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Presentación de “Canciones para Carnaval”, segunda parte, con un ambiente triste por el fallecimiento de José Pinto

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Presentación de “Canciones para Carnaval”, segunda parte, con un ambiente triste por el fallecimiento de José Pinto
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El Teatro Nuevo ha acogido esta tarde la presentación del libro “Canciones para Carnaval, 1944-1964″.

El ambiente era para cumplir el trámite, de pasar este día en el que se ha producido la muerte del pregonero José Alfonso Pinto y el alcalde, Juan Tomás Muñoz Garzón, que ha sido el primer en hablar ha recordado este hecho luctuoso en nubla lo que tendría que ser un momento alegre, de felicitación por la publicación de un libro. “Nos ha desencajado la noticia esta luminosa mañana…” frase extensiva a tantas personas que hoy a pesar de la luz sobrevolaba en el ambiente un sentimiento de pérdida generalizada. Ha pedido un aplauso, así como desde esta tribuna envía las condolencias a la familia en nombre del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo y de todos los mirobrigenses.

Juan Tomás Muñoz ha dirigido unas palabras sobre el libro: “Realmente fueron más de siete años de silencio. La última murga mirobrigense antes de la erección de Las III Columnas, había desaparecido, por obligación sin duda, tras el Carnaval de 1936, coincidiendo con el preludio de la época convulsa que se oteaba en aquel horizonte y cuyas insospechadas consecuencias tendrían que sufrir nuestros antepasados con una virulencia inusual en un territorio que no fue en ningún momento campo de batalla. La ironía, la sátira como ariete verbal que había sido bandera festiva en los prolegómenos de cada antruejo rodericense desde al menos 1890, pasaría también a ser patrimonio de la represión tras el golpe de estado del general Francisco Franco, que no tuvo tampoco reparo en represaliar incluso el vocablo carnaval. Nadie osó, vistas las circunstancias y consecuencias, llevar la contraria a aquella causa amparada por la “gracia de Dios”. Ejemplos hay todavía latentes en tierras próximas de aquellas ignominiosas prácticas, de aquellos asesinatos que también desangraron y acallaron murguistas.

Fueron años de silencio, de miradas soslayadas con pies de plomo. No resultaría nada fácil dar el primer paso, intentar recuperar parte de aquel espíritu que contagiaba de alegría a los mirobrigenses en las vísperas de las carnestolendas taurinas. El horno no estaba todavía para bollos. Tuvo que pasar casi un lustro para que, en las Fiestas Tradicionales de 1944, algunos atrevidos, herederos de aquella indisimulada algazara que copó el protagonismo festivo del primer tercio del siglo XX capitaneada por Eustaquio Jiménez Trejo, se decidiera a pisar la calle, a blandir como armas ciertos instrumentos musicales, aparentemente inofensivos, y elevar la voz en la lúgubre posguerra que atenazaba a nuestros paisanos, desaparecidos o dispersos algunos de ellos. De soslayo lo comentaba la murga en su saludo de presentación en aquellas fiestas carnavalescas de hace 75 años: “Tras el gran paréntesis abierto por la desaparición y dispersión de valiosísimos elementos integrantes de aquellas murgas, y por las exigencias de estos últimos años, unos cuantos supervivientes de ellas, en estrecha colaboración con aficionados más jóvenes y apoyados por el valioso concurso de notables músicos de la ciudad, han logrado (venciendo no pocas dificultades y sin regatear sacrificios) la formación de una nueva murga…” Era Las III Columnas. Eran las Fiestas Tradicionales –el Carnaval- de 1944, cuyos integrantes se presentaron al público un siete de febrero. Han pasado ya 75 años, los mismos que cumplirá Ciudad Rodrigo como conjunto monumental.

