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Secuelas vigentes del franquismo. Nombres y símbolos de exaltación (9): El bufón nacional de Águeda y los símbolos franquistas de Ciudad Rodrigo, por Ángel Iglesias Ovejero

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Secuelas vigentes del franquismo. Nombres y símbolos de exaltación (9): El bufón nacional de Águeda y los símbolos franquistas de Ciudad Rodrigo, por  Ángel Iglesias Ovejero
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Indicativo de la calle de Agustin de Foxa -rr

Las recientes iniciativas del Gobierno para sacar los restos del general Franco del monumento faraónico (conocido como “Basílica del Valle de los Caídos), por él mismo promovido en Cuelgamuros (El Escorial, Madrid) para conmemorar su victoria bélica, parecen haber dado pábulo al afán de notoriedad del ya famoso alcaldillo de Águeda, Germán Florindio. Todo hace pensar que éste tiene bien aprendido y ya asumido su papel de bufón nacional, a diferencia de los responsables políticos mirobrigenses que no saben qué hacer con él. Es cierto que, si bien, visto de lejos, resulta obvio que el personaje pertenece a la categoría de los necios vanidosos, analizado de cerca, no se acaba de calibrar bien si se trata de un necio puro o de un necio entreverado de malicia, sin que esto último lo ponga al abrigo de la manipulación por otros tipos más espabilados y enrevesados. ¿Qué no daría Germán Florindio para que sigan viniendo a verle los correveidiles de la tele y de los periódicos para entretener a los papanatas con este nuevo esperpento ibérico? Algunos son pescadores a río revuelto, que operan por cuenta de sus amos, sobre todo el periódico que desde hace casi un siglo mejor desinforma y más propaganda vende a cuenta de los gerifaltes derechistas de antaño, empezando por los Agrarios y la CEDA, así como otros latifundistas de la provincia de Salamanca, hasta sus herederos ideológicos de hoy.

Así pues, lo más probable es que este bufón forme parte de esa clase de personas dispuestas a todo para no pasar desapercibidas. En este sentido, se atribuye a Oscar Wilde un dicho que otros personajes célebres han citado o retocado (S. Dalí, el entrenador de fútbol Helenio Herrera, etc.). Más o menos, expresa la idea de que es preferible que “hablen de ti aunque sea mal”. El concepto ya está en el Quijote (2ª, VIII), donde Sancho, en diálogo con su amo, después de reconocer que él mismo es “algo malicioso” y “con asomos de bellaco”, termina diciendo: “(…) aunque por verme puesto en libros y andar por esos mundos de mano en mano, no se me da un higo que digan de mí lo que quisieren”. Quizá al alcaldillo de Águeda no haya leído el Quijote, ni oído hablar de Oscar Wilde, porque para ser algo malicioso y tener asomos de bellaco, está claro, no hace falta tener mucha erudición, pero como vanidoso quizá no le disguste saber que el hibridismo de motivos narcisistas, crematísticos y políticos del fenómeno florindiano tiene antecedentes lejanos. En efecto, el año 356 a. C., el pastor Eróstrato prendió fuego al templo de Artemisa en Éfeso (Asia Menor, en la actual Turquía), con el objetivo de perdurar en la memoria. Pero la cosa no sentó nada bien entre las autoridades efesias, porque, además de la joya arquitectónica, considerada una de las siete maravillas de la Antigüedad, la ciudad perdía una fuente importante de ingresos con el turismo y los donativos que dejaban los fieles de aquella divinidad, quizá sobre todo los cazadores (Artemisa tenía atributos similares a los de Diana, la cazadora, en la mitología romana). Hubo prohibición absoluta de recordar el nombre del incendiario, pero aquel pastor se salió con la suya, a costa de arruinar la ciudad.

