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PRIMERAS JORNADAS IGLESIA, SOCIEDAD, CULTURA. SOCIEDAD. ALUMNOS DEL SEMINARIO RELEVANTES EN LAS FUERZAS ARMADAS, por Ángel Montero Calzada

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PRIMERAS JORNADAS IGLESIA, SOCIEDAD, CULTURA. SOCIEDAD. ALUMNOS DEL SEMINARIO RELEVANTES EN LAS FUERZAS ARMADAS, por Ángel Montero Calzada
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Primeras jornadas Iglesia, Sociedad, Cultura. 14 de junio de 2018. Sociedad. Alumnos del Seminario relevantes en las Fuerzas Armadas

Excmos. y Rvdmos. Sres. Obispos; Ilmos. Sres.; alumnos del Seminario, queridos amigos.

Mis primeras palabras no pueden ser otras que de agradecimiento a los organizadores de esta jornada, especialmente a Juan Carlos, Rector del Seminario, por su invitación; también de felicitación y agradecimiento para Javier Alonso, por la ingente labor de documentación que ha llevado a cabo; es para mí un gran honor compartir esta tribuna con personas tan relevantes, alguno de ellos, incluso, fue profesor mío, pero no puedo negar que me da cierto pudor intervenir en este foro, pues considero que habrá personas mucho más cualificadas y que podrían aportar más que yo; quiero pensar que se debe a lo raro de mi caso en la historia del Seminario.

Y, efectivamente, soy una “rara avis”, porque soy General Auditor del Cuerpo Jurídico Militar; hasta donde yo sé, soy el único salmantino del Cuerpo Jurídico de la Armada; cinco años de seminario menor, tres de filosofía y dos de teología; ingresé en el seminario el año 1960, con 11 años, y lo abandoné el 1970, con 21; me fui a Madrid a estudiar Económicas en la Universidad Autónoma, pero me di cuenta, a tiempo, que no era lo mío, por lo que hice Derecho en la Universidad Complutense; en el año 1976 hice la oposición al Cuerpo Jurídico de la Armada, ingresé, y ahí comenzó una vida profesional fecunda, con luces -la mayoría-, pero también con sombras, con momentos buenos -la mayoría-, pero también malos.

No voy a hacer una relación de antiguos alumnos del seminario que, posteriormente ingresaron en las FF.AA., primero porque eso lo ha hecho Javier y, segundo porque yo no he conocido personalmente más que a unos pocos, pero no puedo menos de citar a D. Tomás Rodríguez, de Villavieja, Teniente Vicario de Primera, del Cuerpo Eclesiástico de la Armada, porque él fue quien me indicó el camino del Cuerpo Jurídico de la Armada, cuando en el año 1974, estudiando 4º curso de derecho, yo no tenía ni idea de la existencia de dicho Cuerpo. Me consta que, en general, los antiguos alumnos que ingresaron en las FF.AA. dejaron el pabellón muy alto. Nos podría parecer rara la presencia de sacerdotes o de antiguos alumnos del seminario en las FFAA, pero pensándolo bien, no lo es tanto; en ambos casos, sacerdocio y milicia, se exige una buena dosis de vocación, si no en el comienzo, que puede deberse a diversas razones, sí en la permanencia en dichas instituciones a lo largo de los años; los valores y principios que se inculcan en una y otra institución, son muy similares: la obediencia, la lealtad, el compañerismo, la austeridad, el sacrificio, la laboriosidad.
Me van a permitir una anécdota que ya conté cuando intervine en esta tribuna con ocasión de la celebración de San Cayetano, en relación con la austeridad: el año 1970 vivíamos en un piso en Madrid, mi hermano, que está aquí presente, y yo, con otros cuatro compañeros; comprábamos tocino y sardinas, que era lo más barato, y, para ahorrarnos aceite, en la grasa que soltaba el tocino, freíamos sardinas; en una ocasión nos llamó nuestro padre para decirnos que creía que gastábamos demasiado poco; que en casa no sobraba el dinero, pero que gastáramos algo más.

Bien, reza el lema de la mesa redonda “memoria agradecida”, y esa es la mía en este momento; es verdad que ha habido, hay y habrá, luces y sombras, como en todas las instituciones, que “cada uno hablará de la feria como le fue en ella”, así es, pero mi sentimiento es de gratitud hacia el seminario, sus profesores, religiosas, compañeros y empleados, porque el bagaje con el que salí del seminario me ha sido de gran utilidad. Independientemente de los conocimientos en las distintas materias, me enseñaron, por ejemplo, a hablar en público, algo que me resultó muy útil tanto en la universidad, como al hacer la oposición en la que, además de ejercicios escritos, había dos orales; aprendí a razonar, en aquellas academias que celebrábamos los sábados; me enseñaron música y también latín; en relación con el latín, les voy a contar una anécdota: era costumbre que los opositores que aprobaban, invitaban un día a comer a los miembros del Tribunal; pues bien, en esa comida, uno de los vocales del tribunal, que además era catedrático de derecho internacional, hizo el siguiente comentario: qué bien, vamos a tener un miembro del Cuerpo Jurídico de la Armada, que habla latín. Por otro lado, los estudios que había cursado en el seminario eran valorados en la fase de concurso.

Hace unos años, el rector tuvo la amabilidad de invitarme a intervenir en esta misma tribuna, con motivo de la celebración de San Cayetano; desde entonces he tenido la sensación de que faltó algo en mí intervención, y, en efecto, faltaron unas palabras dirigidas expresamente a los alumnos, que son, precisamente la justificación de le existencia del seminario, y ahora quiero corregir tal omisión. Mis queridos alumnos, no sé si mi ejemplo os podrá servir para algo, y tampoco sé si soy el más indicado para daros consejos -ya tenéis a vuestras familias y a los educadores para ello-, pero me vais a permitir que os dé sólo uno: aprovechad al máximo vuestro paso por el seminario; tanto si seguís hasta el final con la vocación sacerdotal -ojalá lo hicierais todos- , como fuera, estad seguros de que os va a servir de gran utilidad, porque aquí, además de formaros en distintas áreas del conocimiento, os inculcan esos valores de los que antes hablé, y que, aunque parece que en la sociedad actual no son bien vistos, al final, son los que prevalecen.

Quiero, en este momento, tener un recuerdo cariñoso para los compañeros que ingresaron conmigo el año 1961, y que ya han fallecido. DEP.

Y, para terminar, voy a leer unos cuantos versos de una poesía, más larga, que Calderón de la Barca dedicó a la Milicia, porque creo que, en gran medida, también se puede hacer extensiva a las instituciones religiosas:
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.
Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la fineza, la lealtad,
el honor, la bizarría;
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son,
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna,
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.”
Muchas gracias
D. Ángel Montero Calzada
General Auditor del Cuerpo Jurídico Militar

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