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LAS ACOMETIDAS CONTRA LA DIÓCESIS DE CIUDAD RODRIGO, UNA CONSTANTE HISTÓRICA, (y IX) Epílogo: Decálogo de conclusiones, por José Ignacio Martín Benito

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LAS ACOMETIDAS CONTRA LA DIÓCESIS DE CIUDAD RODRIGO, UNA CONSTANTE HISTÓRICA, (y IX)  Epílogo: Decálogo de conclusiones, por José Ignacio Martín Benito
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LAS ACOMETIDAS CONTRA LA DIÓCESIS DE CIUDAD RODRIGO, UNA CONSTANTE HISTÓRICA

José Ignacio Martín Benito

(y IX)

Epílogo: Decálogo de conclusiones

Después de todo lo que hemos ido viendo a lo largo de esta serie de “Acometidas contra la diócesis de Ciudad Rodrigo”, podemos llegar a varias conclusiones.

La primera: que desde sus orígenes en la segunda mitad del siglo XII Ciudad Rodrigo tuvo que enfrentarse al acoso de Salamanca para mantener su ciudad y su obispado. Las amenazas produjeron un levantamiento armado de los de Salamanca contra el rey Fernando II, que fue sofocado en la batalla de La Valmuza (1162).

La segunda: que en los últimos 150 años el obispado civitatense ha sufrido la embestida de la diócesis de Salamanca y los intentos -en algunos casos consumados, como ocurrió en el siglo XIX- de ser absorbida por esta.

La tercera: que Ciudad Rodrigo nunca se ha resignado a perder su integridad y su independencia, contra cualquier tipo de amenaza o de absorción.

La cuarta: que en la defensa del mantenimiento la diócesis civitatense siempre ha habido una unidad y una encendida actuación conjunta de laicos y eclesiásticos.

La quinta: que la diócesis de Ciudad Rodrigo ha sufrido varios despojos a lo largo de la Historia:

a) territoriales: pérdida de las parroquias de Ribacôa en favor de la diócesis portuguesa de Lamego; pérdida del santuario de la Peña de Francia, arrebatado por Salamanca; pérdida de las parroquias de la Sierra de Gata cacereña, que pasaron a Coria.

b) Bienes culturales: el gran retablo de la capilla mayor de la catedral de Fernando Gallego, de finales del siglo XV, fue vendido en el pontificado del obispo Martínez Izquierdo, cuando Ciudad Rodrigo dependía de Salamanca. Salió de España para Richmond y hoy está en Tucson (Arizona, USA).

La sexta: que en favor del mantenimiento de la diócesis, Ciudad Rodrigo siempre contó la participación activa y reivindicativa del clero, que elevó informes a las instituciones, ya fuera la Nunciatura o el Gobierno y, más recientemente, a la Conferencia Episcopal.

La séptima: la participación y gestiones realizadas en otras épocas por la clase política de Ciudad Rodrigo fue providencial para la continuidad de la diócesis, como lo demostró la actuación en 1883-1884 del diputado en Cortes don Luis Sánchez-Arjona.

La octava: Que en los momentos más duros se notó -y mucho- el apoyo de su antiguo obispo o administrador apostólico. Fue el caso en la crisis de 2002-2003 de la defensa y gestiones hechas por monseñor Julián López Martín.

La novena: Que decretar la “Ley del silencio” a los eclesiásticos y calificar el movimiento laico de recogida de firmas como una “llamada a la rebelión contra el Papa”, es, además de faltar a la verdad, remar en contra de la continuidad de un obispo titular, exclusivo y residencial en Ciudad Rodrigo.

La décima: Que un territorio se defiende desde dentro, cuando se siente y se lleva en la sangre, por nacimiento, adopción o convencimiento. Es una cuestión identitaria, de pertenencia a una comunidad, en este caso a una tierra de frontera, como es la de Ciudad Rodrigo y su obispado.

Este decálogo de conclusiones se resume en dos:

-  Ciudad Rodrigo ha sido y es un territorio pequeño, con una diócesis pequeña, pero pegada a la ciudad y a su Tierra. Ambas -la ciudad y la diócesis- nacieron juntas y son inseparables. Separar una de la otra es condenar a ambas al olvido y a la desaparición.
- Ciudad Rodrigo ha sabido reponerse a las adversidades y estas han sido muchas a lo largo de la historia. Ha sufrido una decena de asedios y ha sobrevivido a ellos. Ahora se enfrenta a otro: un nuevo intento de asimilación o absorción por Salamanca.

Parafraseando a Pirandello en “Seis personajes en busca de autor”, Ciudad Rodrigo está en busca de un valedor (ante la Nunciatura y la Conferencia Episcopal). Y ese valedor, debe ser, como en Fuenteovejuna – “todos a una”-, el pueblo: laicos y eclesiásticos, libres y unidos, que quieran a su ciudad y a su diócesis y que no se sientan maniatados ni amordazados por nada ni por nadie. Es una cuestión de mera supervivencia.

En un lugar del reino de León, 17 de febrero de 2021,
festividad de San Teodoro de Bizancio.

 

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