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Julio Anguita reflexiona sobre la democracia municipal

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Julio Anguita reflexiona sobre la democracia municipal
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El Centro Social Aldea -CSA- ha organizado el acto “La democracia municipal 40 años después” en el que Julio Anguita ha sido el invitado para ofrecer las reflexiones y opiniones sobre la situación de los municipios desde el final del franquismo a nuestros días. Este acto se celebró en el Teatro Nuevo de Ciudad Rodrigo moderado por Domingo Benito.

Teatro Nuevo - Julio Anguita reflexiona sobre la democracia municipal 40 años despues - 2

Benito antes de empezar ha aclarado que el acto está organizado por el CSA, centro en el que tienen una preocupación medioambiental, cultural y nacido para hacer frente en 2014 a la anterior corporación que cobraba por el uso de todos los espacios públicos para realizar actos.

Después de esta aclaración introduce en el debate la consideración de los ayuntamientos como parte del Estado y ser la administración más cercana.

Julio Anguita, recibido con aplausos, ha puesto como ejemplo su paso por la alcaldía de Córdoba para situarse en el contexto municipal desde 1977.
Su forma de hablar en público nos adelanta que hay que tener la visión histórica, la que relata los hechos y los cuenta, así como el presente, pues “las personas sin memoria son zombis. Los seres humanos somos memoria”.
Parte del 15 de junio de 1977, las primeras elecciones tras la dictadura. En marzo de 1979 Adolfo Suárez vuelve a convocar elecciones generales y después las municipales. Esta decisión fue una estrategia de su prospección de arraigo de la monarquía en España y para que no sucediera lo que el 12 de abril de 1931 las elecciones municipales fueron después. Suárez tenía claro la Constitución con la monarquía y las elecciones municipales. La izquierda ganó en las grandes ciudades. Intuición política de Suárez en 1979, con un impacto extraordinario. Los españoles dieron en 1979 mayoría a UCD en Congreso y Diputaciones, mientras la izquierda se hizo con los ayuntamientos, para resolver problemas que tendía que solucionar el Estado. La izquierda se encontró con problemas del pasado que tuvo que resolver, haciéndose cargo de competencias de Estado, que estaba en bancarrota.
“Los ayuntamientos son Estado”, el alcalde de un pequeño pueblo representa al Estado, y como ejemplo dice que el alcalde sólo tiene que ceder su sillón al Jefe del Estado, a nadie más.

Pone ejemplo de lo que se considera Estado en la escala de la administración: “El Estado negocia con la Generalidad de Cataluña”, frase que no es correcta porque Cataluña es parte del Estado, lo que es un error dar a Cataluña un nivel paritario.

Ha recordado cómo se elegían los ayuntamientos en el franquismo: un tercio lo nombraba el gobernador civil, otro tercio los sindicatos verticales y el otro tercio era el familia, vecinos seleccionados. Este tiempo de ayuntamientos choca frontalmente con los ayuntamientos salidos de la democracia. Cuenta de su experiencia que después de una reunión con varios alcaldes de las cercanías de Córdoba fue reprendido por el gobernador civil porque no sabía. Ante esa preocupación del gobernador Anguita es rotundo: “cuando el pueblo vota, da autoridad al ayuntamiento”.

Otro de los problemas que los ayuntamientos encontraron hace 40 años fue el endeudamiento perpetuo, que no se podía pagar. Lo primero que hicieron fue preguntar cuántos bienes tenía el ayuntamiento. Había bienes, pero no estaban inventariados, estaban en la cabeza del funcionario. La financiación era por impuestos, canalones, rejas, fielatos de consumo.
Más problemas, la emigración del campo a la ciudad, asentamientos en las cañadas o urbanizaciones sin los servicios necesarios que después recaería la solución en las arcas municipales. Entiende que la gente tenía idealizada la democracia, porque la dictadura tapa la realidad, faltaba dinero.
La democracia hacía pensar en una “visión califal del poder”, con la idea de que si el alcalde es del color del afiliado o amigo se podía hace el favor de colocar y hacer una excepción a la ley. Puso un cartel en la puerta de la alcaldía de Córdoba: “El carné del Partido Comunista en esta alcaldía no vale para nada”. Este cambio, a una democracia, hacía pensar a la gente que la ciudad iba a cambiar al día siguiente, estaban “engañados” y que existían milagros.

En esos inicios de la democracia los alcaldes de Madrid y Barcelona tuvieron la idea de organizar la asamblea de 20 ciudades más grandes, regidas por el Partido Socialista, UCD, PNV y Nacionalistas de Canarias. Esta unión les permitió exigir medidas de urgencia con ministros como Abril Martorel y Borrel, con presencia de técnicos de las dos administraciones. Aprendieron con la misma urgencia, las deudas se fueron renegociando y liquidando, se prepararon planes de urbanismo, de forma que la asamblea sirvió como fuente de sabiduría municipal. De ahí tenían dos opciones, la política de parcheo (hacer jardines…) o políticas con proyección futura. Tomaron la decisión de esta última. Su opinión es que el político debe tener una visión de futuro, y como ejemplo pone el problema de la desertización de España (habría que pensar en la Península Ibérica), y entiende que ante problemas de esta índole hay que actuar aunque los haga otro.

