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Pregón de la Asociación Amigos del Alguacilillo, Carlos Martín Santoyo, Carnaval del Toro 2019

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Pregón de la Asociación Amigos del Alguacilillo, Carlos Martín Santoyo, Carnaval del Toro 2019
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Pregón de la Asociación Amigos del Alguacilillo
Carlos Martín Santoyo
Carnaval del Toro 2019

Antes de nada gracias a Isabel Bernardo por sus palabras llenas de cariño que me responsabilizan más si cabe. Una brillante presentación, como no podía ser de otra forma dada su extraordinaria trayectoria como poeta, escritora y, faltaría más, taurina de pro, que me hace temer – y mucho- no estar a la altura. Menudo listón acabas de ponerme compañera.

Señor alcalde de Ciudad Rodrigo. Patricia, vuestra guapa alguacililla. integrantes de esta entrañable asociación que ha tenido a bien invitarme a ser su pregonero y que espero no se arrepienta de haberlo hecho. Amigos todos que me honráis con vuestra asistencia y entre los que me gustaría destacar a Héctor Pérez, realizador de Grana y Oro y jefe técnico de La 8 Palencia que sin salir en pantalla tiene mucha culpa del éxito del mismo, y a Jorge Cancho, redactor jefe de Diario Palentino que entrevista a los invitados que acuden al programa para todos los periódicos que tiene nuestro grupo en Castilla y León y Castilla La Mancha.

Confieso que no soy de pregones. Ni festivos ni mucho menos taurinos. Es más, pocas veces acudo a coloquios, charlas etc debido por un lado a mis obligaciones profesionales y por otro a que soy poco amigo de “saraos”, si me permiten la expresión, pero el cariño que noté en las llamadas de Tato y Lauren, y por qué no decirlo, sus piropos al programa que dirijo, que uno tiene su corazoncito, sin duda me cautivaron, así como el ánimo de mi compañero de La 8 Salamanca, Víctor Soria, cuando le consulté. Porque a mí me gana la gente.

Sin olvidar que por este estrado pasó antes, entre otros, mi admirado y querido Santiago Martín El Viti, ese torero poco amigo de entrevistas que después de insistirle tanto para que viniera al programa, porque siempre cuando coincidíamos me felicitaba y decía que le encantaba y seguía de forma incondicional, un buen día, en Alba de Tormes, mirándome a los ojos y dándome en el hombro con el dedo dijo “sabes lo que te digo Carlos: que contigo sí”. Y cuando me entrevistan y preguntan por el invitado que más me impactó en casi un cuarto de siglo de Grana y Oro siempre respondo que son dos: El Pana y Su Majestad El Viti. Un honor sin duda ocupar este lugar en el que en su día estuvo mi amigo Santiago.

Y aquí estoy. Inexperto en estas lides y nervioso de no estar a la altura, máxime cuando nunca pude venir a este magnífico Carnaval, declarado por méritos propios fiesta de interés turístico nacional, y en el auditorio veo a compañeros y amigos mas expertos en estas lides.

O recuerdo a periodistas de aquí, farinatos de pura cepa de la categoría de Mónica Alaejos, que también forma parte de la historia de Grana y Oro y con la que sigo coincidiendo en la Mesa de la Tauromaquia de Castilla y León, aunque ella con mucho más protagonismo e implicación; Javier Hernández, que escribe como los ángeles aunque en esta profesión, como en el mundo de los toros, la justicia no siempre impera, o Javier Lorenzo, querido compañero responsable de la información taurina de La Gaceta de Salamanca que también me precedió en el pasado en este pregón.

Una plaza sin duda dura para este palentino que solo conoce de oídas el prestigio y trascendencia del lugar en el que se encuentra, aunque sí había estado, faltaría más, disfrutando de la belleza de la localidad.

Eso sí, tanto oír hablar del Carnaval de Ciudad Rodrigo, de informar en Grana y Oro sobre su Bolsín y feria taurina, y de conocer a las personas que han querido que esté hoy aquí, hace que me sienta como en casa. Porque se respira taurinismo por los cuatro costados. El de toreros de la tierra como José Luis Ramos, que reaparecerá en estos carnavales aunque él voluntariamente nunca se retiró, o José Ramón Martín, éste uno de los primeros invitados en los inicios de mi programa. O del afincado en la localidad, Manuel Diosleguarde. O el propio Juan del Álamo, que sin ser de aquí ha tenido una estrecha relación. Y por supuesto de Conrado, el eterno maletilla, admirado y querido más allá de las fronteras salmantinas. Uno de sus mejores embajadores taurinamente hablando que es historia viva de esta localidad sin haber nacido en ella.

