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PRIMERAS JORNADAS IGLESIA, SOCIEDAD, CULTURA. IGLESIA. EL SEMINARIO DE CIUDAD RODRIGO. OBISPOS, SACERDOTES Y LAICOS, por Nicolás Martín Matías

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PRIMERAS JORNADAS IGLESIA, SOCIEDAD, CULTURA. IGLESIA. EL SEMINARIO DE CIUDAD RODRIGO. OBISPOS, SACERDOTES Y LAICOS, por Nicolás Martín Matías
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Primeras jornadas Iglesia, Sociedad, Cultura. 14 de junio de 2018. Iglesia. El Seminario de Ciudad Rodrigo. Obispos, sacerdotes y laicos

Hace ya varios meses se nos comunicaba el propósito de destacar la fecha jubilar del 250 aniversario de la fundación de nuestro Seminario de Ciudad Rodrigo, que tendría lugar el 26 de noviembre de 2019. Somos varios los que tuvimos ocasión de celebrar también el 200 aniversario, en el año 1969. Fue una celebración sencilla, pero sincera y profundamente sentida. Se acomodó a la situación del momento. Estaba surgiendo entonces una crisis, que se agudizó en el curso siguiente 1970-1971. Hasta hubo que suspender el curso durante una larga temporada para reflexionar y dar solución a la situación conflictiva, elaborándose un Directorio para la vida del Seminario y continuar con su funcionamiento. Al terminar el curso se hizo una profunda selección, aconsejando la salida, temporal o definitiva, a más de la mitad de los seminaristas mayores, pasando el resto, nueve, a estudiar en Salamanca, bajo la tutela de un sacerdote responsable. Entonces y ahora, con las fechas jubilares de 200 y 250 aniversarios, se pretendía destacar el reconocimiento y la gratitud para una institución tan fundamental en la Iglesia Particular. Ciertamente 250 años es una historia larga, que invita a mirar su origen, la andadura realizada y el futuro que se puede prever.

1. “Seminario Consiliar”

Los mayores podemos recordar que a la misma entrada del Seminario, donde hoy figura el título de “Seminario Diocesano”, grabado en piedra, había un azulejo que trataba de identificar el edificio y pregonaba en letras azules: “Seminario Consiliar”. Solíamos decir que el artista de la escritura pudo ser andaluz y cometer en el escrito la anomalía del “seísmo”. Lo que intentaba resaltar aquel azulejo desaparecido es que este seminario era fruto de lo dispuesto en el Concilio de Trento, que el 15 de julio de 1563, en la sesión XXIII, había promulgado el decreto “Pro seminariis”, imponiendo como norma para la Iglesia Universal la existencia de seminario en cada diócesis para la formación de sus sacerdotes. Las escuelas de Catedrales y Monasterios no siempre conseguían sus intentos, por lo que era frecuente que la formación quedara en manos de un simple cura de pueblo proporcionando un nivel de preparación bajo e insuficiente. Como remedio a esta situación surgen en los siglos anteriores al Concilio de Trento los Colegios Universitarios en torno a las principales universidades europeas. Valga como cita confirmativa el Colegio de san Miguel de Bolonia, donde completaría sus estudios y ocuparía después el cargo de rector el que sería Canónigo Maestrescuelas de Ciudad Rodrigo, D. Simón Rodríguez Laso, con una actividad notable en Ciudad Rodrigo como primer secretario de la Sociedad Económica del País, creada 1780, para el desarrollo social y cultural, con una llamativa participación de clérigos entre sus miembros. De los 107 miembros que iniciaron la Sociedad Económica, 48 eran eclesiásticos, y entre ellos el Rector del seminario.
El Concilio Tridentino, dentro del amplísimo objetivo de renovación eclesial, recogió las experiencias positivas que se estaban viendo en varios lugares para darle consistencia canónica y extender la institución a la iglesia universal como el mejor camino para formar los futuros sacerdotes. No se quedaba el Concilio en legislar de modo genérico sobre los seminarios, sino que señalaba a los obispos detalles y concreciones que debían establecerse en cuanto a la vida de piedad, de formación intelectual y de acción litúrgica. El mandato del Concilio de Trento sobre los seminarios encontró, no solo en Ciudad Rodrigo, múltiples dificultades para hacerse realidad, prolongándose dos siglos sin conseguirlo. En el siglo XVI se fundan en España veinte seminarios, siendo el primero el de Burgos en 1565. En el siglo XVII surgen solamente ocho. En el siglo siguiente aparecen otros diecisiete, entre los que estaría Ciudad Rodrigo, estableciéndose en el siglo XIX otros dieciséis, completando la existencia de seminario en la totalidad de las diócesis españolas.

Los informes de visitas “ad limina” de los obispos de Ciudad Rodrigo en la larga etapa de dos siglos entre el concilio de Trento y la existencia de Seminario en su diócesis suelen reconocer y confesar la realidad de no tener todavía seminario en su diócesis, y justifican la carencia por la falta de recursos para llevar a cabo una obra tan costosa, la cercanía de Salamanca que facilita a los clérigos la formación necesaria y la existencia en el mismo Ciudad Rodrigo de varias escuelas y cátedras que podían suplir la función docente del seminario, como las del Dr. Palacios, el convento de los Agustinos, el de los Franciscanos, etc. Aunque varias veces se intentó llevar a cabo el mandato tridentino creando el Seminario, con la iniciativa clara del Cabildo, como sucedió en 1692, siendo obispo el mercedario Fr. José González, habían quedado truncadas por diversas circunstancias. Lo mismo sucedió en el pontificado del obispo José Francisco Biguezal (1756-1763), antecesor inmediato de Mons. Cuadrillero y Mota. La llegada de D. Cayetano Antonio Cuadrillero y Mota como Obispo de Ciudad Rodrigo, el 15 de octubre de 1763 fue decisiva y digna de reconocimiento. Tenía la experiencia positiva de la formación recibida en el seminario de san Froilán de León y en el colegio del Salvador de Oviedo en Salamanca, donde estudió tres años como becario. Graduado como doctor en teología, obtuvo la canonjía lectoral de Orense en 1752, pasando cuatro años después a ser canónigo magistral de León, sumándole conjuntamente la dignidad de tesorero. Había nacido de en 1724 en Pozuelo de Vadija, diócesis de León. Su hermano Francisco fue obispo de Mondoñedo, José fue arcediano de Camaces en la catedral de Ciudad Rodrigo, quedando únicamente su otro hermano, Domingo, como heredero de la casa y del mayorazgo, ya que sus tres hermanas fueron religiosas. Mons. Cuadrillero fue trasladado como Obispo a León en 1777, donde murió en 1800.

