| Loly Rodríguez Bullón |
| EN DESACATO CON LA TIERRA |
| A ESE CRISTO |
| A ese Cristo clavado en una cruz de oscura madera carcomida, a ese Cristo tan pobre y tan callado que inclina hacia un lado su cabeza herida; que tiene las manos traspasadas por mil clavos y la frente de espinas, a ese Cristo que sufre en el silencio su agonía a ese Cristo tan mío, yo le recé aquel día. No era un Cristo ni de oro ni de plata, no tenía velas encendidas; su altar era una piedra desgastada, su cáliz una vasija vieja en una esquina; mi Cristo era muy pobre en su pobreza pero inmenso también en su riqueza. No me movió su pena y su pobreza para amarle, no me movió mi fe para escucharle. Mi soledad se hizo pequeña al contemplarle y me ardieron los dedos al tocarle, mientras el sol a medias escondido, entre las nubes, no se atrevía a mirarme. Yo le conté a mi Cristo tantas penas y Él levantó su rostro conmovido y prometió llevarme, cuando en la Tierra ya no hubiese lugar donde quedarme. Pasé la noche con Él en esa ermita, en su humilde morada; cené un trozo de pan endurecido que no sació mi hambre pero llenó mi espíritu; sentía frío en el cuerpo pero el alma la tenía radiante... Allí dejé a mi Cristo otra vez solo y llena de Él, seguí mi camino, mendiga de ese Amor que aquella tarde, me hizo sentirme reina de esa muerte que anhelo, para encontrarme con Él en otra parte. |