| Loly Rodríguez Bullón |
| EN DESACATO CON LA TIERRA |
| A MI HIJO IGNACIO |
| Hijo, pequeño hijo, trozo de carne cálida, pequeño cuerpo caliente, balsa de paz, de calma... Hijo, me admira tu pequeñez y tu grandeza. Hoy los dos caminamos por senderos opuestos: tú eres el mañana y yo el ayer, yo la vejez y tú la infancia. Tú vas valiente hacia el encuentro con la vida, yo huyo cobarde de su látigo y su herida. Tú llevas a la espalda equipaje de sueños y de rosas, yo de recuerdos negros, de añoranzas. La arena de tu playa hoy es dorada y blanda, la mía se hizo grava. Cuántas veces sentí cómo la antorcha de mi vida, parpadeaba cansada y de mi mente añoraba el sueño eterno del silencio y la nada. Pero tú llegaste hasta mí con tus caricias pequeño dios de plata y el calor de tus besos, avivó aquella llama extenuada. Y fui por ti el héroe en la batalla y llené el hueco vacío de mis manos ajadas con nuevos afanes de lucha y esperanza. Y enterré mi nostalgia y mis recuerdos bajo la tierra húmeda de lágrimas y lavé mis heridas en la fuente de tu pureza clara y por milagro de tu amor se liberó mi alma atormentada... ...Y la noche cerró su enorme boca de dientes como espadas, de pensamientos negros, de fantasmas. Y yo cerré mis ojos con tus ojos a su inmensa negrura y sonreí feliz contigo, al sol de la mañana. |