2. Poniendo los cimientos para realizar el mandato de Trento: Mons. Cuadrillaro y su mayordomo D. Ramón Pascual Díaz

Celebrar el 250 aniversario de la fundación del Seminario de Ciudad Rodrigo hace imprescindible unas breves pinceladas de quien asumió la responsabilidad de poner en marcha esta institución básica en la vida diocesana, el Obispo D. Cayetano Antonio Cuadrillero y Mota, y de un colaborador eficaz D. Ramón Pascual Díaz. Llevaba solamente seis meses en Ciudad Rodrigo, cuando Mons. Cuadrillero comunica al Cabildo su decisión de acometer la tarea de fundar el seminario. Encontró la felicitación y el apoyo del Cabildo, con la oferta de ayudarle económicamente, y con otras ayudas particulares de capitulares (el chantre Pedro Serrano, el maestreescuela Francisco Moro Pavón, el canónigo Francisco García Martín), así como la de otros bienhechores, y el apoyo y la generosa colaboración del Ayuntamiento. El Obispo Cuadrillero y Mota realizó numerosas edificaciones en la diócesis civitatense, pero, sin duda, la más decisiva y en la que ha perdurado el conocimiento de su nombre y su obra más relevante, fue la fundación del Seminario de San Cayetano.

Como primer paso se imponía preparar el edificio material, adquiriendo sucesivamente varios solares de casas destruidas en las cercanías de la catedral desde 1706 en la guerra con Portugal. El obispo encomendó los planos y la construcción de esta parte inicial al arquitecto Juan de Sagarbinaga, que trabajaba entonces en la ciudad y que gozaría de la confianza episcopal para recibir la encomienda de las numerosas obras que emprendería en nuestra diócesis. Consta que colaboró en esta obra como en otras muchas el que fuera después canónigo en Ciudad Rodrigo, D. Ramón Pascual Díaz. Había llegado a Ciudad Rodrigo, recibidas ya las órdenes menores, acompañando a D. Cayetano Cuadrillero para ser su mayordomo y secretario particular. En esta obra, como en otras en las que tuvo una responsabilidad más directa, se mostró la confianza del prelado en la pericia de su mayordomo. Aparece representando al obispo en algunas escrituras de compra y en algunos juicios. Probablemente recibiría el presbiterado en Ciudad Rodrigo y puede ser considerado como incardinado canónicamente a nuestra diócesis y calificado como actor importante en la historia de Ciudad Rodrigo. Se le conoce ordinariamente como el “canónigo estuquista”, ya que se considera introductor del estuco en España como material de construcción. Él mismo pudo observar y tomar nota del modo de proceder utilizado por unos artistas italianos traídos por el obispo para realizar el retablo en la capilla del Seminario, siguiendo con detalle la construcción, ya que los materiales y el dinero solían pasar por sus manos. Don Ramón Pascual Díaz, concorde con el pensamiento ilustrado de la época, conecta con los maestros en arte de la época, como Antonio Ponz, que recoge en su amplia obra “Viaje a España” (1788) la carta íntegra informativa enviada por el canónigo estuquista de Ciudad Rodrigo, criticando duramente el barroco y el churrigueresco precedentes. No es lugar de ampliar aquí la información que merecería Ramón Pascual Díaz y la actividad constructiva que desarrolló, pero es indispensable citar el título de su famoso librito: “El arte de hacer estuco jaspeado o de imitar los jaspes a poca costa” (Madrid, 1785), editado y explicado por J. R. Nieto en la nueva edición de 1988. Su labor, como la de su compañero de Cabildo, Simón Rodríguez Laso, influyó notablemente en la renovación social que traían los tiempos nuevos, y que asumía la política religiosa llevada a cabo por Carlos III y el Conde de Floridablanca.

3. Algunos frutos del Seminario en el campo concreto de IGLESIA: Obispos, sacerdotes, laicos

Así se ha señalado el apartado, que tenemos encomendado D. José Sánchez y yo, en estas primeras jornadas con motivo del 250 aniversario de la fundación del Seminario San Cayetano de Ciudad Rodrigo. Se podría pensar que es la actividad total y plena del seminario, ya que se trata de una institución básica, como se deduce del decreto del Concilio de Trento y del decreto “Optatam totius” del Vaticano II sobre la formación sacerdotal, que afirma en su conclusión “siguiendo la obra comenzada en el Concilio de Trento”. (OT, 22)

Hay que tener en cuenta que el Seminario tiene la finalidad propia de formar sacerdotes, sin que se hable de los otros dos grados del ministerio ordenado, obispos y diáconos. Pero tanto los obispos, que fueron sacerdotes salidos del seminario, como algunos laicos, que fueron alumnos y no llegaron a recibir la ordenación sacerdotal, pueden tener íntima relación con la formación propia del seminario. De ahí el triple apartado establecido para hacer alguna aproximación a los frutos de nuestro seminario de Ciudad Rodrigo en el campo eclesial

3.1. Obispos

Dos alumnos de nuestro seminario han recibido el episcopado, la plenitud del ministerio ordenado, con la misión propia que le señala la Iglesia. Esto honra a nuestra Diócesis, al presbiterio y al seminario. Hay que confesar y alabar con satisfacción que ellos no han perdido nunca el recuerdo, la estima y el agradecimiento al Seminario de Ciudad Rodrigo, donde vivieron sus primeros años de formación; pero con sinceridad y humildad hemos de comprender que, sin dejar de ser seminaristas de Ciudad Rodrigo, como siempre se consideraron y donde continuaron sus condiscípulos, ellos realizaron los estudios teológicos en la Universidad Pontificia de Salamanca, con el nivel científico que le es propio, y, principalmente, pasaron a realizar pronto sus actividades pastorales en otros ambientes muy distintos a los que caracterizan este pueblo nuestro y esta tierra del oeste salmantino. La elección para el episcopado les llegó en países extranjeros, lejos de Ciudad Rodrigo, donde estaban testimoniando admirablemente su actividad eclesial. Con toda verdad se les puede considerar hombres de Iglesia.

