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Secuelas vigentes del franquismo. Actitudes contrarias a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica (14): la verborrea electoral y la política antimemorialista de “quienes Dios cría y ellos se juntan (con el Diablo)”. Por Ángel Iglesias Ovejero

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Secuelas vigentes del franquismo. Actitudes contrarias a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica (14): la verborrea electoral y la política antimemorialista de “quienes Dios cría y ellos se juntan (con el Diablo)”. Por Ángel Iglesias Ovejero
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En el tramo final de una convocatoria de elecciones que serán preludio de otras múltiples y complejas cabe preguntarse qué se puede esperar de ellas (y sobre todo de ellos, los partidos que las ganen) en materia de política sobre la Memoria Histórica. En el plano general, a última hora todo parecía estar pendiente de unos debates televisivos entre los cuatro grandes partidos constitucionalistas, los cuales, después de muchos dimes y diretes, se han celebrado el 22 y 23 de abril. La prensa nacional de los días siguientes los comentaba ampliamente, así que, a falta de haberlos podido seguir en directo, parecían de obligada consulta los diarios para darse una idea de las últimas propuestas sobre dicho aspecto por parte de quienes están llamados a gobernar el País. Pero no ha resultado así. La experiencia del lector no le llevaba a ser muy optimista sobre la fiabilidad de estos comentarios en caliente (e incluso simultáneos a veces) de los hechos y dichos en cuestión, porque igualan e incluso superan a los juristas de la antigua escuela de Orleans (“sus glosas eran más oscuras que el texto”). De la memoria histórica no se discutió, y esta carencia no ha llamado la atención de los observadores y analistas consultados, salvo la honrosa excepción de Cristina Fallarás, cuya opinión, titulada “Sin Memoria y sin Cultura”, no puede ser más clarividente y explícita:

“El mayor problema que existe en España, el de fondo, [es] el de nuestra construcción como democracia incompleta (…). Lo hemos llamado Memoria Histórica por no llamarlo pervivencia del franquismo, de la dictadura, del franquismo. Ninguna democracia que merezca ese nombre se levanta sobre la impunidad de los criminales” (Público, 24/04/19).

En este artículo, sin desperdicio alguno, añade la autora que en la Monarquía española, enraizada en el franquismo, se puede “parlotear” de todo lo demás. Los debatientes lo hicieron, y las opiniones de los analistas sobre el contenido y la forma acerca de lo que unos y otros (se) dijeron son, más que dispares, en gran medida contradictorias, nada sorprendente, por otro lado, porque al fin, los órganos de prensa y sus colaboradores (sin pararse demasiado en un posible condicionamiento tendencioso) se contagian de aquello mismo que deberían criticar. De modo que debates y comentarios, vistos de lejos y con los riesgos que, en esas condiciones, implica cualquier esbozo de análisis semántico, llevan a pensar que, así como las onomatopeyas son el resultado de la armonía imitativa de los ruidos, la verborrea es el sucedáneo ruidoso de los programas políticos, que brillan por su ausencia.

Los politólogos se dedican a adivinar lo que los candidatos no dicen, no saben o no contestan, porque, a falta de verdaderos proyectos de gobierno, convenientemente explicados, la retórica o estrategia electoral elaborada por los aspirantes y sus ayudantes consiste en un catálogo de llamativas promesas y aparatosas amenazas, cuya frescura y fragancia es comparable a la de bacaladas añejas. Así que, ciñéndose a la MH, para esperar o temer habrá que echar mano de lo que unos y otros han venido dejando caer desde las elecciones autonómicas de Andalucía, con uno nuevo reparto del espacio político en que Vox (no participante en los susodichos debates), según las encuestas, estaría dejando sin voz y sin una parte sustancial del voto a la derecha de tradición franquista.

En pocas palabras, la esperanza del movimiento memorialista se basa en las promesas de los partidos de la izquierda constitucional y de aquellos nacionalistas que los consideran dispuestos al diálogo cívico y democrático. El temor viene de los comportamientos y las amenazas de los partidos autodenominados derechistas y liberales que hacen gala de un integrismo españolista, ahora acompañado de un neofascismo descarado, que si se impone en las elecciones será a costa de incrementar el secesionismo en la periferia peninsular.

