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¿HAY POLÍTICA INDUSTRIAL EN ESTE PAÍS?, por Santiago Malmierca Hernández

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¿HAY POLÍTICA INDUSTRIAL EN ESTE PAÍS?, por Santiago Malmierca Hernández
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Uno de los pocos o muy pocos economistas que pronosticaron la crisis que se inició en el 2008 y que sus consecuencias serían muy feas para España, fue el señor Santiago Niño Becerra, catedrático de Estructura Económica en la Universidad Ramón LLull de Barcelona. He leído un par de sus libros y puede decirse que su lectura, cuando menos, ni aburre ni deja a uno indiferente. Otra cosa es que uno comparta o asuma todos sus juicios, su visión de las cosas, que hasta cierto punto podrían considerarse como demasiado proclives al apocalipsis, en particular el relato que hizo de la crisis en su primer libro: El Crash del 2010. Por fortuna y por ahora las previsiones devastadoras que hacía sólo se cumplieron en parte; no intuyó el papel que el BCE dirigido por Mario Dragui podría desempeñar para conjurar el daño y que la situación no desembocara en algo parecido al Crack de 1929. ¿Recuerdan las mágicas palabras?: El Banco Central Europeo hará lo que haga falta y creanmé que será suficiente… Y sí, parece que funcionó, hasta hace tres meses… Un Banco Central puede corregir los desmanes financieros, pero es difícil que pueda advertir la irrupción paralizante de un nuevo virus… No obstante y a pesar del choque inicial, el BCE continúa con su política de compra de deuda (desde el 2015 hasta un poco antes de que apareciera el COVID-19 había adquirido deuda española por valor de 230.000 millones de euros, y desde que puso en marcha la nueva ronda de adquisiciones para paliar sus efectos lleva comparada deuda por valor de 23.000 millones) para engrasar, en lo posible, la economía. Pero no es de esto de lo que quería hablar, sino de otra cuestión que atañe a este país desde hace mucho tiempo…

El señor Santiago Niño Becerra mantiene, entre otras cosas, un blog en el que va desgranando apuntes y comentando preguntas que le hacen los lectores. Unos días atrás se me ocurrió entrar y me topé con un breve artículo que titulaba: ¡La Industria!

Hablaba en él de lo maltratada que ha sido, desde tiempo ha…, (desde el siglo XVI cuando gracias a la plata que venía de América, se compraban gran variedad de bienes en el Norte de Europa en vez de fabricarlos aquí) la industria en España y de la cantinela cínica, vacía, a la que suelen recurrir políticos y economistas de uno u otro signo en momentos de crisis; a mediados de los 90 tras la resaca Olímpica, en el 2000, tras el batacazo de las compañías punto.com, en el 2008…: que es necesario y de una vez cambiar el modelo productivo vigente…

Entonces se me ocurrió plantearle una cuestión para que tuviese a bien aclarármela; era la siguiente: Leí lo que escribe usted acerca de la industria en España y me ha dado pie para hacerle la siguiente pregunta: ¿durante las conversaciones que mantuvo el Reino de España para su acceso a la Comunidad Europea qué papel jugo la industria en ellas? Conozco el caso de la agricultura y la oposición frontal que, al principio, puso Francia, en particular su presidente de aquel tiempo Valery Giscard D’Estaing; pero siempre me ha rondado la duda de que la brutal reconversión industrial de principios de los 80 llevada a cabo por el PSOE, fue el precio que tuvo que pagarse por nuestra entrada. Nací en 1956 en un lugar del páramo castellano y recuerdo bien que en el NO-DO nos mostraban los logros de los astilleros españoles botando superpetroleros…

Y esta fue su respuesta: Bueno superpetroleros no, petroleros a secas, los astilleros españoles no daban para tanto. La verdad es que la industria española, la de la mayor parte de Europa, había estado funcionando bajo el proteccionismo y las subvenciones; la española más si cabe debido a que el mercado nacional era un coto cerrado para ella. Si el PSOE no hubiera realizado la reconversión, la hubiese tenido que llevar a cabo el partido que hubiera estado en el gobierno. Aquella industria, en general, no era competitiva y España no podía estar al margen del mundo. Otra cosa muy distinta es cómo se hizo; por ejemplo: se cerraron Altos Hornos del Mediterráneo cuando el informe más exhaustivo que se hizo sobre la siderurgia española apuntaba a que debían mantenerse y cerrarse otras instalaciones en el Norte. Otros países también afrontaron reconversiones, como Francia o Bélgica. El problema no estuvo en la reconversión en sí, sino que a partir de entonces España renunció en buena medida a la industria… Cuando le preguntaron a un ministro del ramo cuyo nombre no quiero recordar acerca de la política industrial respondió: ¿La industria?, la mejor política industrial es la que no existe…

Como dice el refrán de aquellos polvos, vienen en parte, estos lodos… Ahora que nuestra industria puntera adquiere un aire fantasmal por la ausencia de turistas, y lugares pioneros como Benidorm o Torremolinos pasan a ser de, la noche a la mañana, lugares distópicos que no utópicos, convendría reflexionar, en serio, sobre el asunto… Hay que recordarlo una vez más; este país se ha entregado con frenesí, durante los últimos sesenta años, al monocultivo del sol y playa y ha tenido que ser un virus insignificante el que nos alerte de la hipertrofia del sector.

No se pone en duda de que a principios de los 60 cuando empezaron a generalizarse las vacaciones de verano y las posibilidades de movilidad España tenía características especiales para el desarrollo del turismo, pero ¿de verdad era necesario llegar a este grado de hipertrofia y ceguera como para poner en riesgo el desarrollo equilibrado del país? ¿Quien puede asegurar que lo que ocurra este año no puede ser el comienzo de una tendencia, decreciente, para los siguientes…? Y si así sucediese, ¿qué hacemos con la inmensa, fea, infraestructura sobrante?

Nissan abandonará a finales de año dejando desnudo el tejido industrial de apoyo; Alcoa la planta de aluminio está en el mismo camino; hoy he oído que la planta de Siemmens- Gamesa en Navarra cerrará también… Pues bien, como no queda otra opción, habrá que interpelar, otra vez, al señor ministro…: señor ministro, ¿querría usted decirnos qué….?

 

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