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Raúl Berzosa, obispo emérito de Ciudad Rodrigo, se despide de la diócesis agradeciendo el apoyo de todos (homilía completa)

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Raúl Berzosa, obispo emérito de Ciudad Rodrigo, se despide de la diócesis agradeciendo el apoyo de todos (homilía completa)
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Esta tarde se ha celebrado en la Catedral de Santa María de Ciudad Rodrigo la misa de despedida de Cecilio Raúl Berzosa Martínez, actual obispo emérito de Ciudad Rodrigo.

Antes de la hora había mucha gente que quería estar en esta despedida y antes del comienzo la Catedral estaba llena completamente.

Prácticamente todo el presbiterio civitatense ha acompañado al obispo, también Francisco Gil Hellín, anterior administrado apostólico, así como gentes venidas de fuera de la diócesis, como el conocido padre Ángel, de Mensajeros de la Paz.

La misa ha sido cantada, tanto por el presbiterio como por la Coral Dámaso Ledesma y por el organista oficial, Manuel José Gutiérrez Hernández.

Maribel Yugueros ha sido la primera en hablar para desear que esta eucaristía se una a la semana de la oración por la unidad de los cristianos.

En la homilía el obispo Berzosa se ha dirigido a todos con la entereza de ánimo que le ha caracterizado durante su estancia en Ciudad Rodrigo. Ha agradecido a todos los que componen la diócesis civitatense, al arzobispo, sacerdotes, al diácono Efraín Peinado, religiosas, laicos, dando un abrazo sincero a todos los presentes y también a los que no han podido estar.

Aunque ha querido ser breve en la homilía lo cierto es que ha sido un poco más larga de lo que suele ser habitual en las que se han conocido aquí. No obstante ha comentado que el tiempo lo quería dedicar al final para saludar y agradecer a todos y cada uno que quisiera personalmente al terminar la misa.

“Delante de Dios, y de vosotros hermanos, no quiero ningún protagonismo, fuera pomposidad, fuera victimismo, fuera comentarios, porque el foco de atención en este momento, y así se lo estaba diciendo al Señor, es Jesucristo y la belleza de una iglesia que está aquí reunida, en este pueblo y en esta tierra”. En este sentido comenta que ha tenido ocasión de decirle al Papa Francisco “es su iglesia, la iglesia de la periferia”.

Hace referencia a San Juan XXIII: “El pasado dejémoslo en manos de la misericordia de Dios, el futuro en manos de su providencia, y sólo vivamos el presente amando y sirviendo”.

El obispo y su diócesis durante ocho años y meses de retiro ha tenido presente a los diocesanos por lo que ha recibido, una fecunda herencia y dones y gracias, “todo lo que yo no merecía”.

Cuenta que ha tenido un camino en soledad pero no en solitario, lo que le ha llevado a decir “Raúl, merece la pena seguir adelante. Raúl, merece la pena que ante el Señor Jesús, tu Dios, digas te quiero y te amo a pesar de tu debilidad, a pesar de tu pobreza, a pesar de tu pequeñez”.

Hace referencia a sus tradicionales ejemplos, en ese camino en el que lleva la maleta y su contenido. Para él lo más importante es el corazón, y sabiendo su estado se sabe cómo está. Durante este tiempo ha pedido un corazón limpio, entregado, abandonado, un corazón en el que él habite.

Más referencias a su encuentro con el Papa Francisco, recordándole que “estamos al día como iglesia en lo que el Papa nos pide, una iglesia en comunión y de misión , de discípulos y de evangelizadores, de sinodalidad, y a la vez de apertura a los más necesitados” en referencia a la iglesia de Ciudad Rodrigo.

“Un obispo también progresa en su fe, un obispo también madura como persona y como creyente”, en un diálogo consigo mismo para poner delante a Jesucristo resucitado y amigo. Resume en dos cosas: Déjate amar por Dios y deja a Dios ser Dios en toda tu vida.

Pero no olvida el contenido de la maleta, en la que se guardan las cosas que llevar en el viaje, pero también lo que no hay que llevar. Tentaciones: el materialismo, la avidez, querer tener todo; la espectacularidad, la brillantez; poder, dominio, medios y redes de comunicación. Contraponiendo la humildad, sencillez, transparencia.

Ha puesto los ejemplos del cuerpo para que de él dé lo mejor: Manos, oídos, pulmones, nariz, lengua, como órganos que deben dar lo mejor a los demás.

Terminada la homilía ha habido un gran aplauso sincero de los asistentes.

Sigue la misa y el arzobispo Gil Hellín hace las peticiones rogando por el obispo dimisionario de Ciudad Rodrigo, por el indigno que lo pide, anterior administrador apostólico…

La ceremonia ha continuado con numerosos fieles comulgando, más en la fila de Raúl Berzosa.