Sin olvidar, faltaría más, a esa joya de la Escuela Taurina de Salamanca que es de Ciudad Rodrigo, Marco Pérez, cuyas imágenes de niño prodigio dieron la vuelta al mundo hace unos meses, o su compañero también de aquí, Yosu de la Calzada. Dos chavales en los que a buen seguro tienen sus paisanos depositadas las máximas esperanzas.

Si exceptuamos una mínima incursión en la vallisoletana Arroyo de la Encomienda con motivo de su festival benéfico, puedo afirmar que es casi mi estreno. Y eso me hace recordar cuando en febrero de 1995 me nombraban director de la entonces Televisión Palencia. En febrero de aquel año ponía en marcha un modesto programa de toros para que lo presentase Manolo Illana. Porque entonces no sé si había visto un par de corridas de toros en mi vida. Ni me gustaban especialmente ni me llamaban la atención.
¿Y saben lo que ocurrió? Que las teles eran alegales y recibí una llamada de la Inspección de Trabajo en la que me decían que si alguien salía en pantalla sin ser de plantilla cerrarían la cadena.
Y allí me tenían una semana después formando tándem con Manolo como presentador para evitar problemas. Al principio saludaba y daba paso a mi compañero y al invitado. Luego me iba soltando y realizando alguna pregunta suelta…y ahora peco a veces de no dejar hablar al torero.
Y es que sucedió lo que muchos me habían anunciado: “te acabarás enganchando”. Y vaya que me enganché. 24 años dirigiendo un programa nacido en una tele local que ahora emiten dos cadenas autonómicas, que gracias al milagro de internet puede verse a través de portales de los cinco continentes y, lo más importante, viviendo intensamente este apasionante y maravilloso mundo.
Descubrir nuestra fiesta nacional ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida. Y quizás por ello ese compromiso nacido hace más de dos décadas no solo se mantiene, sino que se incrementa con esa particularidad que significa amarlo desde el más absoluto de los romanticismos. Sin pedir ni buscar nada a cambio que no sea contribuir a que el mundo de los toros, tan injustamente denostado por muchos en los últimos tiempos, no solo mantenga el tipo en estos años de persecución, sino que sea capaz de captar entre los jóvenes a seguidores que aseguren ese necesario relevo generacional que se precisa no solo en el escalafón, sino principalmente en los tendidos.

Y Salamanca, con su Juventud Taurina o Albero Charro, constituye un ejemplo a nivel nacional, como demuestra que su trabajo en pro de la fiesta empiece a ser exportable a otras comunidades.

Luchar contra la doble moral del reich animalista, esa politización que en muchos casos lleva a pensar que lo verdaderamente molesto de la fiesta para muchos es que “suene” a España, debe ser la máxima que nos guíe en esa reivindicación de algo que pese a quien pese forma parte de nuestra cultura. De nuestras raíces.

Aunque los del PACMA, independentistas, políticos iluminados, inquisidores y demás familia sólo sepan combatirnos a base de demagogia, tópicos o insultos en las redes sociales, como los sufridos por la familia de Víctor Barrio o más tarde por el entorno de Iván Fandiño cuando perdían la vida de forma heroica defendiendo lo que más amaban. O esa pérdida del globo ocular en los ruedos de otro grande, Paco Ureña, que prefiere el regreso a las plazas cuanto antes -será en Valencia- que una nueva intervención que mejore su estética. O el grave percance en Ledesma de ese venezolano grande, Manolo Vanegas, que está dando en el centro de parapléjicos de Toledo auténticas lecciones de vida pese a que esos amigos de los animales también se regodeasen de su infortunio como hicieran años atrás con Juan José Padilla. El mundo al revés.
Esa misma gentuza que se manifiesta o alza la voz cuando se abandona un animal. Que organiza vigilias veganas para llorar en los mataderos y despedir a los cerdos con lágrimas y caricias o que, como en Torrevieja, cierran un centro de discapacitados gracias a los políticos extremistas y subvencionan por contra con 400.000 euros un albergue de animales. Los que permanecen indiferentes si es una persona la que sufre miseria en las calles y celebran la muerte de hombres en los ruedos. Surrealista su vara de medir. Su doble y enfermiza moral.
La primera de esas muertes, la de Víctor, servía sin duda para unir un poco más a los taurinos. Que más vale tarde que nunca y esa reacción por fin llegaba.

