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II Jornadas Iglesia, Sociedad, Cultura en el 250 aniversario del Seminario San Cayetano

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II Jornadas Iglesia, Sociedad, Cultura en el 250 aniversario del Seminario San Cayetano
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El vicario general de la Diócesis de Ciudad Rodrigo, Tomás Muñoz Porras, ha sido el encargado de la inauguración de la II Jornadas Iglesia, Sociedad, Cultura. 8 de noviembre de 2018 que organiza el Seminario San Cayetano con motivo de su próximo 250 aniversario.
Ha tenido un recuerdo para el obispo Raúl Berzosa Martínez y para el administrador apostólico, Francisco Gil Hellín, que no ha podido estar presente por motivos personales. Ha agradecido la presencia del alcalde de Ciudad Rodrigo, Juan Tomás Muñoz, y los concejales Joaquín Pellicer y Marcos Iglesias.

En este entorno agradece a Dios por la Diócesis Civitatense, con la mirada en el futuro, con interrogantes pero con esperanza. Ve las Jornadas como testimonios, vivos, pasados, con hombres y mujeres evangelizando con conocimientos aprendidos en el Seminario para llevar lejos el mensaje.
Se refiere al archivo del Seminario reconociendo la labor de Juan Carlos Sánchez, rector, agradece a los ponentes su disposición y a Javier Alonso Torrens su empeño, que no ha podido asistir por motivos de salud.
No se ha olvidado de dos obispos presentes, José González, natural de Sobradillo, obispo en Cazajeiras (Brasil), y a José Sánchez, ntural de Fuenteguinaldo, obispo emérito de Sigüenza Guadalajara.

La inauguración del Seminario tuvo momentos difíciles, como los que tuvo el obispo Cayetano Cuadrillero y Mota, junto a los padres buenos que ayudan al Seminario, y a los hijos.

Especial mención a tres bienhechores especiales, como los denomino Cuadrillero y Mota, tres sacerdotes que apoyan el proyecto de creación del Seminario.

Pedro Serrano, canónigo de la Catedral que dono 100 ducados.

Francisco Pavón, canónigo maestres escuela de la Catedral

Francisco Sanmartin, canonigo

Con la ayuda de estos tres bienhechores materializaron en algo físico, el Seminario.

Se hizo un cambio en el orden de los ponentes por motivos técnicos, ya que la Ignacio Francia la hizo por videoconferencia por motivos de salud.

 


II Jornadas Iglesia, Sociedad, Cultura. 8 de noviembre de 2018

PRESENTACIÓN DE LAS JORNADAS

Recuerdo del camino andado, Juan Carlos Sánchez Gómez

Estimado compañero D. Tomás Muñoz Porras, Vicario General de la Diócesis de Ciudad Rodrigo, estimados D. José Sánchez González, obispo emérito de Sigüenza-Guadalajara, D. José González Alonso, obispo emérito de Cajazeiras (Brasil) alumnos de
nuestro Seminario.

Estimados ponentes y amigos que nos acompañáis. Os damos la bienvenida a estas II Jornadas preparadas con cariño y esfuerzo por el equipo de formadores del Seminario y por otros muchos que estáis hoy aquí y otros que están lejos apoyando día a día. Gracias también al secretario de las mismas, el profesor D. Anselmo Matilla Santos.

Concluíamos las pasadas jornadas celebradas el 14 de junio de 2018 con varias consideraciones. Os recuerdo alguna de ellas.

Que el Seminario es una gran familia, como se había puesto de manifiesto en aquellas jornadas con la presencia numerosa y el apoyo de tantos. Que los 6.000 nombres y rostros de los que se había hablado en ellas era la prueba del lema 250 razones de la Providencia.

Que echando una mirada a nuestra amada diócesis y a la propia historia del seminario, brotaba antes que nada la memoria agradecida de lo que esta institución ha supuesto para nuestra iglesia local, para la ciudad y para toda nuestra tierra.

Que hacer memoria no era hacer autobombo sino un ejercicio de responsabilidad y de coherencia con lo recibido y que en medio de una crisis de envejecimiento brutal, como en pocas ocasiones hemos vivido en la zona, el Seminario sigue siendo un punto de luz por el ejercicio de Amor, que es y debe ser la educación y la sementera de las vocaciones, de ahí ese otro lema que ya lleva un año en la fachada del Seminario: La Pro-vocación del Amor.

Que el Seminario no queda reducido a un puñado de niños y adolescentes (en las pasadas jornadas decíamos 35 alumnos del Menor y los otros tres seminaristas, uno en etapa de discernimiento y los dos diáconos); sino que es, continuábamos diciendo, además de una comunidad educativa todo un conjunto como lugar abierto al servicio de la diócesis, como Casa sacerdotal y como centro de compromiso por nuestra tierra y por el diálogo fe-cultura.

Que Nuestro Seminario de san Cayetano es una institución de Iglesia, un centro en el que resuena la vida de la sociedad y un proyecto cuya cultura es cultivo de la mejor estatura del hombre, que tiene en Cristo su medida y mejor listón.

Concluíamos aquellas jornadas diciendo que estrenábamos una nueva web, con el mismo dominio: www.elseminario.net, más dinámica, más intuitiva, más fácil de manejar; agradecíamos a la empresa de uno de nuestros antiguos alumnos su generosidad al confeccionarla.

Decíamos también que como recuerdo agradecido de esta efeméride habíamos creado un fondo para colaborar con el Seminario y que sirviera para o bien crear una beca o bien crear otras formas de ayuda a algún alumno del seminario menor y mayor. Este fondo llevará por nombre 250 razones de la Providencia. Decíamos y volvemos a decir que cualquier persona que lo desee puede colaborar y que este donativo desgrava en la Declaración de la Renta, y aportábamos los dos números de cuenta donde poder ofrecer los donativos.
No BANCO POPULAR: ES15 0075 / 5720 /25 /060 02 055 82
No CAJA ESPAÑA-DUERO: ES34 / 2108 / 2221 / 33 / 0030011995

Terminábamos diciendo que estábamos mostrando pequeños videos de testimonios, informaciones en las redes sociales, cuñas de radio. Y cerramos la sesión con el Spot de cinco minutos, cuyos rostros y voces eran y son el presente y el futuro de nuestro Seminario, eran y son voces conocidas, miradas, rostros.

Finamente os decía que “entre todos vayamos trabajando para reunirnos en unas segundas jornadas allá por el mes de noviembre, Dios Mediante” Pues, Dios Mediante ha querido que estemos hoy inaugurando estas II Jornadas tituladas Iglesia, Sociedad y Cultura en este 8 de noviembre de 2018.

Desde aquel 14 de junio han pasado muchas cosas.

La alegría duró poco en la casa de los pobres, solemos decir, y para bajarnos de la nube de la efusión por el buen funcionamiento de nuestras jornadas, al día siguiente, el 15 de junio, no lo olvidamos, se nos daba la noticia del tiempo de reflexión y oración que el Papa Francisco había concedido a nuestro obispo Mons. Raúl Berzosa, ausentándose de la diócesis y nombrándonos un Administrador Apostólico. Nuestra vida diocesana ha seguido y sigue con el apoyo de nuestro Administrador Apostólico, Mons. Francisco Gil Hellín y con el trabajo de todos y cada uno de los agentes de pastoral de la Diócesis. Esta nuestra diócesis civitatense ha demostrados madurez eclesial y pastoral pues es consciente de que el único Pastor es Cristo; pero que no renuncia a tener una situación normalizada no pasando ya mucho tiempo.

Entretanto seguimos rezando por nuestro obispo D. Raúl y seguimos a la espera.

En el mes de agosto vio la luz un suplemento de la revista “Nuestro Seminario” número 28. Lleva por título: El Seminario san Cayetano de Ciudad Rodrigo. La Provocación del Amor. Este suplemento publicado con motivo de estos 250 Años es una reflexión sobre la situación actual de los seminarios menores en España y en Castilla y León con datos estadísticos, sus fortalezas y debilidades; es un acercamiento a nuestro seminario como instrumento y oportunidad para nuestra diócesis, aprendiendo y conociendo su historia, los retos del presente y un decálogo para andar el camino en esta hora de nuestra iglesia diocesana; concluía esta publicación con los 25 fotogramas y alguna frase de los 25 videos que figuran colgados en YouTube y en nuestra Web del Seminario.

Prolongamos esos videos y proponemos que los antiguos alumnos e incluso aquellas personas que han tenido y tienen vinculación con el Seminario nos envíen a través de las redes sociales una video de 1 minuto, que unidos a estos 25 videos, podrán ir completando, como en un gran caleidoscopio, un rostro rico y complejo de nuestro Seminario. Si llegamos a 250 videos, como nos sugirió un compañero sacerdote y tenemos un año para ello, serán sin duda 250 razones de la Providencia.

En el mes de septiembre además de inaugurar el curco académico con 30 alumnos en el Seminario Menor, uno en discernimiento y dos diáconos, tuvimos la suerte de celebrar el día 30 del mismo la ordenación sacerdotal de uno de estos diáconos, Miguel Ángel García Miguel, alumno que entró a 6o de Primaria a nuestro seminario y que ha secundado la llamada vocacional. Nos felicitamos por esta ordenación, pues es la razón última de la existencia de esta institución. Aunque a cuentagotas, sigue habiendo respuestas y sigue habiendo jóvenes valientes en nuestra Diócesis.

También en estos dos meses de inicio de curso hemos reunido en un mismo espacio todo el archivo del Seminario: Archivo Académico, Archivo Histórico, Archivo del Centro Teológico Civitatense y otros pequeños adjuntos al archivo. Este trabajo de colocación de carpetas en cajas de cartón es el inicio de un trabajo posterior que puede y debe hacerse.

En cuanto a la digitalización del archivo académico se concluyó a lo largo del final del mes de junio y julio pasado y ya ha ido dando unos frutos en cuanto a las consultas realizadas. Javier Alonso Torrens va pidiendo datos, que como buen sociólogo, es un buen pedigüeño, y alguno más, como Justo García, Francisco Hernández, etc., y también hemos cotejado un dato interesante sobre los alumnos del Colegio Privado, que como sabéis estuvo abierto desde 1875 hasta 1930, y que gozó del aprecio e impulso de sus obispos, del claustro de profesores, que eran los mismo que los del Seminario. En una primera aproximación a los datos de la Universidad de Salamanca, de estos 1000 nombres del colegio figuran en expedientes en la Universidad casi la mitad, si bien solo hemos hecho unas consultas. Es un camino abierto para futuras investigaciones.

Y llegados a este punto, afrontemos pues el desarrollo de estas II Jornadas, que prometen mucho y darán mucho más, como veréis; aprovechemos este tiempo de sementera, pues las lluvias han sido tardías y aún algo escasas, pero suficientes para sembrar. La sementera que el Seminario realizó en semillas pequeñas y en plantas jóvenes, se ve que crecieron y dieron fruto, como nos dice el Evangelio del grano de mostaza. Los que hoy intervienen (algunos que no han podido hacerlo físicamente, pero han mandado su trabajo religiosamente) son una buena prueba de la fecundidad de esta institución a lo largo de su historia.

Muchas Gracias.

Juan Carlos Sánchez Gómez
Rector del Seminario
Director de las Jornadas


EL SEMINARIO EN EL ARCHIVO ACADÉMICO

Iglesia, sociedad y cultura. Misiones, política y educación, Anselmo Matilla Santos

Hace unos meses, cuando comenzábamos estas jornadas de reflexión que desembocarán, Dios mediante, en la celebración del 250 aniversario del Seminario Diocesano, D. Juan José Carreto, entonces secretario adjunto del centro académico, presentaba, de una manera aún incipiente, los datos que habían recabado hasta entonces Sheila y Fran, los técnicos encargados de informatizar el Archivo Académico. Esos datos muestran los grandes frutos de una institución que ha sido luz y faro para nuestra comarca, una comarca situada, como le gusta decir al Rector, “al oeste del oeste”, y muchas veces olvidada, tanto a nivel político como social y económico. El seminario ha sido y, creemos, sigue siendo una esperanza en medio de dicho olvido.

De este fuego candente ha surgido una gran variedad de vocaciones para la Iglesia, la sociedad y la cultura. Numerosos han sido los personajes ilustres, salidos de nuestro Seminario, que han destacado en los tres mencionados ámbitos. Ha habido personas muy relevantes en la Iglesia, y por tanto en la comunidad de los creyentes, tanto a nivel nacional como internacional, en las tres grandes vocaciones cristianas (laicado, vida religiosa y sacerdocio/episcopado). También encontramos personajes que han destacado en la vida política, económica y social, es decir, que han tenido en cuenta que el ser humano, como decía Aristóteles, es un ser que sólo puede desarrollarse en sociedad y, por tanto, hay que hacer lo posible para que esa vida en común sea una vida buena, en paz, armonía y justicia.

Finalmente, ha habido alumnos destacables en el campo de las artes y la cultura, que han apostado por defender que el ser humano es algo más que organización política, que el hombre es, como decía Pascal, mente y corazón, pues somos seres nacidos para pensar, pero también para amar y sentir, pues “el corazón tiene razones que la razón no entiende”.

Hoy fijamos nuestra atención en vocaciones específicas que han surgido del Seminario en esos tres ámbitos: Iglesia, sociedad y cultura. En concreto, en el campo de la Iglesia algunos de los ponentes se referirán a misioneros surgidos de las aulas de nuestra institución. El decreto Ad Gentes del Concilio Vaticano II, sobre la actividad misionera de la Iglesia dice en su inicio: “la Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser «sacramento universal de salvación» (LG 48), por exigencia íntima de su misma universalidad, obedeciendo el mandato de su Fundador, se por anunciar el Evangelio a todos los hombres” (n. 1). De nuestro Seminario han surgido personas que han dejado las comodidades de su casa y de su tierra para ir lejos a anunciar el Evangelio. De ello nos hablarán dos misioneros: Antonio Calderón y Jesús Herrero. No están físicamente aquí, pero se harán presentes gracias a los medios informáticos y tecnológicos.

Por su parte ponentes como Maximino Carpio, José Manuel de Luis o Ignacio Francia, todos ellos relacionados con la política y el compromiso social, hablarán de la relevancia que ha tenido el Seminario en estos ámbitos. Lamentamos la ausencia de Ignacio Francia y de Francisco Javier Alonso Torrens, en parte alma de estas jornadas. Por motivos de salud no pueden acompañarnos esta tarde. ¡Esperemos que en las siguientes jornadas puedan estar con nosotros! Citando de nuevo el Concilio Vaticano II, en este caso la constitución Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, dice: “El gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de todos los afligidos, son también gozo y  esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo, y no hay nada verdaderamente humano que no tenga resonancia en su
corazón” (n. 1). También del Seminario han surgido personas que se han preocupado por los gozos, esperanzas, tristezas y angustias de la gente: nuestros ponentes son buen ejemplo de ello.

Finalmente en el campo de la cultura, tan importantes son los literatos como los artistas y los maestros. Por eso hoy Francisco Hernández y José Ferreira, dos antiguos alumnos cuya vocación ha sido la de educar y enseñar, profundizarán en la importancia del seminario precisamente en la pedagogía. Retomando, una vez más, el Concilio Vaticano II, en la declaración Gravissimum Educationis, sobre la educación cristiana, dicen los padres conciliares: “el santo Concilio ecuménico examina con atención la importancia fundamental de la educación en la vida del hombre y su influjo cada vez mayor en el progreso social de este tiempo”. Efectivamente también del seminario surgieron grandes educadores. ¡Seguro que hoy nos ilustrarán nuestros ponentes a este respecto!

Como Secretario de estas jornadas, y antes de pasar a presentar a quienes verdaderamente son importantes esta tarde, nuestros ponentes, transmito un agradecimiento y una petición. El agradecimiento se dirige a todos los componentes de la mesa, y a aquellos que tendrían que estar aquí y no pueden, pero han enviado la comunicación. Es un lujo poder compartir mesa con vosotros y un honor poder presentaros. ¡El Seminario os está profundamente agradecido por haber sido sus embajadores allí donde habéis desempeñado vuestra vocación y por cederle, de nuevo, parte de vuestro tiempo, contribuyendo a la preparación de su 250 cumpleaños!