Antes de finalizar José Manuel Vidriales, vicario de pastoral, ha dirigido unas palabras, en su nombre y cree que en nombre de todos. Muestra respeto y afecto a Raúl Berzosa, sin reserva, un afecto fraterno, que con los arciprestazgos han trabajado los equipos pastorales o grupos arciprestales, agradeciendo en nombre de todos los arciprestazgos su paso “por las parcelas de la iglesia diocesana y por sus vidas”. Recuerda el 5 de septiembre de 2012 cuando nombró nuevos vicarios a Tomás Muñoz y a él, José Manuel Vidriales, un nombramiento para servir y no para presumir “y todos con los mandiles de sirvientes y un trabajo duro, con entrega, con resultados positivos”.

Reconoce que el trabajo durante este tiempo ha sido gratificante y enriquecedor, desando que “el Señor le bendiga”.

Quienes esperaban una homilía con carnaza se han encontrado con una homilía conciliadora, y una maleta cargada de lo que una persona debe llevar en su vida, como persona, como cristiano.

Terminada la misa se fue a la puerta a despedir uno a uno, recordando su nombre y sus historias, con el cariño para todos.

___

HOMILÍA DE DESPEDIDA DEL OBISPO EMÉRITO DE CIUDAD RODRIGO, (19 de enero de 2019). Cecilio Raúl Berzosa Martínez

(transcrita)

Muy querido don Francisco, arzobispo emérito de mi también querida diócesis de Burgos, queridos hermanos sacerdotes, querido diácono, don Efraín, queridas hermanas religiosas, monjas, queridos todos, los de aquí, los que habéis venido de fuera y los que os habéis querido unir a esta celebración tan bonita y tan sencilla.

Yo quiero ser breve, porque hace frío y porque quiero gastar tiempo al final en daros a cada uno un sentido abrazo, y en ese abrazo más que las palabras irá el cariño y todos y cada uno os profeso.

Delante de Dios, y de vosotros hermanos, no quiero ningún protagonismo, fuera morbosidad, fuera victimismo, fuera comentarios, porque el foco de atención en este momento, y así se lo estaba diciendo al Señor, no es el que os habla, es Jesucristo y la belleza de una iglesia que está aquí reunida en este pueblo y en esta tierra. Una iglesia, como he tenido ocasión de decirle al Papa Francisco, es también su iglesia, la iglesia de la periferia.

Si me permitís comienzo con una frase de de San Juan XXIII: “El pasado dejémoslo en manos de la misericordia de Dios, el futuro en manos de su providencia, y sólo vivamos el presente amando y sirviendo”.

Se suele decir que “yo soy yo y mis circunstancias”, y en este caso es el obispo y su diócesis. Día y noche durante los últimos casi ocho años y en especial estos siete meses de retiro os he llevado en mi corazón, en mi cabeza, en mis labios, constantemente, agradeciendo todo lo mucho y bueno recibido he intercediendo por todos, porque de esta iglesia he recibido una fecunda herencia, he recibido muchos dones y gracias, he recibido todo lo que yo no merecía. Y fijaros, el caminar juntos me ha hecho que nunca me haya sentido solitario, en soledad sí, pero solitario nunca, y me hecho decir: “Raúl, merece la pena seguir adelante. Raúl, merece la pena que ante el Señor Jesús, tu Dios, le digas te quiero y te amo a pesar de tu debilidad, a pesar de tu pobreza, a pesar de tu pequeñez”. Y me he llegado a decir: “Señor, qué soy yo, nada más que un pobre siervo tuyo. Ojalá supiera servir”.

Por eso, a la hora de plantearme dónde estaba, qué camino iba a seguir recorriendo y qué llevar en mis maletas de viaje he caído en la cuenta de algo muy serio Lo más importante es el corazón. dime como está tu corazón y te diré quién eres y cómo eres. Yo le he pedido al Señor que todo este tiempo para mí y para todos vosotros, que os he visualizado, he pedido un corazón limpio, un corazón entregado, un corazón abandonado, un corazón en el que él nos habite de verdad. ¡Qué suerte! Y también he tenido ocasión de a quien está cerca del Papa Francisco comunicárselo, ¡qué suerte tenemos en Ciudad Rodrigo, estamos al día como iglesia en lo que el Papa nos pide, una iglesia de comunión y de misión, de discípulos y de evangelizadores, de sinodalidad caminando juntos y a la vez de apertura a los más necesitados. Y le decía a quien me ponía a escuchar: durante estos años nuestra iglesia de Ciudad Rodrigo ha hecho un camino sinodal y hemos, como en Emaús, escuchado al Señor que nos preguntaba: ¿de qué venís hablando por el camino, cómo es vuestra vida? Y le hemos dicho: Señor, pero qué nos vas a preguntar, por qué nos preguntas si tú nos conoces mejor que nadie; y él nos ha iluminado con su palabra, nos ha ofrecido su cena, su cuerpo, nos ha enviado como misioneros y nos ha hecho buenos samaritanos.

