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Conversaciones con Don Manuel Delgado Sánchez-Arjona, primer alcalde democrático de Ciudad Rodrigo y Senador por Salamanca por el extinto partido político Unión de Centro Democrático (UCD) en la Legislatura Constituyente y en la I Legislatura (I)

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Conversaciones con Don Manuel Delgado Sánchez-Arjona, primer alcalde democrático de Ciudad Rodrigo y Senador por Salamanca por el extinto partido político Unión de Centro Democrático (UCD) en la Legislatura Constituyente y en la I Legislatura (I)
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Conversaciones con Don Manuel Delgado Sánchez-Arjona, primer alcalde democrático de Ciudad Rodrigo y Senador por Salamanca por el extinto partido político Unión de Centro Democrático (UCD) en la Legislatura Constituyente y en la I Legislatura.

Estas conversaciones, a modo de pequeñas memorias, no siguen un orden cronológico sino que son el resultado de un diálogo entre nuestro protagonista y el licenciado en Derecho José María Ortiz Gómez y el director del medio de comunicación virtual ciudadrodrigo.net, Fernando Domínguez Sánchez.

Las intervenciones de Manuel las señalamos con la abreviatura de MDSA (Manuel Delgado Sánchez-Arjona), las de José María Ortiz con JMO y las de Fernando Domínguez Sánchez con FDS.

Primera entrega. Transición, primeras elecciones y Constitución de 1978

JMO: Manuel, estas pequeñas entrevistas que tal vez deriven en algo parecido a unas pequeñas memorias como primer alcalde democrático de Ciudad Rodrigo, tras el restablecimiento de la democracia y Senador en las Cortes Constituyentes y en la I Legislatura, pudieran empezar de muchas maneras pero me apetece hacerlo enseñándole un libro que me consta conoce perfectamente que es Memoria viva de la transición, del Presidente de Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo.

MDSA: Las conozco bien. Son Calvo Sotelo en estado puro, escritas con un humor fino e irónico y que además esclarecen algunos momentos decisivos de la historia de la UCD y de España.
Leopoldo Calvo Sotelo, que era un intelectual, era a su vez un parlamentario excelente. Percibido por más de uno como frío y distante, no siempre lo era. Recuerdo una anécdota siendo él Ministro para la entonces Comunidad Europea. Había una restringida Comisión Mixta Cortes Española-Parlamento Europeo a la que yo pertenecía. Presentaba yo una ponencia sobre el tema clave del impacto de la adhesión de España en la agricultura. Se la había leído y con extremada corrección me pidió rectificara algún punto no adecuado “con tu bien cortada pluma”.
Como Presidente del Gobierno dedicó muchos esfuerzos para armonizar el proceso autonómico y en el ámbito de las relaciones exteriores, para lograr el ingreso en la Comunidad Europea y en la Alianza Atlántica – tuve el honor de asistir a la izada de la bandera de España en el Cuartel General de la OTAN en Bruselas el 5 de junio de 1982.
El partido, la UCD, se le fue un tanto de las manos, pero es que en ese momento ya se estaban consumando las disensiones internas que llevarían a su disolución.

JMO – FDS: ¿Cómo vivió Ciudad Rodrigo la histórica etapa de la Transición y las primeras elecciones democráticas?

MDSA: No debemos olvidar que esos años coinciden con la crisis mundial del petróleo y en nuestro país también con el auge del trágico e infame terrorismo. En Ciudad Rodrigo la población, como en toda España, estaba expectante. Muchos agricultores y ganaderos así como comerciantes e industriales empezaban a mostrarse activos y con presencia efectiva en las organizaciones independientes que empezaban a gestarse. Dos cooperativas – el Matadero CRAMSA – excelente iniciativa de Miguel Sánchez-Arjona – y la Caja de Crédito Agrícola – funcionaban satisfactoriamente con sus muchos asociados desde años antes. El sí en el Referéndum para la Reforma Política fue muy mayoritario. No es pues de extrañar que tras la legalización de los partidos políticos Ciudad Rodrigo fuera pieza cotizada.

La presencia política de ámbito nacional más tempranera e importante fue la de Fernández de la Mora, ilustrado exministro de la época franquista. Singular autor de El crepúsculo de las ideologías y de la abstrusa frase “carioquinosis partitocrática” con la que pretendía anatemizar las democracias occidentales. Reunió a un grupo de mirobrigenses en el Parador de Turismo y sería luego uno de los diputados de los llamados siete magníficos exministros de Alianza Popular.

