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FIESTA DE LA CHARRADA Apuntes de mi archivo. Por Pedro Miguel Ortega Martínez

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FIESTA DE LA CHARRADA  Apuntes de mi archivo. Por Pedro Miguel Ortega Martínez
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Cuando me surgió este titular, en 2008, esperaba encontrar bastante información sobre aquella Fiesta de la Charrada inicial. En concreto porque fue una época muy importante en acontecimientos asociativos, culturales, políticos, para este rincón del Oeste español donde se ubica Ciudad Rodrigo. De todos cuantos intenté contactar y tratar el tema, nada más hubo un antiguo amigo interesado en atender mi petición. Este detalle propició una grata reunión en su casa, a orillas del Águeda, alrededor de una amplia mesa con generosa merienda.

En 1980 estábamos en plena Transición, época recordada por muchos de mi edad, admirada desde el extranjero, y donde diversos emprendedores mirobrigenses pusieron en práctica diferentes e importantes eventos. Si he de hacer un orden cronológico, entre mis recuerdos, de cómo fueron mis primeros contactos con esas actividades culturales -o eventos que les cito antes- me debo remontar al verano de 1977. La Asociación Amigos de Ciudad Rodrigo participaba ese año en las Fiestas de Verano, convocando un concurso de fotografía; yo me animé a intervenir, y por aquí entré en contacto con José Alberto García Domínguez, hoy establecido en Salamanca.

He rescatado una foto de pocos años después, con una salida “de campo” para alguna inspección arqueológica, donde aparece también el profesor Ricardo Martín Valls, y Eugenio Cid Cebrián; por éste conocí a su hermano José Ramón. Quien me llamó la atención, a sus 17 años, era éste muchacho alto, flaco, que guardaba una gaita “salamanquina” en la pernera de su pantalón; y aprovechaba cualquier instante para ensayar, acompañado por la caja de un tamboril que él mismo se había fabricado.

1 Amigos de Ciudad Rodrigo 26 07 1980 -rr

Desde la distancia que me concede hoy el tiempo, y esa consideración de etnólogo ganada a pulso, me comenta José Ramón que era en el Arrabal del Puente donde hubo más tradición por el folclore autóctono. En otra ocasión, año 1979, y en el mismo Arrabal, La Asociación Amigos de Ciudad Rodrigo organizó un Festival con paisanos de la zona del Puente, que eran naturales de El Rebollar. Esta iniciativa resultó ser un éxito.

A partir de ese año, se acordó que el futuro acto folclórico se llamaría “Festival de la Charrada”. J. R. Cid comentó por qué no incorporar también junto a los tamborileros, una pareja de bailadores. No llegaba mi entrevistado a veinteañero, cuando expuso a los asistentes que “La Charrada” era uno de los ritmos más característicos del folclore salmantino; tiene diferentes variantes: el “picao serrano” en Sierra de Francia; en otro lado el “charro golpeado”; de Peñaparda el “salteo”; otro el “perantón”. Cada comarca tiene distintas variaciones del ritmo de “La Charrada”.

En 1981, estaba de moda entonces el Festival de la O.T.I., de Eurovisión, de la Canción del Águeda… pero en Ciudad Rodrigo, al ser un tema lígrimo, tradicional, no se debería llamar Festival por ser la Fiesta cuanto mueve a un pueblo con sus mejores galas y atractivos ritmos. Así nos lo comentó en su momento Abraham Cid, y dejó constancia razonada Pilar Magadán Chao en el LIBRO DEL CARNAVAL, número 2, correspondiente al antruejo celebrado entre los días 27 de febrero al 3 de marzo de 1981 (ver pág. 157). Se aceptó por tanto que ese año ya sería la Fiesta de la Charrada, como manifestación más auténtica del folclore charro.

Era el período de U.C.D., del primer Ayuntamiento democrático concluido el anterior régimen. En ese tiempo se vivía un fuerte interés por toda la cultura propia de Salamanca; en Ciudad Rodrigo surge Interpeñas, el Libro del Carnaval… y se evita la demolición del hoy “Teatro Nuevo Fernando Arrabal”. Es decir, se reclamaba la atención necesaria a unas tradiciones, a unas costumbres, a unos bienes menospreciados; se comenzaba así a valorar, a reconocer, que lo genuino era mucho más importante y no debía perderse.

