| LOLY RODRÍGUEZ BULLÓN |
| por Celia Hidalgo |
A veces en la vida ocurren cosas al parecer sin importancia, casuales, esporádicas, que a través del tiempo impactan en nuestro ánimo de una manera trascendental que se recuerda especialmente.
La noche era lluviosa y al salir de mi casa para ir a un homenaje a Jesús Huerta, hizo la casualidad que me encontrara con una persona que no conocía. La invité, ya que se dirigía al mismo lugar que yo, a que mi paraguas sirviera para las dos. Nos sentamos con un grupo de compañeros de clase y me di cuenta de que para ellos no era desconocida.
De ese encuentro surgió una nueva amistad no muy íntima, pero sí un poco especial, pues cada vez que nos encontrábamos en la calle, procuraba entablar conversación deseando manifestarme momentos de su vida. Poco a poco me di cuenta que necesitaba desahogar algo que la martirizaba y así comenzamos a mantener de vez en cuando, no con mucha frecuencia, pero cada vez más íntimas conversaciones telefónicas a horas poco corrientes, normalmente de madrugada, y con una duración de dos o tres horas. Siempre el tema era el mismo: sus hijos, la poesía, su matrimonio roto, el deseo de dejar esta vida...
Hablábamos mucho y procuraba siempre por mi parte hacerla razonar y convencerla de lo bonito de la vida y poco a poco iba cambiando su manera de pensar desde el comienzo de la conversación, a medida que avanzábamos en ella, y llegaba al convencimiento de las cosas buenas que se podían realizar en la misma.
Cuando colgaba el teléfono o su madre se lo arrebataba de las manos nuestra conversación había dado un giro total y de su mente habían desaparecido esos fantasmas que con frecuencia la ocupaban. Para mí Loly fue una mujer inteligente, culta y cariñosa, como también una poetisa maravillosa. Pero su vida fue muy ingrata, su poema "Soledad y ausencia" la resume perfectamente.
Los poemas son la manifestación de los sentimientos del alma. Leer los poemas de Loly es conocer a Loly en su intimidad.
Celia Hidalgo