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PREGÓN DE LAS FIESTAS DE PEDROTORO 2018. MARCOS IGLESIAS CARIDAD

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PREGÓN DE LAS FIESTAS DE PEDROTORO 2018. MARCOS IGLESIAS CARIDAD
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Estimados concejales presentes de la Corporación Municipal, representantes de la Asociación de Vecinos de San Miguel (Pedrotoro), apreciados amigos y amigas:

Gustoso y emocionado he recibido el encargo de pregonar vuestras fiestas en honor a San Miguel Arcángel que tendrán como día central el de mañana, sábado 29 de septiembre. Recibí hace unos días el encargo de Ana María Castaño, estando a todos los vecinos del lugar muy agradecido por haber pensado en mí. Mi nombramiento como pregonero de las fiestas de Pedrotoro lo recibo como un honor, que guardaré eternamente en mi recuerdo.

Gustoso pero temeroso, pues quienes me han precedido en el uso de la palabra en esta función, con más mérito que yo, han dejado el nivel muy alto. Han sido muchos los pregoneros que han pasado por este mismo lugar, siendo el primer pregón el pronunciado un 28 de septiembre de 1995 por Ángel Sierro Malmierca, que inaugura esta bella tradición y que esperemos que siga por muchos años. Soy, por tanto –si no me confundo— el vigésimo cuarto pregonero de estas fiestas, que recuerdan que acaba el verano y comienza el otoño, que termina la recolección y empieza la sementera, que los días se acortan y dan paso a las lluvias…que hay que chiscar la lumbre pues el frío toma acción.

Con humildad intentaré trasladar los sentimientos que este acto me provocan; sentimientos que emanan de lo más profundo de mi corazón y que hacen que hoy me convierta por adopción en uno más, en uno de vosotros, en uno de los vuestros.
Este fin de semana para vosotros es un momento de alegría y de diversión; en definitiva, de bullicio para esta pequeña población. Hay fiesta porque hay hombres y mujeres, porque hay niñas y niños, porque hay jóvenes… porque hay recuerdo de otros tiempos pasados y esperanza en un futuro por construir. Efectivamente, en Pedrotoro hay mucha memoria, pero hay vida: la vuestra, de la que estáis orgullosos. Especialmente de los que vivís aquí: de Marcial, Habacuc, Cándida, Tere y el otro Habacuc, a los que les se unen en el verano Pepi, Mundo y Dani.

Y hay historia, tanta que, leyendo el maravilloso pregón que os hizo María Paz Salazar Acha en 2014, existen ya referencias documentales de 1375 sobre Pedrotoro, cuando tuvo lugar la donación de una heredad de este pueblo por parte de Sebastián Domínguez (que había tomado los hábitos de fraile) y de su hija Justa (monja) al Convento de la Caridad, a cambio de recibir 500 maravedíes al año para destinarlos a la educación de Gonzalo, hijo menor de aquél, y para la celebración de misas en nombre de fray Sebastián cuando éste muriera.

Pero no comenzaría mi disertación siendo justo sin mencionar las caras que tristemente echo en falta desde el último año y que nos han dejado, sólo físicamente, pues siempre permanecerán en nuestro recuerdo. A Saturnino, más conocido como “Nino el de Pedrotoro” y a Nicolás Torrens, “Colás” para los más cercanos, “alcalde pedáneo” o “delegado de la alcaldía” si se prefiere, recientemente fallecido. A ellos dos mi sentido reconocimiento y eterna evocación.

Con ambos tuve mucho contacto. Con Nino al compartir formación política, el Partido Popular. Siempre cuando se le llamaba ahí estaba como fiel compañero. Siempre le llamábamos, y me preocupaba personalmente que, ante cualquier acto que organizáramos, él estuviera avisado. Era un hombre admirable, pacífico, que transmitía gran sosiego. Era de esos hombres que siempre lo veías igual, parecía que por él no pasaba el tiempo. Un hombre de campo, curtido con el sol y el frío, cuyo rostro era un testimonio de vida para muchos. Era un gusto hablar con él. Era un gusto hablar contigo, querido Nino, pues como hombre creyente, desde donde estés, seguramente estás presente en este acto.

