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Pregón de la Peña Puerta del Desencierro, José Ignacio Martín Benito, Carnaval del Toro 2019

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Pregón de la Peña Puerta del Desencierro, José Ignacio Martín Benito, Carnaval del Toro 2019
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Pregón de la Peña Puerta del Desencierro
José Ignacio Martín Benito
Carnaval del Toro 2019

Salutación
Sr. Alcalde y concejales del ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, procuradores de la Junta de Castilla y León, señor obispo, porteros mayores, madrinas y peñistas de la Puerta del Desencierro, queridos amigos, señoras y señores.

Soy consciente del honor que me ha hecho la Puerta del Desencierro al invitarme esta noche a pronunciar este pregón, en el que me han precedido ilustres personas que han demostrado un gran cariño a Ciudad Rodrigo. Además, es un motivo añadido de satisfacción personal poder pronunciarlo en este Teatro.., precisamente en este Teatro. Un Teatro que a finales de los setenta y principios de los ochenta del pasado siglo estuvo a punto de ser demolido para construir viviendas y que gracias al tesón de la Asociación Amigos de Ciudad Rodrigo y, finalmente, a la participación del Ayuntamiento de la ciudad, pudo mantenerse.

Aquella fue mi primera lucha, como miembro de la renacida Asociación, que iniciaban su andadura y en la que participé con mis amigos José Alberto García Domínguez, Ángel Caño, Eugenio y José Ramón Cid Cebrián, Juan Carlos Zamarreño y Carlos García Medina, entre otros. No quisiera aquí olvidarme de Agustín “Moriche” y doña Joaquina Malmierca, mi maestra de párvulos, en las labores de la Operación Limpieza de fosos y murallas. Y hablando de maestros quiero recordar esta noche a don Antonio Fernández Retamar, recientemente desaparecido, que despertó en mí la curiosidad por la historia de Ciudad Rodrigo, al contarnos la leyenda del oso de la Catedral y la existencia de arenas auríferas en el río Águeda.

Así pues, desde este Teatro Nuevo -que tantas veces visité para ver de niño películas de romanos, indios y vaqueros y que luego he frecuentado para asistir a magníficas representaciones en la Feria de Teatro-, quiero mostrar mi eterna gratitud a los peñistas de la Puerta del Desencierro por haber depositado su confianza en mi persona. Y por extensión también, a todos aquellos, peñistas y no peñistas, murgas, charangas, instituciones, naturales y forasteros, que hacen posible que el Carnaval siga celebrándose en nuestra ciudad con fuerza, brío, alegría, entusiasmo y con unas inmensas ganas por vivir.

Quiero recordar también esta noche aos nossos vizinhos em Portugal e especialmente aos nossos queridos irmãos nas terras de Ribacôa.Y es que Ciudad Rodrigo y su tierra no pueden entenderse sin La Raya. Somos hombres y mujeres de una tierra de frontera.

Compartimos tierras, montes y riberas, alegrías y sufrimientos. Ello ha marcado nuestra historia y ha forjado nuestro carácter. Somos sobre todo acogedores, sí, pero también, un poco desconfiados. Esto último no es de extrañar, después de haber sufrido a sangre y fuego entradas y salidas, correrías y desvaríos, dejando una tierra yerta y despoblada. La “buena vecindad” o “boa vizinhança”, proclamada desde estas tierras, era a veces superada por acontecimientos y decisiones que más tenían que ver con las políticas generales de los Reinos, que con los intereses de sus habitantes. Acaso por eso, en momentos de conflicto, en Ciudad Rodrigo y Ribaçôa se alzaban las voces en favor de las paces.

El Carnaval no es sólo un tiempo de paz, sino también de fiesta y amistad. Por eso en Carnaval todo el mundo es bienvenido. Sin duda, en esos días, Ciudad Rodrigo es probablemente la ciudad más internacional de España, y no lo digo sólo por la visita de nuestros vecinos de Portugal, sino por el aluvión de jóvenes estudiantes de un mundo sin fronteras que nos visitan desde Salamanca.