• D. José Sánchez González

Infancia, formación y ministerio ordenado. Nacido en Fuenteguinaldo el 30 de octubre de 1934. Su apellido Sánchez, como tantos guinaldeses, confirma sus hondas raíces genealógicas en aquel lugar. Después de sus estudios en la escuela de su pueblo, ingresa en el Seminario de Ciudad Rodrigo, donde cursa sus estudios de Humanidades (1945-1950), Filosofía (1950-1953) y primero de Teología (1953-54), pasando a la Universidad Pontificia de Salamanca, donde completa los tres cursos restantes de Teología (1953-57) y amplía su formación con el bienio de Derecho Canónico (1957-59), obteniendo el título de licenciado en ambas especialidades. Recibe el presbiterado en Salamanca el 5 de abril de 1958 y realiza un año de pastoral complementaria y práctica en Ciudad Rodrigo (1959-1960), colaborando en varias parroquias o realizando otras actividades que se encomendaban.

Actividad pastoral en Alemania. En 1960 marcha, con la autorización del Obispo, a Alemania con otros dos compañeros sacerdotes diocesanos de Ciudad Rodrigo. La emigración creciente requería el acompañamiento de la Iglesia. Eran años en que muchos de nuestros pueblos se quedaban diezmados. Los países industriales de Europa eran imán de atracción para las zonas rurales de España. Suponía para el emigrante dejar la familia, salir de su tierra con la pesada maleta de madera y emprender la aventura de viajar a otro mundo con las dificultades enormes que llevaba consigo. Durante 20 años en Alemania, D, José se especializó en emigración en el libro diario de la vida. Tuvo muy diversas actividades: Coadjutor en parroquias alemanas, Capellán de emigrantes españoles, Delegado de Capellanes en Alemania,.. Hasta tuvo ocasión de actualizar su formación científica en la Universidad de Tubinga, escuchando las lecciones de profesores tan famosos como Han Küng y Ratzinger, y participó en el Sínodo de las Diócesis alemanas. Sus conocimientos teológicos pueden comprobarse en la introducción que escribió para el libro de Juan José Hernández Alonso “Jesús de Nazaret”

Actividad episcopal. Así andaba Don José, con sus 55 años, bien aclimatado y dedicado a su labor eclesial y social en Alemania, cuando el 15 de enero de 1980 fue designado por Juan Pablo II como obispo titular de Rubicón y Auxiliar de la diócesis de Oviedo. La noticia se celebró con gran alegría en la diócesis de Ciudad Rodrigo y más en su pueblo de Fuenteguinaldo. Su padre estaba ya muy delicado y se agotaría su vida unos día antes de la ordenación episcopal de D. José.

Desde el 19 de marzo de 1980, en que recibió la ordenación episcopal, hasta el 11 de septiembre, en que fue nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara, desempeñó la tarea de Obispo Auxiliar de Oviedo, donde encontró una acogida muy positiva por el Obispo Titular, D. Gabino, de quien recibió la ordenación episcopal, como por el presbiterio y por las comunidades parroquiales. En Sigüenza-Guadalajara ha desempeñado su misión episcopal hasta pasar a Obispo Emérito a primeros de abril de 1911. Aunque no ha faltado algún contratiempo en estos once años en la Mancha, ha recibido patentes alabanzas. Ahí queda el testimonio de los dos libros que le ha dedicado la Diócesis, publicando sus homilías y sus cartas en dos tomos con el título de “Servicio al Evangelio”, y el reconocimiento de sus 25 años de labor episcopal con “Retrato de un Obispo”, donde se recogen cincuenta testimonios de muy diversas personas relacionadas con él. Desde que pasó a Obispo Emérito reside en su pueblo de Fuenteguinaldo, como uno más de los jubilados que regresan a convivir en su tierra y entre sus gentes, con sus carencias y limitaciones, es verdad, pero con valores y atractivos innegables. Desde aquí presta la colaboración posible a los sacerdotes que atienden esa zona pastoral, principalmente en la celebración de la Misa Dominical, con frecuentes salidas para atender otros servicios que le solicitan desde sitios más lejanos. No debe extrañarnos su actitud, porque el lema que pregona su escudo episcopal es “servir”. Brevísima ciertamente la expresión, pero con una trayectoria inagotable.

Además de la tarea pastoral que lleva su misión episcopal en Oviedo y en Sigüensa-Guadalajaras, D. José ha desempeñado otras tareas supradiocesanas encomendadas por la Conferencia Episcopal Española o por Santa Sede. Dada su experiencia ha estado ligado casi continuamente a la Comisión Pastoral de Migraciones, bien como presidente o como miembros de la misma. También fue nombrado como miembro del Pontificio Consejo para la Migraciones en 1995 y del Pontificio Consejo para las Comunidades Sociales en 1999 por el Papa Juan Pablo II. En l993 fue elegido por el pleno de la Conferencia Episcopal Secretario General de la misma, cesando en 1998.

Sus numerosas actividades han tenido el reconocimientos importantes como la “Medalla de la República Federal Alemana”, otorgada por el Gobierno Alemán en su embajada de Madrid, y “Medalla de Honor de la Emigración”, otorgada por el Ministerio de Trabajo e Inmigración el 14 de noviembre de 2011), en la Fundación Pablo VI.

• Don José González Alonso.

Infancia y formación. Sobradillo, pueblo de nuestra Diócesis de Ciudad Rodrigo, fue el lugar de su nacimiento y de su infancia. La tradición religiosa de la parroquia puede deducirse de las cuatro ermitas existentes en el pueblo, sumadas a la hermosa iglesia parroquial. El P. Agapito de Sobradillo, fraile capuchino profesor en Universidad Pontificia de Salamanca, y los Padres Ramiro y Alejandro, también capuchinos, martirizados en Madrid en la guerra civil española y beatificados en 13 de octubre de 2013 en Tarragona, así como otras numerosas vocaciones sacerdotales y religiosas, hablan de la religiosidad histórica y de época más recientes.

José González Alonso nació el 12 de julio de 1940. Su formación escolar la recibió en su pueblo natal, ingresando en el Seminario de Ciudad Rodrigo en 1952, donde realizó los cursos de Humanidades y de Filosofía. Su vocación de ayudar a las diócesis más necesitadas surge ya en esta época y le anima a ponerse a disposición de Obra de Cooperación Sacerdotal Hispano Americana (OCSHA), ingresando en Colegio Mayor que esta obra tenía en Salamanca, realizando los estudios de teología en la Universidad Pontificia y obteniendo el título de licenciado en esa especialidad. Recibió la ordenación presbiteral en Ciudad Rodrigo el 29 de junio de 1964, quedando incardinado en la Diócesis Civitatense y marchando un año después como misionero a Brasil, a la diócesis de Cajazeira,