Mirad, un obispo también progresa en su fe, un obispo también madura como persona y como creyente. Si a mí me dijerais en este momento: “Raúl, ¿y qué es lo que has descubierto en este tiempo que te haya ayudado a seguir siendo mejor obispo”, hermanos, a Jesucristo resucitado y vivo, y a vivir en una iglesia de resucitados, a configurarnos cada vez más con él y a vivir las bienaventuranzas que se resumen en dos: déjate amar por Dios, para poder amar a los demás, y deja a Dios ser Dios en toda tu vida

Os he hablado que en el camino hay que llevar una maleta. A veces, cuando vamos a organizar un viaje, abrimos la maleta: ¡oh sorpresa, pero si en la maleta había cosas, no estaba vacía! Cuáles son las cosas que no debemos llevar en la maleta: tres tentaciones que a nivel personal y comunitario nos acechan:

Primera: El materialismo, la avidez, el querer ver todo solamente en clave de tener cosas, no de ser.
Segunda: La espectacularidad, la brillantez, el que todos nos digan: ¡qué cosas más bonitas y más grandes haces! Jesús no se tiró del alero del templo para que los ángeles le recogieran, se tiró al abismo de la cruz y perdiendo y vaciando su vida encontró la vida.
Y la tercera tentación es el poderío, el querer dominar. Hoy en cualquier medio de comunicación, en las redes sociales, en nuestras conversaciones solamente queremos poder, poder, poder, dominar a las personas, criticar a las personas, estar por encima de las personas. Y Jesús nos dice: humildad, transparencia, sencillez, fraternidad.

Mirad, voy a hacer dos cosas y con esto acabo.

Daros las gracias con toda sinceridad. Segundo, repetiros lo que yo quisiera que siguiéramos viviendo como cristianos del siglo XXI. Y tercero, en nombre de todos voy a hacer la profesión de fe renovada para esta iglesia nuestra.

Doy las gracias, doy las gracias, y si os parece poco muchas gracias, y si os parece poco muchísimas gracias.

Qué os he venido repitiendo quién es un cristiano del siglo XXI: el que camina con Jesucristo en el corazón. La cabeza siempre pensando en la vida eterna. Los pies anclados en el suelo, pero no embarrados. Las manos, una libre para coger al Señor en la eucaristía y la otra para acariciar a los más pobres y necesitados. Los oídos, uno para escuchar a nuestra gente de cerca, que tenemos al lado, y el otro oído para escuchar la universalidad, la catolicidad. Los pulmones, llenos del oxígeno; qué es el oxígeno: la oración, la experiencia de Dios, una oración personal de alcoba íntima y una oración compartida y comunitaria. La nariz, bien limpia para olfatear lo que llamamos los signos de los tiempos, donde el Señor quiere que estemos como iglesia, no basta solamente con decir qué estamos haciendo, hay que preguntarse qué es lo que no estamos haciendo y por qué no lo estamos haciendo, por qué no llegamos a todos, qué pasa. Y finalmente la lengua, no para criticar, no para maldecir, la lengua para bendecir, bien decir, para dar gracias y para alabar.

Señor Jesús, tú estás aquí presente entre nosotros, en nombre de esta iglesia que camina y que peregrina en Ciudad Rodrigo te digo: “Creo, adoro, creemos y adoramos en un Dios vivo y viviente, personal, uno y trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo”. Son la razón y el fundamento de nuestra vida, es el mejor y mayor tesoro que tenemos en nuestra iglesia. Como hijos de un mismo padre personal y comunitariamente pido, pedimos, perdón por nuestros pecados de infidelidades, especialmente los que han roto la fraternidad y la comunión. Tú Jesús, por el espíritu nos reconcilias para ser reconciliadores y hombres y mujeres que regalen el perdón, la ternura y la misericordia.

Señor Jesús, nos mueve la pasión sincera contigo y por el Evangelio del reino de Dios iniciado ya en nuestro corazón porque somos tu cuerpo, formamos esta iglesia civitatense, con una historia bella, fecunda, larga, secular.

Señor Jesús, con tu espíritu de resucitado nos ayudaremos a discernir los signos de los tiempos y a edificar y potenciar una iglesia sinodal, misionera, que se esfuerce por hacer realidad la conversión que nuestro querido Papa Francisco nos pide: conversión personal, comunitaria y misionera.

Creemos que como tú, trinidad perfecta, vamos a consolidad la comunión, los lazos interpersonales, los proyectos comunes de evangelización, el compartir la riqueza de vocaciones y carismas, los laicos juntos, los religiosos, las religiosas y, por supuesto, los presbíteros.

Y finalmente, Señor, como iglesia que peregrina la Jerusalén celeste permítenos estar muy cerca de los más necesitados y desfavorecidos, de los que sufren, de quienes no son reconocidos en su dignidad personal, familiar, social y comunitaria. Bendito seas Dios Padre Todopoderoso. Bendito seas Jesucristo muy amado nuestro Señor. Y bendito seas Espíritu Santo que habitas en nuestro corazón, que haces hombres y mujeres nuevos para una iglesia y una sociedad nueva y que nos ayudas a vivir en novedad de vida y vivir la vida como novedad.

Que así sea, muchas gracias.

(transcrita)

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