Las propuestas de los partidos de izquierda recogen viejas aspiraciones del movimiento memorialista con algunas novedades no muy llamativas: un destino adecuado del Valle de los Caídos (¿es tolerable un enclave vaticano en el estado español?) y los restos del Dictador allí yacentes; el reconocimiento y la reparación de las víctima del franquismo, la anulación de las sentencias militares de la justicia franquista durante la guerra civil y la dictadura, la supresión de la impunidad de represores y torturadores identificados (protegidos por la ley de amnistía en la Transición), la erradicación de símbolos de exaltación nacional-católica. Pero está por ver si esta razonable utopía tiene apoyos y sus valedores políticos mantienen su propia coherencia a la hora de aplicar eventuales mejoras de la legislación memorialista. Porque lo visto hasta ahora por estos pagos no da margen para un entusiasmo desbordante.

La corporación municipal tripartita de Ciudad Rodrigo tuvo algunos gestos simbólicos al principio de su andadura, con el homenaje a los ejecutados de la gestora nombrada por el Frente Popular y otras víctimas republicanas de Ciudad Rodrigo y su entorno durante la mal llamada guerra civil y el primer franquismo, así como la limpieza de dos paredes de iglesias manchadas con letreros de exaltación fascista. A última hora, según la prensa local (24/04/2019), se ha firmado en el Ayuntamiento un contrato entre la ASMJ y el arrendatario de la finca del Valle del Lagar (Pedrotoro) para la exhumación de los restos de las víctimas allí presuntamente enterradas en 1936. Pero entre tanto se han producido las repetidas isidradas del alcaldillo de Águeda (ahora apeado de la candidatura municipal), sobre la esperpéntica iniciativa de acoger allí los despojos mortales de Franco, que nunca fueron censuradas abiertamente por el alcalde mirobrigense, quien, a mayores, se ha prestado a la ambigua celebración conmemorativa del nombramiento de esta localidad como ciudad monumental durante la Dictadura. Y sobre todo, entre otros símbolos de glorificación franquista, una de las calles de la Ciudad sigue luciendo el nombre de Agustín de Foxá, uno de los fundadores de la Falange (cuyas hazañas macabras aquí y otros sitios son de sobra conocidas), lo que basta para sentir vergüenza ajena a cualquier demócrata que la tenga. A este tenor, la retirada de símbolos, letreros y nombres de tal signo en algunas localidades del entorno en modo alguno puede hacer menos vergonzosa la existencia de semejantes secuelas en una decena larga de ellas, lo cual obviamente es de la incumbencia de sus respectivos alcaldes.

Los defensores de la MH republicana solo pueden esperar de los partidos de derechas que pierdan las próximas elecciones generales (y a ser posible todas las demás). Porque “la que se avecinaba” con los susodichos comicios en Andalucía ya ha llegado a todas partes. Los jefes y jefezuelos de las formaciones políticas que a nivel europeo se encajan en los partidos “populares” y “liberales”, e incluso, contra toda evidencia, a nivel nacional se hacen pasar por inmaculados e incorruptos, respetuosos con la tradición religiosa y costumbres hispanas, no han tenido empacho en aliarse con los neofascistas, racistas, xenófobos, homófobos, machistas y ultras nacional-católicos de Vox, porque, en el fondo se reconocen entre ellos como emanaciones de la misma fuente: el Franquismo. Así que, lo dicho: Dios los cría, y ellos se juntan.

Dentro de esta derecha española tricéfala, los más francisco-franquistas preconizan la supresión de la LMH. Otros quieren una “ley de concordia”, para que en sustancia siga vigente la versión nacional-católica de los hechos (“mártires” canonizados, “caídos” ensalzados, “vencedores” celebrados; “rojos” perdedores, “víctimas” olvidadas, “República” nefasta). Los menos audaces se mantienen en la reserva, en previsión de lo que pueda pasar. Como la coherencia (y la cultura histórica) tampoco es algo que abrume en esta trinidad (del Diablo), no debe extrañar la paradoja de que uno de los gerifaltes de hogaño, después de haber estado su Partido varias décadas tachando de retrógrados (y cosas peores) a quienes respetan el pasado republicano, ahora (y abusando una vez más del tremendista argumento guerracivilista) no encuentre mejor grito de guerra electoralista que, invistiéndose con la armadura del adalid medieval al frente de sus mesnadas, oponer “el Partido Popular” al “Frente Popular”, hace más de 80 años muerto y enterrado (risum teneatis!). Y por añadidura, según se ha podido leer hace poco (La Vanguardia, 14/04/19), dicho señor ha afirmado que está “muy orgulloso de [su] abuelo republicano”, represaliado. (Es una pena no saber qué pensaría este abuelo de tal nieto, al que su entrevistador no le preguntó si para él un buen republicano es un republicano muerto).

