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LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ…, por Christian Fernández Casado

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LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ…, por Christian Fernández Casado
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Se cumplen dos años de la manifestación que llevó a Madrid la voz de todas aquellas poblaciones de las que sus vecinos ya solo claman desde los recuerdos

El séptimo arte siempre ha dejado momentos en los que la ficción no distaba en absoluto de la realidad. Pongo en memoria al lector la película Cinema Paradiso, esa historia de un chaval italiano que crece en un pequeño y acogedor pueblo italiano y acaba emigrando a Roma para despegar su carrera cinematográfica. Pongo en memoria también Coco, el filme destinado para pequeños y no tan pequeños sobre el significado del Día de Muertos y del recuerdo a los que ya no están caminando en el mundo de los vivos.

Dos películas sin ningún tipo de relación. Diferentes en el tiempo y en el espacio. Pero, a su vez, firmes espejos de una realidad que hoy se vuelve más y más real. Porque no puedo evitar recordar la frase que Alfredo le dice a un joven Salvatore en la primera película citada: “Huye de este pueblo, y nunca te atrevas a volver”. Descontextualizada, esta frase parece más atribuida a Scar en El Rey León que a un ex-operario de cine. Pero, permítanme que les explique esta frase.

Lo que Alfredo le dice a Salvatore es que, si quiere triunfar en el mundo del cine, este debe salir de ese pueblecito italiano y marchar a Roma, la capital, donde tendrá más oportunidades de ganar su nombre y fama. Ya pueden deducir por dónde va el símil, ¿no?

Pues esperen, que falta la otra película que mencioné al principio.

Una de las frases más célebres de Coco es cuando Ernesto de la Cruz le dice a Héctor algo así como “mi amigo, ya empiezan a olvidarte”. La película muestra que, cuando el último ser querido vivo se olvida de tu recuerdo, el espíritu de esa persona desaparece para siempre. Personas de las que solo queda el recuerdo. Fácilmente aplicable a pueblos, urbes y localidades de las que ya solo quedan en el recuerdo del que las vio crecer. Y, como en la película animada de Pixar, estos se desvanecerán en el momento que esas personas dejen este mundo.

Porque esos tímidos ejemplos cinematográficos tienen mucho más significado si los comparas con la vida real. Y, señores, esta es la vida real. Esa vida en la que los jóvenes tienen que abandonar las calles y plazoletas que les vieron nacer y crecer para poner rumbo a urbes más pobladas y, por ello, con más oportunidades. Esa vida en la que el pueblo que tanta vida tuvo en la infancia de muchos, hoy es más parecido a una necrópolis.

España se vacía. Una frase, a mi gusto, poco clarificatoria. España no se vacía, se redistribuye cual imán atrayendo a las bolitas metálicas. Porque eso de la “España Vaciada” tiene un triple enemigo. El primero reside en la capital, Madrid. No se confundan, no estoy diciendo que Madrid esté contra los demás. Tan solo digo que, por razones obvias, los jóvenes en el momento de elegir su lugar de estudio y formación elegirán el lugar con más posibilidades. Y Madrid por tener, tiene más que de todo. De ahí el dicho “De Madrid al Cielo”.

El segundo, las dichosas capitales autonómicas. Incluso cuando estas son de facto, no dejan de ser un foco para que organizaciones, empresas y demás prefieran apostar por el caballo ganador. Totalmente entendible, si yo fuera el dueño de Amazon preferiría una medio urbe a una ciudad en decadencia.

Luego está el último enemigo, las capitales de provincia. Pongo un ejemplo. La última gráfica de población de Burgos hace ver que, en el último año, la provincia ha crecido en población. Pero diseccionemos ese dato. Veremos como la capital, efectivamente, ha subido en cuanto a viandantes… a costa del vacío integral de los pueblos de la provincia castellana. Porque el balance general es positivo. Dígaselo a los vecinos de Salas de los Infantes, que han visto cómo su curva de población ha dibujado un perfecto esquema de la caída en picado de un cormorán sobre el mar.

Los jóvenes, y no tan jóvenes, se marchan del pueblo a la gran ciudad. Los de la gran ciudad se van a la capital. Y los de la capital se van a la capital de verdad, a la que está en el centro del país. Y así, repitiendo ese ejercicio año sí y año también, tenemos como resultado que esas dos películas de las que hablé al principio tengan más relación con la realidad que con la ficción que intentan contar.

La problemática castellana y leonesa

Siendo de León, provincia de la Región Leonesa, el que escribe estas líneas, permítame tirar la cabra para el monte. Un sabio hombre, hace dos días, pronunció estas palabras: “la mierda de Junta de Castilla y León”. El contexto era otro, pero el significado es el mismo para todos los aspectos de nuestra vida.

Porque, no os equivoquéis, Valladolid no es el problema. El problema llega de la mano de esos que dirigen el cotarro. Valladolid se erige como el chivo expiatorio que ha ocasionado el haberse quedado en el centro a la hora de conformar esta comunidad autónoma con la extensión de un país. Porque si la Junta se hubiera instalado en León, los leoneses seriamos los malos. Porque si se hubiera instalado en Palencia, todos odiaríamos a los palentinos. Pero el perrito piloto le tocó a Pucela.

Bueno… la Junta de Castilla y León y el mandamás de Valladolid, el señor Óscar Puente. Casi se me olvida su figura centralista de querer que se apueste aún más por su tierra. Allí hasta un altar le levantarán, sabe cómo ganarse al público… y también cómo hacer que el yate de sus vacaciones le salga gratis.

La cuestión no es otra que esa pura centralización que, desde un lejano 1983, lleva ahogando a la sociedad castellana y leonesa. Porque, aunque las que más sufran sean las provincias de Zamora, León y Salamanca; Burgos, Ávila, Palencia, Segovia y Soria también reciben el poder de ese imán. Porque las empresas, estudios, sedes y decenas de cosas más que significan dinero para la ciudad a la que vayan, siempre acaban en el mismo sitio.

Da igual que Valladolid sea la provincia con menos incendios de la comunidad, los helicópteros bombarderos se instalarán ahí. Da igual que la Universidad de Valladolid no tenga facultad de biología y veterinaria (o que no haya osos desde el Pleistoceno), pues el proyecto ‘Osos con futuro’ se instalará ahí. Podría llenar de ejemplos estas líneas, pero el artículo daría para una tesis. La cuestión es que estas acciones de los altos mandatarios hace que la Castilla y León vaciada se agrave año sí y año también.

Esta opinión no busca tintes leonesistas, castellanistas, castellanoleonesistas ni lo que queráis entender. Este problema con el que hoy convivimos nos afecta a todos. No por igual, pero a todos. Hace dos años en Madrid pareció que los ojos se habían abierto. Pero para qué abrir los ojos, si estos tienen más cataratas que las del Niagara. La España Vaciada prosigue. Y en unos años, no pocos pero tampoco muchos, las futuras generaciones preguntarán si esos pueblos que rondan los caminos tuvieron una vez vida.
A lo que solo habrá una respuesta: “Hubo, pero el viento se la llevó”.

 

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