¡Gracias de veras por aceptar! Y la petición… ¡que todos nos ajustemos todos al tiempo! Como decían los latinos, tempus fugit, por tanto seamos breves, dado que nuestros oyentes tienen también las ponencias.

¡Gracias a todos ustedes por su atención!

D. Anselmo Matilla Santos
Secretario de las Jornadas


IGLESIA

Miróbriga, cuna de evangelizadores a la sombra de San Cayetano, Jesús Herrero Borrego

Se me ha pedido colaboración en la investigación sobre los alumnos del Seminario Mirobrigense que descubrieron en él su vocación misionera; lo hago con mucho gusto y anticipo mi agradecimiento a Francisco Javier Alonso Torrens el hecho de que me haya confiado esta tarea.

I.- Algunas aclaraciones previas sobre la palabra “misión” con el fin de comprender mejor este estudio sobre los misioneros nacidos a la sombra y cobijo de San Cayetano de Tienne en Ciudad Rodrigo
a) Entiendo la palabra misión en el sentido evangélico y en el significado más amplio de la palabra, tal como la comprendió en la teoría y en la práctica Jesús de Nazaret, el Enviado por el Padre para darles buenas noticias a la humanidad: Dios es Padre-Creador, nos acepta y nos quiere como hijos, nos ha regalado una Casa Común en la que debiéramos saber vivir y convivir, y a la cual debemos cuidar. En su Hijo Encarnado nos sentimos hermanos de los humanos y de todas las criaturas como Francisco de Asís. En su Espíritu nos envuelve de misericordia, nos concilia y reconcilia con la Santísima Trinidad, con todos los hombres y con todas las criaturas de nuestra tierra. La misión es una palabra y una tarea abierta a todas las naciones y a todas las religiones. Es una palabra ecuménica y abierta a todas las culturas, fuera de todo triunfalismo y dominación. Especificando un poco más con la teología clásica:

1.- Misión “ad intra”, en las iglesias establecidas de la cristiandad. Por ejemplo en las iglesias europeas.

2.- Misión “ad extra”, “ad gentes”, fuera de nuestras fronteras, dónde las comunidades e iglesias todavía no están constituidas o consolidadas y tienen pocas raíces históricas.

3.- Misión “en los ambientes” tal y como era comprendida por los movimientos de la Acción Católica Especializada como la JOC, la JAR, la HOAC, la JEC, etc.

4.- Misión también entendida como “Cooperación entre las Iglesias”, tal y como se está viviendo y entendiendo hoy en España, con intercambio de misioneros de diferentes pueblos y culturas.

5.- Misión entendida como anuncio evangélico a todas las naciones, a todos los hombres. Se evangelizan las personas, las familias, los niños, los jóvenes….pero, para que el evangelio se enraíce, también debe penetrar en el arte, (música, pintura, arquitectura….) la educación, la literatura, las danzas…..Hoy las Iglesias africanas, asiáticas, americanas… nos hablan de la
evangelización de las culturas, entendida la palabra misión en un sentido más amplio.

Concluyendo esta introducción, podemos afirmar que iglesia y misión son dos palabras vinculadas que convergen. La misión (evangelización) construye iglesia, y la iglesia desempeña la tarea de la misión confiada por el Señor a sus discípulos. La razón de ser de la iglesia es la misión y ésta es llevada a cabo por los apóstoles, que primero se han descubierto a sí mismos como discípulos. No se puede ser apóstol (enviado), o misionero, si antes no se ha experimentado discípulo llamado al seguimiento desde la intimidad con el Maestro.

II.- La etapa de la postguerra en España fue fecunda vocacionalmente. En el seno de tantas familias numerosas había hijos/as para los diferentes tipos de vocaciones: para el matrimonio, para monjas y religiosas, para sacerdote religioso o diocesano; incluso una de las hijas se quedaba soltera para poder dedicarse de lleno al cuidado de los padres mayores. Cuando la familia crece en hijos, hay hijos para todo. En este sentido Lumbrales, mi pueblo, no podía ser distinto. No se puede hacer una estadística vocacional, sin tener presente la natalidad de la época. Dicho esto, comienzo a hablar más concretamente con nombre y apellidos. Voy a dar una mirada al pasado y a rebobinar la historia de los misioneros/as habidos en el oeste salmantino. En este caso los últimos serán los primeros.

Esto favorece mis recuerdos de los cincuenta años más cercanos. En lo referente a mi pueblo mezclo vocaciones de religiosos/as, sacerdotes diocesanos y de diferentes congregaciones. En fin de cuentas todos somos misioneros.

Allá por el año 1981 estaba yo de misionero en Argentina, diócesis de Morón, provincia de Buenos Aires. Recibo una carta de D. Ricardo García, párroco de Lumbrales, para participar del evento en la celebración del cuarto centenario de nuestra Iglesia parroquial. Había que improvisar un viaje y ver el modo de costearlo. No lo dudé, pues la ocasión lo merecía y pedí dinero prestado para devolverlo a mi regreso. El doble precio del peso argentino en aquella fecha jugó a mi favor. Dejando esto de lado como anécdota, me centro en el hecho. Nada más llegar a su casa, D. Ricardo me entrega un tarjetón con la fotografía de la Iglesia Parroquial. En el revés de la misma había un amplio listado con sacerdotes, religiosos/as hijos del pueblo. En total éramos unos cincuenta. Estos son sus nombres algunos ya fallecidos.

Sacerdotes (1)
+ José María Corral Arroyo (+1925) Canónigo de la Catedral de Ciudad Rodrigo.
+ Manuel Sánchez Corral (+1935) Teniente Vicario Castrense, jubilado
+ Cristino Fraile García (+1936) Párroco jubilado de Maíllo y entonces ya residente en Lumbrales.
+ José Miguel del Corral y Miguel del Corral S.J. Colegio de San Estanislao de Salamanca.
+Ángel Santos Hernández, S.J. Universidad de Comillas. Su familia era amiga de mi padre.
+ Antonio Albuquerque Rubio, S.J. Colegio de San Estanislao, Salamanca.
+ Ricardo Arroyo Cambronero, (1948) Teniente Vicario Castrense, San Fernando, (Cádiz)
Manuel Sánchez Corral, (1951) Cura Ecónomo de San Felices de los Gallegos. (2)
+ Luis García Guitián (1953) Salesiano (París)
+ Francisco Hernández Chico (1955) Argentina
+ Conrado Santiago Santiago (1956) Cura Ecónomo de Saldeana (Salamanca)
+ Jesús Sánchez Donís (1956) Cura Ecónomo de Mieza (Salamanca)
+ José María Martín Patino (1958), S.J. Pro-Vicario General de Madrid
+ Manuel Santiago Patino, (1958) Cura Ecónomo de Laguna del Duero, (Valladolid)
Antonio García Arroyo (1965) Río Colorado, (Argentina)
José Durán González (1965) Cura Ecónomo de La Torre de Esteban Hambrán (Toledo)
+ Bienvenido García Guitián, Salesiano, Director Colegio Loyola de Aranjuez (Madrid) que los PP.SS. recibieron de los PP.JJ. Estando yo de Párroco en Valdemoro me invitó Bienve para que visitara su colegio recientemente donado.
+ Carlos González Calvo, Misionero de la Consolata, en Colombia.
Manuel Cambronero Gónzalez salesiano, maestro de novicios en Logroño.
+ José Cambón Benito (1967) Hermano de La Salle, Honduras
+ Vidal Gómez Curto (1969) Parroquia de La Roda, (Albacete)
Jesús Herrero Borrego, (1969) Cura Ecónomo en Morón (Bs. As.) Argentina
Martín Benito García (1970) Cura Ecónomo de Retortillo(Salamanca)
+Manuel Fraile Calvo (1971) Salesiano en Filipinas.
José Sánchez Arroyo (1973) Párroco de San José, Cádiz
José Sánchez Pérez (1975) Profesor del Seminario de Albacete
P. Ángel Sánchez, Carmelita Descalzo.

Religiosas
Sor Felícitas Pablos Hernández, Sierva de San José (Buenos Aires)
Sor María Celina Fe de Jesús García Pablos, Corpus Christi (Salamanca)
Sor María Josefa García Pablos, del Sagrado Corazón, Madrid
Sor Ángela Santos Hernández (1939) Hijas de Jesús Madrid.
Sor Purificación Forentina Serrano Hernández (1945) Amor de Dios, Granada.
Sor Ángela Borrego Chico (1949) Hija de Jesús, Málaga
Sor Visitación Miguel del Corral, (1949) Agustina Recoleta San Felices de los Gallegos, (Salamanca)
tantos poetas religiosos de nuestro Seminario. Escribió poemas sobre la Virgen de la Peña de el sacerdocio misionero, etc.
Sor Pilar Simal Cachazo (1949) Misionera Dominica, Bilbao
Sor Consolación del Divino Corazón Hernández (1949) Agustinas Recoletas- Salamanca.
Sor Consolación Hernández González (1948) Hijas de Jesús, Misionera en la República Dominicana
Sor Ascensión Manzanas de Santa Rita (1954) Madres Agustinas, Vitigudino, Salamanca
Sor Gloria Cuadrado Saborido (1954), Amor de Dios EE.UU.
Sor Teresa Barahona Comerón (1954) Hija de la Caridad – Madrid
Sor Ascensión Manzanas Gajate (1958) Misioneras de Santo Domingo. La visité en su convento el Año Santo de 1975 de Pablo VI
Sor Concepción Pérez Vasconcellos (1958) Hijas de la Caridad, Madrid. Dejó el convento y vive en Lumbrales.
Sor María García García, hermana de D. Ricardo, Hija de la Caridad en Alba de Tormes (Salamanca)
Sor Emilia Manzanas Gajate (1960) Amor de Dios, Chile
Sor Concepción García Guitián (1960), Salesiana, Salamanca
Sor Sara Piñel Hernández, (1967), Hija de la Caridad, Vitigudino, (Salamanca)
Sor Julia Ambrosio Manzano, Sierva de San José, Salamanca
Sor Isabel Barahona Arroyo (1969) Hija de la Caridad, Madrid
Sor Angelines Moro Hernández (1969) Teresiana- Roma
Sor Mercedes Arroyo Corral (1975) Villardeciervos (Zamora)
Sor Piedad Sánchez Barrientos, (1975) Hija de la Caridad, Benavente (Zamora) (3).

Durante la presencia y ejercicio de párroco de D. Ricardo García García surgieron como fruto, por obra y gracia del Espíritu (y de los trabajos y esfuerzos humanos de los pastores habidos): 26 sacerdotes y 25 religiosas aproximadamente, más bien más, que mas bien menos.

III.- Desde la Diócesis de C. Rodrigo quiero explicitar a los siguientes misioneros diocesanos de la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal Hispano Americana) y del IEME (4).

Cipriano Calvarro Martín, nacido en Descargamaría (Cáceres) en 1938, que Licenciado en la UPSA fue profesor Universitario y párroco en Brasil, hoy secularizado.
José González González, natural de Sobradillo, licenciado también en Salamanca, Obispo de Cajazieras (5).
Cesar Moro, en Barquisimeto (Venezuela) durante un periodo muy prolongado.
Matías Castaño fallecido recientemente en Salamanca, misionero también en Venezuela dónde trabajó varias temporadas y realizó una tarea de promoción social de viviendas, costeando la mismas con parte de la herencia de su familia de Sepulcro Hilario (6)
Juan José Aranguren, n. 1945?, misionero del IEME, ¿en Nigeria?, hijo de una maestra de Ivanrey (C. Rodrigo)
José Gajate Montes, de Lumbrales, misionero del IEME en Colombia. Estudió Humanidades y Filosofía en C. Rodrigo, Teología y Espiritualidad en el IEME (Burgos); cinco años de Pastoral en Majagual, (Colombia) veinticinco de Profesor de Filosofía y Ética en el Colegio Seminario de Cartagena de Indias, (Colombia). Fue Coordinador Regional de la Universidad de Santo Tomás de Aquino en el Departamento de Bolivia. Acumula una gran Bibliografía sobre Filosofía y Ética. (7)
Santos Cabrera, de Bocacara, Misionero del IEME en Colombia que trabajó en la misión desde la Pastoral Social.
Carlos Calvo, Misionero de la Consolata, que falleció violentamente en Colombia , muerte confusa que no fue del todo aclarada.
Martín Robles, de Ahigal de los Aceiteros, del IEME. Después de haber ejercido su misión en varios países de África Central pasó a Centro América y terminó como Director de IEME cuando el Instituto Misionero ya había sido trasladado de Burgos a Madrid. Enfermó gravemente y fue ingresado en el Hospital Gregorio Marañón en la Unidad de Cuidados Intensivos. Sus hermanas se alegraron al reconocerme cuando yo iba administrarle el Sacramento de la Unción.

En mi segundo curso de latín despedimos solemnemente al primer grupo de misioneros mirobrigenses que marchaban a Paraguay. Su destino era regentar el Seminario Menor de la Diócesis rural de Concepción.

Juan Manuel Jorge Jorge de Herguijuela de Ciudad Rodrigo, Licenciado en Teología en la Universidad de Comillas, que asumió el cargo de Rector del Seminario,
Francisco H. Chico, de Lumbrales como Director Espiritual
Manuel del Brío Pérez, de Barruecopardo,
Julio Rodríguez Machado, de ¿Cespedosa?
Casimiro H. Chico, de Lumbrales
Pablo Malmierca, de Ciudad Rodrigo

Fueron profesores del citado Seminario en diferentes disciplinas que no es menester concretar.

Después de unos años en Paraguay dónde se familiarizaron con el guaraní, su lengua autóctona, el equipo se dividió y optó por un cambio de país. Decidieron por Argentina pero en diócesis diferentes.

  • Pablo Malmierca y Casimiro H. Chico marcharon a la diócesis de San Martín dónde ambos optaron por dejar el ministerio sacerdotal. Juan Manuel Jorge, Julio Rodríguez, Manuel del Brío, y Lorenzo Machado se quedaron en Morón. Paco H. Chico y José María Martín se alejaron bien al sur, a la Patagonia, provincia de Río Negro, en las diócesis de Neuquén.
  • Del Seminario de San Cayetano llegaron nuevos refuerzos para la misión en Argentina:
  • José María Martín, de Sepulcrohilario, destinado a la diócesis de Neuquén. En aquella época Paco estaba muy cerca, en Cipoletti aunque era distinta diócesis y diferente provincia.
  • Antonio García Arroyo, de Lumbrales fue acogido en la Diócesis de Viedma y destinado como formador y profesor del Seminario Menor de la misma.
  • José María Muñoz, de Ciudad Rodrigo le acompañó en la misma tarea Pero ambos tenían más espíritu misionero que alma de claustro. Y muy pronto solicitaron cambio al Obispo de Viedma. José María Muñoz fue destinado de colaborador parroquial a Neuquén. Y Antonio García Arroyo a Río Colorado, un pueblo grande, distante a unos trescientos kilómetros de Bahía Blanca. El párroco Iván había creado un gran colegio parroquial de Primaria y Secundaria. Antonio ejercía de profesor de música y de religión en el mismo y de buen colaborador en la parroquia y en las capillas de sus barrios.

Y los de penúltima hora. Somos los sacerdotes y alumnos de mi generación:

  • Eduardo Manzanas, de La Fregeneda a quién estimé mucho como amigo, que marchó a Perú.
  • Francisco Cavero, de Boada, D.E.P., de un curso inferior al mío. Buenos compañeros dónde los haya. El Obispo del Cuzco había solicitado a la Ocsha sacerdotes misioneros y ellos se mostraron disponibles para servir a la diócesis cuzqueña.

Tenían su personalidad y eran hombres libres a la hora de opinar. Al Obispo Demetrio Mansilla, y a nuestro Rector del Seminario no le caían simpáticos porque no solían callarse. Contestaban y defendía su opinión ante los superiores. Eran bastante críticos y le atrasaron su ordenación sacerdotal.

