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PREGÓN DEL MARTES MAYOR DE 2018, por Miguel Cid Cebrián

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PREGÓN DEL MARTES MAYOR DE 2018, por Miguel Cid Cebrián
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Pregón de Martes Mayor 2018
Miguel Cid Cebrián
Ciudad Rodrigo

INTRODUCCIÓN

Buenas noches a todos y, por supuesto, a todas.

Gracias, querida amiga Soraya, por tus amables palabras de presentación y gracias a todos Vds. por su presencia aquí.

Es la segunda vez que pregono en este tan querido Teatro Nuevo, la primera vez fue en la Semana Santa del año 2008, esto es, hace justo diez años y, ahora, con ocasión de este Martes Mayor, siento de nuevo la emoción y la responsabilidad de comparecer aquí para pregonarlo.

¿Cuáles son las razones de un pregón como este? No debería preguntármelo ya que puede decirse que soy el padre de la criatura. Sin embargo, en la memoria de aquellos años ochenta, creo recordar que todo se pergeñó hablando con mi gente del Ayuntamiento y, cuando digo mi gente, me refiero tanto a mis compañeros concejales como a los funcionarios más próximos, algunos de imborrable recuerdo como fueron Santiago (Chago) Vegas, que siempre me aportaba su dilatada experiencia y su cariño por nuestra ciudad de la que él era partícipe principal y, mi entrañable amigo Jesús Galache, que tanto me ayudó. Y así surgieron ideas y tantos proyectos realizables como el que hoy nos trae aquí.

Por ello, quiero hacer un paréntesis y dejar constancia del permanente trabajo de nuestros funcionarios municipales. Los políticos pasamos, pero ellos permanecen al pie del cañón. En este caso su voluntad y tesón contribuyeron decisivamente a que esta efeméride del Martes Mayor continuara celebrándose a pesar de los cambios producidos y, ello, porque el “aparato” municipal siguió trabajando en pro de su continuidad, como fue manteniendo el presupuesto, la programación y la organización, que son las columnas básicas de toda iniciativa, junto a la voluntad política que por suerte en este caso no se modificó, como el tiempo ha demostrado.

1.- Mis primeros recuerdos.

Pero ya que estoy aquí, tengo que hacer también un poco de memoria empezando por mis más viejos recuerdos ya que como dijo el poeta Paco Brines “La memoria es la infancia”.

Y es que parte de mi infancia y mi adolescencia la pasé detrás del mostrador de la tienda de tejidos de mi padre Abraham Cid en la calle San Juan o Dámaso Ledesma que de las dos formas se llamaba. Mostrando los géneros solicitados por el cliente, elogiando su calidad y presencia, defendiendo el precio ante los regateos del comprador y midiendo con el metro y cortando con la tijera, cuando era preciso, y por fin envolviéndolos debidamente y, naturalmente, cobrando el precio como culminación de la operación o también en algunos casos, siempre con la autorización de mi padre, dejándolo fiado cuando las circunstancias especiales del cliente lo requerían.

Fueron días, semanas y meses, sobre todo en verano en que tenía vacaciones estudiantiles. Y, allí, me sentía en aquella tienda un pequeño comerciante, con el espíritu fenicio que dicen les caracteriza. Y no solo era el afán de vender y obtener ganancias, que también, sino, sobre todo, el deseo de superar el reto de conseguir agradar al comprador y con ello darte satisfacción a ti mismo. Todo ello, con el fin de lo que se llamaba ganar clientela y prestigiar el negocio. Por ello, mi alegría era doble cuando aparecían de nuevo aquellos clientes que se dirigían a mi con familiaridad y confianza.

Todo lo cual, ocurría en mayor medida los martes, en que la tienda se transformaba exponiendo los géneros a la puerta a modo de escaparate provisional y con la seguridad de que el día iba a ser diferente, distinto, con aquello que también llamábamos jaleo, y más aún cuando hacía buen tiempo. Y es que, el martes, nos obligaba a todos a una especial dedicación pues, además, el horario era ininterrumpido y no se cerraba a mediodía como se hacía los demás días.

