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HOMILÍA EN LA FIESTA EN HONOR DE SAN CAYETANO. Por Juan Carlos Sánchez Gómez

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HOMILÍA EN LA FIESTA EN HONOR DE SAN CAYETANO. Por Juan Carlos Sánchez Gómez
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HOMILÍA Santa Misa, Capilla Mayor, 26 de noviembre de 2018

Lecturas: Ap 14,1-3,4b-5: Llevaban grabados en la frente el nombre de Cristo y el de su Padre
Salmo 23: Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.
Evangelio: Vio una viuda pobre que echaba dos monedillas

Queridos formadores, profesores, seminaristas y colaboradores, queridos Gaspar y Antonio, del Teologado de Ávila y amigos todos:

Esta es la generación que busca al Señor, que busca tu rostro, hemos rezado y repetido en el salmo usado por la Iglesia en este lunes. Buscar al Señor, y su rostro no parece que esté hoy de moda, y que sea trending topic, algo de lo que todo el mundo hable, que marque tendencia, en Twitter, Instagram, Facebook, etc.

He querido mantener las lecturas que la Liturgia nos presenta en esta última semana del tiempo litúrgico, sobre todo porque la actitud de la viuda del Templo de Jerusalén encaja plenamente con el estilo de vida de nuestro santo Patrono, el Padre de la Providencia. Un buscador sincero y auténtico del rostro del Señor. Cuando nuestro seminario lo mira como patrono no hace otra cosa que poner los ojos en aquel sacerdote que quiso imitar en todo el ejemplo de los apóstoles, para así vivir de forma autentica su vocación.

En la celebración de esta mañana vienen a nuestra memoria los miles de estudiantes y formadores y profesores y trabajadores que han dejado huella en esta casa, en este mismísimo templo, en esta institución. Muchos buscaron sinceramente al Señor y su rostro e hicieron de sus búsquedas una vida alegre y feliz. Aunque hoy buscar al Señor no forme parte de la cultura ambiental, buscarlo y celebrar su encuentro, sigue siendo lo más grande que un hombre y una mujer pueden hacer. Recordad con cuánta belleza vimos plasmada esta misma idea en el Musical 33, de Toño Casado, que pudimos disfrutar ayer en Madrid, en la antesala de nuestro día grande.

Nosotros sí queremos buscar su rostro y saborear su compañía y su cuidado, su Providencia lo llamamos.

San Cayetano de Thiene se acercó con devoción y pasión a contemplar a este Cordero Pascual del que nos habla la primera lectura: el Cordero Santo, el que tiene simbólicamente siete cuernos en la cabeza, que significa el poder total del Mesías y siete ojos (plenitud del Espíritu), a ese Cordero santo lo siguen 144.000 mil ( haced la cuenta, 12 Tribus de Israel X 12 Apóstoles y por 1000 , el tiempo de la historia, sale el número de 144.000) ese Cordero Santo, al que le siguen tantos, es el que ha vencido y ha rescatado a una muchedumbre que nadie puede contar. Los 144.000 mil son luego una muchedumbre que nadie puede contar.
Vivimos siempre acompañados por los testigos que nos precedieron, al contemplar cómo han ido llegando a la meta, parece que se nos hace más fácil el camino. Ellos llevaban el nombre de Cristo en su frente y el de su Padre. Este seminario ha logrado a lo largo de estos dos siglos y medio de historia que muchos puedan llevar el nombre de Cristo por todas las partes del mundo. Agradecemos a Dios Padre este regalo de la Providencia que ha sido y es nuestro Seminario para que muchos hayan seguido al Cordero donde quiera que vaya, y lleven grabado muy dentro el nombre de cristianos y hayan dado el paso al sacerdocio como forma de vida entregada. Agradecer a este Seminario este don y este regalo es responsabilidad de todos, por eso estamos celebrando Jornadas y otras actividades.

