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LA CONJURA DE LOS NECIOS, por Joaquín Mayordomo Sánchez

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LA CONJURA DE LOS NECIOS, por Joaquín Mayordomo Sánchez
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Muchos recordaréis aquel extraño libro, La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, publicado en España en 1982 por la editorial Anagrama, en el que su protagonista, Ignatius J. Reilley, un ser inadaptado y anacrónico, sueña con retroceder al modo de vida medieval.

Pues igual le ocurre a Francisco Bellón, presidente de Berkeley Minera España y a La Gaceta Regional de Salamanca. Ambos pretenden que regresemos a la Edad Media y, de paso, arrastrar a la provincia salmantina a la miseria de aquellos tiempos oscuros en los que todo se fiaba a los milagros que hiciese la Iglesia omnipresente y al derecho de pernada que el señor del castillo de turno ejercía sobre doncellas y vasallos.

Hoy, trasladando aquel ideario a la realidad que nos circunda, la pretensión del periódico salmantino (para muchos, un vulgar libelo o panfleto) y de Berkeley Minera, no es otra que cerrar un balneario centenario, consolidado, con 75 empleados fijos y más de 26.000 pernoctaciones al año; envenenar las aguas de varios ríos –afortunadamente, todavía, vivos– como el Yeltes, el Huebra o el Duero; acabar con el ecosistema de las dehesas, uno de los pocos lugares de estas características que quedan en Europa, de incalculable valor medioambiental; poner bajo sospecha a decenas de pueblos al colocarlos en el punto de mira por la contaminación radioactiva, señalando, de paso, a su cabaña ganadera con un rótulo invisible –“¡Carne no apta para el consumo!”, diría el rótulo– ya que cerdos, vacas y ovejas acabarían siendo portadores de radioactividad también.

Es decir, la minera australiana y el periódico salmantino constituyen el mayor peligro público que se pueda imaginar en estos tiempos que corren de zozobra y confinamiento. Y no se entiende cómo una institución, otrora prestigiosa, como la Universidad de Salamanca, no dice ni “mu” sobre este tema, aunque su implicación se haya reclamado desde distintos sectores políticos y sociales. Tampoco se entiende que el Gobierno no haya dado aún el carpetazo final a un proyecto minero que, además de ser de dudosa rentabilidad en lo económico, sí es negativo, absolutamente, para la salud de los habitantes de una provincia, secularmente olvidada por las administraciones públicas. Pero menos se entiende aún cómo la Junta de Castilla y León mantiene todavía la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) favorable, cuando es obvio que esta declaración la firmó alguien “ignorante” del documento que firmaba. Porque si quién estampó aquel día aciago la rúbrica hubiese visitado antes de firmar el territorio sobre el que Berkeley ha empezado a actuar (bosques mediterráneos hasta donde alcanza la vista, ríos cristalinos, decenas de miles de encinas centenarias –de las que la minera ya arrancó sin el permiso pertinente un par de miles–, pueblos con un rico patrimonio cultural…), no se le hubiese ocurrido dar el visto bueno a un proyecto que acarrea enfermedad, envenena las aguas, mata los árboles, contamina el aire… Y, el día que las excavadoras empiecen a remover la tierra será todo un desierto.

Bajo el señuelo de “vamos a crear empleo”, Bellón y La Gaceta, La Gaceta y Bellón tanto monta, monta tanto, se cocinan, periódicamente, una charleta de amigos, publicada a toda página, en la que anuncian las siete maravillas del mundo para la tierra salmantina. ¡Todo, una probable suma de mentiras! Pues los datos –que no mienten nunca– dicen que después de diez años de presencia en la provincia, Berkeley solo han conseguido, hasta ahora, envenenar la convivencia en los pueblos, destruir algunas familias, sembrar discordia entre hermanos, desecar charcas, iniciar las obras de una carretera ilegal, paralizar a la gente con su presencia ante cualquier posibilidad de iniciativa de desarrollo rural… y, eso sí, ilusionar a algunos incautos a los que ¡cierto! pagan un buen salario o compran sus tierras por encima de su valor de mercado a cambio de que sean arte y parte del discurso de Berkeley, como ocurre con el alcalde y algún concejal más de Retortillo (Salamanca), empleados también de la empresa minera.