De hecho, este candidato está en perfecta sintonía con una formación que sigue aferrada a su política de la desmemoria y la desvergüenza, que sus miembros predican con el ejemplo. El día primero del mes en curso se cumplieron los ochenta años de la derrota de la República, que para los antirrepublicanos de entonces y de ahora fue una victoria militar, pero no el fin, sino el comienzo o continuación de fusilamientos y represalias sin cuento contra los derrotados, durante una interminable dictadura. Ellos y sus secuaces han celebrado hipócritamente el fin de la guerra y no han tenido un recuerdo para el aproximado medio millón de españoles que tuvieron que exiliarse, sobre todo en Francia, donde no fueron todos bien acogidos e incluso bastantes acabaron sus días en los campos de concentración de la Alemania nazi. Pero muchos combatieron en la Resistencia francesa y algunos han sido reconocidos como héroes por la República francesa. Dos de aquellos republicanos señeros eran originarios del partido judicial de Ciudad Rodrigo.

De Celestino Alfonso Matos (quizá por Mateos), natural de Ituero de Azaba, brigadista internacional en España y fusilado por los nazis en Francia, ofrecimos una breve reseña en la “croniquilla” del 19 de noviembre de 2016 (v. referencia al final). Recientemente, se ha ocupado de su caso Henry Farreny del Bosque (Le sang des Espagnols: Mourir à Paris, con prefacio de Anne Hidalgo, alcaldesa de París). Consigna que Celestino tiene una calle que lleva su nombre en Ivry-sur-Seine (Val de-Marne) y en el nº 1 de la calle de Tolbiac, en París, han puesto una placa con esta leyenda: “A Celestino Alfonso / F.T. P. E. / Fusillé le 22.2.44 / à l’âge de 27 ans”. (Para que luego los papanatas salgan con aquello de “en Francia no quieren a los españoles”…).

Sobre la odisea de Valentín Lorenzo Bajo, natural de Villar de Ciervo, sindicalista procesado y condenado a prisión, hemos ofrecido retazos repetidamente (“croniquilla” del 24/10/2016 y recordatorio de “desterrados” del 24/08/2017). Fue uno de los dos fugados del Fuerte de San Cristóbal que, a pesar de la cacería a que dio lugar la evasión masiva, llegó con vida a Francia, de donde volvió a Cataluña para defender la República, cosa que resultó imposible, por lo que tuvo que participar en la conducción de un convoy de 2.000 presos hasta Figueras, antes de exiliarse él mismo en Francia (07/02/39), donde experimentó el régimen de los campos de concentración. Un providencial bombardeo inglés lo libró de la deportación a Alemania, a costa de ser amputado de una pierna. Falleció en Burdeos en 1986.
No se tiene constancia de que Celestino y Valentín hayan recibido el homenaje merecido en sus lugares de origen, ni en parte alguna de España.

Esta gente que, sin cultura ni sensibilidad histórica, pero saturada de un rancio sociocentrismo patriotero, se presenta a las próximas elecciones con la intención de ocupar cargos de responsabilidad, volvería amnésicos a todos los que no piensan como ellos, si pudieran hacerlo a mansalva y con total impunidad, como la que sus padres espirituales de la Transición, contra toda justicia, legalizaron en beneficio de aquellos victimarios y mandatarios de antaño.

Puestos a elegir, entre el riesgo de ver frustradas las promesas a favor de la memoria histórica o de ver cumplidas las amenazas contra ella, parece que no queda mucho margen para la duda. De todos modos, si los defensores de la desmemoria siguen en el poder, como en esta desmemoriada tierra de Castilla y León, nunca estará en su mano borrar lo sucedido ni lo ya contado, porque: lo escrito, escrito está.

Referencias:

http://www.ciudadrodrigo.net/2016/11/19/croniquillas-del-verano-y-otono-sangriento-de-1936-represion-en-ituero-de-azaba-un-heroe-de-la-resistencia-francesa-por-angel-iglesias-ovejero-para-el-19112016/

http://www.ciudadrodrigo.net/2016/10/24/croniquillas-del-verano-y-otono-sangriento-de-1936-la-exposicion-sobre-el-fuerte-de-san-cristobal-y-los-presos-de-la-zona-mirobrigense-afectados-por-la-fuga-de-1938-la-represion-en-carpio-de-azaba/

http://www.ciudadrodrigo.net/2017/08/24/secuelas-vigentes-del-franquismo-exilios-y-emigracion-15-la-memoria-de-los-desterrados-republicanos-en-el-so-de-salamanca-villar-de-ciervo/

 

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