Su actividad sacerdotal y episcopal. Al llegar a Brasil estuvo encargado como formador en el Seminario Diocesano, siendo nombrado después párroco de Sao Bento y Paulista, durante cuatro años. Una enfermedad le hizo regresar puntualmente a España para ser operado, volviendo nuevamente a Brasil en 1969, ahora a la Archidiócesis de Teresina, a la parroquia de Uniao, donde estuvo quince años. La fundación en Teresina de un Seminario Mayor Interdiocesano motivó su nombramiento como rector, con una actividad intensísima, llegando a tener doce clases diarias y siendo el único responsable en la formación de los seminaristas durante siete años. Cuando pudo contar con otro colaborador en el seminario, fue designado Obispo Auxiliar de Teresina, a finales de 1994, pasando más tarde, en junio de 2001, a ser nombrado Obispo de Cajazeiras, una diócesis de 600.000 habitantes y de 15.000 Km cuadrados. En la Conferencia Episcopal Brasileña ha colaborado como miembro de la comisión encargado de la familia. Allí ha cumplido sus cincuenta años de sacerdocio, viniendo a celebrarlos también en nuestra diócesis de Ciudad Rodrigo. Al cumplir los 75 años de edad, presentada la renuncia, fue aceptada el 16 de septiembre de 2015, pero ha continuado con su actividad misionera, trabajando como párroco en Brasil, en Joao Pessoa, capital de estado de Paraiba, a unos 500 Km. de Cajazeiras.

Hay que reafirmar que Don José González Alonso es un destacado hombre de Iglesia, que salió de nuestro seminario y ha gastado y entregado su vida por el anuncio del evangelio.

• Los obispos diocesanos y el seminario

Aunque los obispos civitatenses no sean fruto de nuestro Seminario, no puedo menos de recordar que han mostrado una valoración primordial a la misión del Seminario y han procurado cuidarlo y favorecerlo con todas sus fuerzas. En estos 250 años se ha cumplido con toda verdad el tópico de que “el seminario es el corazón de la Diócesis”, especialmente para el Obispo. No me atrevo a añadir más. Sería una materia amplísima y muy digna de ser conocida y estimada.

3.2. Sacerdotes

Me encuentro perplejo al enfocar esta apartado. Sin duda que todos los sacerdotes son el fruto más característico del Seminario, como pretendía el decreto tridentino “Pro Seminariis”, continuado por la promulgación del “Optatam totius” del Concilio Vaticano II, sobre la formación sacerdotal y los documentos eclesiales posteriores. No puedo menos de confesar que lo que diga en este apartado y en el siguiente lo hago por ceñirme al tema encomendado y que no supone ninguna selección ni escala, sino simplemente proponer algún nombre, pero sin posponer a nadie, y con la certeza de que los criterios personales en esta materia son claramente criticables y rechazables.

• Los primeros pasos de la vida del Seminario

El seminario se inauguraba con 12 alumnos, pero la vitalidad de su nacimiento haía que al curso siguiente tuvieran ya 99. No tardarían las dificultades. Según D. Mateo Hernandez Vegas, apenas trasladado Mons. Cuadrillero a León, surgen los primeros disturbios en la vida del seminario, en la etapa de sede vacante, al dejar de observarse las constituciones y de observarse la disciplina. Desde León interviene Mons. Cuadrillero y llega la normalidad con la expulsión de los doce alumnos más díscolos.

• La actuación religiosa y patriótica de los eclesiásticos en la guerra de la Independencia.

Los eclesiásticos civitatenses tuvieron un papel significativo en la defensa de la ciudad sitiada (1808-1810) por los ejércitos franceses. La formación de la Junta de Armamento y Defensa, protagonista en aquel momento guerrero hasta la venida de Herrasti y una ayuda destacada después, estaba formada por 35 miembros, de los que 17 eran eclesiásticos, 14 militares y 4 profesiones civiles. Es un detalle de los criterios existentes en las autoridades y en el pueblo sobre la valoración de los clérigos, con las virtudes de honradez, de valor y de religiosidad, que eran fruto de la formación que habían adquirido y cultivado en el Seminario.

Permanecen vivos en la memoria general los nombres del Deán Aparicio, de José María del Hierro, beneficiado de San Andrés y después canónigo, del doctoral Alvillos…, y, sin ser miembro de la Junta, de Don Pedro Guzmán, vicerrector del Seminario, y de varios de los frailes del convento de San Francisco y del de San Agustín. Fácil es suponer que se ejercieron sobre ellos los correspondientes castigos, deportaciones, represiones, destierros…, al dominar los franceses la ciudad.

• Ciudad Rodrigo sin presencia episcopal con la amenaza de la supresión de la Diócesis (1843-1867)

Vendría en el ecuador del siglo el proyecto de Concordato entre España y la Santa Sede, que se firmaría 1851, en el que desde los primeros momentos se proponía la supresión de la Diócesis de Ciudad Rodrigo para quedar unida a la de Salamanca. Supuso ciento quince años de temor y angustia ante el plan de que llegara a ser realidad lo proyectado desde la preparación del Concordato y reducir los setecientos años de vida diocesana a los archivos y al recuerdo. Especialmente complicados fueron los años en que Ciudad Rodrigo estuvo regida por Vicarios Capitulares, (1843-1867), sin ninguna presencia episcopal, D. Ignacio Sandalio Buitrago, que pasó a ser Deán en Salamanca, y D. Vicente Higueras, Vicario Capitular durante 14 años, que llevó a cabo la restauración la iglesia del Seminario en 1862, donde han quedado sus iniciales (V – H), escoltando la fecha de restauración. Consta que la diócesis cuidó especialmente el funcionamiento del Seminario. Cuando el Obispo de Salamanca, D. Anastasio Rodrigo Yusto, es nombrado Administrador Apostólico de Ciudad Rodrigo, critica duramente la situación de la Diócesis e incluso la actuación de D. Vicente Higueras, imponiendo como condición, para aceptar la encomienda de ser Administrador Apostólico, que se le conceda a ese vicario capitular una dignidad en otra catedral que lo traslade a otra diócesis, como sucedió realmente designándolo arcediano de Lérida. Mons. Rodrigo Yusto escribe: “Si el seminario se encuentra en estado regular con relación a la diócesis es debido a que el Sr. Higueras ha dejado obrar al Sr. Casanueva como Rector…”. El Administrador Apostólico dice del Dr. Casanueva, al que nombra gobernador en sus ausencias, que es el mejor eclesiástico del Cabildo.

• Los obispos de Salamanca son nombrados Administradores Apostólicos de Ciudad Rodrigo (1867-1884).

