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LA SOMBRA DE PINTO, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez

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LA SOMBRA DE PINTO, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
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Aún no había sucedido el suceso y por tanto reinaba la alegría mientras en el Teatro José Ignacio desgranaba su pregón, hecho para y como al público que escucha le gusta y espera, con nuestras historias y lugares comunes, los que a pesar de ser, eso, comunes año tras año a recordarlos nos hacen vibrar, al tiempo que de la mano del hombre docto que nos habla esos lugares eran adornados con perlas históricas que estas sí desconocemos muchas veces, y que como a collar clásico lo realza y hacen deslumbrar. Saliendo de él, por tanto, alegres, un poquito más cultos y esperando el baño festivo de la relajación que nos da el Carnavales.

Al siguiente día Medina en El Porvenir, buscando un hueco por el que abrirse camino “en el todo ya está dicho en los pregones”, y lo encuentra de manera muy singular, pues con una sola perla y no sobre todo nuestro abundante patrimonio, fija su punto de mira en el edificio de El Porvenir, donde sucede el evento, al cual metiéndolo en sus historias humanas y arquitectónicas además de llenar un pregón nos hizo entrar a todos en ellas con curiosidad y agrado. El resultado un público tan agradecido como callado, pues ya, con acierto en su principio y como recuerdo a José Pinto señaló un minuto de silencio, recuerdo que tan merecido tiene por todo a lo que a todos nos dio.

En la sala planeó en todo momento un estar sin ruidos que a todo acto carnavalero acompaña, pues ni tan siquiera al acabar y teniendo que guardar cola y fila para recibir como obsequio una lámina pintada por Medina, por si no había sido poco ya el buen rato con que nos había deleitado culturalmente, no se oye nada que se relacione con algo festivo.

Salimos más conocedores precisamente del edificio donde estábamos, y ya cada vez que pasemos por delante de él lo miraremos y sentiremos de otra forma y por tanto nos arropará más, también más agradecidos a Carlos por todo lo que nos cuenta de nuestra tierra, pero, y también, mucho más tristes de lo que el acto en sí requería, pues la sombra de Pinto no dejó de planear durante todo él.

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