El nacimiento de la Fundación del Toro de Lidia constituía un paso importante para poner coto a tantas barbaridades hasta hace poco impunes, además de arbitrar fórmulas para hacer llegar a todos la grandeza del toreo. La vital importancia de las dehesas tanto en lo económico, por lo que supone de puestos de trabajo, como por el propio ecosistema. Acercárselo en definitiva a los que desconocen una realidad que va mucho más allá del discurso fácil.

Porque además el toro bravo o lucha en la plaza formando parte de ese espectáculo único o su destino no sería otro que su sacrificio en los mataderos; y nadie va a alimentarlo o a mimarlo en el campo como ahora sin lógicas contrapartidas que rentabilicen la inversión de los sufridos ganaderos. Ni van a alimentarlo como sí se tratasen de ONGS los ganaderos, ni el Gobierno, ni los animalistas, ni los iluminados abolicionistas… Es una cuestión de sentido común. Y 500.000 hectáreas de dehesa en España constituyen otro de los principales avales.

Eso sí, para la supervivencia de la fiesta también se necesitan más cosas. Que se abran los carteles, por ejemplo, sería el mejor homenaje a Víctor Barrio que luchaba como tantos del escalafón por hacerse un hueco. Que se cuide por parte de las empresas el ganado a lidiar, esa reclamada integridad del toro. Que se mime con una mejor política de precios a los jóvenes que empiezan a acercarse a la fiesta reivindicando el prohibido prohibir. Porque como decía Marcial Lalanda, “con el toreo auténtico y el toro clásico esto no se acabará nunca”, pero se necesita recuperar la emoción en los tendidos y que estos se llenen en cada festejo, aunque para ello quizás los que mandan en el escalafón tendrían que ceder un poquito en sus emolumentos si con ello se abarata el precio de las localidades.

Como también, en Grana y Oro, tratamos de abrir el cartel de los invitados combinando figuras con noveles, toreros consagrados con esos otros, como hace no mucho tiempo vuestro paisano Salvador Ruano, que viven y sufren la otra cara del toreo con una dignidad increíble.

Como asimismo es bueno que se abra el mundo de los periodistas y críticos taurinos y en el espacio que dirijo a los veteranos que ya peinamos canas, como Manolo Illana, Santos García Catalán o yo, se unen jóvenes con proyección como Mario González o Víctor Soria, éste afortunadamente profeta en su tierra al premiársele desde distintos colectivos por esa iniciativa Destino La Glorieta de La 8 Salamanca que ha constituido todo un acontecimiento del que como compañero me siento orgulloso.

Necesidad de renovación que no tiene que significar en ninguna de las facetas comentadas PRESCINDIR DE para que la fiesta reciba una bocanada de aire fresco.
Y todos unidos, con la educación que caracteriza a los taurinos, protestar si nos ponen zancadillas, como la que supuso la prohibición de la esencia del Toro de la Vega. Con independencia de que a unos guste más que a otros dentro del propio sector. Que esa es otra historia. Porque se empieza por los festejos populares y si nos callamos seguirán con el resto, incluido el Carnaval de Ciudad Rodrigo, aprovechando una pasividad que por fortuna ha pasado a mejor vida, como se ha demostrado con manifestaciones y concentraciones defendiendo lo nuestro y la implicación, mejor tarde que nunca aunque sea por intereses electorales, de algunos partidos políticos…
aunque en Ciudad Rodrigo haya dolido que quitasen el puesto de un novillero en el festival y con razón. Porque la base es fundamental para el futuro y si en 1999 había 320 novilleros, en 2018 se acabó con 142 pese al trabajo por ejemplo de esa modélica Escuela Taurina de Salamanca, con José Ignacio Sánchez y vuestro vecino José Ramón Martín al frente, o del propio Bolsín de esta localidad que en esta 63 edición cubrió de inmediato sus 50 plazas.

Resulta tremendamente triste comprobar las dificultades que tienen los novilleros para torear. Sobre todo si quieren ir por el camino recto, lo que obliga a algunos a arrojar la toalla, como recientemente el salmantino de adopción David Salvador, con un concepto que particularmente me encantaba, o un paisano mío llamado Diego Fernández que ha sido el último en abandonar.