Colaboraron muy eficazmente con estos Administradores Apostólicos dos presbíteros: Don Deogracias Isidoro Casanueva y D. Rosendo Miguel del Corral. El primero de ellos había nacido en Ledesma y estudiado en Salamanca. A Ciudad Rodrigo vino como canónigo magistral y desempeñaría una labor muy positiva, ocupando los cargos de Rector del Seminario, Deán de la Catedral y Vicario General. La amenaza de supresión de la Diócesis de Ciudad Rodrigo movía todos los resortes posibles, en el Cabildo Catedral y el Ayuntamiento, repitiéndose los memoriales y las reclamaciones enviadas al Ministerio de Gracia y Justicia, al Nuncio, incluso al Reina Isabel II y al Papa Pío IX, a fin de inclinar la balanza a favor de la permanencia de Ciudad Rodrigo como Diócesis independiente. Especial relevancia entre otros muchos documento reivindicativos, alcanzó la “Memoria Histórica de la Catedral de Ciudad Rodrigo… con una ligera reseña de las glorias políticas y militares de esta plaza”, preparada por los canónigos Casanueva y Miguel del Corral, que estamos citando, juntamente con el canónigo D. Cristóbal Fernández Hidalgo, editada en 1857, que contó con la adhesión del Ayuntamiento, Arciprestes, Seminario, Clero, etc., alcanzando una gran difusión.

De los tres obispos de Salamanca, que fueron también Administradores Apostólicos de Ciudad Rodrigo, merece resaltarse respecto el Seminario la actuación del último de ellos, Mons. Narciso Martínez Izquierdo, ampliando y mejorando el edificio, adquiriendo los elementos necesarios para el estudio de la física y la historia natural, con el fin de beneficiar los estudios de Segunda Enseñanza en la juventud de la comarca, previendo frutos abundantes. En 1877, en el informe de la Visita ad Limina, refleja la existencia de 60 alumnos internos y muchos más externos, facultando que los párrocos puedan impartir las enseñanzas de latinidad en sus pueblos, con examen en el Seminario, y creando en 1878 el Patronato de San José con el fin de puedan cursar sus estudios en el Seminario algunos jóvenes, que carecen de medios económicos. El mismo Mons. Martínez Izquierdo fundó en estas mismas fechas el Colegio de San Cayetano, como institución de Segunda Enseñanza, que potenció innegablemente los frutos del Seminario en esta zona del oeste salmantino para toda la población.

Sería imperdonable no hacer alguna referencia a la actividad intensa desarrollada por D. Santiago Sevillano Sánchez en estos años del final del S. XIX y comienzos del XX. Aunque no se pueda considerar literalmente como fruto del Seminario de San Cayetano, su actividad contribuyó claramente a que este seminario diera abundantes frutos en aquellos años. D. Santiago Sevillano nació en Villares de Yeltes, que entonces pertenecía a la Diócesis de Salamanca, en cuyo seminario conciliar central realizó todos sus estudios entre 1857 y 1872, obteniendo los grados de licenciado en Teología y Doctorado en Cánones. En 1876 fue nombrado canónigo doctoral de Ciudad Rodrigo, vice-rector con oficios de rector de este seminario, director del Colegio de San Cayetano y profesor de distintas asignaturas. Mons. Mazarrasa lo nombra en 1885 Provisor y Vicario General y en 1886 rector del seminario, recibiendo también el nombramiento de deán de la catedral en 1905. En 1907, a la muerte de Mazarrasa es elegido Vicario Capitular, siguiendo con el cargo de Deán. No es posible reflejar en este momento las múltiples actividades que desarrolló en Ciudad Rodrigo, especialmente en el Seminario, posibilitando un funcionamiento lleno de frutos. En el Boletín Diocesano de aquellos años han quedado una serie de artículos con el título de “Apuntes de teología pastoral”, que pertenecen a D. Santiago Sevillano aunque no lleven firma Murió en Ciudad Rodrigo el 30 de diciembre de 1911.

• Citando algunos nombres, a modo de ejemplo, en los fruto del Seminario

Ya he advertido lo enojoso de la cuestión, pero parece imprescindible no quedarse en generalidades y ofrecer alguna concreción, suplicando la comprensión correspondiente.

Don Domingo García Velayos. Nació en Ciudad Rodrigo el 9 de abril de 1815 y perdura su nombre en la calle que se le dedicó en 1906. Realizó los estudios eclesiásticos en el seminario de Ciudad Rodrigo, pasando después a obtener el doctorado en la universidad de Salamanca. Desarrolló su vocación pedagógica en Salamanca, creando una escuela de párvulos en 1843 en la llamada escuela de San Eloy de los plateros. Los que han estudiado su obra, admiran sus cualidades personales para esta pedagogía infantil.

Dejó esta actividad tan floreciente, al ser solicitado para acompañar a un familiar suyo, D. Francisco Fleix y Solans, que había sido nombrado obispo de La Habana. Poco después de su llegada, a finales de 1846, recibió las ordenes mayores celebró su primera misa en el convento de Santa Teresa, en La Habana, ostentando el cargo de secretario de cámara y gobierno de La Habana. Consiguió por oposición la canonjía de penitenciario de en la catedral de La Habana, recibiendo posteriormente la dignidad de arcediano en aquella catedral.

A pesar de la distancia del lugar de nacimiento, su generosidad y acción bienhechora llegó a Ciudad Rodrigo. Poco antes de embarcarse para la Habana había fundado y dirigido una escuela de párvulos en Ciudad Rodrigo. También demostró su bondad y su interés por la pedagogía con la donación de 25.000 pts. para ayudar la construcción de las escuelas públicas en el arrabal de San Francisco en 1883. En la inauguración solemne del grupo escolar se hizo constar repetidamente la generosidad del Dr. Velayos y sus principios prácticos en la pedagogía.

Murió el Dr. Velayos en 1889 y legó a la catedral de Ciudad Rodrigo un cáliz, un juego de vinajeras y una casulla. Dejó sus libros al seminario de La Habana, excepto una obra manuscrita, titulada “Consejos a un obispo”. Cuidó de repartir también parte de sus bienes a sus sirvientes y a instituciones de beneficencia. Al Hospital de la Pasión de Ciudad Rodrigo le legó también una importante cantidad y está conmemorada su acción caritativa en la lápida que se muestra en la iglesia de dicho hospital. Un sacerdote, salido de nuestro seminario, destacado en el servicio de la Iglesia

Don Rosendo Miguel del Corral. Nació en Lumbrales en 1819 y estudió en el Seminario Diocesano de Ciudad Rodrigo y en diferentes centros de estudios superiores. Desempeñó como cargos eclesiásticos: Párroco de Sobradillo, Canónigo Doctoral y Provisor de Ciudad Rodrigo, Juez Auditor del Tribunal de la Rota… Publicó en 1859 el discurso leído en la Universidad Central de Madrid en el acto solemne de recibir la investidura de doctor en jurisprudencia sobre La doctrina de la Iglesia y razones de utilidad en favor de la indisolubilidad de matrimonio.