Efemérides
Este Carnaval que ahora pregonamos está de cumpleaños. Celebramos el 75 aniversario de la declaración de Ciudad Rodrigo como “monumento histórico-artístico”: la ciudad “más hermosa del mundo”, como le pareció al apócrifo secretario del obispo Martín de Salvatierra a finales del siglo XVI. Así mismo conmemoramos el 250 aniversario de la fundación del Seminario y 130 años de la declaración de la catedral como monumento nacional.

Hasta en el plano carnavalero estamos de efeméride, pues la Rondalla “Las Tres Columnas” cumple también 75 años desde su fundación. Rondalla esta, heredera de toda una tradición de murgas y charangas del Carnaval farinato, por el que han pasado:
1890 a 1936: Los Becuadros, El Doctorado, Los Equis, Tinto con Gas, la Murga del 34, La Acá, Los Tranquilos, Los Calderones.
1944 a 1963 : Los Crescencios, Los Niños de Ricopelo, La Carroza, Ecos del Águeda, el Pozo Airón, Los Nueve, la Agrupación Musical Mirobrigense, Los Gildos, Los Rondadores, la Frasca, los Zurruchaques, los Charros.

1964 a la actualidad las charangas Los Pocapena, Santa Ana, Las Tres Columnas y Amanece que no es poco.

El Carnaval en la infancia y primera juventud
Si hay una persona que me introdujo en la mitomanía del Carnaval, ese fue mi amigo Manolo (Manuel Manchado Morán, el hijo del señor Miguel y la señora Sole, que vivía en el Barrio Nuevo). Manolo -“Manolete”- con nueve o diez años vivía el Carnaval como el que más y nos transmitía su entusiasmo por Los Pocapena, formada como decía una de sus coplas por “Aris, Barrero, Olivares, Carlos, Colis, Pedro, Vidal, Ninchi, Vale”.En la niñez subíamos a la ciudad y corríamos el Carnaval la pandilla del Puente, que entonces éramos Javi, el hijo del señor Cleto y la señora Dori, la modista; mi primo Luis Mari, Andrés Martín Romero (nieto de los Carreteros), Manolo y yo. Así que “Los Cinco”, pero sin perro y sin aventuras de suspense, corríamos el Carnaval y nos perdíamos por las casetas de ferias, los fosos y los tablaos.
Nosotros, en el Toral del Puente, emulábamos a los diestros y maletillas y jugábamos a los toros con cuernos que conseguíamos –a pie de plaza- en el Matadero municipal. Recuerdo que una de estas corridas improvisadas, el artificial morlaco empitonó el moflete de Pepito “El Negris”, herida de asta de la que le quedaron secuelas. En el Toral estaba también la fuente de la “Encañería”. Cuando alguno se caía en su interior al ir a beber agua, era motivo de mofa y jolgorio y le cantábamos:

“El pelón de la alegría
se cayó en la encañería
por coger un caramelo
de los más gordos que había”.

Recuerdo también, ya siendo adolescente, a la charanga de Santa Ana, a la que me gustaba ver porque en ella tocaban los hermanos Nacho, el enterrador y José Luis, hijos del señor Ventura “El Piejo”, y que antes vivieron en el Arrabal del Puente. Y es que en El Puente se tenía sentimiento de colectividad, de pertenencia a una gran familia, del que nos sentíamos orgullosos. Por eso cantábamos:

Somos del Puente,
no lo negamos,
traemos agua hasta los pies,
si el río crece lo toreamos
y nunca nos podrá coger.

La ciudad era, como Triana, puente y aparte. Había que cruzar el río y subir la Colada. Eso pasó hasta que Manolo encontró el “Camino descubierto”, con lo que a partir de entonces, muchas veces, entrábamos por la puerta de Santa Cruz, también llamada de San Vicente. Por entonces ya habían decaído –y mucho- las pedreas entre los del Puente y los de la muralla. Confieso que participé todavía en alguna, pero sin incidentes dignos de reseñar en este pregón.

Nosotros, como tantos niños, jóvenes y mayores de Ciudad Rodrigo cantábamos “La campana Gorda” y, con ello, éramos conscientes que empezaba la Fiesta, nuestra fiesta, la de todos, la de la ciudad y los arrabales:

Ya estamos todos aquí
con muchísima ilusión,
la alegría empieza ya
a llegar el Carnaval.