También con Nicolás Torrens, con quien tuve muy buena relación especialmente tras la toma de posesión como concejal del Excmo. Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, en 2015. En la procesión de San Miguel, Nicolás, vara en mano, siempre nos contaba alguna anécdota, coplilla del pueblo o chascarrillo de hace tiempo. Pedrotoro y también Ciudad Rodrigo están en deuda con Nicolás. Hombre entregado altruistamente a defender los intereses de esta pequeña población, que se ha encargado del bienestar de Pedrotoro y de sus vecinos desde hace mucho tiempo. Parece ser que ya nombrado delegado de la alcaldía desde tiempos del alcalde Miguel Cid (1983-1991), como éste ha señalado en sus palabras “in memoriam” y que continuó su relación de servicio por los intereses de Pedrotoro con las corporaciones siguientes, incluida la actual.

Los más jóvenes tenéis que tomar el testigo de Nicolás, para que los intereses de Pedrotoro no se descuiden, sino que estén presentes en las decisiones municipales, con independencia del color político, ante esta Corporación y otras futuras. Son pocos los que viven en Pedrotoro, pero ellos deben tener los mismos derechos y obligaciones que el resto de los que residen en nuestro término municipal. Y si a alguno de los que tenemos la responsabilidad de representar a los mirobrigenses a nivel municipal se nos olvidara, tenéis toda la legitimidad para recordárnoslo, como hizo muchas veces Nicolás.

Pedrotoro es uno de los anejos de la antigua, noble y leal Ciudad Rodrigo. Sanjuanejo, Ivanrey, el Arrabal de San Sebastián, Conejera, Valdecarpinteros y Pedrotoro conforman el conjunto de agregados de nuestra ciudad, que junto con las Pedanías de Águeda y Bocacara dan a nuestra ciudad su impronta rural, que no conviene olvidar. Ciudad Rodrigo es historia, es piedra y monumento, es río y Carnaval, pero también es campo, de donde sois muchos de los presentes, y donde la acción del sol ha quemado y quema el rostro de muchas gentes en los afanes cotidianos de su trabajo.

Celebramos San Miguel Arcángel. San Miguel tiene gran predicamento en nuestro entorno, tanto que, en la Iglesia Catedral de Ciudad Rodrigo, nada más entrar por la Puerta de las Cadenas, hay un pequeño altar cuyo cuadro único del siglo XVIII representa a San Miguel clavando la lanza al demonio Lucifer. Entre las pedanías y agregados de Ciudad Rodrigo, San Miguel Arcángel también es bastante venerado, siendo patrono tanto de la pedanía de Bocacara como del agregado en el que estamos, Pedrotoro, aunque la celebración no sea por las mismas fechas.

Bocacara celebra sus fiestas en la fecha del 8 de mayo, cuando se conmemora la aparición de San Miguel en el Monte Gargano (Italia) en el año 490. Sin embargo, en Pedrotoro se homenajea a San Miguel Arcángel en torno al 29 de septiembre, junto con los otros Arcángeles, Gabriel y Rafael.

Estoy convencido de que celebráis San Miguel, no por azar, sino porque en vosotros late el espíritu de defender el bien común, teniendo como lanza la verdad. Bella es la imagen que guardáis en la iglesia parroquial que lleva su nombre, que parece que originariamente estuvo en la iglesia de San Miguel de Caldillas, y que al suprimirse como parroquia en torno a 1842 (época en la que también se suprimió la parroquia de la Caridad), su imagen se trasladó a la iglesia de Pedrotoro, como nos lo cuenta en su pregón María Paz Salazar Acha (2014).

Guardad siempre la tradición e intentad trasmitírsela a vuestros hijos y nietos, como lo hicieron con vosotros vuestros padres y abuelos. La tradición es parte de la idiosincrasia de un pueblo, pues es lo que lo diferencia de otros. Mientras haya fiesta, es decir, mientras haya tradición, habrá Pedrotoro.