Al adquirir noticias sobre su persona, la información electrónica lo cita como relacionado con la obra “Fondo de Música Tradicional”, en el que recogen dos canciones religiosas, “A Jesús Redentor” y “Cantiga a Nuestra Señora”, sin que pueda precisar si se debe a ser autor o simplemente transmisor. Murió en Lumbrales el 28 de abril de 1897. En Lumbrales perdura su memoria en el nombre de una de sus calles.
• Don Isidro Martín Gavilán

Me he decidido a seleccionar este nombre por el interés que siempre demostró por la Diócesis de Ciudad Rodrigo y su catedral. Con toda verdad se le puede considerar un destacado hombre de la Iglesia Particular, fruto de la labor institucional de nuestro seminario.

Nació en Cabrillas en 1877. Desde 1891 hasta 2004 realizó sin interrupción sus estudios, primero como alumno interno del Seminario de Ciudad Rodrigo del seminario de Ciudad Rodrigo, y después, los dos últimos años señalados en la Universidad de Salamanca, obteniendo el título de doctorado en teología y el de licenciado en derecho canónico. Recibó el presbiterado en 2003 y, después de cinco meses como ecónomo de Saucelle, con la oposición previa correspondiente fue nombrado canónigo doctoral de la catedral de Ciudad Rodrigo en junio 1906. Ocupó numerosos cargos diocesanos: Examinador Sinodal, Vocal del Consejo de Administración Diocesana, Juez Prosinodal, Consiliario de los hombres de Acción Católica, Fiscal Diocesano, así como miembro de Tribunal en varias oposiciones a canonjías y concursos a parroquias. En los pontificados de Mons. Vidal y Bullón y en de D. Silverio Velasco, fue encargado de la Diócesis en ausencias y enfermedades. A fallecimiento de D. Silverio Velasco en 1927 fue elegido por el cabildo Vicario Capitular por un espacio que duró un año y medio. A la muerte del Obispo D. Manuel López Arana en 1941, el Cabildo Catedral lo eligió Vicario Capitular el 31 de diciembre, ejerciendo ese cargo hasta abril de 1946.

Desde 1930, con ausencia permanente del Deán titular, ejerció el cargo de presidente del cabildo, siendo nombrado Provisor y Vicario General en el pontificado de D. Máximo Yurramendi y D. Jesús Enciso, aparte de ejercer como Vicario Capitular en las vacantes en cuatro ocasiones. Además de la labor general de gobierno que ejerció D. Isidro en Ciudad Rodrigo, fue preferentemente profesor de moral en el seminario y desempeñó múltiples encomiendas en otros servicios diocesanos. Pero merece destacarse su labor incansable en trabajar para que la diócesis de Ciudad Rodrigo no quedara suprimida como proyectaba la preparación del Concordato de 1851. Especialmente en los cuatro años y medio en que fue Vicario Capitular en la vacante producida al fallecimiento de Mons. López Arana, viajó a Madrid, visitó a los organismos civiles y eclesiásticos responsables en el tema, buscó el apoyo de personas influyentes y, se puede decir, que dejó el camino preparado para que en diciembre de 1949 se diera la aprobación de reconocimiento para que la diócesis de Ciudad Rodrigo adquiriera la normalización jerárquica que le correspondía, siendo nombrado el 2 de febrero de 1950 Obispo de Ciudad Rodrigo. Con multitud de detalles, D. Isidro dejó escritos en el Boletín Oficial del Obispado lo que tituló “Datos para la historia de la catedral de Ciudad Rodrigo”, donde dejó consignado su espíritu en la última frase que precede a la firma: “Como hijo fiel y sumiso de la Santa Iglesia y amante fervoroso de Ciudad Rodrigo”.

D. Isidro Martín Gavilán murió el 17 de noviembre de 1962. En D. Isidro hay que recordar también la idea arraigada que tenía de que la catedral tuviera un retablo digno. Dejó todos sus bienes en una fundación que se conoció con el nombre “Fundación del retablo y deán de la S. I. Catedral”. Los testamentarios comprobaron que lo pretendido por D. Isidro era una utopía irrealizable y se vieron obligados a dar a su testamento la interpretación apropiada y adaptarlo a finalidades realizables.

• Don. Benedicto Hermógenes García Comerón.

Nació en Lumbrales el 12 de diciembre de 1891. Realizado sus primeros estudios en su pueblo natal, pasó al Seminario de Ciudad Rodrigo, donde cursó los años de Latinidad y de Filosofía. Fue enviado a Roma para cursar los años de teología en el Colegio Español, donde obtuvo en la Universidad Gregoriana el Doctorado en Teología y el Bachiller en Derecho Canónico. En Roma recibió el presbiterado, de manos del Cardenal Merry del Val el 14 de marzo de 1915.

Desde el año siguiente, 1916, fue profesor del Seminario Diocesano en diferentes asignaturas. Después de laguna brevísima tarea parroquial, como coadjutor de Villavieja de Yeltes, fue designado en 1926 ecónomo de San Andrés de Ciudad Rodrigo, sin dejar de ejercer como profesor del seminario, destacando tanto en la actividad pastoral como en la docente según el reconocimiento expreso de feligreses y alumnos.

El 31 de agosto de 1936, en los comienzos mismos de la guerra civil española, fue fusilado en la carretera de Santander, en el término de Vargas. Se había trasladado allí con motivo de paliar su enfermedad con las aguas medicinales. Dadas las circunstancias evidentes de su muerte, es considerado como mártir, muerto in odium fidei, y se han dado los primeros pasos para su beatificación junto a otros cuatro sacerdotes de nuestra diócesis de Ciudad Rodrigo, que también recibieron la muerte en aquel momento de persecución religiosa. Los restos de D. Benedicto García Comerón, debidamente identificados, fueron trasladados a Ciudad Rodrigo y se depositaron en la catedral de Ciudad Rodrigo, en la capilla de la Virgen del Pilar.

