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OTRA MÁS…, por Lucía Risueño

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OTRA MÁS…, por Lucía Risueño

Una a una, las vamos perdiendo, mientras a otras violan, agreden, acosan, violentan, degradan, discriminan, etc. Para ser ‘paranoias de feminazis’, los datos objetivos y noticias resultan atronadores, por el daño que cada día hacen en el alma de quien cuenta con algo de sensibilidad. A quienes no, por favor, que se lo hagan mirar.

Nos preguntamos cómo es posible, cómo pueden hacer semejantes brutalidades, quizás, cierta explicación esté a continuación…

Escuchaba no hace mucho tiempo a una chica contar la siguiente anécdota: Un día, se acercó a una obra de construcción, y accedió a ella. Los allí presentes la miraban y decían ese tipo de expresiones que supuestamente deben alagar, y que suelen denominarse ‘piropos’; como es habitual, unos más subidos de tono que otros, expresando pensamientos lascivos y libidinosos. Pasado un pequeño periodo de tiempo en esa situación, y viendo que no localizaba lo que buscaba, ella les preguntó por uno de sus compañeros: “¿Sabéis dónde está “Fulano”? Es mi padre y necesito encontrarlo”. A partir de ahí dejaron la actividad “intelectual” que tanto les estimulaba y callaron todos. Mi respuesta a la chica que lo contaba fue “¿No te das cuenta de lo que sucedió? Pensaron que como eras de uno de ellos, ya eras respetable. Si no, no.”

Si nos paramos a pensar, no es difícil encontrar más ejemplos de posesión de las féminas: El padre entrega a su hija a su futuro marido; podrás criticar a quien quieras, pero no a la madre de uno de ellos; a sus mujeres, ni se te ocurra ‘pensarlas’; si quieres tontear y propasarte con alguna, que no sea con sus hermanas… Así, la mujer se la respeta en función del hombre que la posea; eso sí, si es de su “clan”, porque es obvio que todas tenemos hombres en nuestro entorno.

¿Qué es lo importante de esto? Que la mujer no tiene entidad por sí misma, sino por ese/os hombre/es que se relacionan con ella, y sólo se le da el respeto que a ellos se les deba.

¿Qué significa, por tanto? Que como posesión, la mujer es objeto, y como “cosa” es de rango inferior y se decide por ella: cómo debe actuar, cómo ha de vestir, qué no debe decir, qué tiene que pensar,… Bueno, cierto margen de libertar se le da para disimular, pero el límite lo ponen ellos, sus ‘dueños’, ayudadas por las ‘mujeres cómplices’, tan víctimas del sistema que lo promueven y fomentan. Y no me digáis que no, que habéis oído alguna vez, cuando a una mujer se la agrede, que dicen “algo habrá hecho ella”. ¿Quién juzga si eso que hizo estaba bien o mal? Ella no… no se respeta su criterio y voluntad, sino que se la reprende porque alguno pensó que ‘se salió del redil’ marcado, del que se le hace prisionera.

Recortada su voluntad, sólo tiene que ‘atenerse a razones’, esas que otros pensaron por ella a las que estaba destinada. Casualmente, siempre al servicio de algún que otro hombre, que no le dejará explorar universos distintos, sino que la hará útil en tanto en cuanto satisfaga sus necesidades y contribuya a trasmitir su carga genética. Así, ya sólo es cuestión de eso… que dispongan de ella.

Cuando se aleje de él, quizás los otros con los que se cruzará pueden toquetearla o expresarle sus incontrolados deseos; aquellos con los que piense que puede entablar una relación más íntima y dé pie a ello, decidirán hasta donde llegan, entendiendo como normal su resistencia y vulnerándola, si es preciso, para hacer lo que quieran; o sus parejas y exparejas que perciban su posible pérdida decidirán acabar con ella porque si no es suya, no lo será de nadie. Por eso pasan estas agresiones, porque ella no es una entidad homóloga, es ‘posesión’ y se utiliza a antojo, si no tiene a otro ‘dueño’ cerca que proporcione el respeto necesario para evitarlo.

Sinceramente, me sorprende estar hablando de esto a estas alturas del siglo XXI, cuando afortunadamente algunas hemos crecido en entornos donde todo esto eran pesadillas del pasado. Sin embargo, aquí estamos, viéndolo, escuchándolo, sintiéndolo, pensándolo…

Será difícil revertir esto si no potenciamos un replanteamiento de la estructura social y los roles, pero sobretodo, si de una vez por todas, la autoestima del hombre no se sustenta sobre él mismo, y deja de encontrarse únicamente en las mujeres de que pueda disponer. Será difícil si no se educa a los varones en el no-egoísmo, el no-capricho, la no-violencia, el no-autoritarismo, porque todo ello puede dar cierta satisfacción temporal, pero nunca auténtica felicidad, sino más bien, raudales y raudales de ansiedad e inseguridad.

Las noticias y los datos del día a día, sólo muestran que, esta Sociedad que presume de avanzada es aún demasiado bárbara. Nos toca a nosotros cambiarla y mejorarla.

Lucía Risueño.
Psicóloga Social y del Trabajo.

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