El primer Partido Popular – no confundir con el creado posteriormente en 1988 – se había fundado a finales de 1976 y celebró su congreso en Madrid los día 5 y 6 de febrero de 1977 en un acto de gran envergadura comparable al del PSOE de dos meses antes. En torno a este partido se formó una coalición de socialdemócratas (Fernández Ordoñez), democristianos (Álvarez de Miranda), liberales (J. Garrigues) y otros afines que dio origen a Centro Democrático, y posteriormente, con la incorporación deseada de Adolfo Suárez, a la Unión de Centro Democrático.

En Salamanca lo habíamos fundado, organizado y presentado Alberto Estella, de brillante actividad política, social y cultural hasta el presente, José Luis Sánchez Torres y yo mismo entre otros. Su presentación en Ciudad Rodrigo tuvo lugar el 20 de febrero de 1977 en el restaurante El Estoril. Por esas fechas también se organizaron en Ciudad Rodrigo el PSOE y el PCE.

En esos días la proliferación de partidos políticos en toda España fue tal que se acuñó la expresión de sopa de letras en referencia a las siglas por las que trataban de ser conocidos. Llegaron a presentarse 589 candidaturas de las que solo una docena logró una representación significativa.

Una vez puesta en marcha la UCD y aunque la afiliación no fuera relevante, la acogida por los mirobrigenses sí lo fue. Se palpó en la presentación de la candidatura para Salamanca de las primeras elecciones de 15 de junio de 1977. Fue en el café El Moderno con lleno a rebosar, aplausos continuados y asistencia solo comparable a los mejores días del Bolsín Taurino. En las intervenciones hacíamos algo de historia y pedagogía democrática. Tratábamos de transmitir optimismo sin nostalgia y un programa de acciones concretas para mejorar la provincia y sus comarcas. Yo personalmente insistía en que los españoles no estábamos genéticamente incapacitados para convivir democráticamente.

Vale también reseñar para la historia política de la época que en Ciudad Rodrigo y tras un mitin de éxito en Salamanca, en plena campaña electoral se presentó Don José María Gil Robles, antiguo y máximo líder de la derecha española en la Segunda República. Llenó el Teatro Nuevo, pero su excelente oratoria y sus alusiones políticas al pasado no conectaban con la realidad. Esta democracia cristiana, apoyada por todos sus colegas europeos, aunque sin el apoyo de la jerarquía eclesiástica – que ya conocía los problemas que el binomio iglesia católica-democracia cristiana estaba causando en Italia – quizás y lamentablemente fracasó en las elecciones generales de junio.

Recuerdo la pregunta de Don Juan Carlos en la audiencia que nos concedió a los pocos días a la candidatura salmantina de la UCD: “¿Y Don José María Gil Robles?”. Yo recordaba los resultados y pude contestar “5.220 votos, 300 menos que el PCE”. ¡Quién iba a prever tal resultado de quien había movilizado masas ingentes de seguidores cuarenta años antes… Y en su feudo!

JMO: ¿Qué tal fueron sus relaciones políticas con su compañero de partido, parlamentario en la Cámara Baja, Salvador Sanchez Terán?

MDSA: A Salvador Sánchez-Terán le conocía de mucho antes. Antes incluso de que entrara en la familia Sánchez-Arjona. En aquel momento teníamos ya en muchos aspectos, incluido el político y social, una visión muy similar.

Cuando deja el Gobierno Civil de Barcelona se incorpora a la UCD. Recuerdo la brillantez y claridad de sus intervenciones explicando el proyecto de centro político que se ofrecía a los españoles. Tenía una indudable capacidad de convicción que se unía a una demostrada competencia en dirección y gestión de cargos públicos.

En las primeras elecciones democráticas éramos muchos quienes opinábamos que debía encabezar la candidatura de la UCD al Congreso de los Diputados por Salamanca. Idéntica pretensión tenía Jesús Esperabé, veterano y activo político salmantino. Soy testigo de la generosidad de Salvador. Tuvimos una reunión en la sede del partido en Patio Chico en Salamanca. Salvador, de forma conciliadora, y aunque tenía los poderes de la dirección del partido para ocupar el número uno, afirmó “No he venido a traer la guerra” aceptando ir en segundo lugar.

