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A DAVID, por Yolanda Cambronero Álvarez

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A DAVID, por Yolanda Cambronero Álvarez

David Sanchez-Tosal Gonzalez -rr

David cumplió hace unas semanas 44 años, dicen que esta edad es el Ecuador de nuestras vidas, sin embargo para él fue el final. Cuando ayer me llamaron para decirme que había muerto, no lo podía creer. Seguí haciendo lo que estaba haciendo, sin querer pensar: hoy tengo que ir a hacerles una actividad al grupo Scouts al que pertenece mi hijo. La actividad estaba fijada para hacerla hace tres semanas, pero aquel día murió vecino y amigo de toda la vida y no pude ir, así que se pospuso hasta hoy… ¿quién podría haber dicho que hoy habría un entierro más?

Había venido una amiga con su hija a pasar unos días aquí, así que salí con ella y con mi hijo, al parque, a tomar el aire, a que nos diera el sol en la cara, a charlar… Tenía agazapada en mi cabeza la muerte de David, me sonaba de fondo, como ese tic-tac del reloj de péndulo de la casa de mi abuela Adela que no me dejaba dormir, y dijera lo que dijera el pensamiento sobre su muerte estaba ahí, esperando su momento para apoderarse de mí.

Yo no veía a un hombre adulto cuando lo miraba, seguía viendo al niño que yo conocí, aquel que se colaba en todas partes, con ansias de ver y saber, de aprender y conocer un mundo que le llamaba y le dejaba extasiado como si fueran carteles de neón brillantes en la oscuridad.

Con siete u ocho años ya fumaba, no levantaba dos palmos del suelo y era vivo como él solo. Se iba a la sala de juegos y se sentaba en los bancos de madera y al que se acercaba fumando le decía: ¿me pasas la pava?

Era un niño muy, muy bueno y cariñoso… con mil tormentas dentro y siempre quería ir al centro de ellas a pesar del miedo, a pesar del peligro, a pesar del riesgo de saber que podía no volver… pero volvía de todas ellas.

Te reías muchísimo con él, era gracioso y contaba las cosas de una manera que por muy triste o enfadada que estuvieras él era capaz de arrancarte una sonrisa primero y una carcajada después.

Tenía demonios habitando en las tormentas y aunque tenía el cuerpo de un adulto yo seguía viendo un niño… aquel al que le preguntaba que si había merendado y él, negaba con la cabeza y levantaba los hombros mientras sonreía… y yo, me iba con él al Castellano, a comernos unas patatas bravas, y nos reíamos los dos y al salir le reñía y le decía que se fuera ya a casa.

Nunca estuvo solo, aunque el buscara su soledad, tuvo a su familia ahí, a su padre y a su madre, a su hermana, a su hermano… haciéndole de red, de valla de contención, pero él era la tormenta que nunca se puede detener.

Hacía mucho que no nos veíamos, ya no contestaba al teléfono. Me dijo que todo lo que él había escrito que me lo quedara yo y le diera forma de libro…para una colección entera daría con todo lo que él vivió, lo que hizo y las gentes a las que conoció hoy la iglesia estará llena de amigas y amigos que le irán a llorar y a dar ese último adiós.

Siempre tuvo un estilo particular y ahora no iba a ser menos, se murió ayer para que lo enterraran un 29 de febrero y sólo lo recordáramos de vez en cuando, o para que nunca nos olvidáramos que para él no había días… sólo de vez en cuando.
Esta mañana le decía a un amigo común : “…somos quienes nos quedamos quienes lloramos las ausencias… quizás David ahora ya sea libre por fin de todas las ataduras que tenía en su alma… si la energía sólo se transforma, se habrá expandido por el universo para sentirse por fin en calma…”

Ayer entró en el centro de la tormenta para irse por fin con ella … que la tierra te sea leve, compañero.

 

1 Comentario

  1. Un charro 10:20, mar 11, 2020

    Queridos Cristina, Chelas, hermanos y demás familia, mi mas sentido pésame por la muerte de David.
    Mil recuerdos me vienen a la cabeza, pero en todos estaba sonriendo.
    Desde muy pequeño fue una lagartijilla que deseaba ir a toda velocidad, no tenia freno.
    Nunca olvidaré la ultima vez que me saludo ” que pasa no saludas “….
    Seguro ya descansa en paz, tranquilo.

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