Mis recuerdos de aquellos martes, aunque ya un poco arrinconados, como todo lo que pasaba en los años de juventud, han renacido al redactar este pregón y en esta especie de revival, resurge aquel martes tan tradicional como querido y deseado que, a su vez, era objeto de comentarios, valoraciones y balances por los comerciantes de la ciudad.

Pero había también un martes especial todos los meses que, si no recuerdo mal, se denominaba martes de mes, porque había mercado de ganado y ello le daba una singularidad y, como es lógico, más importancia. Tradición esta que tenía un significado y colorido mayor al que por sí ya poseía. Como, a su vez, destacaban por encima de los martes las famosas ferias que eran las de Botijos o Botijeros, la de Mayo y la de San Andrés, aunque estas contaban con sus fechas del calendario que podían o no coincidir con martes, como de todos es sabido.

2.- La razón de ser del Martes.

Sin embargo, si me gustaría analizar, aunque sea sucintamente, el por qué el martes y no otro día de la semana tenía ese significado especial en cuanto a su condición de día de mercado.

Pues bien, ya en el privilegio de los Reyes Católicos de 21 de agosto de 1475 se señala que como reconocimiento a la “muy leal cibdad de Cib. Rod. por los muchos buenos e leales e señalados servicios que en todos tiempos esa dicha cibdad e vecinos e moradores della fisieron á los reyes de gloriosa memoria nuestros progenitores … tenemos por bien e es nuestra merced que de aouí adelante e por siempre iamás haya en ella un mercado franco para el dia del martes de cada semana e los vecinos de la dicha cibdad e sus arrabales sean francos e ouitos de alcabalas e de otros cualesquiera tributos de lo oue vendieron en el dicho mercado el dicho dia de martes”.

Incluso diez años antes, el 14 de agosto, Enrique IV, en otra concesión graciosa dada en Valladolid, había eximido perpetuamente a Ciudad Rodrigo del pago de tributos “Todos los vecinos y moradores en la dicha ciudad, que agora son é serán de aquí adelante para siempre jamás de las casas adentro, sean quitos, francos, é esentos de todos é cualesquiera pedidos é monedas que para mí é para los reyes mis sucesores fueren sacados é repartidos, con que yo y ellos nos quisiéramos servir de mis subditos é vasallos é naturales. Yo vos fago dellos libres é esentos por esta mi carta é por el traslado de ella sigmado de escribano público …”. Ojalá siguiera vigente dicho privilegio.

Igualmente, en las antiguas ordenanzas municipales hechas en 1438, reformadas en 1500 y 1624 y aprobadas en 1780, se dice también “Título XVIII de las Ferias y Mercados Francos de esta Ciudad. 1ª Que todos lo que vengan a vender mercadurías los mercados (que son los martes de cada semana), deben venir a la Plaza o Peso con ellos …”.

Y se añade igualmente en dicha Ordenanza “4ª En la Feria de Botijas, que es el martes y miércoles de la segunda semana de cuaresma, y en la de mayo que es domingo, lunes y martes antes de Pascua del Espíritu Santo; se puede comprar y vender libremente por forasteros, recatones, etc…”. Y asimismo, en el apartado 5ª se dice igualmente “en la Feria de Mayo los ganados, y caballerías y carretas con madera hagan feria domingo y lunes en el arrabal del puente como es costumbre y se puedan viajar aria las tiendas y tabernas; y el martes siguiente se suban los ganados y demás mercadurías a vender a esta ciudad a los sitios donde se acostumbra”. Y, por último, en la 6ª “que los mercaderes de paños y joyería que vienen a vender a la Feria se puedan quedar hasta el martes siguiente pagando de la alcabala a 2 porciento “.

Todo lo cual figura en la “Historia de Ciudad Rodrigo”, de Dionisio de Nogales Delicado, de reciente reedición.