O esta otra:

A la Caridad, señores,
hay un puente de madera
por donde pasa Tabeque
con las hijas de Chapera.

Entonces había cinco bares en el Arrabal del Puente: el de Tabeque, el del señor Pedro, el del Portalillo, el Único y el bar Martín. Así que al oír y cantar esta copla la sentíamos como nuestra, porque identificábamos a Tabeque como “uno de los nuestros”.

Otra de las peñas del Carnaval que recuerdo desde pequeño era la del UMO y aquella niebla o polvareda de talco que se formaba en el tablao cercano a la esquina de la calle Sánchez Arjona, casi debajo del balcón de doña Elvira, Marisa y Angelita. Yo pensaba que la polvareda era el “humo” –con h-, pero no, resultaba que el nombre de la peña era el desarrollo de las siglas U. M. O: Unión de Maridos Oprimidos.

Reloj suelto
No se cual es la línea que separa la tensión del miedo. Lo cierto es que cuando desde niño y adolescente oía tocar el reloj suelto se activaban como un resorte los instintos de supervivencia, de buscar un lugar detrás de las agujas y ponerme a salvo. Aquellos cabestros y toros que corrían arriba y abajo me han perseguido hasta ahora. Como en el grabado de Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”, hoy es el día que sueño con toros y cabestros, en un encierro inacabable, donde busco afanosa y desesperadamente un lugar para mantenerme a salvo. Ignoro si a alguno de ustedes le pasa lo mismo. He querido encontrar alguna razonable explicación a esta pesadilla y seguramente sea fruto de varias experiencias: de aquel toro negro que se escapó a los Malmierca, cuando los niños jugábamos en el Toral del Puente; de aquel cabestro de mediados de los sesenta que saltó hacia el tablao de Galerías Ciudad o el ver a mi padre en las capeas agarrado a los tablaos dentro del coso de la plaza mayor y yo rezando para que no le pasara nada.

Se ha avanzado mucho en las medidas de seguridad. Hoy las agujas son metálicas y resultan más consistentes. Pero en mi infancia y adolescencia eran de madera desvencijada: por eso algún toro las rompía y se escapaba. Como aquel astado que se escapó cerca de la casa del tío Carriles, que había entonces en el revellín de la Puerta del Sol, y acabó en el foso.

El Carnaval del retorno
Es duro tener que abandonar la tierra, pero más grato aún es poder volver a ella. Por razones laborales yo marché de Ciudad Rodrigo en 1983, pero aquí vuelvo siempre que puedo. Dicen que uno siempre vuelve a casa por Navidad. En el caso de los mirobrigenses hay que añadir, además: los farinatos vuelven a casa por Carnaval.

Durante estos años me he ido dando cuenta de cómo ha ido cambiando nuestra Fiesta. Hay más gente, sí. Y también muchos más disfraces. Entonces, hace 40 y 50 años, todo giraba en torno al toro y hasta algún año, si sonaba la flauta, había Cenizos.
Hoy, ya no suena la flauta, pero la fiesta sigue muy ligada al toro u así seguirá. Además, el Carnaval tiene mucho más colorido, pues son muchos los disfraces callejeros, con alguna puesta en escena inolvidable, como a las que nos tiene acostumbrados nuestro amigo Joaquín Pellicer “Chicho”, alter ego el pasado año de Chiquito de la Calzada. Chicho, con el que compartí pupitre en el Instituto, ya despuntaba en la clase de Latín con don Daniel, en la de Francés con Amador o en la de Ciencias Naturales con Cayo. Genio y figura.

Pero si hay personajes inseparables del Carnaval de hoy, los hay también eternos, del Carnaval de siempre, como Conrado, el “eterno maletilla”. Para mí, como creo que, para todos, la figura de Conrado trasciende y forma parte ya de la mitología carnavalesca mirobrigense. Como lo forman también las peñas. Junto a la del Desencierro, quiero tener aquí también un recuerdo para las peñas de la plaza del Buen Alcalde: El Cuerno, los Pacíficos, El Escándalo, La Polémika, la Asociación Charra del Caballo, Amigos del Tema, Águeda, Estamos en Ello, Kaos, Peña de Francia y los Kolgaos.