Mi primer contacto con Pedrotoro fue de niño y estaba ligado a su agua, conocida en todo Ciudad Rodrigo y su comarca. Rica es el agua de Pedrotoro, y de eso lo sabemos los de Ciudad Rodrigo. Hubo, parece ser, un manantial recordado por muchas generaciones, sustituido por un práctico sondeo.
Todos los sábados por la mañana, mi padre acudía a llenar las garrafas de agua para el consumo durante la semana, y yo acudía la mayoría de esos sábados con él, a ayudarle. Bueno… eso de ayudarle quizás sea una licencia no muy verosímil, pues cada una creo que superaba los 25 litros, no teniendo quien les habla demasiadas fuerzas para cargarlas pues yo por aquel entonces era un niño.

En Ciudad Rodrigo había (todavía hay, aunque mucho menos) tradición de coger agua de los caños, procedentes muchos de pozos y manantiales, para el consumo doméstico e, incluso, para el consumo animal. No es que el agua de nuestro río Águeda no nos guste (nos gusta y mucho, especialmente para el baño veraniego) pero sí es cierto que nuestra zona es rica es esas otras aguas que parece que nos sacian más, o simplemente que su pureza y frescura nos reportan más gusto. Eso de que el agua es insípida, como nos lo enseñaban en la escuela (como en la que estamos y que ahora es sede de vuestras reuniones y divertimentos), es una gran mentira: el agua sabe, y de las que mejor, la de Pedrotoro. ¡Que nadie lo dude!

Varias fuentes había en el entorno, como la de la Caridad, la de San Giraldo y la de las Tripas. Recuerdo ir a coger agua a la de San Giraldo, preferentemente con mi padre, aunque alguna vez nos acompañaba mi madre. La fuente de San Giraldo (a la derecha según vas a Salamanca) me imagino que quedó condenada por la realización de la autovía. En San Giraldo también estaban los baños, y quedan los restos del histórico acueducto del que se ha solicitado su declaración como BIC.
El agua de la fuente de las Tripas tenía la fama de ser bastante sosa; y diciendo la verdad, algo era. Sin embargo, el torrente de su chorro conjugado con su frescor hacía y hace del lugar un sitio de obligada parada especialmente para aquellos que suben y bajan al río andando, aunque ya no se recomienda su empleo.

Pero de todas las fuentes de Ciudad Rodrigo, de la que más me acuerdo de ir a coger agua con mi padre es de la de Pedrotoro. Muchas veces hacíamos cola, pues el caño era de interés de una gran población de la zona. Y así, era como un ritual: nosotros, como muchos otros mirobrigenses, veníamos a coger esa rica agua los sábados. Si alguna virtud tengo, imagino que esa agua en algo habrá contribuido. Si, por el contrario, alguna tara tengo, también.

Pero, si no me confundo, tres fuentes tiene Pedrotoro, aunque el agua venga del mismo lugar y procedencia. Una al final del pueblo junto a la carretera, que es de la que me acuerdo cuando siendo un niño venía a llenar las garrafas para la semana. Otra, más utilizada para el brebaje del ganado, pasando la iglesia de San Miguel, a mano derecha. Y otra, la tercera, más insertada en el poblado, en la plaza del pueblo. Y aquí es donde quería llegar tras el recorrido que he hecho por las fuentes mencionadas.
Sobre esta fuente yo, y algunos otros como yo, pensábamos que se denominaba “de las preñadas”. Sí, quiere decir lo que quiere decir, y han escuchado lo que he dicho: que sus aguas incitan a la gestación. Realizando este pregón he descubierto que no cuenta con tal estrambótico nombre, y que responde a una anécdota digna de contar.