Esto es, el martes tiene una especial importancia en todo lo relativo tanto a ferias como mercados, lo que pone en evidencia que es un día significativo para estos menesteres, aunque la etimología es variada. En efecto, el nombre de martes proviene del latín “martis dies” o “día de marte”, vinculado por consiguiente al dios Marte, que es de quien deriva su nombre y que, aunque es el dios de la Guerra, también estaba asociado a la tierra, y a la protección física y espiritual de los cultivos, a quien estaban consagrados el buey labrador, el caballo de batalla, los rebaños de carneros y los cerdos que se le inmolaban. Así pues, aunque era un dios bélico también lo era de la cultura y laboreo del campo, de la primavera y la fertilidad así como protector de la vida de los campos.

No es descabellado pensar que las ferias y mercados dedicados al dios Marte “feriae martis”, pudieron dar origen a lo que luego fueron nuestras ferias y mercados en ese día.

3.- La creación del Martes Mayor.

Pero dicho todo lo anterior, lo que sí es claro y evidente es la vinculación del martes con el día del mercado y, por consiguiente, con el comercio, y de aquí el significado de nuestro tradicional día. Por ello, como se ha contado ya, en más de una ocasión y lo hago también en mis memorias de alcalde, visité Plasencia invitado por su máxima autoridad municipal que entonces era José Mariño, acompañado de Juan Tomás Muñoz, y comprobé que el privilegio de mercado franco de los martes concedido por nuestros Reyes Católicos también se había dado por estos a la ciudad de Plasencia y, sin duda, por los mismos motivos de agradecimiento y generosidad. Y cuando dicho alcalde me contó que una vez al año se celebraba el que primeramente se denominaba Martes Mayor y después Martes Turístico, vino a mi caletre la idea de hacer algo similar en Ciudad Rodrigo. Y así se hizo.

Para lo cual, además de comentarlo con mis compañeros de corporación, tuve una reunión con comerciantes de nuestra ciudad y a todos les pareció bien la idea, por lo que con la inestimable ayuda no solo de mis concejales de corporación vinculados al ámbito comercial como, Juan Sánchez Tosal “Juanito Miróbriga”, Ángel de Miguel Hernández “Ángel Corral”, José del Castillo “Pepe Castillo”, o Manuel Santos “Manolo Ferino”, sino también con los funcionarios que siempre me ayudaron, entre otros los ya citados Santiago Vegas y Jesús Galache, organizamos en agosto de 1985 lo que sería el primer Martes Mayor de nuestra ciudad, para lo que llegamos a la conclusión de que había que adoptar una serie de medidas para facilitar el movimiento de las personas y caballerías dicho día, como era la de reducir a la mínima expresión el tráfico de vehículos de motor, limitándolo exclusivamente a los de servicio público o ambulancias. Ello, motivó que redactara un bando a tal efecto, y después de varias reuniones con el gremio del comercio, y realizada también la publicidad necesaria, recuerdo que a través de la Voz de Miróbriga, se anunció con ilusión y optimismo dicha celebración que como también se decía en mi bando tenía como finalidad esencial la exaltación del comercio local, que bien lo merecía.

Y es que, Ciudad Rodrigo, había sido siempre y debe seguir siéndolo, una cabecera de comarca donde el comercio de todo tipo tenga la relevancia que ello exige y facilite a los habitantes de dicha zona territorial la adquisición de los productos necesarios para su vida diaria. Incluida también la zona portuguesa más próxima, esto es, los pueblos de la raya de Portugal. Prueba de ello, es que en aquellos años 50 los géneros que se vendían a los comerciantes de aquellos municipios tenían que llevar una guía de nuestra Oficina de Aduanas que los autorizaba como una especie de pasaporte o salvoconducto, pues entonces todo se controlaba.

Y así, llegó aquel día del Martes Mayor, que aunque fue día 13, nació de buena mano, como luego se ha visto, y en el que quisimos rememorar y resaltar como eran nuestros martes tradicionales y, ya que estábamos en agosto, utilizar la parte exterior de los comercios para que pudieran ofrecer sus artículos en las mejores condiciones posibles tanto para el vendedor como para el comprador.