No se olvida  de los ciudadanos y su responsabilidad en el voto, pues los políticos responden para todos, no de los caprichos. Hay que gobernar con la ley que hay, si bien toda ley tiene una salida, y a la vez gobernar con los funcionarios que hay. Por eso critica las contrataciones de confianza. Es partidario de la máxima: “haz lo que debas, aunque debas lo que habas”. En este punto explica los porcentajes que tienen de endeudamiento las administraciones, mientras un ayuntamiento tenía un 40 % hoy el Estado tiene un 101 %.

La transparencia fue uno de sus acuerdos. Durante tres años cinco emisoras conectaron en directo donde conocía las quejas de los ciudadanos. Para Anguita el bien municipal es de todos y a los ciudadano hay que decirle siempre la verdad, lo que dignifica la política.

Estos 40 años de ayuntamientos en democracia los considera bastante positivos.

Benito le plantea qué hacer ante servicios que no son competencia municipal. Para Anguita el cambio del artículo 135 de la Constitución Española fue un atropello al poder municipal. La administración central pide a los alcaldes que den nuevos servicios que son competencia del Estado. Pone como ejemplo la petición que hicieron en Córdoba para que la Policía Local actuara en materia de seguridad, pero tenían que llevar a la Policía Nacional a los detenidos, lo que les llevó quedarse como estaban, porque era más trabajo para menos eficiencia. Otros ejemplos de esta situaciones, las entiende que los vecinos no piden a quien debe pedir, pensando que todo es competencia municipal.
Ante esto entiende que los ayuntamientos deben tener competencias que no hagan otras administraciones, para no duplicar funcionarios.

Otro tema planteado por Benito es los servicios gestionados por los ayuntamientos. Entiende que los servicios que gestione el ayuntamiento tienen que ser los de gestión exclusiva. El ejemplo que pone es el de la empresa de transporte público, empresa privada, pero le comunica un inspector de la Seguridad Social que dicha empresa tiene una deuda y se la reclama al alcalde. Siempre se dice como excusa para privatizar, que es más barato, ¿porque cobran menos? y reflexiona sobre qué clase de moral pública hay. Es partidario de municipalizar servicios que tenga por ley, pues los problemas de las empresas finalmente recaen en el ayuntamiento.

Plantea Benito el tema de la religión y la relación que hay que tener con las instituciones. Anguita reflexiona recordando que la Constitución tiene una articulado impreciso, es un tema espinos que hay que tratar con persuasión. Está a favor de la libertad religiosa y que se pueda criticar a los poderes públicos. En Córdoba se acordó que no se iría a los actos religiosos, era una forma de respeto a los creyentes, pues lo contrario sería hipocresía. No entiende que se toque el himno nacional a un santo, ni la escolta de la guardia civil a los pasos.

Aun estando jubilado hace años Julio Anguita sigue siendo un servidor público y de la misma forma que a los presentes en el Teatro Nueve explica e informa de estos 40 años de democracia en los ayuntamientos entiende que el alcalde debe dar ejemplo, explicar que es el ayuntamiento, reunirse con los vecinos como servidor público. Como él hizo.

En el turno del público una persona le pregunto sobre las asociaciones jóvenes y las ayudas. Entiende Anguita que toda subvención es un contrato entre las partes, cada uno cede por el bien común. Aplicando el principio romano “do ut des” (te doy para que me des).

Termina el acto con la pregunta de un espectador sobre las diferencias de la izquierda nacional, la falta de entendimiento. Para Anguita la izquierda no es el puño en alto, es lo que se hace, poner el pie en la realidad y saber a dónde quiere ir la izquierda. Hoy no hay más horizonte que las próximas elecciones. Entiende que todo lo que se piense o haga tiene que ser mirando al futuro: ¿qué proyecto de sociedad?, ¿desarrollo de la Constitución?, ¿qué piensas para España? Puede ser el turismo, pero hay que tener presente que los dos tercios de España están en riesgo de desertización, con problemas de acuíferos, lo que habría que tener en cuenta para el futuro de la población, no la mirada a cuatro años. La juventud ¿podrá cobrar alguna pensión, por miserable que sea? esto es un drama, lleva a España en el corazón. Y de esta España, formada por gentes ¿qué dice la izquierda? ¿Cuántos años tienen que pasar para volver al campo en vez de hacer más grandes las ciudades? Es uno de los problemas que tenemos. Sobre eso quiere escuchar, pero no lo escucha a los que se dicen de izquierdas, que entiende hay que sentarse y poner sobre la mesa que se quiere para España, para el mundo, para nuestra sociedad, cosas concretas. Hay gente que lo hace pero los medios no lo difunden, solo la frivolidad. Muy preocupado por la juventud y su horizonte ante la indiferencia, y esos son España.

Ante el adjetivo de izquierdas y de anti quiere que se rellene con valores y serenidad firme de convicción y los que gritan mucho suplen con decibelios la falta de ideas.

Termina el acto, el público a gusto.

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