En Madrid hicimos juntos el Curso de Adaptación Pastoral Latino-Americana, compartimos el aggionamento del Vaticano II, gozamos con las clases impartidas sobre los Documentos de Medellín que abrieron las puertas a la Teología de Liberación. Acudíamos por las noches a los Colegios Mayores a ver obras de teatro y a escuchar conferencias sobre temas de actualidad. Allí en el Colegio Vasco de Quiroga conocimos por vez primera el poema nacional argentino “Martín Fierro”. Nos hacían felices los comentarios del profesor en el aula. A mí me ayudó para conocer la histórica y triste opresión del gaucho argentino y para ubicarme en mi tarea, ya muy cercana de la misión. Era el último trimestre de 1970. A partir de entonces la vida nos separó de norte a sur.

Jesús Herrero Borrego, de Lumbrales, (el que suscribe), misionero en la Diócesis de San Justo y de Morón, provincia de Buenos Aires (Argentina). Haciéndose eco del espíritu de Medellín se comprometió en las zonas marginales de la Diócesis de San Justo (villas miserias), en las periferias, que nos diría el Papa Francisco. Fue bastante incomprendido por el Obispo de la Diócesis. Durante cuatro veranos argentinos, en el mes de Enero realizó una misión con jóvenes de las parroquias y con seminaristas dehonianos (de los PP. Reparadores italianos afincados en San Justo). Trabajaron la misión en Las Canteras de Quilpo, Cruz del Eje, de la provincia de Córdoba. Conoció esta sierra pobre en la que dejó huellas y simiente evangélica el Cura Brochero
recientemente canonizado por el Papa Francisco. En otras ocasiones realizaron la misión en la zona guaranítica del Chaco argentino.
Integró durante diez años el Equipo de Pastoral de emigrantes paraguayos en Buenos Aires que coordinaba el P. Oliva, un jesuita español de Huelva. Dicho equipo realizaba una misión en varias diócesis de la Metrópoli. Bonaerense en el mes de diciembre durante quince días previos a la fiesta del Inmaculada. La misión se clausuraba el día 8 de diciembre en el Santuario  del Sagrado Corazón de Jesús de los PP. Salesianos en san Justo en un encuentro masivo de los paraguayos de todos los barrios dónde se había celebrado la misión en una misa cantada en guaraní, acompañada con guitarras y arpas paraguayas y un amplio coro formado por voces de las capillas de diferentes barrios del Gran Buenos Aires. Presidía la celebración eucarística el Obispo, que venía a la misión con el equipo. Concelebraban los sacerdotes paraguayos misioneros y los curas de los barrios. Era una jornada de macro-fiesta, No faltaba de nada. Por la mañana deporte, mucho deporte en todos los campos de futbol del gran parque recreativo salesiano, balón-mano, básquet…Comida fraterna al aire libre con el menú paraguayo y ricas empanadas…y por la tarde un gran festival folklórico con mucha participación de grupos musicales de los barrios. Y bailes indígenas…embellecidos por sus trajes típicos de gran colorido.

Nuestros misioneros de la OCSHA desempeñaron una gran actividad en el campo educativo, fundadores de escuelas y creadores de parroquias. Es conveniente informar que la mayoría de la educación en Argentina está en manos privadas, especialmente de la iglesia, en diferentes congregaciones religiosas. Y también la mayoría de las parroquias tienen como anexo a su templo una escuela o colegio. Vayan unos testimonios como ejemplo:

  • Juan Manuel Jorge en la Parroquia de María Reina de Morón había creado un gran colegio parroquial en dos secciones, preescolar (jardín de infantes) y primaria. En los últimos años abrió una sección de secundaria, (bachillerato) .
  • Manuel del Brío fundó en el barrio de Lomas del Mirador el colegio de Nuestra Señora de Fátima que llegó a tener más de mil alumnos. Fue todo un modelo en la diócesis de San Justo: preescolar, primaria, y secundaria, con dos modalidades: comercial (administrativo) y bachillerato de letras. Yo trabajé en el mismo como profesor de religión y en pastoral durante cinco años. Había varias secciones A, B, y C. Y debo afirmar que el colegio enriquecía la vida parroquial.
  • Lorenzo Rodríguez Machado fundó el Colegio Inmaculado Corazón de María, junto a la parroquia que lleva el mismo nombre. Fue fundada por un Claretiano, predicador misionero de la Gran Misión de Buenos Aires. En los cinco años de mi presencia en Morón fui muy feliz trabajando tanto en la Parroquia como en el Colegio ICM (Inmaculado Corazón de María). En mi tiempo independizamos a los niños de preescolar, que convivían en el mismo edificio y compartían el mismo patio de recreo cuyo espacio le quedaba pequeño. Compramos un chalecito en la cercanía, lo remodelamos y lo adaptamos. Recuerdo que le pregunté a los pequeños escolares sobre el nombre. ¿Cómo lo vamos a llamar? Y lo bautizamos así: “Mi Casita Nueva”. Los peques estaban encantados.

Los barrios, las casas de las familias (casi todas de emigración europea) evolucionaban a la par que los colegios y parroquias en permanente construcción, sin prisas, pero sin pausa. La participación de los vecinos era ilusionante. Todo se iba haciendo nuevo cada día. El Espíritu y el hombre hacían nuevas todas las cosas.

  • Julio Machado en su barrio de Lomas del Millón, de Ramos Mejías (Bs. As.) levantó un Centro de Salud para atender sanitariamente a los vecinos más necesitados. Lo conocí personalmente y lo experimenté con mucha vitalidad. Era servido fundamentalmente por médicos/as, enfermeros/as y trabajadores sociales voluntarios. Se secularizó y marchó a Venezuela.
  • D. Casimiro, creo que fue natural de Barreras, de los primeros misioneros del IEME. Ejerció un servicio a la misión de veinte años seguidos en Japón. En mi tiempo de Teología pasó por el Seminario Mayor y ofreció una conferencia misionera que nos impresionó mucho.
  • Domingo Velayos fue misionero en La Habana (s. XIX) (8)

Los últimos de Filipinas. Entre los últimos misioneros de nuestra diócesis están José Manuel Vidriales de Hinojosa del Duero, actualmente Vicario de Pastoral de la diócesis de C. Rodrigo suele pasar unos meses del verano en Perú, y Fernando Tendero, de
Fuenteguinaldo, Vicario-Ecónomo de la Diócesis, acude a Nicaragua durante seis meses al año. Ambos desempeñan un servicio misionero temporal. Este último ha creado una ONG que llama “Los hijos del maíz” a la que apoya económicamente de una manera continuada. También son de valorar los trabajos temporales en la misión, porque dinamizan, enriquecen y complementan el trabajo continuado de los misioneros del lugar.

También salieron misioneros que desempeñaron su trabajo en Europa. Con motivo de la emigración de españoles a diferentes países de Europa: Francia. Suiza, Alemania…. surgió desde la Comisión Episcopal Española de Emigración un servicio misionero de acompañamiento a los españoles que salieron del país a la búsqueda de trabajo en los años del tardo-franquismo. He aquí la nómina en este listado.

  • D. José Sánchez Sánchez, de Fuenteguinaldo, que era el Coordinador de los capellanes de emigrantes en Alemania y su compañero, Juan Medina, en Stugart y Kolm, hoy ya fallecido.
  • Justo Hermoso, nacido en Hoyos, (Cáceres) del curso de Agustín Durán.
  • Miguel Moroñón Cejudo, Licenciado en Derecho Canónico en la UPSA y abogado civil también fue misionero de emigrantes.
  • Juan José Hernández Alonso, capellán-misionero de emigrantes en Inglaterra en los años 60-70. A su regreso ejerció de Profesor-Catedrático de Eclesiología en la UPSA y de Filología inglesa en la USAL.
  • Alonso Martín Vicente, de Guadapero en Alemania.
  • Joaquín Peña Donís, de Lumbrales, que, por cierto, somos parientes, ya que supadre y mi madre eran primos hermanos. Es pintor y restaurador de imágenes y retablos. En la ermita y en la iglesia del pueblo ha dejado muchas huellas de su trabajo. Regresó al pueblo ya secularizado. Y que recuerde, finalmente, también estuvo en Suiza varios años, Alonso Martín Vicente, de Guadaper ocon quien conservo amistad desde el Seminario.
  • Antonio Calderón Melgar de Sancti Spiritus, mi condiscípulo, que marchó a Alemania siendo seminarista. Finalizó los estudios teológicos en Stuttgart. Permanece todavía en la Iglesia alemana asumiendo en este momento la responsabilidad de enlace y coordinador entre las dos Iglesias.
  • Por esas fechas también terminó la Teología como estudiante mi condiscípulo Sebastián Martín, de Martín del Yeltes que recibió la ordenación sacerdotal en Alemania. Se secularizó allí y no lo he vuelto a ver desde el Seminario. También marchó Luis Durán, que actualmente se halla incardinado en Salamanca. Y no quiero dejar en el olvido a Francisco García Lozano, nacido en Robleda, buen poeta y mejor amigo, con el que no he vuelto a encontrarme desde filosofía. Un posible encuentro, cuando llegue, (si es que llega) sería para ambos causa de una gran alegría.

Cierro este párrafo haciendo alusión a estos sacerdotes diocesanos de Ciudad Rodrigo: D. Ramón Martín, nacido en Argentina, Párroco de Villavieja de Yeltes y D. Ricardo García, de Lumbrales, D. Ángel Morante, de Sobradillo, D. Pepe Martín, de Hinojosa, y D. Anastasio de Sancti Spiritus, que participaron en la Gran Misión de Buenos Aires, celebrada en el año 1960. Era yo, entonces, “un pipiolo” del Seminario Menor.

¿Cómo surgieron el espíritu y las vocaciones misioneras? Poner los medios adecuados es algo indispensable para conseguir el fin y el fruto que se espera. El trabajo de la tierra y la siembra son indispensables. Puedo afirmar que, tanto en el Colegio como en el Seminario de San Cayetano, se ponían los medios para despertar la conciencia de la misión. Voy a enumerar algunos de ellos:

1. Las personas. Estoy pensando en los formadores y directores espirituales que tenían su calidad como el P. Turiel S.J. el P. Céspedes S. J. D. Cesar Sagrado, D. Faustino y D. Demetrio Mansilla, nuestro Obispo, que procedía de Burgos, archidiócesis muy misionera dónde estaba afincado el Seminario del IEME. Los Padres Espirituales nos acompañaban en el discernimiento de nuestra posible llamada a la misión. Personalmente tengo que confesar que no me sentí presionado por ellos.
2. Las charlas, conferencias, celebraciones y fiestas misionales, retiros espirituales, meditaciones…
3. Los Testimonios y visitas de Misioneros de diferentes congregaciones: Combonianos, PP. Blancos, Jesuitas, Salesianos, etc.
4. La participación en encuentros misioneros en verano: Semanas Misionales en Burgos, o cursillos de la OCSHA en Madrid.
5. Revistas y libros misioneros: “Antena Misionera” de la Consolata, “Mundo Negro” de los Combonianos, “Id” del IEME, “Tercer Mundo” Las Congregaciones religiosas misioneras en sus editoriales publicaban libros valiosos cargados de experiencias de las misiones. Me viene a la memoria el librito “Un Misionero en Alaska” del P. Llorente S.J. cuya lectura nos emocionaba. Debo aclarar que el costo de las suscripciones de las revistas lo hacíamos a cargo personal de nuestros escasos ahorros. Lo mismo he de decir de los cursillos que hacíamos en los veranos.
6. Veladas literario-musicales y teatro misionero: los organizábamos en nuestro Salón de Actos. Destacó entre otras obras El Divino Impaciente sobre San Francisco Javier, de José María Pemán, que protagonizó Paco Chico. Algunos poemas los tenía bien vivos en su memoria y no perdía la ocasión para recitarlos en encuentros festivos y meriendas de curas. No quiero olvidar  los periódicos murales dónde editábamos noticias misioneras.
7. Y especialmente las academia misioneras y de hispano-américa, OCSHA, grupos y asociaciones en el internado que  pretendían sensibilizar y despertar vocaciones de cara a la misión.

Digo verdad, si afirmo que durante todo el curso académico, vivíamos, nos movíamos y respirábamos en este ambiente. El curso lectivo estaba salpicado de jornadas misioneras. Todos los meses del año integraban una fecha, una fiesta, una ocasión para celebrar una jornada de evangelización. Comenzábamos el año académico con el Octubre Misionero y el último domingo celebrábamos con mucho sentimiento desde la oración y desde la Liturgia el DOMUND, (Domingo Mundial de la Propagación de la Fe). Lo de propagación, quedó superado con el Concilio Vaticano II, pues la fe no es asunto de propaganda, sino que la evangelización es un anuncio gozoso de la gran noticia de la salvación de Jesucristo. Había fiestas claves: San Francisco Javier, Santa Teresita del Niño Jesús, la Navidad misionera, la Santa Infancia, en la Epifanía el día del Clero Indígena (fiesta del IEME); y el Octavario por la Unión de las Iglesias, que culminaba con la fiesta de la conversión de San Pablo……
Finalizábamos en Junio con la Fiesta de Pentecostés (día de la iglesia y del envío). Como podemos ver el Espíritu Santo, que nos envolvía en este ambiente festivo, nos animaba a la misión universal. Iban surgiendo vocaciones de compañeros que de cuando  en cuando, daban el salto a alguna congregación, instituto misionero o a nuestra organización del clero diocesano, la OCSHA. Con el ejemplo de compañeros que se hacían testigos del anuncio y con la presencia del Espíritu en nosotros, me pregunto ¿quién se iba a resistir a la misión?

Nuestros formadores y directores espirituales, no eran celosos, “no barrían para casa” y con altura de miras se desprendían gozosamente de sus mejores seminaristas y alumnos. Esta actitud siempre me gratificó mucho, entonces y ahora. ¡Demos gracias a Dios por ello, porque tenían bastante claro que trabajaban para la iglesia universal, para la iglesia católica, y no tanto para la iglesia local.

Me gustaría ahora incidir en el proceso interior de mi vocación misionera. Las grandes opciones de la vida de una persona se fraguan siempre dentro, en el interior de uno mismo, casi a escondidas, en silencio. En secreto sigilosamente guardado, aunque no siempre, pues con frecuencia lo compartíamos con los amigos más íntimos. A veces no podíamos resistir. Fue el P. Turiel, mi director espiritual quién me acompañó en el proceso del discernimiento. Su referencia de jesuita misionero durante veinte años en China fue una fuerza moral. Con razón lo apodábamos familiarmente como el P. Chino. Me ayudó el testimonio permanente de los compañeros que iban tomando valientes decisiones. Para mi estos ejemplos fueron una invitación al seguimiento. La maduración de este proceso vocacional duró exactamente ocho años vividos en el Seminario Mayor. Pero quiero enumerar otras de tipo sociológico que no son exclusivas:

1. En mi época estaba el seminario lleno. Eran otros tiempos y nuestro seminario tenía vocaciones para repartir y cooperar con las iglesias. Y fuimos generosos y desprendidos: nosotros y nuestros superiores y formadores. Y también nuestro obispo D. Demetrio Mansilla. Disponíamos de sacerdotes para compartir.
2. La parroquias de la Diócesis estaban cubiertas con párrocos titulares. No teníamos mucho futuro y los jóvenes necesitábamos horizontes amplios y abiertos. Por eso apostábamos por la emigración como misioneros en otras diócesis de España escasa de clero, o en otros continentes: Europa, (capellanes de emigrantes), África, América, Asia.
3. Éramos jóvenes con vivos ideales. No veíamos otra salida para hacerlos realidad más que la opción misionera. Esta razón era muy fuerte.
4. Las familias de los años 50 eran familias numerosas. Disponían de hijos “para todos” y las familias carentes de recursos económicos veían únicamente factible el Seminario para que alguno de los hijos pudiese estudiar. cómo fue mi caso. Hacerse cura fue una salida laboral.
5. Los padres sentían la ilusión tener un hijo cura. Era una solución para su vejez, decían en mi pueblo, y verdaderamente así era en las parroquias de nuestra diócesis rural de C. Rodrigo.
6. El hijo cura, daba imagen y dignificaba a la familia. En nuestro pueblo, socialmente se valoraba mucho. Engrandecía a las familias más humildes. Todo esto fue cambiando con la secularización y la desacralización en el pos-concilio que nos desconcertó a todos.

