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LOS ABRAZOS ROBADOS, por Manuel Domínguez Rodríguez

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LOS ABRAZOS ROBADOS, por Manuel Domínguez Rodríguez
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Los abrazos robados

Abrazar se define como “ceñir o rodear algo o a alguien con los brazos, especialmente como muestra de afecto o cariño”.

El abrazo ha sido objeto de estudio en muchas disciplinas, especialmente en el arte y la poesía. Pensemos, por ejemplo, en El abrazo de Vergara, El abrazo de Klimt o el de Picasso. O el de Juan Genovés, de gran importancia en nuestra famosa Transición.
Hay abrazos de todo tipo. El fuerte, rudo, del amigo en tiempos de alegría, el de la felicitación por algo ganado; o el de consuelo, blando, en el que te dejas caer en quien te lo da; o el emocionante, al encontrar un viejo amigo que creías perdido.

Hay mucho escrito sobre los abrazos. Sobre su fuerza se ha dicho que “el abrazo es la única cosa del mundo que cuanto más apretado es, más alivio da” y el gran Groucho Marx dijo que “si te abrazo más fuerte nos vamos a dar la espalda”; hay mucho más: “me encantan esos abrazos que, sin querer, te hacen cerrar los ojos” o “un abrazo es un apretón de manos que viene desde el corazón” o “dar un abrazo es recargar el corazón con los latidos del otro”.

Los abrazos no pueden ser medidos por ninguna unidad, sino por el bienestar que nos traen, por lo felices que nos hacen, o por el consuelo que encontramos en ellos. Si acaso, también podríamos medirlos por su beneficio. Dice la tradición que cada vez que abrazamos a alguien de verdad ganamos un día de vida. O por el poder de curación: “algunas veces sólo nos pueden curar con un gran y cálido abrazo de la abuela”; o por su reciprocidad: “lo bueno de los abrazos es que cuando das uno, recibes otro también”. A veces es mejor no hablar y hacer: “a los ojos tristes hay que hacerles menos preguntas y darles más abrazos”. Los hay tan agradables que “hay abrazos en los que te quedarías a vivir”. El abrazo de Bittori, la viuda de Txato y de Miren, la madre de Joxe Mari, de la última página de “Patria” tiene algo de todo: historia, dolor, reconciliación, pena, amistad. Y termino con algo en lo que todos estamos de acuerdo. Lo dijo una tal Terri Guillemets: “No existe nada comparable al abrazo de una madre”.

Todos estos abrazos nos los ha robado, desde marzo, el maldito coronavirus. Desde entonces, nos ha hecho vivir a metro y medio de distancia, sin apenas contacto físico. Y los echamos de menos; en plena pandemia, en una ocasión se entrevistaba a diferentes personas y le preguntaban sobre lo que harían al terminar el confinamiento. Pocos decían de viajar o comprar algo nuevo y casi todos se referían a los abrazos: “les daría un fuerte abrazo a mis padres”, “me iría con mis amigos a cenar y les abrazaría” o “iré a casa de mis abuelos y abrazaré a mi abuela y le diré te quiero…”

No sabemos cuándo volveremos a una vida normal y podamos volver a abrazarnos. Antes de esta situación que nos está tocando vivir, nos abrazábamos sin ser del todo conscientes de ello; no sabíamos de los abrazos que perdíamos o desperdiciábamos. No perdamos la esperanza; si mantenemos el tipo y seguimos las normas preventivas, es fácil que pronto los recuperemos y los multipliquemos; serán más sinceros y cariñosos, porque cuando lo hagamos nos acordaremos y comprenderemos –ahora sí- que el abrazo que no damos hoy, lo hemos perdido.

Y sobre todo, el abrazo de una madre. Ese sí lo echamos –y mucho- de menos; incluso los que ya la hemos perdido hace años. Imaginen dejarte caer en los brazos de tu madre, acurrucarte, cerrar los ojos y dar marcha atrás en el tiempo y hacerte niño de nuevo. Y quedarte dormido… ¡Qué gusto…!

 

 

 

3 Comentarios

  1. Nisio 09:06, nov 26, 2020

    Cuando esto pase…seguiremos siendo igual que éramos y que somos. Es parte de la condición humana.

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  2. Mar 23:51, nov 25, 2020

    Un abrazo desde el alma querido amigo

    Reply to this comment
  3. Color 07:43, nov 25, 2020

    Después de esta pandemia habremos aprendido muchas cosas que antes nos pasaban desapercindias. Pequeñas cosas y gestos sencillos que son muy grandes y necesarios incluso para la salud mental. Cosas que no se pueden comprar con dinero como, el abrazo fuerte de unos amigos o el de familiares hoy lejanos. A ver si esto pasa y podemos abrazar fuerte a las personas que queremos, cerrando los ojos y acordandonos de que esto paso. Un abrazo.

    Reply to this comment

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