Cuenta Jesús Cruz en su blog, “El blog de Jesús”, que el propio Bellón acaba de afirmar que el citado ayuntamiento salmantino ha recibido ya de la multinacional australiana 330.000 €. Demasiado dinero para un pueblo de tan solo 245 habitantes, ¿no? Cruz desgrana en un artículo en qué se ha empleado dicho dinero… Y, según dice, ha habido, mucho…, pero que mucho dispendio.

Y es que el dinero, como ya relatara Francisco de Quevedo (“­poderoso caballero es don dinero”) y antes lo hiciera el Arcipreste de Hita, (“de verdad hace mentiras, de mentiras verdades”. O: “También al hombre necio y rudo labrador / dineros le convierten en hidalgo doctor”, que cantara Paco Ibáñez, el eterno juglar exiliado), el dinero, insisto, puede con todo.

Así, pues, ahí están los necios, con sus sacos de dinero y sus panfletos –estos días, precisamente, arrecia una vez más la campaña embaucadora y propagandística de Berkeley en varios medios de alcance nacional e internacional para seguir vendiendo humo– actuando como avezados conjurados, dispuestos a lograr sus fines (abrir la mina de uranio a toda costa) mientras la bolsa no se agote. Dispuestos a seguir repartiendo la propaganda que haga falta con el fin de convertir a Salamanca en un cementerio nuclear mientras el mundo, asolado por la pandemia de la Covid 19, reflexiona… e intenta promover alternativas que nos permitan vivir de otra manera.

Mas la tierra salmantina, y en particular su capital –esa ciudad tan hermosa como pacata y provinciana– sigue haciendo oídos sordos. Salamanca continúa atrapada en su particular nube de caspa. Ni siquiera la Universidad, como ya he dicho, que un día fuera crisol y referente intelectual en Europa, se manifiesta sobre un asunto tan crucial para la supervivencia y futuro de la ciudad y la provincia, como es la apertura de esta mina.

Se lleva mucho ahora el concepto del “relato”. Y sobre esto, ni Berkeley ni La Gaceta pierden comba: uno paga, y el periódico difunde fantasías como si fueran Las Cuentas del Gran Capitán. Desde patrocinar a equipos de fútbol, vueltas ciclistas, fiestas locales, parques infantiles, meriendas para jubilados… o publicidad en autobuses, hasta contratar a personas en los pueblos siguiendo la estrategia de divide y vencerás. Sí, Berkeley ha conseguido de esta forma que familias y vecinos dejen de hablarse; de un lado están los que viven el presente (han cobrado de la empresa minera) y del otro los que sueñan con un futuro mejor para los hijos y sus nietos.

En fin, mientras vivimos confinados, asustados por la Covid 19 y por el limbo emocional en el que nos deja la muerte de seres queridos y de tantos miles de personas más, la vida nos regala una preciosa tregua a cambio. Una tregua con tiempo para pensar. Una tregua para que la Humanidad reflexione si quiere o no seguir encadenada al bucle del consumo y a la destrucción del medio ambiente a cualquier precio.

El reciente nacimiento de La Alianza Europea para la Recuperación Verde (Green Recovery) impulsada por Pascal Canfin, presidente del Comité de Medio Ambiente del Parlamento Europeo, preconiza la utilización del Pacto Verde Europeo como herramienta de futuro mientras aboga por impulsar aquellos proyectos nacionales y comunitarios que estén en consonancia con la lucha contra el cambio climático y a favor de la biodiversidad; proyectos que deberían ser el motor de desarrollo de actividades tan antiguas como la propia tierra que habitamos: la agricultura y la ganadería.

Es solo un primer paso. Cierto. Pero que ministros de 11 Estados de la Unión Europea (de Alemania, Francia, Italia, Suecia, Finlandia y España, entre otros), eurodiputados de 17 países, 50 multinacionales, la Confederación Europea de Sindicatos, ONGs, asociaciones e intelectuales de prestigio, se hayan sumado al proyecto Green Recovery invita a la esperanza y a creer que el futuro no está perdido aún.