Teniendo ya la edad de estar en trance de ser niños a jovenzuelos, mis amigos (algunos de ellos aquí presentes) decidimos adentrarnos a la misión de ver las pinturas rupestres del “Bonete del Cura”, situadas en la finca de Valverde, sobre las que algo habíamos leído y escuchado. Estas pinturas han sido objeto de interesantes investigaciones científicas como la realizada por Julián BÉCARES PÉREZ, Cleofe RIVERO DE LA HIGUERA, Alejandro GÓMEZ FUENTES y Carlos CIVIETA ROJAS en su artículo “Pinturas rupestres esquemáticas del Bonete del Cura (Ciudad Rodrigo, Salamanca)”, Zephyrus: Revista de prehistoria y arqueología, 1980. Como se indica en este trabajo, fueron descubiertas por José Alberto García Domínguez, haciéndose eco de ello La Voz de Miróbriga del 21 de septiembre y 12 de octubre de 1975.
Dijimos a nuestras madres que estaríamos por el barrio, o como mucho por el Parque de la Glorieta. Bueno…que de dar una vuelta por la Muralla no pasaríamos. Pero la curiosidad y el desafío de los límites nos llevó a coger la bicicleta a un grupo de amigos, y ermita de la Virgen de la Peña de Francia adelante, decidimos ir a encontrar las pinturas del Bonete del Cura, cercanas a Pedrotoro.
Hicimos parada en Pedrotoro, como era preceptivo. Y paramos a beber agua. Tras beber de la fuente situada en la plaza del pueblo, un pícaro vecino que nos estaba observando nos contó que ese era su nombre: “de las preñadas”. La verdad es que esperó a que bebiéramos todos de la fuente, y, bajo risas, sentenció que cuidado con lo que hiciéramos a partir de ahora, pues tal nombre “de las preñadas” era por algo. Tiró incluso de estadística, lo que nos llenó de desconcierto. Algún avispado del grupo señaló, que de ser cierta la estadística que el vecino nos decía, no se entendía por qué Pedrotoro no tenía más población. La solución la tenían fácil: beber su agua.
Hablando con José Habacuc y Ana para redactar este pregón he descubierto que la fuente no tiene tal nombre, sino que se trataba de una gracia de aquel buen paisano. Reconozco que todos los muchachos que un día quisimos ver las pinturas del Bonete del Cura y bebimos agua de la fuente de la plaza del pueblo de Pedrotoro, hemos vivido engañados bastantes años. De ser cierta la acción milagrosa, esa agua ha hecho conmigo su labor muchos años después, este año (2018), siendo padre de una preciosa criatura, Victoria del Carmen.

Pero con ese desconcierto e inseguridad de lo bebido seguimos nuestro rumbo en búsqueda de las pinturas rupestres del “Bonete del Cura”. Los unos decíamos que estaban por aquí. Los otros que, por allí, mientras la noche caía, pues si mal no recuerdo era invierno y anochecía pronto. Tengo en la retina que portábamos abrigo y hacía frío. Atravesamos alambrados, retrocedimos y seguimos, bajo la discusión de dónde estarían. Unos decían que estábamos equivocados, los otros decíamos que no, y la verdad es que todos teníamos la justa idea; es decir, muy poca. Algo vimos, o quisimos ver, o nos imaginamos que habíamos visto, pues era bastante de noche, lo que no nos permitía verlas con nitidez.
Pediría por favor que algún amable vecino nos llevara al lugar a aquellos niños, que hoy seguimos siéndolo de corazón, pero con un poco de experiencia acumulada. Llevaríamos merienda para agradecer el gesto. Todavía cuando aquellos muchachos nos reunimos discutimos si habíamos alcanzado nuestro fin, las pinturas del “Bonete del Cura”. Hubo quien, cegado por la caída de la noche, o porque había que llegar a casa –pues recuerdo que en teoría estábamos en la Glorieta o, en su caso, como mucho en la Muralla— discutió que las habíamos encontrado. La mayoría estábamos seguros de que lo habíamos logrado, aunque no pudimos admirar la expresión histórica de los grabados, dada la caída del sol.