Y la mayoría de los que deciden continuar su sueño, a costa en ocasiones de arruinar a sus familias debido a ese mal tan arraigado de pagar por jugarse la vida, comprueban tras la alternativa el espinoso camino, muchas veces sembrado por esas empresas que además apoderan o esas figuras que no permiten salvo raras excepciones que los carteles se abran a profesionales preparados y con hambre de triunfo.
Actualmente hay un ramillete importante de toreros jóvenes y menos jóvenes, incluso veteranos, abriéndose por fin camino tras su periplo por América o Francia en busca de oportunidades, que sería de justicia formasen parte de la mayoría de las ferias midiéndose a los que mandan en el escalafón, aunque también mucha culpa la tienen los pliegos que sacan las instituciones propietarias de plazas de toros con sus leoninas condiciones que aparte de encarecer el espectáculo dejan fuera a muchos matadores al no estar entre los primeros del escalafón que se exige a veces de manera absurda.
Por esa regla de tres Diego Urdiales, triunfador en la feria de otoño en Madrid, no podría entrar nunca en muchos ciclos al no cuadrar los números… ni tampoco el mismísimo José Tomás al atarse de pies y manos a los adjudicatarios del coso.
Pero tampoco es momento de ponerse tristes ni especialmente críticos con el denominado sistema, al que curiosamente algunos toreros importantes atacan cuando o han pertenecido a él en el pasado o deciden incorporarse en el presente entrando en una contradicción incomprensible, sino de valorar lo mucho de bueno que tiene el toreo.
Con una gran importancia de todos los estamentos, como esa figura entrañable del alguacilillo que forma parte de la liturgia de la fiesta y que hoy nos reúne aquí.
Me llamó sin duda la atención conocer la historia de la fundación de esta ya querida para mi Asociación de Amigos del Alguacilillo en 2002 con el desaparecido Pirolito estrenando esa función que antes desempeñaban los areneros en su plaza y que en la actualidad ejerce Patricia. Porque de alguna manera veía en ello ese romanticismo y amor a la fiesta del que yo presumo. La necesidad de dar importancia a la plaza manteniendo la esencia en cada detalle. Desde el sorteo matinal a la salida del coso pasando, faltaría más, por el despeje del ruedo y esa entrega de las llaves de los toriles para que comience el espectáculo.
Que bonita es nuestra fiesta. La fiesta de España, pese a quien pese, ligada a la cultura del país, que además de generar importantes ingresos a las arcas del estado, a través de esos elevados impuestos que sufre, supone el modus vivendi de miles y miles de familias, como saben mejor que nadie en esta querida provincia.

Por eso duele que en los Presupuestos Generales del Estado se quisiesen destinar a los toros 65.000 euros de migajas, que mejor sería rechazar, por los 100 millones para el cine, cuando las plazas de toros generan ocho veces más de IVA que el denominado séptimo arte.

O que el Gobierno -usted no tiene la culpa, alcalde, que demuestra con su presencia y apuesta por los espectáculos taurinos el apoyo a la fiesta- optase este año por dejar a la tauromaquia fuera de las medallas de las Bellas Artes en ese empeño por politizar la tauromaquia o temor a defenderla o respetarla aunque sea mínimamente en un nuevo gesto de desprecio a nuestra fiesta. Esa que el Tribunal Supremo ratificó como Patrimonio Cultural Español. Porque como escribió José Ortega y Gasset, “la historia del toreo está ligada a la de España, tanto que, sin conocer la primera, resultará imposible comprender la segunda”. O lo manifestado más recientemente, en 2017 en Ronda por parte de una eurodiputada socialista francesa, “un olé taurino no es de derechas ni de izquierdas, ni de ricos ni de pobres”. O Victorino Martín en su reciente intervención en la Comisión de Cultura del Senado, en calidad de presidente de la Fundación del Toro de Lidia: ‘el toreo es una de las reacciones culturales más importantes de este país y la cultura ni se crea ni se destruye por decreto, su manifestación ha inspirado a decenas de figuras y genios de nuestro país, porque la tauromaquia es el regalo de nuestra cultura a la humanidad’. Pero está visto que defender los toros es de fachas igual que presumir de bandera nacional. Eso solo pasa en este país todavía llamado España.

Y para ir terminando cambio radicalmente de tercio con el permiso de la presidencia. Porque sonrío al recordar la llamada de Lauren y Tato ya que lo primero que me dijeron medio avergonzados era que no pagaban, cuando eso es lo que menos importancia tenía para mí a la hora de decidir si aceptaba o no su invitación.