• Otros nombres

Del Seminario San Cayetano de Ciudad Rodrigo han salido muchos sacerdotes que han ejercido si ministerio en los más diversos lugares. Hay que reconocer que ha sido una diócesis rica en vocaciones sacerdotales y religiosas. Algunos nombres adquieren una relevancia singular. Puede ser materia de consideración para otros capítulos, como ya se indicaba en los primeros proyectos de celebración de la fecha jubilar del 250 aniversario del Seminario: misioneros, profesores, capellanes, músicos, labor pastoral… Aunque había pensado mencionar algunos nombres, me ha parecido más prudente no entrar en ese campo inabarcable, dejando la posibilidad de entablar las listas a los recuerdos y a los criterios personales.

3.3. Laicos

Son muchos los alumnos que han pasado por el seminario sin llega a participar del sacerdocio si no tomaron la decisión de pasar a la vida laical. En nuestro seminario de Ciudad Rodrigo se acrecienta esta realidad, ya que existió expresamente la sección de alumnos que formaban el Colegio San Cayetano de Ciudad Rodrigo. Marcar una selección de laicos que destaquen en la vida eclesial aumenta la dificultad que ya se presentó en el apartado anterior, al tratar de los sacerdotes y hay que confesar la falta de fiabilidad, al no tener el conocimiento preciso de las personas por haber escogido caminos muy variados y desconocidos. Recojo el testimonio de D. Mateo Hernández Vegas, al hablar de este Colegio en el Seminario: “Gracias a esta (circunstancia) nuestro seminario no ha sido solamente un seminario de sacerdotes, sino también un seminario de todas las carreras y profesiones… Logró reunir bajo un mismo techo y estrechar en un solo abrazo de caridad cristiana a ricos y pobres, sacerdotes y seglares. Lo que una institución de este género significa para una población como Ciudad Rodrigo, dijimos en otra ocasión, ni es necesario ponderarlo ni habrá uno solo que lo ponga en duda”.

No es extraño que el Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, en las diversas reivindicaciones que se hicieron en la etapa larga de amenaza de supresión de la Diócesis, insistiera constantemente en la conservación del Seminario. El Concordato preveía la posibilidad de que no se suprimiera, pero parecía conveniente la insistencia para evitar peligros. La petición, que se repite repetidas veces es: “Que se nombre obispo auxiliar para esta ciudad y se conserve el Seminario Conciliar como de utilidad pública”.

• Algunos nombres a modo de ejemplo

Don Leonardo-Jesús Domínguez Sánchez-Bordona es un experto destacado de las letras y de la historia literaria. Nació en Ciudad Rodrigo el 6 de noviembre de 1889. Cursó los años de bachillerato en Colegio de San Cayetano de Ciudad Rodrigo, continuando su formación universitaria en Salamanca y ampliándola en Madrid, donde obtiene la titulación del doctorado en Filosofía y Letras en 1912, ingresando en 1913 en el Centro de Estudios Históricos, que pretendían renovar los conocimientos de la cultura española en todas las vertientes.

Además de escribir poesía y artículos históricos y literarios en sus años jóvenes, fueron conocidas sus colaboraciones científicas en varias revistas españolas, alemanas y portuguesas, así como sus artículos y comunicaciones en los periódicos salmantinos y mirobrigenses.

Como facultativo del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos trabajó primero en la Biblioteca Universitaria de Oviedo en 1915, logrando el traslado dos años después a la Biblioteca Nacional de Madrid y pasando a los dos años a la sección de manuscritos de esa biblioteca. En 1931 fue nombrado director de la Biblioteca del Palacio Real de Madrid e impulsó la publicación del Catálogo de Manuscritos de América y del Catálogo de Grabados. Fue distinguido en 1934 por la Academia de la Historia con el premio de Talento de la Historia,

Son muchísimos los libros que tiene publicados, resaltando las ediciones y comentarios de obras de literatura clásica, como “Alfonso X el Sabio” y sobre la prosa castellana del siglo XV. Publicó y comentó la “Obras de Cristóbal de Castillejo. Fue un erudito extraordinario en el conocimiento de la miniatura, con la publicación de importantes obras como “El arte de la miniatura española”.

La guerra civil influyó en su trayectoria científica, siendo destinado forzosamente en 1942 a la Biblioteca Provincial de Tarragona, donde desarrolló una labor muy positiva, con su cuidado de conservación y a publicación de sus manuscritos.

He deducido su actitud eclesial, como consideración para destacar l formación recibida en el Colegio San Cayetano, por las publicación de traducciones de obras de tema religioso: “Los jóvenes y la fe”, “el cristiano y el mundo moderno, “Dimensiones de la Caridad”, “Directorio del Hermano Carlos de Foucauld”, “San Antonio del Desierto”… Jesús Domínguez Bordona murió en 1963. Su recuerdo pervive en el nombre de una de las calles de Ciudad Rodrigo.

Don Emiliano Rodríguez Risueño. La vida de profesor universitario y, sobre todo, las circunstancias de su muerte, se han conservado en la memoria colectiva de esta región de Ciudad Rodrigo. Nació en El Bodón el 6 de febrero de 1866, siendo el segundo de ocho los hijos del matrimonio formado por D. Ramón Rodríguez Palacios y Dª Francisca Risueño Cortés, dedicados al cultivo de su rica hacienda. Aprendió las primeras letras con el maestro de la escuela de El Bodón, para quien D. Emiliano tuvo siempre recuerdos y palabras de agradecimiento: De él escribe: “Era un buen maestro sin ser un sabio, porque supo unir a la instrucción la educación de sus alumno. De él aprendí yo esta gran lección de pedagogía: Educar no es lo mismo que instruir. La educación es el todo; la instrucción es solo una parte”. Terminada la formación primario, cursó la Segunda Enseñanza en el Colegio de San Cayetano en el Seminario de Ciudad Rodrigo, donde obtiene las máximas calificaciones y el título de Bachiller, a los 16 años, con la nota de sobresaliente. En este colegio, en convivencia y contacto con los jóvenes futuros sacerdotes, obtiene una formación en la piedad, en el orden, en la constancia, la laboriosidad, que le van a acompañar toda su vida.

En la elección de carrera influyó su vida en el campo, como hijo de labradores enamorado del contacto con la naturaleza. En los primeros días de octubre de 1884 comienza sus estudios en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid. Supo mantener la formación recibida en su infancia y adolescencia, respondiendo a las exigencias del estudio y obteniendo el título de Bachiller en Ciencias Naturales en 1886, y el título de Doctorado, al año siguiente, 1887, con las mismas máximas calificaciones y el premio extraordinario en su tesis doctoral (“Estudio micrográfico de los áloes”), que fue publicada en los Anales de la Sociedad Española de Historia Natural.