De algunos gozos y dolores en la misión. Todo servicio misionero implica en sí sus cruces y sus luces, que es conveniente asumirlas en sí y gozarlas cuando llegan. Comienzo por los dolores y sufrimientos:

  • La soledad en el clero diocesano se acentúa en la misión. Vivíamos independientes y en diócesis distintas. Yo la asumía con realismo haciendo mías las soledades existenciales de los feligreses, adolescentes, solteros, viudas/os… Meditando las soledades de los otros, disminuían las mías.
  • Un cierto desamparo de los curas de la Ocsha: un poco olvidados por la diócesis de origen y un tanto relegados por la diócesis del destino.
  • La lejanía de la familia que dejábamos en España, los padres mayores y ancianos, que afectivamente echábamos de menos. Yo lo superaba haciendo mía la comunidad eclesial como familia.
  • La incomprensión con el Obispo receptor, que yo la padecí mucho en los ocho primeros años en la Diócesis de San Justo. La sobrellevé en el desahogo y en la comunicación con compañeros de la Ocsha: Jorge, Manuel el Brío, Paco Chico…
  • Las diferencias en la praxis catequética, pastoral, litúrgica, rechazadas oficialmente por los cuadros jerárquicos de la iglesia local. Me estoy refiriendo a todo lo se pueda vincular con la teología de la liberación.
  • La opción por los pobres en las villas miserias que me colgaron el epíteto de cura tercermundista. Léase cura comunista.
  • La distancia generacional marcaba diferencias en el pensar, en el sentir y en el actuar de la pastoral. A ninguno de los curas misioneros de Ciudad Rodrigo, que estábamos en Buenos Aires los pude yo conocer el Seminario. A veces discutíamos tensamente en las comidas fraternales sobre política u opciones pastorales. Yo, como el último y el más novicio recientemente llegado, tenía prudentemente que callarme.
  • De los compañeros que estaban en la Patagonia nos distanciábamos más de 1.000 kilómetros. Con Antonio, mi paisano, nos veíamos cuando él venía a San Justo (Buenos Aires) a coger el avión para viajar a España.

Y ahora hablemos de gozos, de luces y alegrías. Es mucho lo que se enriquece la vida del misionero en lo referente al conocimiento de otros mundos y culturas. Enumero los siguientes:

  • Se ensanchan los horizontes en todos los campos: en lo relacional, en lo cultural y en lo geográfico. Se rompen estrecheces que esclavizan.
  • Se vincula uno con la historia de los pueblos. Se mete uno dentro de la misma (intra-historia). Me refiero a la historia de la evangelización. Se descubre uno como eslabón de la cadena de los evangelizadores que en el mundo han sido.
  • Se quiebran dogmas y se rompen absolutos. Te vas haciendo un maestro en relativizar la vida.
  • Aprendes la Biblia desde la vida del pueblo como historia de salvación liberadora.
  • Superas una moral legalista y esclavizante, y te emocionan la verdad y la libertad que el Evangelio te manifiesta.
  • Descubres que las diferentes culturas generan fraternidad y ésta se hace cultura que favorece la buena convivencia.
  • Aprendes teología práctica en la misión y admiras en los diálogos comunitarios la riqueza y la grandeza de las opiniones de los pobres y sencillos.
  • Admiras la grandeza de la hospitalidad compartiendo con los vecinos, huérfanos, y necesitados su escasa mesa.
  • Valoras la calidad y sencillez de humildes catequistas que se comprometen con fidelidad en la educación de la fe de sus hermanos.
  • Te emociona el amor que sienten desde su fe hacia la Iglesia y al sacerdote como misionero.Teológica y políticamente descubres al Pueblo de Dios, “aquí y ahora” que lucha por romper esclavitudes y opresiones buscando su liberación.
  • Te conmueve el aprecio hacia “la iglesia” que sientes y descubres superando el anticlericalismo rabioso en Occidente. Nuestras comunidades de la misión, aman a Dios, aman a Jesucristo y a la Virgen María, su Madre sin vergüenza ni complejos.

Jesús Herrero Borrego
Misionero

Notas:

1 – Desde el año 1952 al 2001 fueron ordenados 19 sacerdotes; doce de ellos fueron monaguillos de D. Ricardo.
2 – Es uno de tantos poetas religiosos de nuestro Seminario. Escribió poemas sobre la Virgen de la Peña de el sacerdocio misionero, etc.
3 – De todas ellas doce fueron catequistas.
4  – Nómina de sacerdotes misioneros del Seminario de San Cayetano que abrieron misión en América.
5  – Más detalles concretos: consultar Documento de Base.
6 – Consúltese también el Documento de Base.
7 – Consultar en la Sección de Escritores del Colegio-Seminario de San Cayetano.
8 – Consultar Documento de Base.


IGLESIA

Del Seminario San Cayetano a la misión en Alemania, Antonio Calderón Melgar

Queridos amigos, no es fácil escribir algo personal para que otro lo lea por ti ante un público más o menos conocido.

Soy Antonio Calderón nacido en Sancti Spiritus allá por los cuarenta del “siglo pasado”, que pasé diez años de mi vida (del 56 al 66) en esta tan querida casa que es el Seminario “San Cayetano” de Ciudad Rodrigo.

No pienso hablar de los buenos y los menos buenos ratos que todos nosotros pasamos aquí, ni de las buenas y las menos buenas relaciones que vivimos todos nosotros en esta “santa” casa. De eso sabéis vosotros tanto o más que yo.

Mi intención es más bien concentrarme en el camino seguido desde aquel Junio del 66 (mi marcha de la “patria” civitatense) hasta el día de hoy, con residencia duradera en Stuttgart. Toda esta “segunda” etapa de mi vida está imbuida, naturalmente, y lo reconozco de forma muy agradecida, a la influencia de compañeros, formadores y maestros en esta vetusta y honorable casa. ¡Gracias a todos, vivos y difuntos por esa vida compartida!

Del 66 al 69 hice en la “Ponti” de Salamanca los tres últimos años de Teología, que terminé con la Licenciatura que la diócesis de Rottenburg-Stuttgart en aquellos años esperaba de los que, como yo, pensábamos dedicar nuestra vida pastoral al servicio de los muchos emigrantes españoles que desde los años 50-60 vivían en una situación humana y social al veces tan deplorable.

Mons. José Sánchez González ((hoy aquí presente)) fue para mí el “motor” de esta decisión mía de hacerme “emigrante” con los emigrantes en Alemania. ¡Gracias Pepe!

En este momento quiero recordar algunos compañeros, que en aquella diócesis alemana me acompañaron en mis primeros pasos: Fueron, además de José Sánchez, Alonso Martín Vicente (de Guadapero) y el gran recordado y en Stuttgart nunca olvidado Juan Medina. A ellos les agradezco su compañía y sus buenos ejemplos de vida pastoral en mis duros primeros años en la emigración. ¡Gracias!

Y ahora quiero explicaros en unas breves frases mi actividad en esa diócesis en la que estoy incardinado desde mi Ordenación Sacerdotal:

- Un año completo estuve afianzando mis primeros conocimientos de alemán adquiridos en la “Ponti” y de esa forma tuve la ocasión de conocer la Iglesia alemana, los compañeros de trabajo y el trabajo pastoral con la juventud; en ese tiempo también acudí a un cursillo de Cristología que impartió en Tübingen el conocido profesor Hans Küng.
- Después de este año preparatorio ingresé con otros ocho compañeros alemanes en el Seminario Diocesano de Rottenburg. Con cursos intensivos de pastoral nos preparamos para un año completo como diáconos en las parroquias. Después volvimos al seminario donde nos preparamos para la Ordenación Sacerdotal en marzo del año 1972.
- Tres años tuve, como coadjutor, la posibilidad de conocer y practicar la pastoral en varias parroquias de la diócesis.
- Otra etapa importante en mi vida de “emigrante” fueron los 20 años que compartí mi vida pastoral como párroco de una parroquia alemana con la atención como capellán de emigrantes españoles en la hermosa zona turística del Lago de Constanza.
- A partir del año 1994 el Obispado me nombró párroco de la Comunidad Católica de Lengua Española en Stuttgart. Ahí estuvieron presentes como mis antecesores José Sánchez y Juan Medina. Ahí -ya retirado- sigo viviendo hasta la fecha.
- Y de mis “milagros” ¿qué puedo contar? Pues realmente nada, ya que para los milagros son “otros” los competentes. Lo que sí puedo contar es, lo que todos los sacerdotes activos en la vida pastoral hacen. La vida activa con emigrantes, sin embargo, es radicalmente distinta a la vida arraigada y asentada en la patria. Es cierto que de alguna manera estamos todos siempre en proceso migratorio en la vida, pero el hecho de estar lejos del sitio donde te vio nacer, sigue activo en todos.

Administrar sacramentos; organizar la catequesis de niños, jóvenes y adultos; visitar enfermos, presos y gente solitaria; todo esto es una tarea que cada sacerdote conoce y vive a diario. El agravante de ser emigrante y vivir fuera del país de origen aumenta psíquicamente estos problemas en ellos y la actuación pastoral nuestra es -si cabe- aún más delicada.

- A esta tarea he dedicado los 20 últimos años de mi vida pastoral en Stuttgart. De verdad, esto ha sido para mí personalmente una satisfacción hasta que en el año 2013 solicité del Obispado mi retiro. Desde entonces, mi vida pastoral se reduce a la ayuda a los compañeros alemanes. La escasez de Sacerdotes nos obliga -como en otras muchas partes- a estar “retirados-activos” celebrando la Eucaristía. Una vez por semana voy a la catedral y varios domingos celebro dos misas en otras parroquias vecinas.
- En estos momentos creo que también sería digno de mencionar la estrecha relación que siempre hubo entre esta diócesis y la dióceis civitatense: Ya en los tiempos de Pepe y Juan en los años sesenta había intercambio de Seminaristas entre Ciudad Rodrigo y Rottenburg. Pregunten a Paco Lozano de Robleda, a Ambrosio de Eljas, a Sebastián Martín de Martín de Yeltes y algún otro más que ahora no recuerdo.
- Dentro de esta colaboración interdiocesana tengo que mencionar también, que -por mi humilde intervención- la diócesis de Rottenburg-Stuttgart apoyó económicamente a la diócesis de Ciudad Rodrigo: Por una parte concedió en Enero de 1997 la cantidad de 100.000.-marcos (entonces) para la ejecución y renovación de esta casa -el Seminario- como Residencia Sacerdotal. Por otra parte fueron concedidos en Febrero del 2001 otros 50.000.- marcos para ayuda de la fundación y construcción de la Parroquia San Salvador.

No fueron cantidades exorbitantes, pero -a raíz de los recortes de ayudas en países europeos- cantidades que en Ciudad Rodrigo hicieron más llevaderas las cargas financieras de estos dos proyectos.
¡Un saludo cordial!
D. Antonio Calderón Melgar
Misionero en Stuttgart

 


SOCIEDAD

El Seminario, el compromiso político y la economía, Maximino Carpio García

Sr. Obispo, D José González, Sr. Rector del Seminario, D. Juan Carlos Sánchez, profesores del mismo, antiguos y actuales seminaristas, queridos amigos.

Hace justo una semana recibí un correo del Rector Juan Carlos invitándome a participar en estas II Jornadas. A pesar de los pocos días que mediaban no podía rechazar la invitación, pues en varias ocasiones me había ofrecido a Juan Carlos para colaborar en los actos de una efeméride tan significada, además de que se trataba de sustituir, por motivos de enfermedad, a quien tuve como inspector en algún curso de mi paso por el seminario, Javier Alonso, y con quien tuve la suerte de volver a encontrarme muchos años después en Madrid y de colaborar en actividades profesionales de interés mutuo, sobre todo relacionadas con lo que se conoce como tercer sector o economía social. Sé que es difícil sustituir a Javier y lo siento por quienes se han desplazado para escucharlo a él y se encuentran con un sucedáneo. Espero no decepcionarles demasiado.

En el correo mencionado se me invitaba a participar en una mesa redonda junto con Ignacio Francia y José Manuel de Luis Esteban, ambos conocidos de mis años de seminario, si bien, a diferencia de lo ocurrido con Javier, no habíamos vuelto a tener la ocasión de que nuestras vidas profesionales se cruzaran.

En la invitación se me daban unas indicaciones sobre la extensión y contenido de mi participación: “Escribe una intervención, me decía Juan Carlos, de diez o doce minutos, sobre tu testimonio y paso por el seminario y lo que ha sido tu trayectoria posterior como hombre comprometido con la cosa pública y tu colaboración y compromiso social y político.”

Como uno ha tratado de cultivar siempre una virtud que me inculcaron en el Seminario, la de la obediencia, voy a intentar atenerme a lo indicado. Para ello dividiré mi intervención en dos partes: mi paso por el seminario y mi trayectoria profesional.

Ingresé en el seminario en el curso 1956/1957, con 11 años recién cumplidos. Fui el cuarto de los seis hijos de un matrimonio de labradores modestos y la economía familiar no daba margen para que ninguno de los hijos siguiera estudiando más allá de la escuela primaria. De hecho, soy el único de los 6 hermanos con estudios medios o superiores. Pero tuve la suerte de que tanto el entonces párroco del pueblo (D. José Manuel López Sevillano) como uno de mis maestros (D. Nicolás Martín) se interesaran por mí y animaran a mis padres a prescindir de mi ayuda en las tareas agrícolas y ganaderas de la familia, pero sabiendo que su aportación económica no podía ser más que marginal. Obtuve una beca ya para el primer curso, que mantuve a lo largo de todos mis años de estudio, no sólo en el seminario, durante los 9 años que permanecí en él, sino también en los tres cursos de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, los 5 de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid y los tres cursos de doctorado en la misma Universidad. En total suman 20 cursos becado, de una forma u otra, por la sociedad.

Como decía, ingresé en octubre de 1956 y permanecí en el seminario hasta junio de 1965. Cursé en él los cinco años de Latín, los tres de Filosofía y el primero de Teología.

Puedo decir que académicamente me fue muy bien (en mi expediente solo figura un aprobado, siendo la nota más frecuente la de sobresaliente). Mis asignaturas preferidas fueron el latín y las matemáticas. En estas últimas tuve como profesor desde 2° hasta 5° al tan temido D. Ramón Morales, con quien obtuve la calificación de sobresaliente en los cuatro cursos. Aun así, mi nivel de matemáticas, como pude comprobar más tarde, no era, ni de lejos, el necesario para acometer los estudios de Economía, pero el esfuerzo, la capacidad de trabajo y de sacrificio que tanto nos habían inculcado en el seminario, junto con algunas circunstancias que más adelante apuntaré, me permitieron, no sólo superar con éxito las matemáticas, estadísticas y econometrías que se cursaban en las Facultades de Economía, sino que el Catedrático y Director del Departamento de Estadística me propuso, al finalizar la licenciatura, quedarme como profesor ayudante de la materia. No obstante, y a pesar de mi clara vocación docente, no acepté la propuesta, ya que no entraba en mis planes, cuando decidí pasar de estudiar Teología en la Pontificia de Salamanca a Economía en la recién creada Autónoma de Madrid, el dedicarme a enseñar algo que yo consideraba alejado de mis ideales de entonces, que consistían en contribuir a mejorar el bienestar de los ciudadanos; no en vano había sufrido en carnes propias las escaseces de una economía tan atrasada en los 50 y 60 del siglo pasado como la española. Sobre todo ello volveré más adelante.

Mi facilidad para las matemáticas y el latín me dejaban margen para estudiar otras asignaturas de tipo más memorístico, como la historia, geografía, literatura…., para las que estaba menos dotado, e incluso liberaba tiempo para ayudar a mis compañeros en aquellas materias que para ellos resultaban más difíciles, hasta el punto de que llegué a redactar unos apuntes de matemáticas que, según me comentaron más tarde, siguieron circulando algunos años con posterioridad a mi paso por el seminario.

