| Loly Rodríguez Bullón |
| EN DESACATO CON LA TIERRA |
| LA GUERRA |
| Ha llegado la hora, la hora siniestra. La tierra retumba y una espesa niebla cubre el cielo que a gritos anuncia: ¡Ha estallado la guerra! Mil fusiles disparan a un tiempo, con ira y fiereza y la aurora cubierta de sangre a los campos despierta. Aquel joven que un día de otoño tuvo primaveras, hoy camina cargado de plomo y cae en la hierba. A su lado una foto de una mujer joven y otra foto de una mujer vieja, una carta arrugada, una metralleta... compañeras del último instante del soldado que muere en la guerra. Se cierran sus ojos, llega la inconsciencia; ya sólo el silencio en la mente, la paz, la indolencia... Y allí en aquel pueblo lejano, dos mujeres rezan y la noche teñida de ausencia, ya no tiene estrellas. Una cruz en el campo clavada, una cruz de madera, una flor que se muere cansada, la figura de luto que abraza la tierra que cubre ese cuerpo querido del hijo que se fue a la guerra. Han pasado los años y alguna medalla, cuelga de la adusta pared de una casa vieja, desnuda de espera. Ha vuelto la paz y alguna amapola pone un poco de luz a esa hierba que empieza a ser verde y entonces fue negra. Y en una plazuela del pueblo dormido en la ausencia, unos niños juegan, saltando a la cuerda. Y la vieja madre, desde su ventana, mueve la cabeza; sus labios se mueven, pero ya no reza... Han pasado los años; las escenas de sangre y angustia, son sólo pasado mil libros escritos con ira, con pena o con indiferencia, relatan la historia cruenta de una guerra que arrasó la tierra, pero sólo en los ojos nublados de la vieja madre se quedó la huella de la dura verdad de esa guerra que se llevó al hijo que en aquel otoño, tuvo primaveras. |