En las vísperas del pasado antruejo, desde el atril de nuestro viejo Teatro Nuevo, recordando la efeméride que se avecinaba, como alcalde y, de acuerdo con el presidente del Centro de Estudios Mirobrigenses, mostré la decisión y el compromiso de coeditar –Ayuntamiento y CEM- la segunda parte de Canciones para Carnaval, que ya es una realidad. Pese a los esfuerzos de los responsables de la murga, no había sido posible cerrar la publicación de esta nueva entrega del gran trabajo del añorado y admirado Joaquín Fiz Plaza sobre el movimiento murguista en Ciudad Rodrigo entre 1944 y 1964. Un estudio que va mucho más allá de la recopilación de coplas –impresas o no, porque no todo podía publicarse-, puesto que nos muestra una imagen de la sociedad del momento, del devenir de la actividad y la problemática de aquel periodo, de otra visión, tal vez mucho más cercana, de nuestra intrahistoria contada desde una perspectiva en donde cobraba especial protagonismo la ironía, la chanza y la sátira, elementos utilizados con la destreza necesaria para pasar los filtros de la censura. Había que sortearla, unas fintas en las que eran maestros elementos sustanciales de la plantilla murguista de las agrupaciones que coincidieron o se sucedieron en el tiempo, en aquellos tiempos.

A Joaquín Fiz, Tato para todos, le debemos tributo por ese exhaustivo e impagable trabajo de investigación, una documentación que vuelve a ver la luz, en esta ocasión de la mano del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo y del Centro de Estudios Mirobrigenses, con la colaboración de la Diputación Provincial de Salamanca, a cuyo diputado de Cultura agradezco expresamente su predisposición. Un libro que ve la luz gracias también al empeño, al tesón de Saturnino Rodríguez, Nino, quien ha acometido la definición de la publicación en todo su conjunto. Para todos ellos, nuestro reconocimiento, así como a los familiares de Tato por las facilidades dadas para que este trabajo, para que su investigación, pueda ser compartida y admirada por todos nosotros y quede como el referente que es para la particular historia mirobrigense”.

Seguidamente ha sido el presidente del Centro de Estudios Mirobrigenses -CEM, José Ignacio Martín Benito, el que se ha dirigido al público: “El Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo y el Centro de Estudios Mirobrigenses (CEM) se complacen en continuar una empresa editorial comenzada hace ahora 10 años. En efecto, fue en 2009 cuando de la mano de la Diputación de Salamanca, veía la luz Canciones para Carnaval. Ciudad Rodrigo, 1890-1936, una obra compuesta por Joaquín Fiz Plaza Tato (1950-2013). Se trataba, en rigor, de una crónica del Carnaval mirobrigense visto desde la perspectiva de las murgas. En efecto: Los Becuadros, El Doctorado, Los X, Tinto con Gas, la Murga del 34, La Acá, Los Tranquilos, Los Calderones… fueron llenando con sus coplas ácidas y jocosas el tiempo de las carnestolendas en la ciudad del Águeda.

Pero Canciones para Carnaval es algo más que un punto de vista sobre murgas y murguistas. Sí, porque de la mano de las letras copleras, de la reproducción gráfica incluida y de la propia reflexión e interpretación del autor, se deja entrever también el pálpito de la vida de la ciudad en un determinado momento, y su evolución a través del inexorable paso del tiempo.
Hoy, una década después, se publica Canciones para Carnaval (1944-1963), una obra que dejó encauzada Joaquín Fiz y que ha sido completada por su amigo y colaborador Saturnino Rodríguez.

Esta segunda parte arranca en 1944, después de siete años de ausencia, como consecuencia de la Guerra Civil (1936-1939) y los primeros años de la dura posguerra. Un tiempo en el que el Carnaval estuvo primero oculto o aletargado, y después disfrazado con el nombre de Fiestas Tradicionales. Ironías de la fiesta. Pero cuando el Carnaval despertó, a pesar del disfraz, volvieron los toros y también las murgas. Y es que es muy difícil poner puertas al campo de Ciudad Rodrigo. En una época de silencio retornaron murguistas, acordes y coplas. Y lo hizo con el nacimiento de la Rondalla Las Tres Columnas, la murga más longeva y veterana de todas las que han cantado en el Carnaval rodericense y que celebra este año el 75 aniversario de su nacimiento, los mismos que tiene la declaración de Ciudad Rodrigo como Monumento nacional (conjunto histórico-artístico).