En general, los recuerdos que conservo de mis años de seminario son netamente positivos y en ningún momento me han pesado los años invertidos en estudios tan alejados en muchos casos de lo que después ha sido mi carrera profesional. En mi opinión, el seminario me ha ayudado a adquirir ese hábito de trabajo, de esfuerzo, de disciplina e, incluso, de sacrificio, algo que suena extraño en una sociedad tan hedonista como es la que nos ha tocado vivir, que contribuyeron a ir moldeando un carácter, una forma de afrontar la vida y unas habilidades que me ayudaron a superar los momentos difíciles que más pronto o más tarde a todos nos llegan.

Antes de concluir esta primera parte que se refiere a mi paso por el Seminario de Ciudad Rodrigo, quisiera dejar dos apuntes que, aunque parezcan marginales, tienen un gran significado para mí. Me refiero a las clases de gregoriano y a las audiciones de música clásica que un día a la semana nos ponían en el comedor en sustitución de las lecturas, casi nunca de nuestros mejores literatos. Puedo decirles que escuchar canto gregoriano me produce una sensación de bienestar y contribuye de tal manera a mi relajación que en la guantera de mi coche he llevado siempre algún CD de los muchos que he ido adquiriendo y que me son de gran utilidad para soportar en los frecuentes atascos que sufrimos los que conducimos por Madrid. Más aún, cuando tengo que  hacer un viaje largo en coche sin acompañante, me cuido de cargar varias horas de gregoriano antes de salir a carretera.

Otro tanto me ocurre con la música clásica.

No voy a detenerme en comentar mi paso por la Universidad Pontificia, pero, aunque sea de forma breve, quiero dejar constancia de la suerte que tuve por ser discípulo de D. Olegario González, en segundo de Teología, en que nos explicó la asignatura de Cristología, recién aterrizado en España. Fuimos, los de mi curso, sus primeros alumnos en la Pontificia y nos ha tenido siempre un especial aprecio. Como, además, uno de mis mejores amigos del curso era de Ávila y se conocían de su seminario, me cupo la doble suerte de seguir disfrutando de su sabiduría e independencia de criterio en todos los campos, durante las sobremesas que organizábamos un grupo de ex alumnos suyos, cuando se corría la voz de que D. Olegario pasaba por Madrid y tenía tiempo para quedarse a comer, circunstancias menos frecuentes de lo que hubiéramos deseado.

Antes de pasar a hablar de mi actividad profesional, permítanme que me detenga, de forma breve, a explicar mi paso desde la Teología a la Economía o, lo que es lo mismo, desde la Pontificia a la Autónoma.

No es fácil tomar una decisión a los 23 años tan drástica como la de cambiar radicalmente tu vida: dar un giro copernicano en la orientación de tus estudios, y más aún si, para ello, tienes que trasladarte a una ciudad que no conoces y en la que no tienes ninguna persona de referencia y todo esto enfrentarlo sin respaldo económico. Por mucho que el seminario nos hubiera curtido en la cultura del esfuerzo, del sacrificio, de la disciplina, como decía más arriba, el cambio era demasiado radical como para abordarlo en solitario. Tuve la suerte (otra vez más; no hay duda de que soy una persona afortunada) de coincidir en la Pontificia en un grupo de cinco amigos que queríamos dar ese giro en nuestras vidas: tres para estudiar Economía, uno Psicología y otro Periodismo. Esto nos permitió reducir de forma sustancial el coste de nuestra estancia en Madrid, pues alquilamos un piso para los 5 que, además, estaba ubicado cerca de donde íbamos a tener las clases los tres alumnos de Económicas, a las que podíamos acudir caminando (otro ahorro más). Para los primeros gastos de estancia en Madrid acudimos a familiares y amigos (estábamos practicando sin saberlo algo ahora muy de moda en finanzas: el crowdfunding), en tanto conseguíamos ingresos dando clase de lo que fuera (yo acabé dando clases de literatura en una academia. ¿Quién me lo iba a decir?) o hasta que llegara el abono del primer plazo de la beca, como era mi caso. Aquí quiero dejar constancia de la generosidad de dos sacerdotes que desinteresadamente hicieron una aportación económica a nuestras escuálidas finanzas: mi paisano D. Matías Castaño y mi primo carnal D. Ricardo García.

Pero ¿por qué Economía y no Derecho o Filosofía, puesto que parecían más adaptadas a los esquemas mentales de quienes nos habíamos formado en un seminario? Como esta pregunta me la hacen a menudo, voy a detenerme un momento en dar la respuesta. En la primavera de 1968, estudiando aún Teología en Salamanca, cayó por casualidad en mis manos el último libro que acababa de publicar el Profesor Ramón Tamames sobre la Economía Española y después de leerlo me dije: esto es lo que quiero estudiar, y a continuación convencí a otros dos amigos del grupo para que se decidieran por la Economía. Más tarde haría un curso de doctorado con el Profesor Tamames.

Pasados unos años, cuando fui elegido Decano de la Facultad de Económicas y Empresariales de la Autónoma de Madrid, entre los más de 150 profesores que formaban el Claustro de la misma figuraba el Profesor Tamames y en una sobremesa le confesé el
origen de mi vocación como economista. Podéis imaginaros la alegría con la que recibió la noticia.

En cuanto a cómo lidiamos con el toro de las matemáticas, cuestión que había prometido ampliar, nuevamente debo calificarlo como un golpe de suerte. En el año 1968 se crea la Universidad Autónoma de Madrid. Casi no me atrevo a decir que estamos celebrando el 50 aniversario, porque en seguida surgen las comparaciones con los 800 de la Universidad de Salamanca o los 250 del Seminario de Ciudad Rodrigo. Por una serie de circunstancias, en las que no me puedo detener por falta de tiempo, el grupo de la Pontificia nos matriculamos en la Autónoma y no en la Complutense. Para lo que les quiero contar este detalle es determinante. En la Autónoma la docencia se organizó desde el principio en grupos reducidos, no más de 50 alumnos por aula, lo que facilitaba la interacción alumno-profesor. Cuando apenas había transcurrido una semana de clases, los tres amigos procedentes de la Pontificia estábamos más despistados que un pulpo en un garaje, porque no era sólo en la asignatura de Matemáticas en la que no teníamos el nivel adecuado para seguir las explicaciones, era en la de Contabilidad, en la propia de Economía, en la de Lógica Matemática…..Total, que al finalizar una clase de prácticas de matemáticas nos acercamos al Profesor Ayudante, más o menos de nuestra edad, para contarle nuestras penas y para que nos recomendara algún libro que nos ayudara a superar el bache. Su reacción fue inesperada, pues nos respondió con una pregunta ¿tienen los sábados por la mañana libres? Pues les espero aquí el próximo sábado a las 10 de la mañana. A partir de ese día tuvimos profesor particular de matemáticas gratis todos los sábados hasta que consideró que estábamos preparados. Como pueden suponer nuestra gratitud por la generosidad del profesor Gerardo Prieto, uno de los Estadísticos Facultativos más reconocidos, y no sólo en España, por sus aportaciones a la Teoría de Muestras, es impagable.

En cuanto a mi trayectoria profesional y mi compromiso con la sociedad, de entrada ya les anticipo que, desde el punto de vista del compromiso político, nunca he militado en ningún partido, ni he ocupado ningún cargo con responsabilidades políticas, lo que no ha impedido que colaborara en todo momento con quienes, con independencia del signo político, solicitaran mis consejos o recabaran mis opiniones, sobre temas relacionados con mi formación académica. Ello me ha permitido expresarme en todo momento con total libertad, tanto en mis publicaciones como en mis clases y conferencias. La libertad de cátedra ha sido para mí algo sagrado a lo largo de mis 40 años de vida académica. Les puedo decir que cada vez que se me ha hecho una proposición para colaborar en algún puesto ajeno a la Universidad mi respuesta invariable ha sido: si no es compatible con la docencia en la Universidad hemos terminado de hablar.

Como habrán colegido, mi actividad principal desde que en 1976 me hicieron el primer contrato como profesor asociado hasta mi jubilación en 2015 como Catedrático y, de manera más relajada, en la actualidad como Profesor Emérito, ha sido la docencia y la investigación. He tenido la oportunidad de impartir docencia a miles de alumnos, alguno tan distinguido como el Rey Felipe VI, y he dirigido 18 tesis doctorales, buena parte de cuyos autores imparten docencia en la actualidad, la mayoría en mi propia Universidad, pero también en otras Universidades, tanto españolas como extranjeras.

En cuanto a la vertiente investigadora y de publicaciones mi ámbito de interés se ha centrado en la Política Fiscal y Presupuestaria, la Seguridad Social, el Sistema de Pensiones, la Financiación Territorial, las Balanzas Fiscales de las Comunidades Autónomas y la Economía Social o Tercer Sector. Si alguien tiene curiosidad por conocer mi opinión en alguno de estos campos, no tienen más que poner mi nombre en Google y tendrán algunas referencias de mis publicaciones.

Para terminar esta breve referencia a mi actividad profesional, permítanme que me detenga brevemente en tres actividades de las que me siento especialmente satisfecho por haber contribuido a devolver a la sociedad una parte de lo mucho que de la misma he recibido. Una de ellas se refiere a los 10 años (entre 1996 y 2006) durante los que participé como consejero del Consejo Económico y Social de España en calidad de experto. Para quienes no conocen esta institución pública les diré que la podemos definir como un mini parlamento en el que está representada la sociedad civil. Se compone de 60 consejeros, 20 que representan a los empresarios, otros 20 a los sindicatos y los otros 20 forman el grupo tercero que aglutina la representación de los consumidores, sectores agrario y pesquero, representantes de la economía social, básicamente cooperativas, y 6 expertos en Economía o Derecho del Trabajo, entre los que me encontraba (la Ley de creación prevé la compatibilidad con la docencia e investigación). Su función es la de asesoramiento al Gobierno de turno en temas socioeconómicos y laborales. Es preceptivo su dictamen sobre Anteproyectos de Leyes del Estado de contenido económico o laboral, si bien dicho dictamen no es vinculante. Como he apuntado, durante 10 años formé parte de dicho órgano consultivo y tuve ocasión de dar mi opinión sobre temas del máximo interés para la sociedad.

La segunda aportación a la que quería referirme es a mi participación en la Comisión de Expertos nombrada por Consejo de Ministros de 5 de julio de 2013 con el mandato de elaborar una propuesta de reforma del sistema tributario español. Durante los 7 meses de plazo de los que disponíamos para entregar el Informe estuvimos trabajando los 9 componentes del grupo de forma intensa para poder presentar en tiempo la propuesta, lo que efectivamente ocurrió. El Informe de 440 páginas fue presentado en el Ministerio de Hacienda a los medios de comunicación el 13 de marzo de 2014. Y desde ese día el texto completo se encuentra alojado en la página web del Ministerio de Hacienda, para quien quiera consultarlo e incluso bajarlo. En el acuerdo del Consejo de Ministros citado se dice expresamente que “El funcionamiento de la Comisión de Expertos no supondrá incremento del gasto público”. No hace falta explicar lo que esto significa, pero, como respondí a la periodista de La Gaceta de Salamanca, en una entrevista que se publicó el 25 de marzo del mismo año, “Es impagable la experiencia de trabajar codo con codo con un grupo de profesionales de la economía y del derecho, como este del que he tenido la suerte de formar parte” y, añado, si tuviera ocasión estaría dispuesto a repetir la experiencia.

Finalmente, durante los últimos seis años he sido miembro del Consejo de Gobierno del Banco de España, en cuyo ámbito he tenido ocasión de contrastar mis conocimientos de Política Fiscal y Monetaria con su aplicación práctica en un contexto de crisis económica sin precedentes en muchas décadas. Las incompatibilidades en este caso para los Consejeros solo tienen una excepción, la docencia y la investigación.

Resumiendo, y con esto termino mi intervención, me considero una persona afortunada, que ha recibido mucho de la sociedad y que está dispuesta devolvérselo en la medida de sus posibilidades. Y no olvido que en el origen de todo se encuentra el Seminario de Ciudad Rodrigo.

Muchas gracias por su atención.

D. Maximino Carpio García
Catedrático emérito de Economía (UAM)


SOCIEDAD

Antiguos alumnos del San Cayetano que “se metieron en política”, Francisco Javier Alonso Torrens

Queridos compañeros de mesa Nacho y José Manuel. Sr. Moderador, y sobre todo Formadores y Alumnos del San Cayetano. Amigos y amigas. Buenas tardes.

Eso de “meterse en política”… no está muy bien visto. Ha sido siempre sospechoso (“si se mete, algo buscará…”) y en los tiempos de D. Francisco,-¡aquel Gran Hombre!- y de las Jerarquías del Movimiento, a las que acompañaban muy a gusto las Jerarquías de la Iglesia,-(ver foto ut supra)- no te digo nada… Peligro de herejía, y suspensión a divinis, et ad humanis.

De aquel Señor Bajito, uno de los personajes más cínicos que he conocido, solo comparable en cinismo con otro de la actualidad acomplejado y mentiroso… De aquel Sr. Bajito digo, se contaba la anécdota siguiente:

Su ministro de A. Exteriores, Alberto Martín Artajo, en cierta ocasión se quejó amargamente a S.E. de algún comportamiento no muy correcto para con él de algún compañero de gabinete…. El cínico Generalísimo le consoló, y le recomendó: …”Sr. Ministro, Haga como yo: No se meta en política”.

Aunque parezca mentira el personaje despreciaba a los políticos. Él estaba por encima de todo eso. Era Caudillo de España, nada menos que por la Gracia de Dios,… y, ni que decir tiene que también por las bombas de Hitler y Mussolini. Una ayudita nunca le viene mal a la Gracia de Dios.

Viniendo a lo que es esta tarde más de nuestro interés, yo he confeccionado una Separata, una de las 30 de mi colección sobre los A.A. Notables del San Cayetano, dedicada a los que a mi entender “se metieron en política” a lo largo de la Historia que yo conozco. En política se entra, “te meten, nos meten, o nos metemos, obligados por las circunstancias, o por vocación”.

He sumado 55 casos, o lo que es lo mismo, 55 Personajes Políticos entre los A.A., y no me he incluido yo porque verdaderamente a mí la política activa como profesión, aunque sea como profesión secundaria, me da un repelús que nunca he logrado superar, a pesar de reconocer que es una noble y necesaria profesión para el buen funcionamiento de la sociedad.

Remito a los oyentes, o lectores caso de que esto se publique, a la consulta del citado Documento y que incluye desde el Deán Aparicio, o D. José Mª del Hierro, profesores del Seminario en el principio del Siglo XIX, a raíz de la Guerra de la Independencia, hasta Eduardo Manzanas, activista del SOC en el presente, pasando, entre otros muchos, por Cándido Casanueva y Gorjón, José Gascón, Juan Luis Cepa, o José Manuel de Luis, que sin ser exclusivamente políticos, si han ejercido al menos puntualmente tan noble oficio.

No obstante, no habiendo sido yo estrictamente político profesional, mi experiencia “política”- que quizás se quede solo en compromiso social personal en el ejercicio de mis profesiones- creo que ha sido relativamente interesante y mi inclusión en esta mesa,- por voluntad de Juan Carlos-, que se titula A.A. en Política, me ha obligado a reflexionar sobre esa experiencia, cosa que voy a hacer para vosotros en voz alta.

Diré alguna cosa brevemente sobre tres periodos diferentes de mi vida en este aspecto, siempre difícil y ciertamente conflictivo:
• Mis cinco primeros años de trabajo en Ciudad Rodrigo, años 1964-1969, donde fui Profesor de Filosofía, Sociología y Doctrina Social, en el Seminario y la Escuela de FP, y animador y educador de Jóvenes como Consiliario acompañando a Matías, Bernardo y Gamito, y la aventura de los Campamentos del Bardal con Paco R. Holgado y Vitorino García p.ej.
• Mis años de Madrid en un barrio marginal, de chabolas y obrero (1969- 1973) y…
• El resto de mi vida profesional como Investigador en Sociología y servidor ocasional de algunos políticos, en algunas políticas concretas.