A este respecto, una mención entrañable como fue que en conversación con Sandalio Martín Aguilar “Lalo Rufo”, al que animé para que en la Plaza de Cervantes o de “los Huevos”, pusiera un puesto de venta de este alimento como industrial que era en la materia. Y así lo hizo, aunque por la tarde, un poco triste, me dijo que había estado esperando a que le visitáramos “y yo allí con mis cestas de huevos y no aparecía nadie”. Quiero, en este momento, dedicar un emotivo recuerdo a Lalo vilmente asesinado tres años después. Descanse en paz.

En definitiva, si debo resaltar que la colaboración del comercio local fue entusiasta y generalizada, como también lo fue el de algunas entidades como la Peña del Caballo, que se volcó en la organización de actividades paralelas como la extraordinaria exhibición de un tentadero de vacas, toreo a caballo y doma vaquera. Y para los pequeños, gigantes y cabezudos y, para todos, tamborileros y dulzainas, etc…, y, por supuesto, espontáneas aportaciones de incondicionales mirobrigenses como “Los Pesetos”, con los inolvidables Josemari y Ángel Nava, con su ingenio y buen humor característico.

La respuesta ciudadana fue también masiva, llenándose las calles del recinto amurallado, especialmente la Plaza Mayor y las que confluyen en ella, de gente ávida de vivir y disfrutar de una jornada tan original como sugestiva, lo que nos animó a continuar celebrándola año tras año. Eso sí, añadiendo algunas atracciones, como fueron actuaciones musicales el día de la víspera o teatrales, recuerdo que el primer año fue la compañía de Jesús Guzmán en nuestro Teatro Nuevo y, naturalmente, el pregón inaugurado por el gran farinato y poeta José Antonio Martín Sánchez “Pepe el oculista”, seguido por muchos otros que me han precedido, como los que recuerdo de mi época de alcalde, como son el maestro nacional, Alfonso Ortiz Tovar, D. Alfonso, el que fuera alcalde de nuestra ciudad Leopoldo Gómez Castaño “Poldo”, Santiago Vegas Hernández “Chago Vegas”, Antonio Custodio Paz “Amadís de Miróbriga”, José Antonio Montero, etc., etc…

Y como de exaltación del comercio se trataba, siempre ha habido, como sabéis, un concurso de escaparates y puestos de venta de nuestros comerciantes. Incluso algún año nos atrevimos a celebrar espectáculos taurinos en la Plaza de Santa Cruz, con la actuación de nuestros toreros José Ángel Méndez, José Luis Ramos, José Ramón Martín, Vicente Pérez y el portugués afincado en nuestra ciudad Rui Vento Vasques o el francés Elsan Gillén.

4.- El significado del Martes.

Creo que el significado del Martes por todo lo dicho es muy relevante y requiere que se le dé, como creo que se le está dando, una importancia suficiente para que su futuro esté acorde con sus antecedentes antes explicados.

¿Seguirá teniendo el Martes Mayor la importancia y trascendencia requerida? Creo y por ello felicito a la actual Corporación que en un ejemplo de su continuidad y desarrollo ha creado el Martes Chico, que se celebra una semana antes precisamente en nuestros arrabales, y en concreto en el de San Francisco, donde el comercio y el desarrollo ciudadano es patente.

Uno que nació y se crio en la calle Lorenza Iglesias o calle del Rollo, no puede ver, sino con muy buenos ojos, esta idea que lleva ya tres años celebrándose y a la que he tenido el placer de asistir en una zona tan entrañable de la ciudad y de mi infancia.

Y,aunque no quiero adentrarme demasiado en este Martes Chico tan ponderado y querido, puesto que también cuenta con su pregón que así lo proclama, si quiero decir que su creación además de explicitar el éxito del Mayor, tiene un significado de equilibrio y de reconocimiento a las peculiaridades de nuestra ciudad. Enhorabuena pues y larga vida para el Martes Chico.