Nuestra amistad desde esos años hasta el día de hoy se mantiene en perfecto estado de salud, (me atrevo a decir que incluso mejor que la mía propia).

JMO – FDS: En el verano de 1978 el presidente Adolfo Suárez, según las crónicas por entonces el segundo presidente de gobierno en visitar Ciudad Rodrigo, pasó un fin de semana en Ciudad Rodrigo. Tendrá usted algún recuerdo que contar.

MDSA: En agosto de 1978, acompañado por el Ministro de Defensa Manuel Gutiérrez Mellado, Vicepresidente Primero, y ambos con sus esposas, concertaron su venida con Salvador Sánchez-Terán entonces Ministro de Transportes y Comunicaciones. Por cierto, eran días de aquella intricada elección papal de Juan Pablo I.

Adolfo Suarez en Ciudad Rodrigo con Manuel Delgado y compañeros de UCD -rrAdolfo Suárez en Ciudad Rodrigo con Manuel Delgado y compañeros de UCD

Adolfo Suárez estaba en plena forma. Había ganado las elecciones, alcanzado los Pactos de la Moncloa y el consenso para la Constitución. Se alojó en el Parador de Turismo. Hizo deporte y jugó al mus en el chalet de Ceferino Santos. Recorrió la ciudad afable, relajado y siempre en político. Se reunió con el comité de la UCD de Ciudad Rodrigo en nuestra sede. Comió en el Mayton y cenó – como siempre frugalmente – en El Rodeo donde ante el asombro de Chema recibió una llamada telefónica de Don Juan Carlos. Al salir alguien le ofreció una publicación de contenido político partidista, y contestó con humor “Para antes de dormir ya he traído un Mortadelo y Filemón”.

Estaba seguro de haber conectado con el sentido mayoritario de una sociedad en evolución. Como es natural y durante los años de la UCD tuve más de un encuentro con él además de las reuniones del grupo parlamentario en el Senado.

El fin de semana de Ciudad Rodrigo posibilitó una cercanía que perduró a través de los años. Como anécdota muy personal puedo contar que coincidimos algunos domingos en la parroquia del Perpetuo Socorro en Madrid a lo largo de los años noventa, ya que él por motivos de seguridad se veía obligado a alternar su presencia en distintas iglesias para asistir a misa. Como siempre, muy cercano y cordial incluso con mis hijos más pequeños.

La última vez que lo vi bajaba del coche y a la puerta del templo recuerdo perfectamente sus palabras “Manuel, a mí no me queda más que rezar”. Poco después fallecían su mujer y su hija mayor.

JMO – FDS: Y ya que hemos empezado por la Transición, hoy día casi un mito, háblenos de ella desde su punto de vista personal. Luego lo haremos si le parece de la Constitución.

MDSA: La Transición fue un proceso más de aceleración de la Historia. Unos cuatro años en los que los españoles mayoritariamente deciden – dando la talla, con acierto y esfuerzo – orillar las dramáticas polarizaciones de los últimos ciento sesenta años y dar paso gradualmente a una democracia formal.
El resultado, sin ser evidentemente perfecto, debe valorarse muy en positivo. Los que hoy en día hablan de fracaso creo que emiten un juicio históricamente erróneo y políticamente injusto.

JMO -FDS: ¿Los españoles, todos los españoles?

MDSA: Hay un claro “haber” a favor de quienes tuvieron especiales responsabilidades. El Rey Don Juan Carlos que en su primer discurso dijo querer serlo de todos los españoles. El Presidente Suárez en sintonía con él tras la imposibilidad de llevar a cabo la Reforma con Arias Navarro. Hubo también otros protagonismos. La actitud realista de las Cortes franquistas, de la izquierda y de los sindicatos históricos. La postura mayoritaria de la Iglesia española facilitando la reconciliación nacional. El respeto y disciplina de las Fuerzas Armadas. El general y sereno sentido de responsabilidad de los medios de comunicación. La incorporación de muchos ciudadanos a la vida pública a través de partidos políticos e instituciones. Y el alto grado de ilusión que gran parte de la ciudadanía vivió en aquellos momentos. No olvidemos que las ilusiones son la única propiedad de los seres humanos que no puede sernos arrebatada.