Vayamos por partes:

• Mis cinco primeros años de trabajo en Ciudad Rodrigo, con el Caudillo en plena forma y con unos mandos eclesiásticos locales más franquistas que el mismísimo Franco a quién se consideraba Salvador Providencial de España y personaje a imitar con devoción, fueron en este aspecto para mí muy difíciles pues mi conciencia social y política ya, para entonces, estaba en las antípodas de semejantes ejemplares.
Había ya aprendido yo, e interiorizado,-habían pasado el Concilio y Juan XXIII- que la doctrina que Jesús de Nazaret enseñaba,- y esta era la base de mi ideario de ética política,- decía: Que la autoridad estaba para servir y no para dominar y aprovecharse de privilegios; Que había que ponerse siempre de parte del más débil ; Que los pobres debían preceder en el cuidado al agasajo de los poderosos; Que creer, tener Fe, es comprometerse en este sentido; En fin que LA VERDAD cristiana, social, eclesial y política estaba muy lejos de lo que en España y en Ciudad Rodrigo se vivía… y por lo tanto la tensión en la práctica diaria de mi oficio producía encontronazos y chispas continúas, que se saldaron al final del periodo con mi (nuestra) expulsión de toda responsabilidad profesional y pastoral, y con mi expulsión real de la Diócesis en 1969. Yo era un díscolo,-pacífico, pero díscolo-acusado de “político”, y encima había colaborado indirectamente a la rebelión en el Seminario en las Navidades del 1969. Según Sto. Tomás es lícito resistir al tirano…
A los aludidos ideales, todavía a mi provecta edad, no he renunciado, aunque, sin duda alguna, no haya sido en muchas ocasiones todo lo coherente que debiera.
En aquella ocasión, por ser algo coherentes: Perdimos por goleada. 10 a 0… -¡Mal empezamos!- y ganó por mucho el Régimen… Civil, Militar y Eclesiástico… Después se ha sabido que aquellas Victorias impositivas fueron el principio de un declive imparable, incluso demográfico, en la Comarca y en la Diócesis… Las Victorias, a veces, se tornan en derrotas históricas y quiera Dios que no sean definitivas.

• Seguí siendo cura en Madrid en los 5 años siguientes, y Franco seguía vivo. Integrado en un Barrio obrero marginal donde no había más remedio que tomar partido por los pobres….Años de Parroquia incipiente, Asociación de Vecinos, Cooperativas, Campamentos… Compromiso temporal imprescindible… ¡no había otra ¡…y lucha sorda, o abierta contra las líneas políticas del Régimen y la falta de libertades. Codo con codo con militantes de UGT, CC.OO, PCE. PSOE, AIT, ateos, agnósticos y cristianos (JOC, y HOAC), pero sin pertenecer a ninguna sigla. Nunca fue fácil “encuadrarme” con exactitud… Encuadrar es “meter en la cuadra, o en un cuadro”, y yo no me dejaba…
Aquella aventura de 5 años terminó también mal… Intentar ser coherentes en la vida pública tiene sus costes aunque estos sean tremendos, y el nuestro -(el de Miguel Morollón, mi compañero, el de nuestros militantes, y el mío)- fueron la expulsión de las instalaciones Parroquiales del Barrio de San Blas , (EL MIGRANS), en el año 73, en favor, ni más ni menos que, de LA ESCUELA DE MANDOS “JOSÉ ANTONIO”… y el autor de la cesión se llamaba, nada menos que Enrique y Tarancón, acompañado por su secretario J.M. Martín Patino,- la política fuerza extraños compañeros de cama- pero yo, asombrado y confuso por los acontecimientos ciertos, había iniciado ya una nueva andadura profesional, y extra clerical, y aunque el cambio fue duro yo era joven y resistí bien.

• La tercera etapa ha sido mi vida profesional como Investigador en Sociología y servidor ocasional de algunos políticos en algunas políticas concretas, con una relación menos bronca y tormentosa aunque no exenta de dificultades.
Yo era un Sociólogo titulado y de afición, y desde mi llegada a Madrid formé parte de un equipo de trabajo profesional, DIS, que se fundó en el 69, y duró hasta el 77 bajo el manto y la tutela de Fomento Social de los S.J. DIS, por nuestra voluntad, tenía por motivación principal utilizar la investigación sociológica al servicio de la transformación social hacia una sociedad más justa, más humana y más cristiana, motivación social, pero también en cierto sentido política porque implicaba comprometerse con según que siglas en la España del Cambio y de la Transición. Colaboración, Sí, con las sociales, progresistas y de izquierdas, y Colaboración, No, con las retrogradas y franquistas. Eso mismo sucedió también después en el 77 cuando fundamos EDIS- Sociedad Anónima, ya totalmente secular y sin paraguas clerical de ningún tipo- que luego perdura hasta mi jubilación, y hasta después (2012).
De esta experiencia de colaboración positiva recuerdo p.ej. que dirigí para la UCD de Adolfo Suarez, y por su encargo personal, la investigación que propició la supresión de la Pena de Muerte en el año, creo que 77, y muchas investigaciones de intención de voto para el PSOE de diferentes sedes de España, incluido su triunfo del año 82.
Con mayor satisfacción unas veces positiva, y otras con problemas , porque no gustaban al poder, aunque este fuera de izquierdas, nuestras investigaciones p.ej. sobre la pobreza en España,- dirigí 34 proyectos de Estudios de Pobreza en toda España (Regiones o Provincias) en los años 90 por encargo de FOESSA y Cáritas Española- que en muchos casos propiciaron programas de política social que paliaron las situaciones más graves, p.ej. la Implantación de I.M.I. en la C.A. de Madrid, uno de los primeros problemas de lucha contra la pobreza en la Diecesis de Bacelona, o el” Plan Urban 2,000″ en la Ciudad de Salamanca, que posibilitó la recepción de muchos millones de pts. de Europa para el deteriorado urbanismo de la ciudad a raíz del Estudio de la pobreza del 1994.
Algún debate y alguna discusión civilizada tuve con algún político porque no le convenían nuestros “descubrimientos”, , y algunas conclusiones de nuestro trabajo, que “decían”, Crean demanda Social, pero pleitos, solo uno, que ganamos a un prócer del PP por un contrato del Alcalde anterior, que se negaba a pagar… Pleitos, ninguno más.

No me extiendo mucho más. Mi experiencia de trabajo con y para la política ha sido relativamente satisfactoria, pues aún los trabajos realizados para las Cáritas (p.ej. para la de CR), o para otros movimientos sociales, sobre pobreza y necesidades sociales, han sido aprovechados por los políticos de turno para sus programas y realizaciones y, en general, han sido bien acogidos, aunque los problemas denunciados sigan ahí, o incluso se vayan agravando, no cada año, sino cada día, o cada mes que pasa, como el del Empobrecimiento, el envejecimiento, y la despoblación de nuestra tierra, que a todos nos duele y nos supera.

Probablemente, el pueblo, y no solo los políticos, no hemos sido del todo ajenos a lo que nos acontece, y una vez acontecido, no lo hemos sabido analizar y abordar con suficiente claridad.

Nos ha faltado imaginación al sugerir soluciones, o los remedios y soluciones superan ya las posibilidades de las instancias que los conocen y, en este caso, la política cercana que solo es el arte de lo posible en lo cercano, es incapaz de superar lo que para ella es un imposible. Es la Macroeconomía y la Makrodemografía la que manda y eso ya se nos escapa de las manos.

Nada más y muchas Gracias por vuestra atención.

Francisco Javier Alonso Torrens
Antiguo alumno del Seminario

 


 

SOCIEDAD

Aquel seminarista que ha sido periodista, Ignacio Francia Sánchez

Me satisface que el Seminario alcance sus 250 años de funcionamiento, con la referencia del gran número de jóvenes que han pasado por sus aulas. Aunque es conocida mi posición crítica en relación con la situación durante mi etapa como alumno –según expuse públicamente en este mismo lugar en 2015–, sin embargo, no puedo dejar de reconocer ese recorrido. Y agradezco la invitación para participar en este acto.

Se encuadra mi intervención dentro del apartado ―alumnos en el compromiso político y social‖. Y en relación con ello, realmente, sólo podré responder en cuanto ciudadano, el ciudadano que he sido y que ha mantenido un compromiso político como una de las responsabilidades que recaen en cualquier persona que no se considere amorfa o desprendida del tejido social, como el ciudadano consciente de sus derechos y de sus deberes. Pero compromiso político al igual que compromiso social, que compromiso cultural y demás estratos en que se organiza la sociedad. El compromiso del ciudadano que no dimite de su condición de tal, que no renuncia a tener una ideología política –faltaba más– al igual que otras posiciones y se compromete con el mundo en que se desenvuelve su vida.

Pero entiendo que lo que se me demanda es que me refiera a ese compromiso político y social desde el territorio de mi profesión como periodista. Y, desde luego, en ese ámbito tampoco he renunciado a mi compromiso político, en cuanto derecho. Porque, además –y no hay por qué recurrir aquí a la explicación de ello–, el compromiso político y la política no se refieren solamente al corralito de tal ejercicio desde los partidos y el poder. Pero como generalmente esto es lo que se entiende por tal, como punto de partida quiero dejar sentado que nunca he pertenecido a ningún partido político y si me he sentido más cercano a alguno ha sido, evidentemente, a causa de mi ideología, que no tengo que ocultar que ha estado y está en el territorio de la izquierda, sin que ello haya supuesto cesiones en el ejercicio profesional.

Como no quiero impartir lo que sería una ridícula lección de periodismo, paso simplemente a señalar que el periodista, como cualquier otro ciudadano, tiene derecho a tener una ideología política y, como consecuencia de ello, su trabajo no será ajeno a tal situación. Igual que un periodista desarrollará su tarea en un sentido u otro en función de su formación cultural, jurídica, científica, también su ideología entrará en escena a la hora del tratamiento de los asuntos que le van saliendo al camino cada día. Lo que sí ocurre –o debería suceder– es que esa ideología que es un motor, habrá que embridarla para que en el desempeño del oficio no sea la determinante de sus aportaciones. Habrá que buscar y atender los datos y los elementos de la información con el equilibrio necesario que traduzca el relato de los hechos en una pieza veraz, tendente a trasladar al lector o al oyente o al espectador los elementos que le permitan establecer un juicio en función del conocimiento de hechos y situaciones que se le ofrecen. Eso que se llama ―la objetividad no existe. Lo que existe es el compromiso del periodista con la búsqueda y relato de datos veraces, el traslado limpio de hechos vividos, presenciados o que le han referido y han sido contrastados. Luego, los juicios son libres.

Desde esos planteamientos he desarrollado mi recorrido profesional. Aunque no me agrada alardear de nada, sin embargo, tampoco tengo por qué ocultar ese recorrido en un agujero. Por ello tengo que señalar que he sido un periodista que me he complicado la vida en no pocas ocasiones, y además he sido consciente de ello. A la mayoría de las gentes y, desde luego, a los políticos y a quienes gestionan poder en diferentes ámbitos, no les agrada ni un pelo que se busque información que no les parece conveniente que aparezca o que se emitan juicios que suponen posiciones críticas. He metido las narices en demasiados lugares, lo que ha motivado que haya ido sumando una serie de gentes que me repelen, pero también sucede que cuento con gran número de personas que me acogen en sus brazos de la amistad. Salamanca es una ciudad y provincia muy dura, un territorio muy cerrado todavía a las perspectivas del tiempo por el que caminamos. En Salamanca molesta mucho todo lo que no sea sumisión, clientelismo y sometimiento a las pautas e intereses que marcan quienes se arrogan derechos y posiciones de dominio. Pero si yo me vine a Salamanca al terminar los estudios de Periodismo en lugar de quedarme en Madrid –como pude, y luego he tenido ocasión de haber vuelto a la capital– fue precisamente por el compromiso, quizá insensato aunque consciente, de trabajar por esta tierra que lo que siempre ha necesitado –y ahora más que nunca– son mentes y brazos que aporten su contribución.

Me voy a referir a algunas de las parcelas por las que he transitado especialmente, aunque –al igual que otros compañeros– he sido un periodista que ha entrado en campos muy diversos, lo cual me ha parecido muy enriquecedor, y en contra de las situaciones actuales que buscan la especialización informativa; especialización que es conveniente, desde luego, pero considero mejor mis tiempos de ayer. Es importante resaltar que la libertad que he encontrado, tanto como mero redactor como en mis situaciones directivas, ha sido posible fundamentalmente por haber trabajado en medios públicos, por más que también mis colaboraciones en medios privados (El País, El Norte de Castilla, sobre todo) no encontraron problemas censores o de rechazo.

Una de mis dedicaciones con bastante intensidad fue el mundo rural, atención que me arrogué voluntariamente porque nunca he olvidado dónde están mis raíces, que soy un tipo de pueblo. Yo conocía y entendía los problemas de las gentes del campo, conocía también su lenguaje, sus carencias, sus aspiraciones. Además de buscar y ofrecer la información agro-pecuaria general, siempre busqué reforzar las reivindicaciones del sector, pero también traté de que llegaran a esas gentes posiciones a las que tenían que ir adaptándose como consecuencia de los cambios que se imponían mientras se desprendían de hábitos ya nada convenientes. Durante muchos años mantuve una sección, firmada por El Paleto del Froya, donde incidí especialmente en esos terrenos desde el empleo y recreación del lenguaje y costumbres de mi origen.

Con campañas insistentes y a veces tensas, por ejemplo, en relación con la raza morucha, al borde de su degradación y que se logró recuperar, o las peleas a favor de los necesarios regadíos de La Armuña, en esa dedicación en torno al mundo rural destacó especialmente la atención a la esencia del problema del territorio rural de nuestra provincia: la población. Lo que no se podía eludir ya antaño era la caída progresiva de habitantes en los pueblos y las condiciones de vida de quienes quedaban en los núcleos, no se podía pasar por alto cómo se iban retirando servicios y funciones, ni tampoco no ser conscientes de cómo los entierros superaban a los nacimientos. Entonces, aunque no faltaran aportaciones sobre el problema, no era muy frecuente que en un periódico se insistiera en relación en ese panorama. Y eso comenzó a molestar, sobre todo, en medios políticos, porque evidentemente al afrontar tales situaciones se planteaban los fallos que originaban la deriva de caída de censo en los pueblos.

No faltaba quien señalaba sin cortarse un pelo que si no tenía otros temas ―de interés en los que ocuparme. En fin, todos sabemos cómo el problema se ha agudizado, y eso originó que el periodista que yo fui siguiera argumentando sobre lo que sucedía en el mundo rural. Ya entonces esa exposición aparecía especialmente en un periódico regional, El Norte de Castilla, y comenzaron a recibirse algunos avisos desde el Gobierno regional y sus satélites de que mis textos eran improcedentes. Cómo no iban a parecerles material inaguantable si lo que planteaban era lo que ha venido a ocurrir como consecuencia de su incompetencia, que aún se mantiene: el hundimiento de la población en la región, y a nuestro lado tenemos el agudo problema que padece nuestra provincia. Hoy, desde la reserva –y cuando ese problema de ―la España vacía ya es muy frecuente en textos, foros y conversaciones–, me siento satisfecho de aquel compromiso social y político, en relación con el cual no puedo dejar de apuntar que conté con un maestro que se puede considerar pionero al afrontar esos asuntos, nuestro amigo y compañero Javier Alonso Torrens, el sociólogo que tantas luces ha aportado en ese campo.

Otro estrato de mis tareas: la política. Como muchos periodistas, he sido un profesional afortunado por el tiempo en que me tocó vivir, el último franquismo y el desarrollo de la transición y sus derivas. Con sus sucesivas escaladas, fueron momentos plenos en el campo de la información política, con situaciones de cambio y evolución, con posiciones de un mundo ya carcomido que se iba y la llegada de otro panorama tan diferente como la consecución de la democracia. Con frecuencia, teníamos que renovarnos
también nosotros para acertar trasladar la información a las gentes. En ese tránsito, donde inicialmente la información surgía y se buscaba en los diferentes puntos que la generaban, en focos que eran amplios, el periodista llegaba directamente a los partidos y a los políticos de todo tipo y condición, mediante contactos sin interferencias. Las ruedas de prensa eran escasas, afortunadamente. Si queríamos información, había que buscarla. Hasta que más adelante, comenzaron a torcerse las cosas, cuando dejaron de tener frescura las situaciones, y surgieron sistemas de control y de intoxicación con respecto a la información, hasta el punto de haber ido caminando por un grado progresivo de degeneración notable, con las dichosas rueda de prensa para no informar de nada de lo que no interese contar y hasta con las que se convocan ―sin preguntas, lo que supone el hundimiento de la información, cuando ésta, en buena medida, ha caído en la deriva de la comunicación interesada que inunda los textos y voces de los medios.