Porteros Mayores y Madrinas
La Puerta del Desencierro está a punto de alcanzar las cuatro décadas de su existencia. Fundada en 1980, el próximo año cumplirá 40 años. Inseparable pues de la historia reciente del Carnaval de Ciudad Rodrigo. Entre sus objetivos está el homenajear todos los años a un par de personas destacadas “por su desinterés material y amor a Ciudad Rodrigo, que han contribuido a las fiestas carnavaleras”. Surgió así la figura de los Porteros mayores y de las madrinas.

Este año, la Puerta del Desencierro ha nombrado a Alejandro García Sánchez (Jandro) y a Bienvenido García Martín (Tito Bomberos) como Porteros Mayores y a María Eugenia Pérez Segurado y Antonia Hernández Sagrado, sus esposas, como Madrinas. Con los cuatro tuve el honor de compartir mesa y mantel este año la víspera de San Blas en La Bodega, en una comida organizada por la peña Puerta del Desencierro. Todos, sin duda, son merecedores de la distinción que le han hecho los peñistas, pues sus figuras están muy unidas al Carnaval de Ciudad Rodrigo, ellos animando disfrazados las fiestas en una época en la que no estaba tan de moda el cambio de indumentaria, y ellas participando en la confección manual de los disfraces.

Alejandro García Sánchez (Jandro) nació en Ciudad Rodrigo en 1935, en el barrio del Cruce. Empezó a trabajar con 14 años en la serrería de Pincho, donde estuvo 31 años. Las circunstancias familiares obligaban a ello en una familia de 11 hermanos; el propio Jandro nos decía: “¡el hambre que se pasó!”. Después de la serrería, y durante 20 años, estuvo primero de camarero y luego de recepcionista en el Hotel Conde Rodrigo. Así que fueron 51 años de cotización a la Seguridad Social. También fue repartidor de La Voz de Miróbriga. Casó con Antonia Hernández, natural de Carpio de Azaba (1939). En Carnaval le tocó trabajar y mucho en El Estoril y en las discotecas Oxibisa y Amayuelas, pero aún así el humor no le abandonaba y sacaba tiempo para disfrazarse con su amigo Tito. Disfraces que eran de fabricación doméstica, según me han contado.

Bienvenido García Martín nació en Ciudad Rodrigo en 1941. Como el mismo dice “a mí nadie me conoce por mi nombre y apellidos, sino por Tito Bomberos”. No en balde estuvo trabajando 22 años en este cuerpo y aunque desempeñó otros trabajos como camarero de discoteca o jardinero en el ayuntamiento, todo el mundo lo asocia a los bomberos voluntarios de Ciudad Rodrigo, acudiendo a socorrer a accidentados en carreteras y a apagar fuegos. Cuando entró en los bomberos mirobrigenses, los medios eran más escasos; tenían carros con bomba de agua, sí, pero cuando se jubiló ya tenían grupo de excarcelación. Casó con Antonia, de Sando, tierra de Ledesma (1943), su compañera de toda la vida. Me cuentan que su hijo Darío toca en la Rondalla las Tres Columnas, así que este año lo recordarán siempre, no sólo por ser Portero Mayor y Madrina, sino porque la Rondalla celebró también su 75 cumpleaños.

Me confiesa Tito que, a diferencia de Antonia, él nunca corrió los toros –ya somos dos-, pero el Carnaval lo vivió desde dentro. Con Jandro formó una pareja de hecho, la del disfraz. Siempre se disfrazaba, como él mismo dice, “de todo aquello que puede estar escrito: de viejo, de cura, de novia embarazada, de china, de…”

Les he preguntado a los Porteros Mayores y Madrinas si el Carnaval que ellos vivieron ha cambiado mucho respecto del actual y me responden que “antes había mucha más unión, más armonía. El Carnaval era más familiar. Íbamos de casa en casa a comer las perronillas con el aguardiente. El de ahora, ya no tiene nada que ver con ello”, sostienen.

Sobreponerse a la adversidad
Y es que los mirobrigenses somos muy nostálgicos y nos parece que cualquier tiempo pasado fue mejor. Yo, que soy, optimista, espero y deseo que lo mejor de Ciudad Rodrigo está por venir.

