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PRIMERAS JORNADAS IGLESIA, SOCIEDAD, CULTURA. HOMBRES RELEVANTES EN OTROS CUERPOS DE SEGURIDAD DEL ESTADO, por Generoso Martín Pastor

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PRIMERAS JORNADAS IGLESIA, SOCIEDAD, CULTURA. HOMBRES RELEVANTES EN OTROS CUERPOS DE SEGURIDAD DEL ESTADO, por Generoso Martín Pastor
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Primeras jornadas Iglesia, Sociedad, Cultura. 14 de junio de 2018. Sociedad. Hombres relevantes en otros cuerpos de seguridad del Estado

Buenas tardes: Sr. Obispo, Sr. Rector, compañeros de la mesa redonda, amigos:

Iniciada mi intervención en este acto me veo en la obligación de dar una serie de explicaciones acerca de mi participación en el mismo.

Hace dos meses, aproximadamente, me encuentro con D. Juan Carlos, Rector del Seminario, en un acontecimiento coyuntural, en el que me dice su intención de organizar una celebración especial relativa a la existencia de dicha Institución en nuestra Diócesis y que deseaba contar con mi colaboración.

Le contesto en sentido afirmativo a la vez que le manifiesto, con cierto énfasis, que del Seminario de Ciudad Rodrigo “lo que me pidan”.

Pasados unos días, recibo un e.mail en el que me remite un borrador del programa de las jornadas objeto del presente encuentro que todos Vds. conocen.

Mi sorpresa fue notoria al comprobar la importancia del acontecimiento, la transcendencia del mismo y la relevancia de las personas que participaban.

Consecuencia de lo anteriormente manifestado, me entra una gran preocupación de estar a la altura de las circunstancias y el deseo de corresponder a la confianza que han depositado en mí los organizadores del acto.

Una vez dadas estas explicaciones paso a relatar mi relación con el muy querido, por mi parte, Seminario de Ciudad Rodrigo.

Ingreso en el mismo en el año 1956 a la edad de once (11) años. Permanezco cinco (5) años en el Seminario Menor y curso dos (2) años de Filosofía en el Seminario Mayor.

Pasado este tiempo tomo la decisión de no continuar mis estudios en el mismo, sin poder determinar, a estas alturas de mi vida, las razones especiales que me obligaron a adoptar semejante actitud.

En aquellos años se hablaba de la vocación sacerdotal…, de la llamada de Dios…, y otras renuncias de la vida que suponían una preocupación permanente a aquellos internos que vivíamos en el temor de Dios.

De mi estancia en el Seminario quiero dejar constancia de varias cosas.

Partiendo de la base que la disciplina era muy dura, rigurosa, cruel, a veces, para un niño interno desde los once años, las enseñanzas, formación, espíritu de sacrificio, hábito de estudio, responsabilidad, comportamiento y otras cualidades humanas iban encaminadas por los preparadores responsables a la consecución de un objetivo, la ordenación sacerdotal.

Siempre he reconocido que no era buen estudiante. No por mi capacidad intelectual, si no, mas bien, por mi escasa voluntad de sacrificio y otras circunstancias. Me costaba mucho ponerme a estudiar.

En este momento, que tengo la oportunidad de expresarlo públicamente, quiero manifestar mi profunda gratitud a D. Antonio Vicente Oreja, Prefecto de Disciplina del Seminario Menor, por la deferencia que tuvo siempre conmigo. Bien es verdad, que era párroco de mi pueblo, Martín de Yeltes y él fue quien consiguió que yo ingresara en esta bendita institución. A D. José Manuel Carballo, Prefecto de mis dos años del Seminario Mayor por idéntico motivo. Aparte de D. Cesar Sagrado Marín, Padre Espiritual en quinto curso. La verdad es que di mucha guerra. (Disciplina).

Una vez finalizados en el mes de Junio los siete años de estudios y cuando mi decisión es firme de no continuar en el seminario, me convalidan sexto curso en el Instituto y debo examinarme de Reválida que apruebo en el mes de Setiembre .

Mi padre era Secretario de Administración Local del Ayuntamiento del citado pueblo de Martín de Yeltes y me propone que estudie la carrera de Derecho, enfocada a que, posteriormente, me presente a oposiciones de Secretario.

Cuando me voy a matricular de Preuniversitario me entero que un antiguo alumno del Seminario se está preparando para ingresar en la Policía. Me explica cómo es el temario y decido presentarme a las Oposiciones del entonces llamado Cuerpo General de Policía.

Mi padre no estaba de acuerdo con esta idea, pero al final accedió, ante mi promesa que, una vez ingresado en la Policía, realizaría la carrera de derecho, promesa que nunca cumplí, si bien todos los años, en el mes de Setiembre, me preguntaba si ya me había matriculado en la Facultad. Lo que realicé, pasados unos años en la Universidad de Salamanca.