Al margen de estas anécdotas, e incidiendo en otras, el contacto que he tenido con Pedrotoro fue cuando era niño y hacía la función de monaguillo en la iglesia parroquial de San Cristóbal, como algunos recordáis. San Cristóbal había formado unidad pastoral con San Miguel Arcángel de Ciudad Rodrigo, creo que sobre 1999. El cura de entonces, y que sigue siéndolo de ambas parroquias ahora, don Rafael Caño, nos traía a Pedrotoro a todas las fiestas: San Miguel Arcángel, la Virgen del Rosario, Corpus Christi…y también la víspera del Domingo de Ramos, que, aunque no fuera fiesta local como tal, había celebración de la misa en este lugar. Me imagino que años después estas celebraciones siguen vigentes.
Entre una y otra festividad recuerdo que alguna vez vinimos a ver a Nicolás Torrens y a su esposa, quien nos agasajaban con su rica chacina y matanza. No éramos del pueblo, pero nos trataban como si lo fuéramos. Aquellos monaguillos, en agradecimiento por la acogida de los vecinos, construimos un pie de incensario, que todavía se conserva en la iglesia parroquial de este pueblo, y cuya inscripción reza que Borja Márquiz Píriz y un servidor lo donaron por unas fiestas de la Virgen del Rosario, si mal no recuerdo. Mucho valor no tiene pues fue obra de imberbes muchachos, pero sí sentimiento, que a veces es lo que más importa.

Recuerdo con nostalgia esos viajes desde San Cristóbal a Pedrotoro en el coche de don Rafa, en un R5; coche de cinco marchas y algo viejo. Conduciendo iba obviamente don Rafa, de copiloto su madre, Isabel (que en paz descanse), y atrás los monaguillos, Borja (aquí presente) y yo, y a veces algún otro… Jonathan o Roberto. Este Roberto era sobrino de don Rafa.
Durante el corto trayecto entre Ciudad Rodrigo y Pedrotoro nos lanzábamos a cantar alguna canción al uso, como si fuéramos de excursión. Con frecuencia nos atrevíamos con la de “vamos de paseo en un auto feo”. Estábamos convencidos de que, de esta forma, si la cantábamos una y otra vez, a modo de sainete, por fin don Rafa cambiaría de coche.
Siempre llegábamos algo justos a Pedrotoro y aparcábamos en el sitio habitual, al lado de la iglesia de San Miguel, quedando el coche algo caído en la cuneta para no invadir demasiado la calzada. Pero la ubicación del coche era campo de trastada. Dicen que el monaguillo pícaro es, y nosotros no íbamos a ser menos. ¡No nos podíamos resistir!
Recuerdo cómo en varias ocasiones colocamos algunas piedras trizadas en las ruedas del coche del padre-cura para que le costara salir cuando nos fuéramos de Pedrotoro. Por si acaso le resultaba fácil, los tres monaguillos sentados en los asientos traseros hacíamos contrapeso del lado de la cuenta, disimulando la acción con nuestras caras, obviamente, por si miraba por el retrovisor. Y así el coche arrancaba. Coche para atrás… coche para adelante…y al coche le costaba salir. Don Rafa lo achacaba al mal estado de la cuneta y a los años de aquel R5 ya algo viejillo. Pero lo que realmente pasaba es que el coche iba calzado con algún que otro gorrón; eso sí, tapados con algo de hierba y tierra para disimularlos.
Don Rafa, hoy presente, me imagino que de esto se estará enterando. Pedimos con humildad la absolución reconociendo el dolor de nuestra falta. ¡Arrepentidos los quiere Dios!

Y así, de nuevo el contacto con Pedrotoro, con vosotros, ha sido como concejal del Excmo. Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, condición que ostento con orgullo desde junio de 2015.
Sois un pueblo acogedor; una gran familia que siempre ofrecéis un saludo y conversación en cualquier sitio. Ostentar la condición de concejal del lugar donde uno se ha criado, en Ciudad Rodrigo, es todo un placer. Andar por la calle y hablar con muchos de vosotros, de vuestras experiencias y de vuestras inquietudes, me reporta gran felicidad.

Debo reconocerlo: sintiéndome cómodo en cualquier sitio de nuestra ciudad, en uno de los lugares donde más a gusto estoy es en Pedrotoro. Porque sois maravillosos. Porque sois magníficos.
Por eso gritad conmigo:

¡Viva Pedro Toro!
¡Viva San Miguel Arcángel!
¡Viva Ciudad Rodrigo!

Muchas gracias.

 

 

 

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