Junto a la Rondalla Las Tres Columnas fueron también protagonistas del Carnaval en este periodo: Los Crescencios, Los Niños de Ricopelo, La Carroza, Ecos del Águeda, el Pozo Airón, Los Nueve, la Agrupación Musical Mirobrigense, Los Gildos, Los Rondadores, La Frasca, Los Zurruchaques, Los Charros….

La edición de esta obra es una empresa colectiva –Ayuntamiento y CEM-, en la que también ha participado la suscripción popular y se incluye en la serie Mayor de las publicaciones editadas por el CEM. Esta fórmula, la de la suscripción popular, se aplicó también a la penúltima de las publicaciones de esta serie: la segunda parte del Cancionero Salmantino del músico mirobrigense Dámaso Ledesma. Y es que la música popular y la fiesta han formado parte de la idiosincrasia de Ciudad Rodrigo y su Tierra a lo largo del tiempo.

Con la esperanza de que esta segunda parte de Canciones para Carnaval, contribuya a recordar y a forjar la memoria colectiva de las carnestolendas de esta tierra, no nos queda sino agradecer a Joaquín Fiz Plaza el legado transmitido y a Saturnino Rodríguez Miguel su colaboración para que esta segunda parte llegue a manos de quienes quieran conocer determinados aspectos de la historia del Carnaval de Ciudad Rodrigo”.

Continúan las intervenciones, esta vez Saturnino Rodríguez Nino, continuador de la obra de Joaquín Fiz Plaza Tato, que expresa: “Hoy podemos decir que hemos estado graciosos porque nos pasamos el rato dando las gracias a diestro y siniestro. Por mi parte, quiero dárselas, además de al Ayuntamiento y al Centro de Estudios, a Soco Uribe y a Violeta de la imprenta Lletra. Hay a quien ya se las he dado y hay a quien no sé que se las tengo que dar.

Cuando conocí a Joaquín Fiz, a Tato, ya andaba enfrascado en la recopilación y redacción de este ladrillo o sea, que si ya hace treinta años estaba en esto, la cosa tiene poco mérito, porque sale a poco más de una página al mes. En cada una de esas páginas se palpa un sentimiento trágico: siempre, de fondo, la Guerra Civil del 36 y la posterior represión, con la falta de todo: ropa, comida, libertad. Unos sufren la carestía y otros se enriquecen a costa de ella, pero también en cada página sale a relucir el sentir y el carácter farinato donde el carnaval está por encima de todo: por ejemplo, en los años 1946 y 1947 se quiere quitar algún toro para repartir el dinero entre los pobres. Una mañana de enero apareció un gato ahorcado en la puerta del ayuntamiento con un letrero que decía: “Esto te ha de pasar si nos quitas los toros”.

Díaz Cañabate dice en una de sus crónicas: Los toreros, vestidos con sus trajes, torean becerros sin kilos ni presencia y cuando sale el toro con pitones y arrobas se suben al tablao y dejan en la arena a la gente del pueblo, artesanos, labradores y aprendices de toreros para que se las entiendan con él. Es gente animosa, sin técnica taurina pero llena de coraje. José Rico, Ricopelo decía: La gente lucha por adaptarse a la situación reinante. Mi lucha consiste, en cambio, en no adaptarme. Cada vez que miro atrás y pienso en una murga y veo los sacrificios que he hecho, no siento ningún placer. Los considero como tiempo perdido. Sin embargo no considero que sea tiempo perdido el que he pasado vagando, soñando, jugando o mirando lavar a las mujeres en el río desde el muro de mi huerta.

En este volumen se da cuenta igualmente de avances para la ciudad, como el suministro de agua, que pasa de venir de la Aciñuela a subirla de los Cañitos, o la electricidad (la luz) que sigue siendo insuficiente, la reorganización de la ciudad con la llegada de los autobuses y camiones abriendo la puerta de Amayuelas, el Castillo que acaba siendo una tasca para ricos.

Tato nos recuerda que no podemos olvidar que la murga es un boceto eternamente inacabado, indolente y pusilánime, pero con un cometido importante y una tarea difícil. Viéndonos cantar, ir y venir, puede parecer que esto de la murga lo hace cualquiera y es porque las cosas difíciles son las que todo el mundo se cree capaz de poder hacerlas.