JMO – FDS: Don Manuel, cuando usted fue elegido senador, el obispo de la Diócesis Mirobrigense era Don Demetrio Mansilla, de la rama menos favorable a la apertura de la Conferencia Episcopal. ¿Qué me puede decir de sus relaciones con el obispado en una ciudad que se tenía y se tiene por muy vinculada a su diócesis?

MDSA: El obispo Don Demetrio ya se había significado contra la Reforma Política. Pertenecía al sector más involucionista de la jerarquía, un núcleo de ocho obispos liderados por Guerra Campos y Marcelo González.
Anclados en el nacional-catolicismo se mostraban contrarios a una constitución aconfesional, aunque esa constitución reconociera expresamente a la Iglesia Católica y el hecho religioso tratando de superar el anticlericalismo-laicismo y además garantizando derechos y libertades preconizados ya por el Vaticano.
El grueso de la Conferencia Episcopal, presidida entonces por el muy influyente cardenal Tarancón, unos setenta obispos, tras publicar una nota en la que se confirmaba que nada había en la Constitución de 1978 que contradijera la doctrina de la Iglesia, se mostraba partidario del sí. Con esta postura estaba también de acuerdo el Nuncio Monseñor Dadaglio.

También durante la etapa de gobierno de la UCD y de la mía como alcalde, Don Demetrio mantuvo su falta de empatía. Pero esa es otra historia de la que hablaremos más adelante.

Y ahora ya relajándonos, con respecto a Monseñor Dadaglio, que era pintor aficionado, puedo contar que en una exposición de su obra a finales de 1979 presentó un óleo con una vista de Ciudad Rodrigo con la plaza, el ayuntamiento y la rúa del Sol que traté de adquirir sin conseguirlo, porque sus cuadros no estaban a la venta y no me lo regaló.

JMO – FDS: Tras su aprobación por las Cortes, vino la aprobación de la Constitución por la ciudadanía. ¿Cómo se vivió aquel momento en Ciudad Rodrigo y en la provincia?

MDA: Fueron días satisfactorios. No había confrontación política. Los parlamentarios de la UCD y algunos de los miembros más representativos del partido hacíamos a veces dos o tres mítines – bueno, en alguna ocasión eran más bien charlas – al día.
Tratábamos de no hacerlos farragosos. La asistencia era variable. En una pedanía de Ciudad Rodrigo nos reunimos cuatro personas alrededor de una camilla. Empatamos a dos. Dos vecinos y dos de la UCD.

Presentacion propuesta de la Constitucion en El Porvenir - ministro Presidencia Jose Manuel Otero Novas con Manuel Delgado -rr

Presentación explicación de la Constitución en El Porvenir
- ministro Presidencia José Manuel Otero Novas con Manuel Delgado Sánchez-Arjona

En Ciudad Rodrigo fue bastante concurrido. Unas doscientas personas en El Porvenir. Me correspondió presentarla acompañando al Ministro de la Presidencia Otero Novas. Comentábamos la historia constitucional de nuestro país. Definíamos la Constitución como ley de leyes que no podía transgredirse y que trataba de resolver por vía de la concordia viejos problemas que habían causado feroces enfrentamientos en el pasado. Problemas como la definición del Estado, la forma de gobierno, la separación de poderes, los partidos políticos como cauces de las discrepancias, la relación con las Fuerzas Armadas, con empresarios y sindicatos, con los distintos territorios de España, y con la Iglesia. Me gustaba contar que esta Constitución del acuerdo, la concordia y también de la cordura hacía impensable el telegrama que en 1931 enviaba un alcalde manchego al Ministro de Gobernación: “Aprobada la Constitución, dígame Sr. Ministro, ¿qué hago con el cura?”.

Se entendía bien el clima de consenso – palabra que entonces suscitó más de una crítica – por el que todos debían renunciar a algo – dejarse pelos en la gatera – en aras de acuerdos mayoritarios en beneficio de toda la ciudadanía.

Esta Constitución ha propiciado en estos cuarenta años altas cotas en el ejercicio de los derechos individuales y libertades públicas, en el progreso económico, en el bienestar de los españoles y en la puesta en marcha de programas de justicia social. Solo desde un radicalismo sectario pueden negarse estos logros.

Eso sí, la Constitución puede reformarse puntualmente – no olvidemos que ha tenido ya dos reformas – pero siempre como resultado de un consenso de aquello explícitamente vaya a ser objeto de reforma. Tratar de que cada generación – veinte o veinticinco años – tenga que revisar el contenido de una constitución aprobada por consenso que no votó en su momento es algo que no tiene parangón en las democracias avanzadas. Solo conduciría a deteriorar la cohesión que debe primar en el ámbito global de la ciudadanía.