Entiendo, además, que la celebración de uno y otro significa un apoyo mutuo y un acicate que va a consolidarnos a futuro, lo que siempre es de agradecer y que refleja también el espíritu innovador y creador de nuestra gente siempre abierta al futuro, como el rey Juan Carlos lo proclamó en el día de su visita de 1984. Fue una declaración teórica, sí, pero creo que supo captar la inquietud y vigor de nuestro pueblo que siempre y ahora más que nunca, no se conforma con lo que tiene y se exige por mejorar sus condiciones de vida. Porque si Ciudad Rodrigo es de glorioso pasado, como lo prueba la celebración este año del 75 aniversario de su Declaración como Conjunto Histórico Artístico, es también una ciudad con proyección al mañana, precisamente sustentada en este glorioso pasado.

Y es que, este tesoro heredado de nuestros antepasados y que debemos conservar, proteger y preservar al máximo, tiene que tener, como las buenas cosechas, un fruto que nos alimente y nos renueve cada día. Por ello, buscar nuevas iniciativas que enriquezcan lo que somos y lo que tenemos es la mayor y mejor de las contribuciones que pueden hacerse.

5.- Nuestro patrimonio y el futuro del comercio.

A tal fin, permítaseme hacer una reflexión al respecto. Por supuesto que el marco incomparable, nunca mejor dicho, de nuestro conjunto histórico artístico, es un soporte que constituye un auténtico tesoro, pero tampoco podemos quedarnos en la mera contemplación y en el elogio, por muy merecido que este sea.

La vida es cambio constante y permanente y, ello, exige también continuas adaptaciones, ideas nuevas y, cuando sea necesario, recreaciones duraderas. Sólo así seguiremos avanzando y sintiéndonos cada vez más orgullosos de nuestra ciudad.

Y, todo ello, también aplicado y muy especialmente al ámbito del comercio, ya que como muy bien dijo mi predecesora en estas funciones, Adoración Cañamero, en el año 2016, “la actividad comercial exige innovación constante, ya que innovar, en comercio, es sinónimo de progreso”. Y aunque el progreso a veces parece que acaba con todo, o si no, veamos como ahora se compra tanto o más por internet sin necesidad de pasarse por la tienda y solamente con la imagen y el precio del producto que se desea adquirir, ello tiene sus límites.

España con las ventas “on line”, se encuentra en la cuarta posición mundial. Según esto, cada español ha destinado 661,62 € a compras a través de la red en el 2016.

La responsabilidad de este tipo de compraventas recae en los propios comerciantes y ello aunque la calle sea una parte fundamental del comercio minorista, puede decirse ya que el futuro está en el comercio electrónico.

Sin embargo, yo me pregunto ¿cómo puede apreciarse la calidad de una tela o de un paño si no se toca, aunque éste si es bueno en el arca se venda, o de una prenda si no se prueba, o unos zapatos si tampoco se ajustan al pie, o de una joya si no se cuelga al cuello o a la muñeca, o unas gafas si no se colocan en su sitio, o comprar sin oler las colonias y los perfumes, etc, etc… y, por supuesto, cómo estimar las ricas frutas y verduras de nuestras huertas y las carnes de nuestras reses y animales? ¿Y el regateo?, algo consustancial en el comercio de siempre. ¿Cómo puede todo ello hacerse on line o telemáticamente?

Y no digamos algo tan socialmente arraigado como el chateo, que supone no sólo el consumo de vino o cerveza sino también todo lo que hay alrededor, como es la cháchara animada y divertida o incluso las acaloradas discusiones. Efectivamente, se puede chatear por internet, sí, pero no saborearlo con un vaso en la mano.