9 Año 1983. Cuarta Fiesta de La Charrada. modelo de pizarra en bajo relieve -esculpida por Francisco Garduño- al tamborilero de Guadramiro don Andrés Calles 02 -rr

Dicho Festival, según me comenta J.R. Cid, tuvo un coste de 72.500 pesetas, en 1980, financiadas de una parte por el Ministerio de Cultura, de otra la Diputación de Salamanca, otra por la Caja de Crédito Agrícola, y otra por el Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo. Con estas ayudas económicas, se pudo ayudar a la organización y desplazamiento de un tamborilero y una pareja de baile oriundos por cada comarca o diferentes zonas de la provincia de Salamanca. Del Rebollar llegó una “panderera” de Peñaparda, con una pareja de bailadores; o una “sartenera” de El Payo con otra pareja de baile. Todo el mundo que participaba estaba contento.

Reiteramos que fue un éxito y una sorpresa general, pues se puso de manifiesto la riqueza de los trajes, con sus bailes, sus músicas del campo charro. Esto, con el tiempo, llevó a obtener para La Charrada su declaración como Fiesta de Interés Turístico Regional, por Orden de 28-02-1991 desde la Consejería de Fomento en la Junta de Castilla y León (BOCYL nº 51 13-3-91)
De Ciudad Rodrigo bailaron Manolo Villa y Chiqui Pellicer, tocando el Tío Frejón (con tan solo 79 años); también se bailó una danza de paleo con ocho mozas al son de J.R. Cid. Esa danza la aprendimos de Francisco Garduño; se compone de varios paleos y de un charro verdadero; estos danzados están extendidos por toda España, con variantes, y es de origen guerrero; se baila por ocho componentes femeninos o masculinos. En esta ocasión de 1980, las jóvenes iban ataviadas con traje de saya.

6 Antonio Freijóo Calderón “Tío Frejón”, José Ramón Cid y Sebastián Luis Luis “El Guinda” 2ª Fiesta Charrada Año 1981 02 -rr

Poco después, a la Fiesta se le van añadiendo algunas innovaciones. Del festejo puro en la tarde del Sábado de Gloria, se pasó a incluir por la mañana un pasacalle con tal de crear ambiente. El primero se celebró con el Guinda (tamborilero de La Alberca), y el Tío Frejón quien por problemas padecidos en su piernas fue menester subirlo a una caballería, supervisado por J.R. Cid. Posteriormente se añadió una ofrenda floral, ante el monumento del religioso y musicólogo mirobrigense Dámaso Ledesma. Se instituyo el otorgar el premio de La Encina Charra, destacando la labor de una persona por su dedicación en la música tradicional salmantina. El primer año se concedió al Tío Frejón.

Según charlamos, me pregunto si después de tantos años… ¿hay algún joven discípulo por mantener estas tradiciones, fuera de las instituciones, que siga con interés los pasos de un estudioso como siempre ha sido J. R. Cid?

Hay gente. Pero lo triste es que esta es una zona con pocas perspectivas de futuro para la juventud, con una población de edad muy avanzada. La mayoría de la gente que demuestra interés por la cultura salmantina, son personas casi ancianas. Jóvenes, en primer lugar, casi no hay; en segundo lugar, los pocos que hay no tienen mucho interés por su propia cultura tradicional. Tienen más curiosidad por otras cosas ajenas.

¿Deberían los organismos oficiales actuales interesarse más?, ¿no hubo una Escuela de Tamborileros?

Sí, la hubo. La A.A.C.R. creó una escuela. La Diputación tenía otra en Salamanca, que está en proceso de transformarse en un Instituto de Identidades para toda la provincia salmantina. Actualmente existe una Escuela de Tamborileros dentro de la Escuela Municipal de Música “Juan Esquivel de Barahona”, que depende de nuestro Ayuntamiento.

Con estas dos cuestiones, me parece suficiente la investigación que me había propuesto con tal de conocer –según citaba al principio- los inicios de aquél Festival de la Charrada, felizmente denominado Fiesta de la Charrada, porque fue en sus años iniciales donde más participé. Recuerdos de aquellos buenos momentos, de tanta juventud con quienes coincidí, he conservado diferentes documentos cuyo detalle sería largo de enumerar en este recuerdo de la Fiesta de la Charrada.

Sirva también este trabajo, de sincero homenaje para aquellos integrantes de la Asociación Amigos de Ciudad Rodrigo, tantos quienes nos dejaron para siempre, como quienes siguen en el buen recuerdo de su segunda época entre los años 70 y 80.

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