apenas terminar las noches carnavaleras, esa Campana, nuestra  Campana, con sus toques de llamada, anuncia la llegada de un nuevo día. No es un día cualquiera: es domingo de Carnaval, el día que más expectación genera por el espectáculo del encierro con caballos.
Miles y miles de personas se dan cita, bien temprano, en los lugares cercanos a la calle de Valhondo, la zona de la Puentecilla y la carretera de Sanjuanejo. En el campo se concentran los que no quieren perderse la estampa maravillosa que protagonizan toro, caballo y jinete, luchando de poder a poder para juntar a toros con bueyes en el recinto cerrado. Entre el griterío y el alboroto un caballo pregonero sale de estampida, anunciando a las multitudes que se pongan a resguardo. A partir de este momento la Campana suena con esos toques de peligro. Ya todo es correr: correr para protegerse, correr para situarse, correr  para detenerse, correr para amparar… correr, en definitiva, para llevar el encierro hasta la Plaza Mayor.

Llegando a la Puentecilla, muchos caballos se quedan y los demás se colocan delante o detrás de los toros, para evitar empujones, sustos o sobresaltos. El encierro transcurre así: sonidos acompasados de los cascos de los caballos; el rugir de las
garrochas que arrastran sus cantoneras por la ancha carretera; algún que otro valiente que cita de cerca al toro apoyado en los caballos… y mucha, mucha atención por parte de los espectadores.
Nuestra Campana toca y toca. Hay peligro en el recorrido: algún toro se quedó en la zona del Ambulatorio, con el riesgo añadido para mozos y caballos. Al final, unos cuantos jinetes, ayudados por los pastores, consiguen llevar a los bueyes donde se encuentran los toros y, ya reunidos todos, enfilan la carrera en dirección a la Plaza.
La Campana anuncia que ya están todos en el coso irregular del ágora mirobrigense, y con su tradicional toque final indica que ha terminado el encierro. En él se miden, sin duda, la experiencia y cordura del encerrador ya formado, el poderío y valor del caballo bien domando, la belleza y la bravura de nuestro tótem hispano.

Sentir, conocer y amar Ciudad Rodrigo es todo esto. Es vivir este ambiente. Es saber que la calle por la que suben y bajan los toros tiene gran importancia en días muy señalados del calendario anual, pero adquiere aún mayor relevancia en las fiestas de la ciudad. Es la calle que, según la tradición, por ser de las primeras calles, se llamó “Rúa Vieja”. Fue también la calle de la Tabernilla del Vino, por despachar a la gente esta preciada bebida, con permiso del Ayuntamiento, en el local que correspondería al actual nº 4. Es la calle que, a partir de 1868, pasó a ser la “Calle Madrid” y que alberga interesantes edificios, especialmente la Casa Palacio del Primer Marqués de Cerralbo, hoy de Sánchez-Abarca.
Esta casa adquiere esta tarde gran importancia. Es el lugar que vio nacer a una peña carnavalera preñada de farinatismo y con rancia solera charra. La peña Puerta del Desencierro. A esta peña debo hoy el gran honor de ser su pregonera. Fue su origen hace 38 años. Un grupo de mirobrigenses amantes del Carnaval y grandes aficionados a la fiesta de los toros, después de participar en los encierros, pensaron un lema que siguen llevando por bandera: exponer para analizar cómo ha desarrollado cada cual su carrera.

La puesta en común entre los distintos miembros se desarrollaba en el portal de Abarca, en la actualidad el número 1 de la Calle Madrid. Ya más relajados, con un buen vaso de vino, entre risas y buen humor, los peñistas sacaban a colación los sustos o los apuros que pasaban algunos de ellos cuando un toro careto apretaba en la carrera. También indicaban cómo eso no les mermaba las ganas, sino al contrario: incentivaba más el gusanillo de seguir haciendo, cada día de Carnaval, su recorrido habitual delante de los toros. Así es como nació esta peña con visos de futuro, un grupo de mirobrigenses que llevan en vena su amor a Ciudad Rodrigo, sus costumbres y tradiciones, predicando con el ejemplo a sus legítimos sucesores. Un grupo, sí señores, que conoce, siente y ama Ciudad Rodrigo, tal y como he intentado pregonar.

Ustedes, señores peñistas, tienen el mérito añadido de hacer felices, cada año, a sus porteros o porteras mayores, con el reconocimiento público en este maravilloso marco del Teatro “Fernando Arrabal” y en el posterior homenaje en plena Calle Madrid. Reconocer algo que ustedes practican es fácil para alguien que, como he dicho antes, ama todo lo que es cultura tradicional en nuestra noble ciudad.

Termino este pregón dando contestación al interrogante que dije antes y que me planteaba cuando era niña, al volver el
miércoles de Ceniza: “¿Cómo será el Carnaval en Ciudad Rodrigo?”. El Carnaval mirobrigense es Vibrar con la Campana Gorda; es Disfrutar, cada cual a su manera, de los festejos taurinos; es Colorido y Disfraz, Charangas y Bullicio por toda la ciudad y… es, ante todo, una Fiesta abierta al mundo, donde se pone de manifiesto la lealtad de los mirobrigenses a sus costumbres y tradiciones, el carácter acogedor de nuestras gentes y el talante alegre y risueño tan presente entre los nuestros. Por eso debemos atrevernos a conocer nuestra ciudad. Usted que ha escuchado este pregón, igual que la Peña “Puerta del Desencierro”, sí, usted, también en Carnaval… ¡atrévase a conocer, sentir y amar nuestra Ciudad… atrévase a conocer, sentir y amar Ciudad Rodrigo!

He dicho. Muchas gracias. ¡Feliz Carnaval 2018!

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farinato
August 18, 2018 farinato

digo yo que siempre alguien que se presente de Ciudad Rodrigo tendrá algo de ventaja [...]

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vale ya
August 18, 2018 vale ya

si yo lo voté y no sabía quien era el autor . y si soy [...]

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Observación
August 18, 2018 Observación

Hablando de Ciudad Rodrigo, términos como "poco profesional", "aficionado", "decepcionada", "sin ningún tipo de estudios", [...]

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Onifur
August 17, 2018 Onifur

Me gustan y seria deseable pintar todas esas paredes pidiendo permiso a sus dueños [...]

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