Las analogías se quedan ahí. No consta que Germán Florindio sea pastor y aficionado a la caza, sino un terrícola sedentario, según se deduce de su devoción a San Isidro Labrador; no consta tampoco que en su pedanía existan otras maravillas que las que su imaginación fabrica; y en cuanto a su linaje, prosapia y alcurnia, como habitante de un pueblo “de colonización”, no serán “de los antiguos”, sino “moderno”, aunque, como de los de Dulcinea del Toboso afirmaba su fiel amante don Quijote (1ª, XIII), “puede dar principio a las más ilustres familias [de Bufones en] los venideros siglos”. De hecho la concha hueca de la vanidad, el ansiado dinerito del turismo ruidoso, la amalgama de la vergonzante propaganda política y del culto religioso a los muertos, como presuntos móviles del personaje, ya los comparten otros mirobrigenses (“un necio hace ciento”, por eso son infinitos, según la versión bíblica antigua de la Vulgata, en el Eclesiastés, 1.15, un tiempo atribuido al sabio rey Salomón). Sin monumento, sin dinero, sin poder y sin muerto, el Alcaldillo creyó subir al podio de quienes “hacen historia”, aunque fuera de mentirijillas y por arte de birlibirloque o milagro del vinillo, en la fiesta del mencionado santo patrón de los labradores en 2017, durante un ágape entre compadres con asistencia del alcalde de Ciudad Rodrigo. Pero no aspira a quemar nada, sino al contrario, a resucitar de sus cenizas al inmortal Fénix de la Patria, levantando un mausoleo en Águeda (donde ya hay una “Cruz de los Caídos”, sin caídos) con los restos de Franco para que sus devotos acudan a venerarlo y dejen generosos exvotos, que, añadidos a las suculentas entradas para visitar el adjunto museo de las ilegales antiguallas del nacional-catolicismo, llenarán las arcas del pueblo (también habrá que fabricarlas). No le gana en optimismo ni la Lechera del cuento.
(Antecedentes en “Secuelas”, http://www.ciudadrodrigo.net/2017/05/18/secuelas-vigentes-del-franquismo-actitudes-contrarias-a-la-aplicacion-de-la-ley-de-memoria-historica-6-la-isidrada-nacional-socialista-del-alcalde-de-agueda-y-la-pesadilla-historica).

Hasta ahora el Alcaldillo no ha solicitado prebendas personales. Quizá se dé por satisfecho con el cargo vitalicio de Bufón Nacional, que la Opinión general y mediática ya tácitamente le ha concedido por aclamación; pero seguramente palparía la felicidad con algún detalle o señal de reconocimiento por parte de los Franquitos, aunque fuera de pacotilla, para que saliera más barato. Por ejemplo, a imitación de aquel nombramiento del mencionado Sancho Panza como embajador y gobernador de la ínsula de Barataria por parte de los Duques, la familia de los Nietísimos y Nietísimas podría darle a Germán Florindo una librea para que pudiera irse a tomar viento en el pazo de Meirás, o crearle un señorío, con su correspondiente título de Adelantado de Florindia o Conde de la Península de Florindiaparda. Una declaración mediática, una simple carta, un billete, el menor indicio, por grotesco que fuera, permitiría al Bufón una nueva exhibición esperpéntica ante los reporteros mediáticos. Porque la mayoría de éstos se acercan a Águeda atraídos por la extravagancia del personaje y lo ridículo de sus propuestas. De paso se ríen también a escala ibérica de los habitantes de este desmantelado, envejecido y casi despoblado territorio.
El Alcaldillo sigue consolidando, pues, su función de Bufón Nacional. Y por ello se hace fotografiar por sus huéspedes mediáticos con símbolos de exaltación franquista, que deben estar mandados retirar, a sabiendas de que esto es ilegal. Y precisamente por esto (por ser ilegal) no se entiende muy bien que los aludidos políticos teóricamente de izquierdas, responsables a nivel municipal o comarcal, no parecen tener muy claro a qué carta quedarse con las salidas florindianas. Después de haberle dado carrete y reído las bufonadas inicialmente, optaron por simular que no las percibían, y ahora amenazan con multas, denuncias y avisos sobre la falta de capacidad jurídica del Alcaldillo para llevar a cabo sus proyectos. Mal camino llevan para ser obedecidos, porque de hecho al personaje no le arredra que este proyecto esperpéntico no se lo crea nadie, ni él mismo, ni le importa que ello suponga un blasón popular de necedad aplicado a los vecinos aguedenses y mirobrigenses, ni que sus aspavientos constituyan una exaltación de Franco y el franquismo. Si pueden hacerlo, ¿a qué esperan para multar a este rancio y fanático devoto del Dictador o exigirle que dimita?

La experiencia enseña que las amenazas y avisos que no van seguidos de ejecución no son más creíbles que las promesas no satisfechas. Con ello se pierde tiempo y categoría. Son como el espantajo en el garbanzal a cuya sombra los buharros se comen los garbanzos. Para que los argumentos esgrimidos tuvieran peso de por sí, el Ayuntamiento debería haber mostrado una conducta modélica, lo que no es el caso en la doble faceta que tienen estos asuntos relacionados con la memoria histórica por estos pagos: la eliminación de símbolos franquistas y el reconocimiento de las víctimas republicanas mediante la participación en los homenajes que se les atributa, o mejor dicho se les debiera tributar. Según la encuesta efectuada el año pasado, una quincena de localidades en la comarca de Ciudad Rodrigo y la Sierra conservaba símbolos y/o nombres exaltadores del franquismo, siendo la cabecera del partido judicial una de las que más numerosos y explícitos los mantenía. Y así sigue siendo un año después. Sentimos tener que repetirnos para recordarlos:

- “Calle de Agustín de Foxá”, dedicada a uno de los cofundadores de la Falange, dueño de una finca que incluye el antiguo monasterio de La Caridad, donde los testimonios señalan la presencia de presos detenidos en 1936, ejecutados extrajudicialmente en sus aledaños, después prisión de condenados procesados y campo de concentración de prisioneros republicanos. ¿Qué deudas tiene contraídas el Ayuntamiento con este personaje o su familia?, ¿acaso esta “secuela franquista” es el alquiler a pagar por la ubicación de la ermita y la romería de San Blas en tal recinto? A mayores, ¿no dicen que “el emblemático monasterio” ha cambiado de dueño y está cambiando de función?
- Los yugos y flechas del antiguo sindicato vertical en el actual edificio de Sindicatos en la plaza de Herrasti. ¿No podrían los sindicalistas de hoy mostrar un poco de reconocimiento con sus homólogos de 1936 (muertos, presos o arruinados en la represión), retirando los dichosos símbolos franquistas?
- Los yugos y flechas, con otros símbolos franquistas, en dos paredes de edificios en el “Barrio del Uranio”. ¿Los propietarios de las viviendas son también dueños del paisaje urbano que ensucian con semejantes antiguallas ilegales?
- La placa de los soportales del antiguo Instituto de los Sitios (anteriormente Cuartel de la Bomba), con los nombres de ex alumnos “caídos por Dios y por España”. ¿No es una vergüenza esta referencia precisamente en un centro habilitado como cuartel de las Milicias Fascistas en 1936, donde se organizaban las sacas macabras de decenas y quizá centenas de víctimas republicanas, que no tienen presencia nominal alguna en callejero de Ciudad Rodrigo ni en ninguna otra parte de su término municipal?

Y de nuevo en relación con la “península de Florindiaparda”:
• Un panel indicativo de Águeda en la carretera de acceso a Ciudad Rodrigo con la famosa e ilegal coletilla “del Caudillo”. ¿Acaso la Dirección General de Carreteras (o la Secretaría General del Ministerio de Fomento) tiene bula para este tipo de infracciones? ¿No puede el Ayuntamiento, en cuyo término está ubicado dicho estrambote, recordarle la obligación que tiene de cumplir la Ley?
(Detalles sobre símbolos y/o nombres exaltadores del franquismo en “Secuelas”, http://www.ciudadrodrigo.net/2017/10/26/secuelas-vigentes-del-franquismo-nombres-y-simbolos-de-exaltacion-6-cruces-de-los-caidos-y-otras-manifestaciones-del-nacional-catolicismo-en-el-so-de-salamanca-/; http://www.ciudadrodrigo.net/2017/10/12/secuelas-vigentes-del-franquismo-nombres-y-simbolos-de-exaltacion-4-ciudad-rodrigo-/).

Los ediles de Ciudad Rodrigo, como los de otros pueblos y cualesquiera que sean sus posiciones en el campo de la política, brillan por su ausencia en los actos cívicos en homenaje de las víctimas y, por supuesto, no suelen organizar nada que tenga que ver con la memoria histórica, abstracción hecha del para todos honroso acto de reconocimiento, organizado por la Corporación actual (30/08/2016), con la colocación de una placa (sin nombres) en el balcón del ayuntamiento, para recuerdo del presidente y los gestores mirobrigenses eliminados ochenta años antes, y una ofrenda floral en honor de todos represaliados de la Ciudad y la comarca junto al monolito erigido en 2009 por la ASMJ en la rotonda de la Avenida de Arcachon. No consta que alguien haya vuelto a poner flores ante este monumento (“sin un clavel, cual flor ninguna, solo hojas secas que le ofrece el vendaval”, como en la tumba de Pancho Villa). Salvo contadas y ya algo lejanas excepciones, los alcaldes y sus adláteres, no suelen acudir a las invitaciones formuladas por asociaciones y familiares de víctimas represaliadas, sin explicación ninguna o porque, dicen, tienen misteriosos compromisos que se lo impiden.

El movimiento memorialista desea que dichos actos cívicos sean asumidos por la Administración, a nivel local en este caso, pero se comprueba que, por la época de las efemérides, en el carnaval turistero permanente en que se convierte el verano mirobrigense (y de España en general), saturado de ruido nocturno y de bullanga callejera diurna, no hay espacio para pensar (ni descansar), como el caso requiere. A pesar de ello, sería conveniente que desde ahora los responsables y sobre todo los concejales mirobrigenses considerados “de izquierdas” mostraran más coherencia con esa etiqueta política, si aspiran con ella a la reelección en el año próximo. Porque no hay razón alguna para tolerar de ellos la dejadez y las tácticas dilatorias que caracterizan a sus adversarios con respecto a cualquier iniciativa relacionada con la aplicación de la ley de memoria histórica. Para conseguir dicho objetivo, además de poner orden en el esperpento florindiano, deben borrar las señales de exaltación franquista en la Ciudad, ya. El Refranero lo dice:

“El mejor predicador, Fray Ejemplo”.

 

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