Después de dos años de preparación específica, a los 23 años, en unas oposiciones claramente competitivas, logra la cátedra de Historia natural en la Universidad de Valladolid e 1889. Era una nueva etapa de su vida con una actividad intensa como investigador, profesor y publicista, reuniendo en su clase 200 alumnos ya que era asignatura común en el año preparatorio para las carreras de medicina, farmacia y ciencias. Publicó en 1904 su primer libro “Lecciones de Orgánica y Fisiología vegetales”, y en 1906 su segunda obra “Lecciones de Botánica descriptiva”, apareciendo en 1907 su tercer libro “Lecciones de Anatomía y Fisiología animal”. En todas se notan sus intenciones de conseguir la claridad, la sencillez y el hacerse comprender. En 1900 fue nombrado Decano de la Facultad de Ciencias.

A su vida ajetreada en la enseñanza, en la investigación y en la publicación de libros se suma su labor en lo religioso y en lo social en el Círculo Católico de Obreros y en las Conferencias de San Vicente, que siempre fueron punto central en su vida cristiana. El renombre .La vida de docencia del Dr. Risueño y su actitud religiosa, que se reflejaba en toda su existencia, fue ocasión de fuera acusado con calumnias y criticado duramente por los adversarios a su conducta y religiosidad. El disgusto consiguiente ocasionado, unido al cansancio físico de excesivo, le hizo caer en una enfermedad que le impuso unos años de descanso y el plantearse la conveniencia de retirarse de la vida pública a una casa religiosa. El consejo de su Director Espiritual le hizo encontrar la solución de asumir la tarea de profesor en Salamanca, después de los 30 años en Valladolid, para dedicar oros 17 años más a la actividad pública, hasta su jubilación en 1936, cuando tenía 70 años y después de 47 de docencia universitaria. Su situación de jubilado le hizo plantear su vida entre Ciudad Rodrigo y El Bodón. Pensaba el poder dedicar algunos años a la docencia en el Colegio de San Cayetano de Ciudad Rodrigo, de quien se sentía claro deudor, y, cuando no pudiera, maestro en El Bodón. Las circunstancias truncaron sus las ilusiones proyectadas.

Los que han estudiado la historia y los escritos de D. Emiliano Rodríguez Risueño estiman como lo más importante de su biografía su vida espiritual, aunque reconociendo las dificultades para reflejarla por escrito. Las ricas facetas de Congregante Mariano, Terciario Franciscano, Socio de las Conferencias de san Vicente, Hombre de Acción Católica, Colaborador parroquial, Propagandista de la verdad católica… pueden hacernos percibir la riqueza de su espiritualidad. Él se propuso realizar en su jubilación un apostolado intenso con su escritos, por medio de artículos y cartas, y sumando el apostolado oral por medio de conferencias, círculos de estudio, escuelas de formación moral…, convirtiéndose en orador indispensable en Valladolid y en Salamanca. Un acto oracional y propagandístico en la celebración del Día del Papa, en la tarde del domingo 13 de febrero de 1938, en la iglesia parroquial de El Bodón, enmarcó el hecho de su muerte santa. En la misma iglesia de su pueblo, donde había recibido la vida sobrenatural en el bautismo, le llegaba el encuentro final con el Señor. En la tarde del día siguiente recibía sepultura en el cementerio del pueblo, en la misma sepultura de sus padres.

D. Andrés García Sánchez, profesor universitario en Salamanca, publicó su biografía en 1944, llegando a la 3ª Edición en 1973, con el título “Santidad en las Conferencias de San Vicente. Don Emiliano Rodríguez Risueño”. Su fama de santidad ha hecho que se propaguen estampas y oraciones, orientadas a que la Iglesia pueda proponerlo como testigo de santidad y como intercesor ante el Señor.

D. Vicente Hernández Alfonso. Es un nombre de nuestros días y nos resulta familiar a gran parte de los presentes. Nacido en Puerto Seguro, el 4 de mayo de 1948, ingresa en el Seminario de Ciudad Rodrigo en 1959, donde estudian varios compañeros de su mismo pueblo, que, a pesar de pequeñez, se han sentido atraídos por el estudio y la formación religiosa. Vicente acompaña con su acordeón al grupo de bandurrias, laudes y guitarras, que componen una artística rondalla en aquellos años. A Vicente le correspondió celebrar la fecha jubilar del 200 aniversario de la fundación del seminario San Cayetano en 1969. Al año siguiente, dejaba el Seminario, pero guardando muy vivos los recuerdos del centro, de los profesores y de los compañeros.

Se imponía enfrentarse a una vida nueva. Completó sus estudios eclesiásticos, en Valencia, y pudo obtener el título de Diplomado y conseguir, por oposición, plaza de Funcionario de Carrera de Instituciones Penitenciarias. Conseguida esta seguridad económica y social, continúa sus estudios en la Universidad Pontificia de Valencia, que le concederá el título de licenciado en teología. Trasladado a Albacete, ha desarrollado su trabajo en las Instituciones Penitenciarias, con categoría de jefe del Centro, compaginándolo con la actividad eclesial y apostólica correspondiente a los estudios eclesiásticos realizados y a los títulos conseguidos.

Ha colaborado como profesor en la formación de cursos teológicos para seglares en el Instituto Teológico san Agustín, del que sigue siendo profesor con una dedicación más plena, dada su condición de jubilado en las Instituciones penitenciarias desde 2008. A esta actividad docente, se une su ayuda caritativa y social como presidente de la Conferencia d e San Vicente de Paúl de Nª. Sª de la Encarnación de Albacete y Presidente de las Sociedades de san Vicente de Paúl de Albacete.

A esta faceta de acción teológica y caritativa, se unen sus facultades literarias como poeta, siendo miembro de la Asociación Literaria Alcandora publicando, entre otras composiciones, los poemas dedicados al Carisma Vicenciano, conocidos como sonetos de la misericordia con ocasión del cuarto centenario de San Vicente de Paúl.

• Otros nombres

Cualquiera puede notar la pobreza imprecisión de este apartado referido a los laicos destacados en la actividad eclesial como fruto de estancia en el seminario de San Cayetano. Como ya hice al hablar de los sacerdotes en el segundo apartado, advierto de la necesidad de compresión, ya que no me propongo citar más nombres. Los citados son ejemplos, pero consciente de que se podrían indicar muchos más, aunque siempre con criterios personales y falibles.

La organización de estas jornadas ha comunicado que se trata de tan breve presentación del tema, sin la profundidad

D. Nicolás Martín Matías
Profesor jubilado y Canónigo Emérito
Diócesis de Ciudad Rodrigo

 

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