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Carta: A amigo Ausías R.

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Carta: A amigo Ausías R.
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[Carta, es un proyecto de expresión anónimo en tiempos complicados y la escritura como herramienta de expresión de sentimientos]


DESDE LA DIMENSION DE LA PLENITUD

Amigo Ausías R.:

Ya que se me brinda la oportunidad de escribirte desde de un medio virtual, me he decidido a enviarte esta misiva desde la Otra Dimensión, pero no por ello irreal.

Sé que tú, y otros muchos que me apreciáis y me queréis, habéis sufrido mucho por mi partida, inesperada y “brutal”. No me dio tiempo a despedirme, solamente a algunos les whatsapeé con brevedad y urgencia: “marcho al hospital, sea lo que Dios quiera”.

Te recuerdo cuando llegaste al centro educativo con tus once años, más bien pequeñajo, os llamábamos los “pipiolos”. Nos mirabais a los más “grandes” con cierto respeto, temor y admiración. Me he enterado que, aunque no te gustaba mucho el fútbol, me admirabas cuando me colocaba bajo los palos de la portería, y discutíais entre los pequeños, si yo era el mejor portero o si lo eran lo del curso superior. Ante tu familia, en el campo de Francisco Mateos, presumías que yo era un gran portero y sobre todo que yo te había brindado mi amistad y protección.

Lo que si sé, es que te gustaba mucho el baloncesto, y para ti el ponerte por primera vez la camiseta amarilla colegial y jugar en las pista de Bolonia, fue un hito, por tanto fue acertado enrolarte en el equipo.

Pero creo que más emocionante fueron las múltiples actividades de los inicios del grupo Scout Kennedy, allá por los años 70. La marchas a Bodón, a La Encina, a Herguijuela, incluso a mi querido Sahugo, a la finca del Fresno, al Pantano del Águeda, a Campillo y a multitud de lugares y paisajes entrañables. Aun recuerdo cómo se molestó tu madre cuando se enteró que habíamos pasado la noche en tiendas de campañas, en aquella salida a Sanjuanejo, en pleno y gélido noviembre.

De los últimos recuerdos que compartimos en la dimensión terrena, fue aquella escena surrealista, cuando en Espeja la guardia civil nos confundió con un grupo de contrabandistas y nos rodearon con su metralletas.

Y aquel campo de trabajo en La Moheda para recoger tomates y arrancar yerbajos. Los más jóvenes nos pedíais ayuda a los más fuertes y aguerridos. Enseguida acudíamos de dos en dos con cierto orgullo y “postureo” (se diría hoy), para arrancar hasta las raíces con sus correspondientes terruños.

Aquellos encuentros masivos en Campanilla, Cirolluelo, Cercedilla. La Semana Santa especial que pasamos en el Vívio de Gijón, realizando el curso de monitores.

Muchos amigos me recuerdan por mi afición a los toros, a las fiestas populares, a los encuentros campestres. Tú no eras tan asiduo a estos acontecimientos, pero también disfrutamos juntos y con intensidad en bastantes ocasiones de las barbacoas en Maíllo y en Morasverdes, que con todo agrado y gratuidad os he preparado para amigos, compañeros y desconocidos. Intenté trataros siempre como mi familia. Por cierto, ya me he enterado que mi padre, hermana y demás familia han sufrido inmensamente por mi partida, pero sobre todo sé que mi padre está bien cuidado, aunque con la gran tristeza por la falta de mi compañía.

Nos tocó trabajar juntos en nuestra labor (a veces dura), primero en el mundo de la infancia y de la juventud, y después en el ambiente de los adultos y de los abuelos. En los ámbitos de clase y de catequesis, de parroquia y de sociedad. Nos hemos desgañitado por defender a los profesores de religión. Cada uno con nuestro “toque” personal, pero ambos en la dirección del mismo ideal.

Muchas veces os recordé, a ti y a todos los compañeros y amigos, en mis escapadas a Tierra Santa. Un lugar emblemático donde, hasta los que tenemos aspecto de carácter duro, nos enternecemos y emocionamos cuando navegamos por el lago Tiberíades, ascendemos al Monte Tabot y besamos con reverencia la lápida donde reposó Jesús el Galileo, y desde donde se “esfumó” hacia la nueva Dimensión de Plenitud, al estado donde yo ahora me encuentro. Desde aquí os recuerdo y aquí os esperamos para que Dios nos dé a todos un abrazo de Plenitud y Eternidad.

Vuestro amigo siempre el Peregrino


[Carta, es un proyecto de expresión anónimo en tiempos complicados y la escritura como herramienta de expresión de sentimientos]

 

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