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UN CARNAVAL CON FUEGO Y UN TORO POR LA MURALLA, por Carlos García Medina

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UN CARNAVAL CON FUEGO Y UN TORO POR LA MURALLA, por Carlos García Medina
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Siempre se ha dicho en la Tierra de Ciudad Rodrigo “En Carnaval todo pasa”. Desde estos renglones añado “En Carnaval pasa de todo”, es es lo que ocurrió y que resumo en las siguientes líneas en un lejano martes de 1954, es decir, que el próximo 2 de marzo se cumplirán 66 años de los acontecimientos que narro, pues aquel año los Carnavales cayeron muy altos.

Las personas de más edad todavía lo tendrán en la memoria, pero algunos por aquel entonces no dábamos todavía guerra en este mundo. Las “Fiestas Tradicionales! que es como se denominaban entonces transcurrían bajo los parámetros normales, pero todo cambió por un hecho lamentable que ocurrió la noche del Lunes de Carnaval, en la parte baja del edificio de “El Porvenir”, entonces cafetería, siendo su planta superior el Casino.

El hecho en sí fue un gran incendio que se declarará en dicho inmueble y que en pocas horas alcanzó a todo el edificio, sin saberse a ciencia cierta el origen. Se barajaron varias hipótesis, se cree que probablemente una colilla que quedó encendida prendió en las muchas serpentinas y los confetis que habían quedado tras el baile por el suelo, prendiéndose y pasando el fuego en un principio inadvertido, hasta que una cuadrilla de muchachos que pasaban por allí se percataron del humo y de las llamas y comenzaron a gritar y a dar la voz de alarma. en un principio nadie les hizo caso, hasta que por fin algunos se dan cuenta de lo grave de la situación y llaman al empleado municipal encargado de hacer sonar la campana, “El Reloj Suelto”, pero aun así mucha gente en un principio cree que es una broma más, o que de madrugada todavía anda un novillo suelto.

La cuestión es que cuando acuden los Bomberos Voluntarios de Ciudad Rodrigo, y posteriormente los de Salamanca dicho edificio era ya una tea en brasas. Como los efectivos de los bomberos eran insuficientes enseguida se presentaron numerosos mirobrigenses que acuden y desde las antiguas cocheras de Alipio (entonces en plena vigencia) se organiza una cadena humana que transporta cubos de agua, cubos de zinc, dicho sea de paso, de distintos tamaños que abnegadamente han cedido las ferreterías de Corral y Cesáreo (actualmente Sertorio), que curiosamente en gran parte no volvieron a aparecer una vez apagado el incendio.

Con la llegada del nuevo día, Martes 2 de marzo, se presentaron las autoridades, se hacen las primeras comprobaciones y afortunadamente no hay que lamentar desgracias personales, dado que la familia de Juan José Sánchez Sánchez, el propietario, más conocido como “Pepe, el del Porvenir”, habían salido a deleitarse con un chocolate con churros, y afortunadamente no se encontraban allí, donde aquellos días pernoctaban.

Los daños materiales sin embargo fueron muy grandes, con riesgo de su vida el portero del Casino, señor Pedro, logró sacar varias cosas, así como los archivos y demás documentos de dicha sociedad, valorándose los daños en un millón y medio de pesetas de las de entonces, además de mobiliario y los instrumentos musicales de la Orquesta “Ritmo” y de otros músicos que durante esos días amenizaban los bailes.

Tampoco debe omitirse que en la extinción del incendio colaboraron junto a los bomberos y el vecindario un nutrido grupo de universitarios vascos que se habían acercado a disfrutar de nuestro Carnaval mirobrigense y de casualidad se encontraron con el desafortunado percance.

El contiguo edificio del Teatro Nuevo ya había cerrado sus puertas, dado que había terminado la función y no había público en su interior, pero tuvo que ser desalojado el vestuario, atrezo y demás bártulos de la compañía de teatro y variedades que ese año era la de Pepita Serrador, una actriz argentina que por aquellos años gozaba de un notable éxito, junto a sus actores y cómicos, entre los que se encontraba su marido, años más tarde popular actor de televisión, Narciso Ibáñez Menta, y su hijo por entonces un crío, que posteriormente sería archiconocido sobre todo por sus mediáticos programas de televisión, me refiero a Narciso Ibáñez Serrador, que precisamente nos dejó el pasado año 2019.

Me imagino que este incidente les quedaría grabado a estos artistas para siempre, dado que no terminaría aquí la cosa, pues por la mañana este grupo de actores aguardaba con sus pertenencias y todo el atrezo a que vinieran a buscarlos en un vehículo en el Campo del Pozo. Ese Martes de Carnaval, paradójicamente, se escapó un toro en el encierro y consiguió campear a sus anchas por el adarve de la muralla, saltando de cañonera en cañonera y librándose milagrosamente varios ancianos, haciendo las delicias de chicos y grandes, hasta que el astado bajó por la rampa de acceso al Campo del Pozo, dándole un susto de muerte a los componentes de la compañía teatral, que pienso que tras estos incidentes quedarían con pocas ganas de volver por Ciudad Rodrigo.

Este incendio del Porvenir dio lógicamente mucho pábulo para las habladurías de la larga Cuaresma, e incluso saldría en las coplas del Carnaval del año siguiente, las cuales decían:

“El Martes del Carnaval el
Casino se quemó y todas las
señoritas salieron en camisón”

O esta posterior de 1960, de la Rondalla Tres Columnas, y que reza así

“Los señores del Casino están
algo atribulados porque el dueño del
Casino ha pretendido que aquel sea
desalojado. No se sabe todavía si lo
podrán conseguir, porque los socios
insisten en que se quedan allí”

Pero lógicamente en esta vida todo tiene un lado positivo y a raíz de este desgraciado suceso que para algunos fue fortuito, mientras que para otros, peor pensados, fue intencionado, hizo que este resurgiera como un ave fénix, pues poco tiempo después el edificio estaba totalmente rehabilitado y en su interior se instaló un nuevo mobiliario. Así, algún tiempo después resurgiría este colectivo con fuerza, como “Centro Cultural y Recreativo El Porvenir”, pero, esa ya, es otra historia.

Me imagino que al gran Narciso Ibáñez Serrador, desaparecido recientemente, aquella historia vivida en primera persona del fuego, del toro y del Carnaval le marcaría bastante y probablemente entre sus muchos escritos y guiones tal vez haya quedado un ensayo o al menos un proyecto escrito de aquella experiencia vivida en el Carnaval de Ciudad Rodrigo de 1954.

 

 

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