Dejemos que sea el propio Tato quien, igual que hizo en el primer tomo, del que Javier Valbuena fue coordinador y nos acompaña hoy, dejemos, como digo, que sea él quien presente este segundo volumen. Por mi parte nada más, buenas noches y muchas gracias a todos por venir”.

Han puesto un audio de una intervención de Tato en la presentación del primer tomo de esta extensa e intensa obra en la que trabajó el murguista más reconocido.

Después Carmina, en nombre de su marido (Tato), de sus hijos, de sus nietas y de ella, da las gracias por la publicación de la segunda parte por lo que le hubiese gustado y por el esfuerzo de todos para que no se quedara en el cajón de los recuerdos.

Las nietas ha entrado en el escenario y le han entregado un ramo de flores, antes de que Julio Sánchez Alfonso, Julete, les indicaran que entraran. Pero después Julio Sánchez Alfonso, Julete, ha agradecido a CEM y al Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, con especial mención del alcalde, Juan Tomás Muñoz, por el empeño en este proyecto. A Carmina por la disposición para ofrecer toda la documentación recopilada por su marido, y a Nino, que ha coordinado toda la documentación

Después la Rondalla Tres Columnas ha cantado varias canciones que están en el libro. Nicolás Elía ha presentado las canciones como recuerdos, tanto del maestro Tato como de otros antes que él que retratan a todos.

Han cantado: Pasacalle de tío Andrés, La Rondalla, Resurgir, Ustedes nos perdonen, Miróbriga moderna, Alma de Murga (canción que la Rondalla Tres Columnas ha compuesto para recordar a Tato), El Puente y Forastero.
___

ÍNDICE

PARTITURAS
PRESENTACIONES
CAPÍTULO I. ALGUIEN TENÍA QUE HACERLO
CAPÍTULO II. RESURGIR
CAPÍTULO III (1953-1954). MUCHA MURGA
CAPÍTULO IV. EL ANUNCIO DE UNA CRISIS
CAPÍTULO V. EL PRINCIPIO DEL FIN
CAPÍTULO VI. EN LA LUNA
RELACIÓN DE SUSCRIPTORES DE ESTA EDICIÓN
PUBLICACIONES DEL CENTRO DE ESTUDIOS MIROBRIGENSES

1 Comentario

  1. clagar 11:50, mar 01, 2019

    Tato fue una gran persona y un amigo excelente. Cuando me habló entusiasmado de que estaba escribiendo un libro “… sobre el Carnaval, sus coplas y su historia” yo no me imaginaba, ni por asomo, el trabajo inmenso en que estaba enfrascado, su dedicación y su meticulosidad; años mas tarde me lo confirmó Carmina ante un café.

    Tato y yo quedamos en el Sanatorio una tarde de verano. Yo estaba con unos amigos holandeses, Ditee y Jenkin, a los que acompañaba enseñando nuestra tierra. Los pobres eran vegetarianos y aquí no hacían mas que buscar verduras, frutas y legumbres que apreciaban por su frescura y sabor en el mercado de los martes pero alucinaban ante la barra “carnívora” que ofrecía el bar (Eso si tenían un muy buen provisto arsenal de cervezas holandesas en su caravana que compartíamos mientras los portugueses tiraban del sol). Tato llegó con un ejemplar para mi de “Canciones para el Carnaval” y Jenkin se mostró interesado en él. Ojeándolo se detenía en las fotografías, su pasión, y en un momento salió a la plaza para comparar lo que veía en el libro y la realidad de aquel día; después regresó e intentó tararear alguna partitura; Tato le ayudó pacientemente y al fin afinaron unas cuantas notas. Consultó con Ditee y decidieron comprar otro ejemplar para ellos. Debe estar aun en Haarlem.

    Unas Navidades recibí un audio de ellos “entonando” la “Campana Gorda”. .

    Gracias Tato, y adiós. Ditee te saluda. Y si encuentras allí arriba a un holandés, alto, desgarbado, pelirrojo y mediobarbudo cantando alguna canción de Carnaval …

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