También en el campo de la información política consideré necesario un compromiso con mis tareas informativas. Lo fácil era seguir la correa de transmisión en que se fue cayendo desde los iniciales momentos de entusiasmo. Si no se seguían esas pautas –si se buscaban informaciones propias, si se preguntaba en ruedas de prensa con afán de conseguir datos, por ejemplo–, uno corría el riesgo de convertirse en un tipo que se buscaba la enemiga de quien no aceptaba esas interferencias, y empezaban los descréditos, por ejemplo, con indicaciones de estar al servicio de tal o cual partido, organización o interés con sus informaciones no acopladas a lo que se esperaba. Me cayeron encima un buen chorreo –procedentes de diferentes frentes políticos– de ese tipo de condenas.

Incluso, en una ocasión, me llegaron a acusar de que había sido el responsable de romper con mis informaciones el camino ―hacia el centro‖ del PP de José María Aznar, en 1992. En definitiva, que no se admitía que se relatara lo que no convenía en determinados estratos.

Pero a mí, como a muchos periodistas, no nos dio la gana el sometimiento al que sí se plegaron otras gentes del gremio. Esas situaciones comprometidas con lo que requería mi oficio –y está escrito—se  plasmaron también en ámbitos como la Universidad y, con mucha dedicación, en el territorio de la cultura, con las diferentes ramas de su panorama, y donde la atención al cine ha supuesto un especial regusto. Pero incluso, cuando me dio por publicar una novela, resulta que me salió también un libro en el que la ficción se entrecruzó con los andamios de la cruda realidad política.

Rememoro lo que indiqué de entrada: que, en todo caso, esos apuntes que dejo como briznas de una dedicación profesional, no son otra cosa que respuestas de un ciudadano que se siente comprometido con su entorno, sin ninguna condición heroica. En cierto sentido, y aunque vuelvo a señalar que en mi etapa en el seminario no se nos preparó adecuadamente para esos desafíos, sin embargo, sí me creo tributario de que en este centro se me inculcó la voluntad de trabajo que siempre he conservado y también un sentido de honradez ante la vida que se despliega, lo que considero importante a la hora de haber configurado esas posiciones de compromiso que me han impulsado en mi profesión.

Ignacio Francia Sánchez
Periodista


SOCIEDAD

El Seminario: muchos recuerdos, amigos y deuda viva, José Manuel de Luis Esteban

1. AMIGOS Y RECUERDOS

Hace unos días recibí una invitación del Rector del Seminario para participar en las II Jornadas con motivo del 250 aniversario de la fundación del Seminario de San Cayetano y participar en el coloquio sobre “la Sociedad como compromiso político y la cosa pública en general”, compartiendo mesa con dos buenos amigos: Javier Alonso e Ignacio Francia; y, en tan buena compañía, es fácil recordar al alimón, anécdotas, profesores, compañeros y amigos que nos enseñaron a querer esta tierra: se trataba de destacar la importancia que tuvo este lugar tan emblemático y centenario en la formación y la actividad profesional, salvando la distancia del tiempo que separa ambas realidades. Gracias, amigo Juan Carlos, por tu amable invitación.

Entré en el Seminario a principios de los años 50. Con anterioridad había estado dos años en el Instituto, (fue como una mini vocación tardía que no era frecuente). No fue vocación especial ni caída del caballo, fue el ejemplo de “mis amigos seminaristas” (Miguel Morollón, Javier Alonso y José Luis Vegas) que, en verano en las plazuela del Conde y de Béjar, y a pesar de no estar en el seminario aceptaron con naturalidad mi amistad. Me consto mucho cambiar la calle por los patios, (aunque fueran dos el grande y el pequeño), el frío de las seis de la mañana y las jornadas intensivas de estudio antes, en medio y después de las clases. A todas horas. Eso sí, la mejora de mis notas fue espectacular y, además, para alimentar mi pequeña vanidad, se leían en público todos los meses.

Eran otros tiempos, eran las mañanas de “meditación y misa diaria ” y las tardes del “venid y vamos todos” en el mes de las flores; eran las jornadas intensivas de oración los días de carnaval, ( ¡Quien me iba a decir que algunos años después iba ser  Pregonero Mayor del carnaval¡); Era el cocido casi diario y el chicharro, frito o cocido, como plato principal de la noche; era jugar al futbol, después de comer, en el patio chico en zapatillas y con el guardapolvo, que con tanta ilusión confeccionaba Eulogio, buena gente como dicen en Sevilla, además de portero y sastre; era el paseo de Jueves y Domingos en traje de revista: sotana, beca y bonete, normalmente a la carreta de Salamanca, a veces a jugar al futbol a las eras y, siempre, donde el Prefecto de turno quería, lejos de la mirada de las chicas de las Teresianas; era la clase de matemáticas de D. Ramón Morales, bronca
incluida, si no resolvías la ecuación y terminabas con la frase “que era lo que queríamos demostrar”. El Rector del Seminario, amigo Juan Carlos, era el Ilustrísimo Sr. Rector que nunca se equivoca en las decisiones transcendentales porque “era la voluntad de Dios”, y las del día a dia se podían resolver con “un poco de buena voluntad”. (Un recuerdo cariñoso para D.José María Blanco y D.Juan López Simon).

Traducir latín y griego de autores clásicos (Tito Livio, Platón, Aristóteles, Cicerón (su tratado de “Amiticia,” Catilinarias), la Iliada y la Odisea, era mi hobby preferido. Me familiaricé con el adagio latino “amicus magis necessarius est quam ignis et aqua”, y entendí que la amistad era una fuerza social extraordinariamente dinámica como medio de realización humana, en su doble dimensión individual y social.

Recuerdos extraordinarios de los años de humanidades (el Seminario Menor), alto nivel de los estudios y de los profesores, que me ayudaron a moldear mi personalidad, a aprovechar mi capacidad intelectual, y a cultivar la amistad.

Los cursos de filosofía fueron diferentes, los problemas de convivencia eran otros y, aunque las materias de estudio eran importantes: Lógica, Critica, y Ética (no siempre bien explicadas) se mezclaron con problemas de juventud. Sentía el aliciente de la duda escondida, de la incertidumbre aplazada. Había descubierto que vivir en la certeza absoluta era aburrido, y decidí irme a estudiar fuera.

El Seminario era disciplina, dura disciplina que, por otra parte, parecía normal en los colegios e internados de la época, pero sobre todo formación y educación en el espíritu de trabajo y sentido de la responsabilidad. Al hablar de mis hijos suelo decir que, aunque se parecen poco entre sí, tienen un mismo denominador común: el sentido de la responsabilidad. El seminario ha sido muchos recuerdos, amigos y deuda viva.

2. EN LA UNIVERSIDAD, DIFÍCIL DILEMA

Convalidé estudios, y obtuve una beca y el permiso (muy difícil de conseguir en aquella época) para ir a la Universidad Pontificia de Salamanca y a estudiar Derecho en la Universidad Civil. En los dos años que estuve, hice bachiller en Teología y los dos primeros cursos de Derecho y, al terminar, tome la decisión de dejar la formación eclesiástica.
Conseguí una Beca en el Colegio Mayor Pio XII de Madrid para continuar Derecho en la Universidad Complutense y estudiar Ciencias Sociales en el Instituto Social León XIII, fundado por el Cardenal D. Ángel Herrera Oria. Desde entonces la Economía Social fue mi verdadera vocación.

3. UNA CARRERA PROFESIONAL DIVERSA Y PLURAL

Mi carrera profesional ha sido diversa y plural por los lugares (Castilla y León; Andalucía, Ceuta y Melilla), puestos de responsabilidad, de carrera y políticos, y personas importantes que he conocido. La pluralidad enriquece pero se pierden raíces, aunque fui con Ciudad Rodrigo a todas partes y siempre con el billete de vuelta. Voy a destacar algunas situaciones únicas e irrepetibles en cuyas decisiones tuve la suerte de participar y en las que se puso a prueba el sentido de responsabilidad.

Una de las alegrías más importantes de mi vida, dejando aparte mi familia, fue aprobar las oposiciones al Cuerpo de Inspectores de Hacienda del estado; sin duda, por el espíritu de lucha y trabajo que aprendí en esta casa. Resuelto el problema económico, tuve tranquilidad para dedicar el tiempo libre a la enseñanza y a la economía social, mis debilidades. En los tranquilos años de Salamanca colaboré en la cátedra de Economía y Hacienda y tuve la oportunidad de conocer a Gloria Begué y a Rafael Calvo Ortega, gracias a su amistad, y por ella, tuve mi única veleidad política, al presentarme a las elecciones generales en el año 1982 por el CDS, partido fundado por el Presidente Adolfo Suárez, me convenció el lema de su campaña: hacer una sociedad de mérito en el que el esfuerzo y el trabajo obtengan una justa recompensa ( era mi forma de entender la vida). Tras la aplastante victoria del PSOE de Felipe González, aprendí que la política era para la gente que sabe de política, y que no era lo mío porque nunca me lo enseñaron.

Fui profesor en la Escuela de Hacienda Pública creada en Madrid para la formación de los nuevos inspectores de Hacienda, y fruto de estas clases fue la publicación del primer libro sobre “Régimen Fiscal de las Cooperativas”, no era un Bestseller pero si el más moderno de entonces y conecté enseguida con el mundo del Cooperativismo (recuerdo con nostalgia las visitas al Grupo Cooperativo de Mondragón; a Cajas rurales y Cooperativas prácticamente en toda España; congresos, conferencias, y reuniones de grupos de expertos para la elaboración de leyes generales sobre cooperativas y fiscalidad En este sector me realicé plenamente en mi dimensión humana y social.

Durante el Gobierno de Felipe González, el Ministro de Economía y Hacienda Miguel Boyer y el Secretario de Estado José Borrell, me propusieron participar en el nuevo proyecto de la Hacienda del Estado en Castilla y León, y en diciembre de 1983 el Consejo de Ministros me nombró Delegado Especial de Hacienda en esta Comunidad Autónoma.

Hechos singulares durante los siete años de mi primera estancia en Valladolid fueron los siguientes:

  • Las transferencia de parte de la Hacienda del Estado a la Comunidad de Castilla y León, fue una petición muy reivindicativa y exigente en los primeros tiempos dela Autonomía presidida por Demetrio Madrid, porque querían a toda costa lo que ellos llamaban la Hacienda Propia; más adelante conocí también como Presidente a José María Aznar, anteriormente lo haba conocido como alumno en la Escuela de Hacienda Pública.
  • La implantación del nuevo Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), el impuestoeuropeo por excelencia. Su regulación en España era paso obligado para e ingreso en la Unión Europea. Fue tarea muy difícil por la novedad, y ambiciosa por el gran numero de colectivos afectados a los que había que enseñar y convencer en las nueve provincias de la Comunidad.
  • Proyecto importante de esta época fue también la supresión de las aduanas, las dela raya seca con Portugal, exigencia de la Europa de los mercaderes para lograrla libre circulación de bienes, personas y servicios en los países de la Unión.Hacerlo en lugares acostumbrados a vivir del contrabando a ambos lados de la frontera no era fácil. El Obispo Don Jesús Enciso Viana, que dejó muy buenos recuerdos en esta Diócesis, coloquialmente decía que “Ciudad Rodrigo era un bello rincón, pero rincón”, al suprimirse las aduanas, sobraba ya la reiteración del final de la frase, y desde entonces Ciudad Rodrigo “era una ciudad abierta al futuro”, palabras pronunciadas por el Rey Juan Carlos en la visita que hizo a esta Ciudad para inaugurar la casa de la Cultura.

En Junio de 1990 fui destinado para el mismo cargo de Delegado Especial de Hacienda y de la Agencia Tributaria en Andalucía, Ceuta y Melilla, con idénticas responsabilidades en una Comunidad Autónoma más extensa y plural. Como acontecimiento extraordinario quiero recordar con vosotros la Exposición Universal en Sevilla: la Expo 92. Fueron múltiples reuniones preparatorias en la Comisaria de la Expo y con la Sociedad Estatal de la Expo 92. Este acontecimiento mundial en el que participaron 108 pabellones de otros tantos Estados Soberanos fue una experiencia inolvidable de mucho trabajo los años anteriores, y de numerosas visitas durante los seis meses de la Exposición al lado de la mascota “Curro”, un pájaro grande y simpático de pico y cresta de muchos colores.

Y como el que estuvo en Sevilla y se fue perdió su silla, volví a de nuevo a Valladolid como Director General de la Junta de Castilla y León, una administración distinta, cuya diferencia esencial era que el gobierno en esta comunidad era del Partido Popular, y su Presidente Juan José Lucas. Estuve dos legislaturas (ocho años) con diversas responsabilidades además de la Política Tributaria y Financiera; en la agencia de Desarrollo Económico, en la Fundación de Patrimonio Histórico de Castilla y León, en la Federación de cajas de ahorro; pero, sin duda, lo más representativo en este periodo fue ser Presidente de la Comisión para la Introducción del Euro en Castilla y León, otra nueva exigencia europea: el euro moneda única obligatoria en los países de la Unión Europea, a partir de 1 de enero de 2002. Fue un acontecimiento ambicioso dirigir y ser responsable del cambio de la peseta al euro en todas las administraciones (autonómica, provincial y local), la contabilidad pública y otras actividades económicas y de servicios, en un territorio tan extenso.

4. A MODO DE RESUMEN Y CONFIDENCIA

A lo mejor existen dudas, y es normal, de si en los 20 años que estuve en puestos de responsabilidad política en la Hacienda del Estado y en la Junta de Castilla y León y, con gobiernos de signo político distinto, (PSOE Y PP) me comporte como político o
profesional: os confieso que en ambas administraciones actúe siempre con lealtad al gobierno de turno, y como un profesional al servicio de la política. Ingerencias políticas si hubo alguna fueron las mínimas; pero nunca me hicieron, ni lo hubiera permitido, ofertas (llamémoslas atractivas) a cambio de favores, aunque en los momentos actuales pudiera ser difícil de entender.

Desconozco si los talentos evangélicos que recibí en el Seminario, fueron uno, tres o cinco, lo cierto es que no los enterré y dieron fruto. Allí se hablaba, a menudo, de vocación y de si era o no la verdadera, la mía ha sido la Economía Social y, en particular, el cooperativismo como movimiento democrático ( un hombre un voto ) y de necesidades que tienen los hombres para realizar en común lo que no pueden o es muy difícil hacer individualmente, al que dedique el tiempo libre, donde tuve más satisfacciones que retribuciones, y lo hice con el mismo entusiasmo que el tío Paloma, personaje entrañable de la novela de Blasco Ibáñez “Cañas y barro”, lo hacía al referirse a la comunidad del Palmar en torno al Lago de la Albufera, y que en este 250 aniversario, quiero recordar:

“… el lago era de los pescadores todo de todos, no como en tierra firme donde los hombres han inventado esas porquerías del reparto de la tierra y dicen con orgullo esto es tuyo y esto es mío como si todo no fuera de Dios…. El lago para los habitantes del Palmar sin distinción de clases; pero, como al repartirse el lago, unos puestos eran mejores que otros, al finalizar hacían
una cordá juntando sus redes, sus barcas y sus brazos y el producto de la enorme pesca se repartía entre todos por partes iguales… así deben vivir los hombres como hermanos para no convertirse en fieras”.

D. José Manuel de Luis Esteban
Inspector de Hacienda


CULTURA

Profesores del Seminario de Ciudad Rodrigo y ex-alumnos profesionales docentes de primaria, secundaria y Universidad, Francisco Hernández González

Muy buenas tardes y muchas gracias a todos uds. por su presencia en estos actos con motivo del 250 aniversario del Seminario Diocesano.