JMO -FDS: Como firmante de la Constitución, ¿cuáles de sus artículos son de especial significado para usted?

MDSA: Sin duda el Artículo I es muy relevante, el que reza que España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Este mismo artículo también proclama que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan todos los poderes del Estado. Vale la pena resaltar esto en el momento actual, que la soberanía es de todo el conjunto de los españoles. Y por último promulga que la forma política del Estado es la Monarquía parlamentaria.

De especial interés para mí también es el artículo 27 que un grupo de senadores de la UCD tratamos de enmendar sin conseguirlo. Es un artículo muy amplio que reconoce el derecho a la educación y el derecho a la libertad de enseñanza y en el que se dice que los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. También reconoce la libertad de creación de centros y la autonomía de las Universidades.

Han pasado cuarenta años. Se han aprobado siete u ocho leyes de educación. No se ha conseguido consensuar una ley que garantice calidad, participación de los implicados en la enseñanza, educación en los valores cívicos ni acordar el papel de la religión en la enseñanza. Problema éste que subyace cuando se trata discernir en la discusión de si la religión es exclusivamente un asunto privado o tiene además una proyección social.

Por otra parte, el Título VIII, tan polémico, tuvo para mí un significado alentador como punto de partida para una España descentralizada en muchos aspectos y capaz de acercar la Administración a los administrados. La Constitución no es responsable de que en la aplicación de los principios del Estado de las Autonomías se hayan cometido algunos desaciertos y exageraciones. Pero quienes lo critican tanto, deberían pasearse por los pueblos de España y ver las mejoras que han experimentado, mejoras que van tanto desde sus infraestructuras más elementales hasta aspectos recreativos y de confort.

JMO – FDS: ¿Qué opinión tiene respecto al debate siempre abierto sobre el papel del Senado? ¿Cómo vivió el haber formado parte del Senado en el periodo constituyente en el que había senadores de designación real?

MDSA: El Senado históricamente ha sido cámara de reflexión de segunda lectura de leyes y de moderación. Nuestro Senado es definido como de representación territorial y es en este sentido como debería potenciarse al máximo. Algo que de momento no se ha conseguido.
Su labor es más bien la de una cámara legislativa, reelabora e incluso puede vetar leyes que proceden del Congreso; reformas que pueden verse anuladas en su devolución a la Cámara Baja.

En la Legislatura Constituyente el Senado constaba de 204 miembros electos más 41 que lo eran por designación real procedentes de varios sectores de la sociedad (políticos que no habían ido en las listas electorales, juristas, escritores, empresarios, militares…) y que en aquel momento dieron diversidad a la Cámara. Creo que acertadamente esa experiencia no se ha repetido.
Hoy en día es necesario profundizar en su ámbito territorial, lo que haría más efectiva su misión.

JMO: ¿Algo más que añadir?

MDSA: Mal nos va a los que quedamos sin partido desde la desaparición de la UCD. A los que creemos de verdad en la dignidad de la persona humana y en el humanismo cristiano, en la libertad, en el progreso social, en la ética y la moral. En el respeto, que es puntal de la convivencia. A los que estamos lejos del griterío, el forofismo, la descalificación a priori del adversario y las malas maneras. Con ironía, somos por lo menos cincuenta o sesenta.

Primera entrega de tres. Transición, primeras elecciones y Constitución de 1978.

(Fotografías del archivo personal de Manuel Delgado Sánchez-Arjona)

 

1 Comentario

  1. 07-W 15:33, dic 05, 2018

    Que tiempos áquellos, Ciudad Rodrigo, era un pueblo, que durante años democráticos, tuvo en todos los gobiernos alguien a nivel de MINISTRO , o SUBSECRETARIO, tal y como Vd. Define muy bien, por Ciudad Rodrigo pasaban desde los presidentes del GOBIERNO a líderes de la oposición, hoy desgraciadamente Ciudad Rodrigo es un cadáver económico en fase de descomposición, llevan las instuciones una panda de parásitos desde desde que se fue Salvador y la han llevado a la ruina y la despoblación, así como de la comarca.
    Reciba mi reconocimiento y admiración, UN SALUDO

    Reply to this comment

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