Fijémonos ahora en el pasaje del Evangelio proclamado. Este momento nos lo narra san Marcos y san Lucas. Hace unos domingos lo leíamos siguiendo los pasos del evangelio de Marcos, hoy, siguiendo la lectura continuada del tiempo ordinario lo leemos en Lucas, son casi idénticos. San Lucas coloca este texto después del gran viaje desde Galilea a Jerusalén, entre las primeras actividades en el Templo, la gente sencilla le escucha, no así lo Escribas y Fariseos y los otros miembros del Sanedrín. Jesús es espiado y observado por muchos, pero Jesús mira y observa y ve lo que otros no ven. Siempre es así en la historia de los seguidores fieles de Jesucristo. El ve la ofrenda de la viuda, una pobre de verdad, que da todo lo que tiene, porque vive la confianza plena en el Dios en el que cree, y al que le reza cuando va al Templo; en el arca de las ofrendas se ofreció ella a sí misma, por completo. Vivió la Providencia en estado puro. Como nuestro querido san Cayetano. Él y sus compañeros renunciaron a sus bienes y abrazaron una vida pobre y providente, sencilla como los pajarillos del campo, libre como las aves del cielo, pobre como los pobres de Yahvé. Por eso fueron admirados y queridos, fueron buscados por obispos y reformadores de la Iglesia. No se dedicaron simplemente a hacer grandes discursos, que los sabían hacer, sino que se dedicaron a orar, contemplar al Señor y a trabajar por el Reino de Dios y su Justicia y a reformarse a sí mismos. A ser coherentes ellos mismos, antes que acusadores de otros; su actitud humilde desarmaba a los soberbios y a los que estaban muy instalados en una vida nada ejemplar y nada evangélica, fueran cardenales, obispos, sacerdotes, frailes, nobles, etc. Arrimaron el hombro y estuvieron muy comprometidos porque atendían a los incurables y cuando fue necesario como en Venecia fundaron un hospital para incurables, o un Monte de Piedad como en Nápoles para atender a los pobres (el origen de lo que hoy es el Banco de Nápoles). Hombre de paz y de concordia san Cayetano muere el 7 de agosto de 1547 y con motivo de su muerte se hace la paz en Nápoles, en su tumba el pueblo de esa ciudad puso esta frase de hondas raíces bíblicas: Aquí descansa el que ora insistentemente por su pueblo.

Hay una anécdota en la vida de san Cayetano que quiero traer hoy a nuestra consideración: Un día en su casa de religioso no había nada para comer porque todos habían repartido sus bienes entre los pobres. San Cayetano se fue al altar y dando unos golpecitos en la puerta del Sagrario donde estaban las Santas Hostias, le dijo con toda confianza: “Jesús amado, te recuerdo que no tenemos hoy nada para comer”. Al poco rato llegaron unas mulas trayendo muy buena cantidad de provisiones, y los arrieros no quisieron decir de dónde las enviaban.

Renovemos hoy en nuestro Seminario esta confianza en el Señor. Llamemos a la puerta del Sagrario y ¿qué le diríais?, ¿qué le diríamos? ¿qué le pediríais con total confianza? ¿lograríamos arrancar de Jesús lo que le pedimos porque se lo pedimos con fe?
Démosle unos golpecitos en el Sagrario, que es como decir, llamémosle con voces insistentes para que se siga operando el milagro de una comunidad viva en nuestro Seminario. Que siga protegiendo a nuestra amada diócesis, pues lo necesita en este tiempo de manera especial y que demos pasos sinceros en vitalidad pastoral en ella; sigamos dando unos golpecitos y pidámosle al Cordero Pascual, el de los siete cuernos y los siete ojos, que no deje de mirar nuestra necesidad de vocaciones al presbiterado.
Estamos gozosos porque este año hemos comenzado el curso con la ordenación sacerdotal de Miguel Ángel el 30 de septiembre, que por cierto, Miguel, san Cayetano también se ordenó un 30 de septiembre de 1516; estamos gozosos porque pronto se ordenará Efraín, para quien le doy saludos especiales de D. Raúl, que me ha escrito en estos días; Estamos gozosos porque el Señor sigue llamando y en nuestro seminario hay (estáis) un grupo de jóvenes, adolescentes y niños capaces de recibir la llamada y dispuestos a responder.

No quiero terminar esta homilía sin dar las gracias a todos los que vivís vuestro compromiso pastoral con nuestro seminario con vuestros trabajos y desvelos. En nombre de nuestro obispo, don Raúl, y de nuestro Administrador Apostólico, Don Francisco, os damos las gracias de corazón.

Ponemos a los pies de este santo Patrono, también a los que muy vinculados al Seminario ya nos han dejado para subir a la casa del Padre desde la última celebración de esta fiesta: Don Enrique Sánchez Gamito, Don Antonio Vicente Oreja, Don Cesar Sagrado Marín y Don Juan Manuel Cuesta Cuesta. Vaya para ellos nuestra gratitud y hoy especialmente nuestra oración.

Que la Madre del Señor, que con tanto afecto cuidó de Cayetano, nos cuide hoy y nos ponga en senda de los apóstoles para vivir el momento presente con Dios quiere.

AMEN.

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