Me es un gran honor el estar con uds. para evocar a los grandes artífices (hombres y algunas mujeres, con nombres y apellidos y curriculum vitae), al servicio de esta gran institución educativo-formativa, que certeramente ha sido definida como “Polo de promoción social para amplios sectores de jóvenes, dando oportunidad a los humildes”: “Universidad de los pobres” , institución denominada San Cayetano, por su Fundador: El Obispo D. Cayetano Antonio Cuadrillero y Mota y formada por : (Seminario, Colegio de 2ª enseñanza, Escuelas e Internados) , Personal que con sus actividades cooperaron imprescindiblemente a mantener una tan larga, fructífera y consolidada vida, pues: “solamente resiste 250 años, lo bien consolidado, como sin lugar a la menor duda es la institución San Cayetano”. Larga vida que no tiene por qué el haber sido perfecta, como nos dice La Cenicienta; sino más bien: cargada desde su inicio de grandes retos que se han ido presentando en su largo caminar; retos, aceptados y afrontados positivamente, y superados las más de las veces.

Nuestra actitud preferente hoy y ahora, no debería ser otra que, el reconocer autocríticamente tanto sus fallos como aquellos valores que nos han sido otorgados como herencia y legado de su longevo devenir, y repensarlos, mirando al futuro, con grandes
dosis de ilusión e incluso de utopía; luchando contra marea y contra corrientes, y siempre, siempre con los pies en tierra, sin imposiciones y sin imposibles ni absurdos…siendo precisamente ahora un momento que se nos presenta ideal para practicar estas actitudes por ser momento en el que se nos acumulan recuerdos, vivencias y sentimientos múltiples y variados a contrastar.

Sin duda alguna, los grandes protagonistas de esta convocatoria-celebración son las PERSONAS, el factor humano, pues lo único seguro, seguro, es que el futuro tendrá que seguir siendo “humanidad”, sea en el entorno que sea, el analógico o digital, con inteligencia artificial o sin ella. Nos interesa pues el paisanaje, el hombre más que el paisaje, quienes han usado y pisado por las dependencias: desde la portería hasta la cocina y refectorios, desde las clases-aulas y laboratorios, hasta los patios: sin olvidar los pasillos, dormitorios y la capilla del Seminario. Y todos los que hemos pasado hemos dejando “algo” la Cocina y despensa, los porteros (Eulogio y Osorio) y criados (Tomás) de la huerta del Seminario… TODOS.

Ahora bien, en este humilde comunicado, no podemos recoger, por descontado, a todos los que han pasado por el Seminario y Colegios y Escuelas del mismo, sino solamente una pequeña muestra (en torno al 10 % de todos los tiempo 600 de los 6500.)
Muestra que por pequeña no está exenta de ser significativa. Cuando me ofrecieron el participar en el 250 aniversario, se me asigna la “galería”, entre otras 29 inicialmente propuestas, la de los DOCENTES Y EX ALUMNOS – DISCENTES DEL COMPLEJO FORMATIVO DE “San Cayetano” que eligieron la DOCENCIA como su Actividad Profesional.

Pretendemos, por lo tanto, obtener dos objetivos fundamentales previamente marcados: PONER EN VALOR, hoy más que nunca las personas formadoras y formadas en aquellas estancias. Mirar al factor humano y dar A CONOCER Y PROYECTAR LA INFLUENCIA que tuvieron en su época, en sus diferentes ámbitos en los que actuaron y descubrir aquello que nos pueda valer de cara a los actuales momentos y hacia el futuro.

Por consiguiente, se han establecido tres bloques o partes documentales, conforme al siguiente contenido:

1. ALGUNAS IMPLICACIONES ENTRE EL SEMINARIO, CIUDAD RODRIGO Y LA DIÓCESIS CIVITATENSE

A. Su origen y primeros pasos: Fundador D. Cayetano y crisis social señoríos y rentas. Retos primeros a superar: Cabildo y Obispado, Disciplina y salidas, Su proyecto tridentino-Jesuítico.
B. Ciudad Rodrigo, El Seminario y su Diócesis: Patria chica / alma y corazón / Raya portuguesa y linajes, destierros, guerras-fortificaciones y pólvora: Sucesión. Independencia. Espartero y su régimen. República. Guerra Civil.
C. Mirobrigenses y Seminaristas diocesanos: rasgos temperamentales y Perfiles.

2.  HISTOGRAMA  DE OBISPOS, RECTORES Y VICERRECTORES DEL SAN CAYETANO. 1769-2019
3. DOCENTES  DEL  SEMINARIO  Y  EX  ALUMNOS PROFESIONALES DOCENTES DE PRIMARIA, SECUNDARIA Y SUPERIOR

Todos sabemos que: “Se hace camino al andar” , y así es con este trabajo-documento que hemos iniciado y damos a conocer ahora su existencia en una exposición de sus rasgos fundamentales que, en 12 minutos, resulta tarea muy difícil, casi imposible. Es tarea difícil pero apasionante; y por ello, ahora, pasamos a exponer el proyecto a completar lo ya elaborado en lo correspondiente a la tercera parte o tercer bloque; bloque que, a modo de “Vademecum personal” o “Florilegio” ( Flores a…) su contenido se presenta y expone distribuido inicialmente en los siguientes apartados:

A. Presentación y Ficha técnica/Organigrama educativo y agradecimientos.
B. Profesores del Seminario-Colegio “San Cayetano” y ex alumnos docentes
C. Los Sacerdotes “habilitados” resumen por su carrera eclesiástica como formadores-educadores.
D. Los Maestros de Primaria titulados y ejercientes.
E. Catedráticos y Profesores de Enseñanzas Medias.
F. Catedráticos y Profesores Titulares de Universidad y Profesores Asociados e Invitados.

4.  EPÍLOGO
El legado histórico y social del Seminario y su futuro: ¿ocupa?, ¿ preocupa?, ¿incierto devenir?… las demandas que nos exige el legado heredado: “Abiertos a compartir y practicar y a menos predicar y más trigo dar”.

Agradezco a quienes de “boca en boca” y “documentalmente” me han aportado datos y documentación: Secretaría y Rectorado del Seminario y Biblioteca del mismo, a Javier Alonso Torrens y Antonio Sánchez Zamarreño, a Fidencio Martin Melchor y Fernando García y a Fidel Manso Sevillano entre otros…

Finalmente dejar caer, hoy precisamente y ahora, en el corazón y sentimiento de uds., – pues como dijese Blas Pascal, “El sentimiento también tiene sus razones: Espíritu de “Finesse””. Algunos interrogantes: ¿Cómo ser útiles y servir a nuevas demandas sociales con lo que somos y el legado recibido? ¿Cómo afrontar el reto ante la galopante despoblación del Oeste Salmantino?… ¿y el no menor creciente anticlericalismo y falta de fe y compromiso? Tendremos que Reflexionar – soñar – imaginar y descubrir. Y además: predicar y compartir y dar más trigo.-

Este resumen Comunicado de mano tendida debería animarnos hacia una reflexión autocrítica de la vida e historia del Seminario de Ciudad Rodrigo y sus posibilidades de futuro.

Muchas gracias a tod@s y por todo: a su disposición. Buenas tardes.

Francisco Hernández González
Catedrático de Instituto


CULTURA

El Seminario San Cayetano y la educación, José Ferreira Suárez

Sr. Obispo Don José González, Rector del seminario, antiguos compañeros y amigos.

Agradezco en primer lugar a Juan Carlos la deferencia que ha tenido conmigo al invitarme a participar en este foro para la celebración de las segundas jornadas previas a la conmemoración del 250 aniversario de la fundación del seminario. Al propio tiempo quiero agradecer también a Javier Alonso el haberme permitido participar en la confección del ingente trabajo que está llevando a cabo.

En mi vida profesional me he dedicado casi por completo a la educación, más teórica que práctica, porque mi labor educativa la he realizado en su mayor parte como director de centros escolares de primaria. Y es por esto que, como me sugirió Juan Carlos, dedicaré mi intervención fundamentalmente a la educación que recibimos en el seminario en la segunda mitad de la década de los años cincuenta y primera mitad de los sesenta. Hago énfasis en estas fechas porque estoy seguro de que nada tienen que ver con los años posteriores y menos aún con los actuales.

Yo nací en un pequeño pueblo fronterizo, Puerto Seguro, que hasta 1916 se había llamado Barba de Puerco. Don Gregorio Galache se metía permanentemente conmigo llamándome “barbapuerco”, que para mí no significaba una humillación sino más bien una broma porque la verdad es que me lo decía siempre con mucho cariño.

Puedo decir que apenas había salido de mi lugar de origen cuando me llevaron a estudiar. Recuerdo perfectamente aquel día en que Don Pepe, el cura, me trajo en la moto mientras mi madre había venido en el coche de línea. La ilusión era enorme. Salir del
pueblo para ir a estudiar en aquellos años era un privilegio. Aquel mismo día coincidimos en Ciudad Rodrigo con otra familia de Ahigal, conocidos de mis padres, que habían llegado con su hijo Santiago Estévez, Chago. Ya tenía un amigo. Desde aquel momento nos hicimos inseparables. El tener un amigo era fundamental pues la soledad y el desamparo a que quedábamos expuestos una vez que la familia se había vuelto a casa era grande.

1. ASPECTO DISCIPLINAR

Desde el primer momento teníamos que habérnoslas nosotros solos sin ayuda de nadie y por lo mismo teníamos que generar recursos propios para subsistir con nuestras propias fuerzas. No cabe duda que esto que en un principio pudiera parecer cruel nos iba forjando un carácter sólido y robusto para afrontar y resolver cualquier dificultad a lo largo de nuestra vida.

Rápidamente captamos la disciplina estricta y rígida que predominaba en todas las ocupaciones del quehacer diario. Infligir la más mínima norma del reglamento suponía un castigo físico, en muchas ocasiones excesivo.

Es cierto que con los parámetros de hoy no podemos juzgar el proceder de los educadores de entonces, los llamábamos inspectores, pues el castigo físico era admitido por la sociedad como un correctivo eficaz para la modificación de la conducta. Lo que no era en modo alguno justificable eran las “tundas” desproporcionadas fruto en muchos casos más del estado de ánimo y personalidad del educador que de la transcendencia de la falta cometida. Esto resultaba negativo para el individuo pues difícilmente el alumno implicado lo llegaba a superar completamente.

No obstante algunos excesos, quizá demasiado frecuentes, la disciplina tan denostada en la actualidad, tenía un aspecto positivo del que adolece la educación actual. Pues aparte de marcarnos límites, tan necesarios en la infancia y la juventud de hoy, iba conformando nuestra voluntad para aprender a sistematizar, regular y ordenar cualquier tipo de actividad en el futuro.

2. ASPECTO ACADÉMICO

El aspecto académico es sin duda el más encomiable de todo el proceso educativo que recibimos. La formación era eminentemente humanística y aunque quizá pecaba de memorística y apegada al libro de texto, nos proporcionó un bagaje de conocimientos que constituyeron una sólida base para emprender en el futuro nuevos caminos profesionales en todos aquellos que dejamos la carrera sacerdotal. Recuerdo como anécdota, que en los dos años de comunes, en los que teníamos la asignatura de filosofía, yo la supere sin apenas esfuerzo, solamente repasando el libro de Historia de la Filosofía que había estudiado en el seminario.

Pero no sólo portábamos un caudal de conocimientos que nos facilitaba el acceso a otras carreras u oposiciones sino que llevábamos con nosotros un espíritu de trabajo y superación adquiridos, que nos propulsaba a emprender cualquier camino que supusiera una superación personal y profesional.

Esta es una de las claves del porqué han brillado en numerosos ámbitos del saber tantos y tantos ex alumnos del seminario de Ciudad Rodrigo.

3. RELACIONES SOCIALES

En lo que respecta al apartado de la formación social de la persona, podríamos decir que es el más discutible. Toda la formación educativa estaba encaminada hacia un único fin: la preparación de los seminaristas para que un día llegaran a ser futuros sacerdotes, lo cual es perfectamente entendible y lógico pues qué otro fin podría tener el seminario. Lo cuestionable está en los procedimientos que se seguían para conseguirlo. Era, pues, preciso eliminar todo aquello sospechoso de interferir en el proceso de formación. No conformes con el aislamiento de la sociedad que llevaba consigo la permanencia en el internado durante la mayor parte del año, se prohibía cualquier contacto con el exterior a través de la prensa, radio o cualquier otro medio. La relación directa con la mujer era algo peligroso que había que evitar por cualquier medio.

Este proceder continuado terminaba conformando una personalidad cada vez más alejada de la realidad exterior que propiciaba un choque brusco a los que un día dejaban el seminario y debían incorporarse a las formas de vida del resto de la sociedad. La adaptación no era fácil y en muchos casos daba lugar a un “rebote” que conducía a muchos ex-seminaristas a adoptar posturas abiertamente contrarias y de rechazo a todo lo relacionado con su formación anterior.

No sólo los que dejamos el seminario sino también muchos sacerdotes al terminar la carrera sufrieron de una u otra manera este difícil proceso de sociabilización y adaptación al siglo.

He tratado con todo lo anterior de dar unas pinceladas sobre los aspectos educativos que me han parecido más relevantes sin pretender ser, ni mucho menos, exhaustivo. Al margen de las deficiencias o aciertos que pudo haber en nuestra formación, lo que importa es el resultado y en lo que a mí respecta, estoy más que satisfecho.

4. DATOS CURRICULARES

Por último, quiero hacer un breve currículum de mi devenir profesional y personal para finalizar mi intervención. Ingresé en el seminario en el año 1956 y permanecí en él hasta 1965. La decisión de cambiar mi camino fue difícil y complicada y aquí debo recordar al Padre Turiel que me prestó una ayuda impagable.

Inmediatamente comencé la carrera de magisterio que termine en dos años y, una vez aprobadas las oposiciones, comencé en Barcelona la Licenciatura en Pedagogía en la especialidad de Organización y Dirección de Centros Escolares.

Es precisamente en esta función donde he desarrollado la mayor parte de mi vida profesional. En los primeros años de la década de los setenta me correspondió poner en marcha la Ley General de Educación por ser el colegio que yo dirigía el centro receptor de la zona.

Esto mismo me ocurrió en la década de los 80 con la puesta en marcha de la LODE y LOGSE, dos leyes educativas complementarias con las que fui muy crítico por considerarlas nefastas para la Educación Pública. Creo que el tiempo me ha dado en parte la razón. Esto me conllevó algún “apercibimiento” administrativo.

Los últimos años de mi profesión, dejada ya la función directiva, estuve impartiendo clases de historia y geografía a los cursos de primero y segundo de la ESO mediante una habilitación que nos dieron a los maestros para dar clase en secundaria.

La historia y la investigación histórica han sido mi hobby y diría que casi mi auténtica vocación. Fruto de ello han sido dos libros escritos sobre este tema editados por la Diputación de Salamanca: “Puerto Seguro y su entorno” y “Puerto Seguro en el siglo XVII. La Guerra de Restauración portuguesa”.

No quiero dejar de mencionar también una revista que editamos en nuestro pueblo y de la que me considero uno de sus promotores, “PEÑA ROTA”, de la que llevamos publicados 200 números con un recorrido de 40 años de existencia.

Quiero terminar diciendo que todo lo que he sido se lo debo a mi formación en el seminario donde están insertos mis cimientos y del que he conservado siempre un agradecido recuerdo.

José Ferreira Suárez
Maestro

 

1 Comentario

  1. Generoso Martin Pastor 18:58, nov 10, 2018

    He leído con gran atención e interés los brillantes “trabajos” presentados por los participantes de las II jornadas y debo resaltar la suerte que tuvimos los que estudiamos en el Seminario. Aquï está la prueba. Maximino, Borrego, Calderón, y Ferreira fueron condiscípulos, Javier Inspector de disciplina, Jose Esteban y Nacho Francia amigos. Enhorabuena. Juan Carlos mi ausencia obligada.

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