Y sonreía porque echando la vista atrás me acordaba de un torero con mucho mando en la actualidad que en su ultima visita a Grana y Oro hace ya varios años me decía “tu no sabes Carlos el prestigio que tienes entre los profesionales. Es el único programa al que hemos acudido todos, hasta toreros que jamás van a platós de televisión ni a emisoras de radio. Claro, como nunca pides nada a nadie. Otros para que no hablen mal de ti a partir de”… Y mejor me callo la millonaria cifra.

Pues bien, para mi no hay mejor pago, en cuanto al programa que dirijo se refiere, que tener la conciencia tranquila y caminar con la cabeza alta. Tratar exactamente igual si un día viene Manzanares o Talavante y siete días después Nuno Casquinha o un novillero para la mayoría de espectadores desconocido.

Que Paco Camino, en la boda de Perico El Capea, se acercase a mi felicitándome porque para él era el mejor programa taurino que se hacía en España. Que El Pana hasta poco antes de su muerte me mandase cartas llenas de cariño desde México escritas a mano por la parte de atrás de carteles taurinos en los que estaba anunciado y que guardo como verdaderas reliquias. Que Fernando Fernández Román un buen día me pidiese como gran admirador de Grana y Oro que entrevistase a un chaval peruano sin caballos con mucho futuro que ahora es esa figura llamada Andrés Roca Rey. Haber sido también en su día el primero en entrevistar a El Juli siendo un niño, que se presentó en México precisamente con un video en vhs confeccionado en la entonces Televisión Palencia con sus primeras imágenes toreando. Quién iba a pensar entonces hasta donde llegaría. Como tampoco pensaba llegaría tan lejos este programa que dirijo, con tres Premios Nacionales Cossío o, a nivel individual, esa medalla de plata al merito taurino que recibía el pasado año en Madrid. Todo eso es el mejor pago que uno puede recibir a nivel profesional.

Espero y deseo que esas últimas afirmaciones referidas al programa o a mí no suenen a prepotencia, pues aunque tengo muchos defectos, quién no los tiene, ese precisamente les aseguro que no forma parte de la lista.

Y, a nivel personal, el mejor pago por haber venido a Ciudad Rodrigo, pese a que hoy debía estar en Madrid en la gala nacional de los Premios Cossío, es haber conocido personalmente a estas buenas gentes de la Asociación Amigos del Alguacilillo y que ustedes hayan soportado estoicamente algo que seguramente tiene poco de pregón y mucho de vivencias personales y profesionales.

Mis disculpas por ser demasiado personalista. En cualquier caso el privilegio ha sido mío y el agradecimiento a vuestro cariño será eterno.

Decía Juan Belmonte que “torear es como sacar a pasear el alma”. Que el alma de los que amamos la fiesta sea, desde el respeto, cada vez mas exigente con algo tan nuestro pues sería un pecado bajar la guardia y que los enemigos aprovechasen la desidia.
Si ni siquiera la iglesia, con el Concilio de Trento y el Papa Pío V a mediados del siglo XVI fueron capaces de cargarse los toros como pretendían, pese a su gran poder, no debemos permitir que cuatro mindunguis adalides de una libertad mal entendida y una progresía en cuarentena se salgan con la suya.

Las hermosas calles medievales de Ciudad Rodrigo deben seguir por los siglos de los siglos acogiendo sus encierros con ese final en su plaza mayor convertida siempre en improvisado coso. Y el Bolsín siendo la joya de la corona de las oportunidades para los chavales que a pesar de tanta zancadilla siguen soñando con alcanzar la gloria.

Una vez defendida con uñas y dientes y blindada la fiesta será el momento de que todas las partes se unan para mejorarla con reivindicación incluida del toro con mayúsculas, el alma mater de la fiesta. Que nadie lo olvide.

Nunca he dado pregones. Ni festivos ni taurinos. Y temo haber defraudado en este estreno, pero si precisamente en estas líneas que he leído reclamo el compromiso con la fiesta, no podía quedarme al margen de la amable invitación de esta entrañable asociación aportando un humilde grano de arena.
Así que, al menos desde el cariño y la pasión que nos une, va por ustedes. porque parafraseando al ensayista y poeta mexicano Octavio Paz, “el toreo es poesía en movimiento”. Yo no me resigno a vivir sin tan bello espectáculo y espero y deseo que ustedes tampoco. Muchas gracias.

 

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