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EL “FENÓMENO” JOSÉ PINTO…Por Lucía Risueño

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EL “FENÓMENO” JOSÉ PINTO…Por Lucía Risueño
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En sujeto y, por lo que se comenta, también en adjetivo. Yo no puedo atestiguarlo al no haber seguido sus actuaciones en televisión, ya que no soy consumidora de este tipo de concursos en los que se premia la memoria de datos, pues desde que tenemos a Google en casa o en el bolsillo no le encuentro demasiada utilidad. Tampoco tuve la fortuna de conocerle y tratarle, si bien de esto ahora siento cierto arrepentimiento, ya que aunque intenté encontrar forma directa de contacto, no la encontré y la única vez que le vi en persona no hace mucho, estaba con otras y no me atreví, desaprovechando la ocasión. Lo que me hubiera gustado compartir con él era cierto consejo de precaución ante lo expuesto en su pregón, para evitar que se viera salpicado de esa forma de organizarlo con la que ya saben, soy tan crítica. Desconozco qué tenía preparado, pero parece que ha querido Dios llevárselo antes de que su nombre quedara vinculado a esta Fiesta presuntamente corrompida, tal como se realiza en la actualidad; sólo por eso, ya se ha ganado todo mi respeto. DEP.

En consecuencia, del fenomenal José Pinto no puedo hablar, pero sí, quizás algo, del fenómeno mediático que ha supuesto. Conozco personas que a cientos de kilómetros me han expresado su admiración tras seguir su paso por televisión. Mi seguimiento se ha limitado a lo comentado por algunos que han compartido con él instantes en los últimos tiempos, o por lo que ha aparecido en los medios y redes sociales, por tanto no le he tenido tanta estima ni admiración y quizás por ello pueda situarme en un análisis más objetivo de lo acontecido.

Qué duda cabe que los Medios de Comunicación de Masas tienen la capacidad de encumbrar o vapulear a quien se propongan (y si no, que me lo cuenten a mí…). En función de cómo elijan, serás producto para el afecto o para el odio, según interese. Así, a nuestro campechano paisano le tocó la primera parte, lo cual me alegro por él, y por supuesto, no digo que no lo mereciera como el que más. No obstante, diría que en la televisión de hoy en día, fundamentalmente prefabricada y en su mayor parte guionizada, creer que la realidad es tal cual, sin maquillajes, resulta más bien de ilusos.

Es comprensible que utilicen este Poder, pues es un servicio más que prestan (quién sabe si no el más importante) de crear referentes, no sólo que reflejen el entorno, sino que lo dirijan hacia ciertos horizontes. Si en este caso, lo han hecho mostrando un hombre bueno, natural, sencillo a la vez que culto e inteligente, lo aplaudo absolutamente; más nos valía tener más así, y menos gritones, faltones, maleducados, interesados y egoístas.

Tras una exposición durante muchos meses en la pequeña pantalla que comparte el tiempo de entretenimiento de muchas personas en la intimidad de sus hogares, es fácil que estos sientan a sus protagonistas como parte de la familia, cercanos, como si les conocieran, y así sentirles empatía y afecto. Para nosotros, además, saberle de nuestra Tierra y verle por nuestras calles, potenciaba mucho más la estima, además de hacer realidad la cercanía de la “celebrity” que habitualmente nos suele resultar bastante inaccesible. Comprobar que quienes salen en la tele son de carne y hueso, siempre nos sorprende.

El resto, por lo que cuentan, lo puso él, siendo afable y generoso, mostrándose dispuesto en colaborar con causas y empresas (en el sentido amplio y restringido de la palabra), y aprovechar su potencia de “influencer” temporal para ayudar a quien se lo pedía. Sin duda, esto le honraba, y seguro que le hacía disfrutar muchísimo más el dulce momento por el que pasaba su vida.
El destino ha querido que este tiempo durara muy poco, arrebatándonoslo prematuramente y dejándonos huérfanos, en el momento que más falta nos hacía, incluso, al inicio de los días mágicos de nuestra gran Fiesta. Ahora toca sobreponerse y seguir, procurando avanzar, aprendiendo quizás la gran lección que La Vida nos da con estos hechos.

Y en referencia a esto, ayer leía un artículo que el periódico El País publicaba titulado “La autenticidad de José Pinto no se puede fabricar”, y realmente de su reflexión se me ha motivado este escrito. Pensé que esta comarca, capitaneada por la bella Miróbriga que, en los últimos tiempos con sus “mil y un eventos”, copiados en su mayoría de otros espacios, trata de destacar y hacerse importante más allá de sus limítrofes Murallas (a lo cual, también, me muestro crítica), ha conseguido su mayor relevancia y admiración con la normalidad de este hombre, cuya autenticidad parece haber resultado lo más loable; en el Mundo impostado del marketing que convierte en producto y economía, todo lo comerciable, hasta a nosotros, en personajes, no es de extrañar. Parece como si José Pinto no se hubiera dejado manipular, trascendiendo la que mostraba como “su cotidiana realidad”, frente a los presuntuosos postureos habituales de otros, y esa es la lección que da.

En conclusión, quizás una no desdeñable herencia que el Sr. Pinto puede habernos regalado con su experiencia es hacernos conscientes de que no sólo necesitamos ser quienes somos, sin pretender imitar a nadie, eso, hoy en día, parece mentira, pero resulta muy relevante. No ser por gustar más, sino ser, sin más. Esto, por supuesto, no quita para que a base de autocrítica podamos pulirnos cual diamantes. Imagino que el José Pinto de 2018 no era el mismo que el de 1998 ó el de 1978, si bien, seguramente tuvo la sabiduría de aprovechar el camino recorrido para mejorarse y, con paciencia, obtuvo los frutos.
También puede hacer plantearnos que fuera de lo meramente profesional, el mejor negocio es la generosidad de ayudar; el éxito entre sus paisanos, la admiración que se le ha tenido, está muy basada en el apoyo que ha prestado a quien una petición de colaboración le ha expresado. Mientras esta actitud te acerca a otros, el egoísmo te aleja y aisla, está comprobado; y en relación a esto, no puedo dejar de pensar cómo se han adueñado del disfrute de los eventos vespertinos de la Fiesta que estos días se celebra, quien lucrativamente entiende su contribución al montaje de la infraestructura como negocio, en lugar de ser su aportación desinteresada. Aunque esto quiera verse natural en un marco de mero mercado, no deja un poso de calidad como el que nuestro televisivo vecino nos ha enseñado.

Siento quedarme con la duda de si con estas, mis causas carnavaleras, se hubiera implicado nuestro famoso y querido D. José Alfonso y si con su influencia, por fin este Pueblo, las hubieran aceptado de buen agrado. Si desde donde esté pueda aún hacer algo, por mí, que hasta le hicieran Santo!!!

 

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May 20, 2019 ladis

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