Pero, lo más importante, a mi juicio, es que las transacciones sean algo directo y cara a cara como lo que siempre ha sido esencial en el comercio, como es la relación entre vendedor y comprador. Esto es, escuchando al vendedor que con sus explicaciones, respuestas y consejos disipa dudas, orienta y fija las condiciones de la venta y no solo eso ¿Cómo puede marginarse la sabiduría, la experiencia y la profesionalidad del comerciante que vende?

Por ello, nuevamente me cuestiono, ¿es que se puede comprar todo por internet? Yo creo que no. Aunque muchos de nuestros jóvenes y también de nuestros mayores tengan y practiquen ya esa tendencia. Quizá, algún año habrá un Martes Mayor cibernético, pero ya no será nuestro Martes Mayor, sino otra cosa, que seguro muchos de nosotros no veamos nunca. Aunque cualquiera sabe, ya que con los tiempos que corren todo es posible.

De todas formas, nuestros comerciantes que siempre han estado abiertos a la innovación y al progreso, deberán adaptarse a la nueva realidad del mundo telemático. Ellos saben que hay que hacerlo aunque necesiten apoyos para ponerlo en práctica. Nadie nace enseñado, decían nuestros mayores, y no es mal reto aprender y afrontar el conocimiento de las nuevas tecnologías.

6.- Conclusión.

Pero pienso que, aunque las ciencias adelanten que es una barbaridad, como se dice en nuestra famosa zarzuela “La verbena de la Paloma”, hay cosas y sobre todo los sentimientos y las sensaciones que no pueden sustituirse fácilmente. Lo veremos mañana en el fragor de nuestras calles abarrotadas de gente y en la alegría y el bullicio que reinará en las mismas en esta nuestra ciudad tan dada a la jarana y al jolgorio, como también, pues somos de contrastes, al silencio y al recogimiento cuando la ocasión lo requiere, como suele pasar en la vida.

Yo espero, en suma, que este modestísimo pregón sirva de pórtico de entrada a nuestra celebración del Martes más señero del año, con permiso del Chico que ya tuvo lugar y, repita, una vez más, que nuestro comercio sigue vivo y pujante y que goza de buena salud con los sabidos altibajos de toda actividad que, como la comercial e industrial, es fortuita, inestable y siempre arriesgada, pero si no hay riesgo tampoco hay éxito. Los comerciantes lo saben muy bien y por ello, yo que he sido hijo de comerciante tantos años, les reconozco su valor y sus méritos, que los tienen y mucho, así como su seriedad, su constancia, su respeto, su trabajo concienzudo y, sobre todo, su ejemplar dedicación que bien merecen ser exaltados y resaltados en este Martes Mayor, siendo como son, además, sus mayores protagonistas en ese “tirar la casa por la ventana”, como mañana harán.

Desde siempre, Ciudad Rodrigo junto a sus valores seculares de antigua, noble y leal, ha tenido también y sigue teniendo los de ser íntegra, servicial, laboriosa y acogedora, valores estos de tanta relevancia como aquellos y mucho más en esta sociedad libre y democrática que nos hemos dado. Y que así debe seguir siendo.

En fin, dicho todo ello, no querría terminar sin expresar mi más sincero agradecimiento a nuestro Ayuntamiento y al Sr. Alcalde que lo preside, por haberse acordado de este ya viejo pregonero para ejercitar esta labor que tanto me enorgullece como me obliga. Y a todos Vds. por su paciencia en escucharme.

Por ello, para finalizar, no puedo menos de recordar los inolvidables versos del académico y Premio Cervantes José García Nieto, recitados como colofón de su pregón del Carnaval de 1985, año en que nació el Martes Mayor. Y es que los versos, para mi entrañables del poeta, aunque tienen, como es lógico, un guiño carnavalero, bien valen para esta ocasión y que dicen así:

Una máscara oculta,
en otro carnaval,
será la de mi alma
que se deslizará
por las altas barandas
y por el soportal,
diciendo -¿me conoces?

Y no conocerán
al viejo pregonero
que bajo su antifaz
ocultará una lágrima
si la puede ocultar,
recordando esta noche
que nunca volverá…

Muchas gracias.

 

 

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