En el año 1967 ingreso en el citado Cuerpo Policial. Esperé un tiempo por la edad, 20 años edad mínima exigida para el ingreso y permanecí en el mismo hasta el año 2010, que pasé a la situación de Jubilado.

D. Juan Carlos, director de las jornadas, me sugería la idea de buscar la relación que existía de cursar estudios en los Seminarios y finalizar ingresando en los Cuerpos de Seguridad y en mi caso la Policía.

A mi juicio, sin ser un experto en sociología o estudios en esas materias, pero basado en mi experiencia considero tres razones.

Primera.- La relación directa de la forma de estudiar en el Seminario. Aprendíamos las materias de memoria; los exámenes eran orales lo cual facilitaba un poco asimilar el temario de la oposición. (Derecho y Código Penal; Procesal; Administrativo; Policial y el tercer y último ejercicio eran orales con tres temas y tiempo limitado.

En un estudio realizado en la Escuela General de Policía, con el profesor de Psicología, donde permanecíamos un año en prácticas, relativo a la procedencia de los alumnos y estudios cursados hasta el ingreso la misma, mi promoción con 150 plazas convocadas, 98 alumnos procedíamos de Seminarios o Colegios de Frailes.

Segunda.- Cuestión económica, Alumnos que en el Seminario estudiaban becados por la Diócesis, elegidos por los párrocos de los pueblos que eran los mejores de la escuela, o seminaristas que sus familias eran de bajo poder adquisitivo y no tenían posibilidades económicas de continuar una carrera

Universitaria, aprovechaban los estudios cursados en el Seminario y procuraban presentarse a Oposiciones en las que ya se exigía bachiller superior. (Policía; Prisiones; Aduanas; Fuerzas Armadas) y solucionar su medio de vida con un nivel de consideración.

Tercera.- Vocación de servicio, basado en nuestra formación, en los valores de solidaridad, ayuda a los necesitados, caridad cristiana inculcados desde pequeños.

Cuando prestaba servicio en la Brigada Regional de Policía Criminal de Barcelona y entregábamos una persona detenida en alguna Comisaría, en ocasiones, percibía con absoluta seguridad que el compañero responsable de su recepción y custodia, procedía de algún seminario por su comportamiento, la atención y el trato con el detenido, la compasión en un momento delicado de su vida.

De nuestro seminario he conocido varios compañeros que los puedo citar. Algunos han fallecido. He tenido jefes con dependencia directa Comisarios Generales, Jefes Superiores, Comisarios Provinciales que habían cursado el Bachiller en Seminarios.

En mi vida profesional he estado destinado en Madrid en el curso 1967-68, infiltrado en las Facultades de Derecho, Filosofía y Económicas. Brigada Criminal de Barcelona, cursos 1968/70 y Fuentes de Oñoro, donde conocéis mi trayectoria.

He prestado servicios especiales en Zaragoza (1971), infiltrado en Medicina donde me hice pasar por seminarista de la Pontificia, pero por razones ideológicas “progresistas” tuve que matricularme en Medicina, idea esta de mi vida de ficción como alumno, que me salvó de que me “colgaran” y descubrieran en la Facultad.

Pamplona (1980), allí me explotó una bomba al salir de la Comisaría, un milagro que saliera ileso, gracias a mi Ángel de la Guarda, en ambos casos.

Palma de Mallorca, al servicio de la Familia Real varios veranos. Juzgado de Ciudad Rodrigo en la investigación de dos muertes violentas, finalizando mi vida profesional en Salamanca en cuya Comisaría, también permanecí agregado cuando el Papa Juan Pablo II visitó esta ciudad.

Finalizo mi intervención reiterando mi entrega absoluta al Seminario. La circunstancia de desarrollar mi trabajo en Fuentes de Oñoro, me ha permitido que, en aquellos años de dificultades para cruzar la frontera todos los sacerdotes de esta Diócesis solicitaban mi intervención, para obtener el permiso correspondiente, a lo que accedía siempre con gran alegría y satisfacción.

En los primeros años de mi estancia en Fuentes de Oñoro lo visitaba con frecuencia. Todavía estudiaba un número importante de seminaristas. Los responsables del mismo Francisco Bajo Boada y Rafael García Cuadrado eran mis amigos. Con Don Juan López, ya mantenía una relación buena y creo que se alegraba de verme por allí.

Sr. Obispo, D. Raúl Berzosa, le reitero en este momento mi disponibilidad para colaborar con el Obispado en todo lo que pueda serles útil.

Gracias Juan Carlos por haberme invitado.

 

D. Generoso Martín Pastor
Inspector Jefe jubilado del Cuerpo Nacional de Policía

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