Somos herederos de una historia y una tradición y nunca nos hemos doblegado. Por eso no vamos a cruzarnos de brazos y lamentar los tiempos duros que nos ha tocado vivir, con la espada de Damocles de la despoblación y la crisis de supervivencia de nuestro obispado. Siempre hemos sabido sobreponernos a las adversidades.

Hemos convivido con la despoblación toda nuestra historia. Precisamente surgimos como ciudad hace ahora más de 850, por la necesidad de repoblar la Extremadura leonesa, por asegurar la retaguardia de Coria en la Transierra y por frenar la expansión del reino de Portugal. Nacimos de la mano de Fernando II de León (1157-1188) y, como somos una ciudad y una tierra agradecida, en 1960 le levantamos un monumento en la puerta de Amayuelas. Somos la única ciudad del antiguo Reino de León que recuerda en un monumento la figura de Fernando II, el rey repoblador de tantas villas y ciudades: Tuy, Valencia de don Juan, Mansilla, Benavente, Villalpando, Ledesma, Ciudad Rodrigo, Granadilla…

Y es que, al ser una tierra de frontera, hemos sufrido las consecuencias de las guerras y con ellas, del abandono de villas y lugares. Pero siempre hemos resurgido como el Ave Fénix, porque somos gente de Raya. A propósito de ello, quiero recordar aquí la opinión que tenía de nuestros antepasados un obispo de Ciudad Rodrigo, el palentino Andrés Pérez, en el siglo XVI. En un memorial que envió a Felipe II en 1572 decía de sus feligreses: “como es gente de Raya son indómitos, amygos de pleitos y traxineros”. Pues eso, como somos gente de Raya no nos doblegamos ni nos amilanamos y seguiremos encarando de frente los problemas habidos y por haber. Sirva ese carácter para luchar, llegado el caso, por el mantenimiento de nuestro obispado, que tiene una historia también de más de 850 años.

Canto de esperanza: la puerta de Portugal
Siempre hay motivos para la esperanza. Ciudad Rodrigo y su comarca tienen en su ubicación de frontera una oportunidad. Seamos, como siempre hemos sido, “la puerta de Portugal”. Debemos intensificar las relaciones de cooperación transfronteriza con Ribacôa y toda la Beira, aprovechando recursos y fortalezas comunes, así como capitalizando el desarrollo logístico en torno al corredor Atlántico.

Captemos las sinergias socioeconómicas de la Raya e impulsemos los recursos naturales y patrimoniales para el mantenimiento y desarrollo de nuestro sector turístico: en torno a “Siega Verde”, sí, pero también en torno al restodel patrimonio arqueológico, como la ruta de los dólmenes, el castro de Irueña (Fuenteguinaldo) o los espacios naturales de la Sierra de Gata y del Rebollar. Y también las fortificaciones de frontera: Ciudad Rodrigo, Aldea del Obispo y San Felices de los Gallegos, deben seguir sumando esfuerzos con Almeida –como ya lo están haciendo- para conseguir el reconocimiento de la declaración de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Invitación
Ahora es tiempo de chanza, de regocijo y de gaita y tamboril. Todo está preparado, amigos. En vísperas de las Carnestolendas de 2019 bien podemos entonar el villancico del músico salmantino Juan del Enzina (1468-1529):

Hoy comamos y bebamos
Y cantemos y holguemos,
Que mañana ayunaremos.

Por honra de sant’ Antruejo
Parémonos hoy bien anchos,
Embutamos estos panchos,
Recalquemos el pellejo.

Que costumbre és de concejo
que todos hoy nos artemos,
que mañana ayunaremos.

Honremos a tan buen santo,
Porque en hambre nos acorra,
Comamos a calca porra,
Que mañana hay gran quebranto.

Comamos y bebamos tanto,
Hasta que nos reventemos,
Que mañana ayunaremos

Así será. Cuando el miércoles de Ceniza, cumpliendo nuestra tradición, los farinatos quememos la gargantilla de San Blas, habrá quedado atrás otro Carnaval, pero el de hoy está por venir y a él os convoco. FELIZ CARNAVAL, AMIGOS.

 

 

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May 18, 2019 Charo Carpio

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May 17, 2019 ladis

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