Y si es así, ¿qué pinta una mina de uranio a cielo abierto –la única de estas características que habría en Europa– a 60 kilómetros tan solo en Salamanca? ¿En qué cabeza cabe que un proyecto de “destrucción masiva” como este pueda ir adelante? ¿Permitirá Europa un atentado medioambiental de tal calibre? Y Portugal, ¿estará dispuesto a correr el riesgo de ver al Duero contaminado con residuos radioactivos? Portugal, que acaba de ser proclamado por los World Travel Awards el mejor destino del mundo para viajar.

Demasiadas preguntas sin respuesta por ahora, pero que cabe hacerse ya, cada vez que Francisco Bellón, presidente de Berkeley Minera España, lanza su particular ola de propaganda vendiendo humo mientras grita a bombo y platillo que la empresa que representa está dispuesta a invertir 87 millones de euros en el valle del Yeltes y a crear 500 empleos. ¡Casi nada! Jauja será aquello si ocurriese…; aunque, eso sí, una Jauja envenenada. Y un mundo feliz “de muerte” envolvería entonces a las buenas gentes de la hermosa comarca salamantina mientras la radioactividad silenciosa destruiría sus vidas. ¿No será más bien una estrategia –y es la enésima vez que la repite– para presionar a la Administración, señor Bellón? ¿No será que el juego bursátil que practica Berkeley necesita de estos globos de promesas para seguir atrayendo a incautos inversores? No será, en definitiva, que el gran Bellón, además de vendedor de fantasías… sabe perfectamente que Berkeley Minera España tiene “su” mina, no en las vegas del río Yeltes, no, sino en las oficinas de la Junta de Castilla y León, en Valladolid, de dónde probablemente obtenga una suculenta indemnización cuando todo esto acabe, como ya ocurriera en Francia o en el Principado de Asturias por empresas similares, al serles revocados permisos concedidos previamente?

Así, resulta, que esto es como un juego de trileros: Bellón pone el dinero, ¡mucho dinero! a modo de gancho y serán los contribuyentes los que paguen al final con sus impuestos. Y no olvide el lector que hasta el último euro gastado en fiestas y esa lista de propaganda antes citada (vueltas ciclistas, patrocinios deportivos y otras alegrías..). será reclamado en la indemnización que Berkeley le haga a la Junta, pues “todo era inversión”, dirán en su alegato.

En fin, termino: el dinero, queda dicho, lo puede casi todo. Y podría ocurrir que el deseo de Ignatius en La conjura de los necios se hiciese realidad en Salamanca, y Bellón y La Gaceta, enajenados por su desmedida ambición y delirios, arrastrasen a la provincia a los tiempos oscuros del medievo.

4 Comentarios

  1. MEDIADOR 01:13, may 19, 2020

    Por favor, no se obstinen los lugareños en sostener la tabarra de los muy improbables puestos de trabajo en la mina a cielo abierto mal proyectada por Berkeley. Naranjas de la China, ná, ná… les vuelvo a repetir.
    Oigan ustedes, permitan que les recuerde aquello de “más vale pájaro en mano que ciento volando”, y además con grave riesgo de cánceres potenciales llevados a domicilio. A estas alturas de la peli, ya son muy bien conocidas en todo el planeta las mentirosas cuentas y cuentos de la energía nuclear….BASTA YA.

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    • Maria 22:15, may 19, 2020

      Que pájaro en mano, a este paso en 10 años no queda gente en ningún pueblo de la zona, ahora mismo el 90% son jubilados y 4 ganaderos en Retortillo y 6 en Villavieja

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  2. A medias 19:29, may 18, 2020

    Balneario cerrado de octubre a abril, dígalo todo
    Y con poca gente de los pueblos de alrededor trabajando ,dígalo también
    La prueba esta en los habitantes que tiene Retortillo, si trabajarán 75 personas tendría más de 500 habitantes
    Sin la mina el hombre será especie en peligro de extinción en la zona

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  3. Nisio 18:59, may 17, 2020

    “Chapeau” Sr. Mayordomo.

    Reply to this comment

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